Tesis de la Licenciatura en Ciencias del Ambiente
 
Las Energías Renovables como Solución de Abastecimiento Eléctrico a las Escuelas Rurales Dispersas de la Provincia de Río Negro - Argentina

Primera parte

Por Guillermo F. Urribarri
Director de Tesis: Dr. Luis Reinaldo Fernández
Miembro del Consejo Editorial
lrf@ambiente-ecologico.com

Argentina


1. Objetivos de la Investigación


2. Hipótesis Fundamental

   "Las energías renovables eólica y solar resultan las más apropiadas para abastecer de electricidad a las escuelas rurales dispersas de la provincia de Río Negro."


3. Problemática Energético-Ambiental

3.1 Aspectos generales

   La evolución social, cultural y económica de la humanidad está íntimamente relacionada con el dominio de la energía, la cual fue y seguirá siendo, la principal herramienta que utilizó el hombre para labrar su futuro.

   La energía eléctrica resulta fundamental para el desarrollo y para proporcionar muchos servicios esenciales que mejoran la condición humana: refrigeración para los alimentos, luz para leer, electricidad para los modernos medios de comunicación, etc.

   Sin embargo, el uso de la energía produce invariablemente una ruptura del equilibrio ambiental, provocando una reacción de la naturaleza que puede resultar de consecuencias adversas para el propio hombre.

   Las diversas formas de generación de energía eléctrica son genéricamente clasificadas como "convencionales" y "no convencionales" , incluyendo en el primer grupo a las fuentes utilizadas actualmente para satisfacer las grandes demandas de los conglomerados urbanos y que comprenden las máquinas térmicas de combustión, la hidroelectricidad y la reacción nuclear. La totalidad de las fuentes energéticas restantes se definen como no convencionales, entre las que conviene destacar la eólica, la solar, la geotérmica, la mareomotriz y la biomasa; algunas de ellas de vieja data pero puestas al día por la aplicación de modernas tecnologías.

   Aunque no hay indicios que demuestren que el mundo ha comenzado a dejar de depender de los combustibles fósiles, se tiende a reconocer cada vez más que las consecuencias para el ambiente (a nivel local, regional y especialmente global) de estas fuentes de energía pueden llegar a ser tan graves como para restringir su uso.

   En los países del Sur la escasez de energía es un obstáculo importante para el desarrollo. El uso de energía per cápita en el mundo en vías de desarrollo es, en algunos casos, menor a una sexta parte de la del mundo desarrollado, y los servicios energéticos escasean. Para cubrir su creciente necesidad de energía, los países en vías de desarrollo han de enfrentarse al reto de superar la falta de eficacia técnica generalizada, la restricción de capital y un sistema de subvenciones que acaba con los incentivos para la conservación.

   Los combustibles fósiles siguen siendo fundamentales para la economía de las naciones industrializadas modernas. En efecto, la producción y el consumo de estos combustibles sigue creciendo por doquier. También puede decirse lo mismo de la electricidad producida en las grandes centrales hidroeléctricas y nucleares.

   La energía comercial de fuentes alternativas renovables (biomasa, solar, eólica, de las olas, geotérmica, hidroeléctrica de pequeña potencia y térmica de los océanos) sigue reflejando más bien una promesa para el futuro que una práctica actual.

   En muchos países con bajo nivel de desarrollo, ciertos combustibles tradicionales no comerciales como la madera constituyen todavía una fuente primaria de energía.

   El ascenso constante de la producción global de energía comercial que ha tenido lugar desde 1950 sólo se ha interrumpido en tres ocasiones: entre 1973-1974, entre 1979-1981 y entre 1990-1991.

   Los combustibles líquidos, principalmente derivados del petróleo, siguen dominando la variedad de la energía mundial.

   Los combustibles sólidos (mayormente antracita, hulla, lignito y turba) constituyen el 28 por ciento de la producción total mundial de energía. El comercio del carbón es limitado en extremo, si lo comparamos con el comercio de los combustibles líquidos, y muchos países no producen ni consumen combustibles fósiles sólidos. Sin embargo, éstos son la fuente principal de energía de algunos países. En China, por ejemplo, suman el 80,8 por ciento de todo el consumo de energía comercial, en la India suman el 67,7 por ciento y en la República Popular de Corea el 88,7 por ciento. (División Estadística de las Naciones Unidas, 1991)

   La producción y el consumo de combustibles gaseosos (sobre todo el gas natural) constituye el sector de mayor expansión de toda la variedad mundial de fuentes de energía. La producción mundial aumentó un 9 por ciento entre 1988 y 1991, llegando a representar el 22,8 por ciento de la producción y el 23,7 por ciento del consumo global de energía (División Estadística de las Naciones Unidas, 1991). Las turbinas de ciclo combinado de alto rendimiento y el impacto ambiental relativamente bajo del gas natural son los dos factores que hacen que este combustible sea atractivo. Algunos países satisfacen una parte importante de su necesidad de combustible importando gas natural.

   Las fuentes más importantes de electricidad producida a partir de cualquier fuente distinta de las centrales térmicas alimentadas con combustibles fósiles, son las centrales hidroeléctricas y las centrales térmicas alimentadas con combustible nuclear.

   Sin embargo, tanto la nuclear como la hidroeléctrica requieren una enorme inversión y muy alto nivel de conocimientos técnicos y, además, muchos países no tienen más que un potencial limitado para desarrollar energía hidroeléctrica.

3.2 Situación actual y tendencia a futuro

   En la actualidad, a nivel mundial, los combustibles fósiles -carbón, petróleo y gas- contribuyen con un 63 % de la producción eléctrica, la hidroeléctrica representa alrededor del 19 %, la nuclear 17 %, mientras que la solar, eólica, geotérmica y de la biomasa contribuyen en conjunto con el 1 %. En nuestro país, las proporciones en el Sistema Argentino de Interconexión (SADI) fueron, para el período Enero/Agosto de 1998, 43.62 % de origen térmico, 45.46 % hidráulica y 10,92 % nuclear. (Las demás fuentes no convencionales existentes no abastecen al SADI, pero según cálculos de la Secretaría de Energía representan alrededor del 1,4% en conjunto sobre el total de la energía generada en el país).


Sistema Argentino de Interconexión (S.A.D.I.)
Generación Bruta
por tipo de fuente
Período Térmica
en MWh
% Hidráulica
en MWh
% Nuclear
en MWh
%
Ene/Ago 99 30.205.500 59,53 15.745.700 31,03 4.790.864 9,44
Fuente: Revista Argentina Nuclear, Nº76, pág. 26


   Los combustibles fósiles tienen muchas ventajas, la principal su bajo costo y facilidad de transporte, pero también desventajas en términos de contaminación y efectos ambientales. El dióxido de carbono (CO2), que inevitablemente se genera al quemar estos combustibles, es actualmente considerado como una de las fuentes que contribuyen mayoritariamente al recalentamiento global del planeta (efecto invernadero), el cual afectaría gravemente a ciertas regiones. Este "efecto invernadero" , según estimaciones de los científicos, podría llegar a elevar durante el próximo siglo a tal punto la temperatura media de la tierra, que bastará para desplazar zonas de producción agrícola y aumentar el nivel de los mares hasta inundar ciudades costeras.

   Según la OMM (Organización Meteorológica Mundial), las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2) aumentan de manera constante. A finales de 1997 alcanzaron un aumento del 30% con respecto a la era preindustrial, más de la mitad del aumento ha ocurrido después de 1950. A su vez, la temperatura media en la superficie de la Tierra también sigue aumentando inexorablemente desde el último decenio. El año 1997 fue el año más caliente jamás registrado, alcanzándose niveles superiores a los récords anteriores registrados en 1995.

   Se habla mucho sobre la necesidad de reducir las emisiones de CO2, pero la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que fue adoptada en la Conferencia sobre Desarrollo y Medio Ambiente en 1992 en Río de Janeiro (aprobada por Ley 24295), y que durante el mes de noviembre de 1998 se reunió en Buenos Aires, no puede determinar aún cómo deben lograrse esas reducciones. Según la OECD, las emisiones de CO2 derivadas de la producción energética aumentarán casi un 50% para el año 2010.

   Los pronósticos de distintos analistas especializados indican que el consumo energético en el mundo, en particular la electricidad, continuará incrementándose. El informe del Consejo Mundial de Energía (WEC) de 1995 incluye un escenario en el cual se estima que el consumo global de electricidad puede llegar a incrementarse en aproximadamente un 75% para el año 2020 y prácticamente triplicarse para el 2050.

   A su vez, el informe cuenta que los temores a un agotamiento inminente de los recursos, que eran generales en los años '70, se consideran ahora infundados. Los cálculos sobre reservas de petróleo recuperables comprobadas aumentaron un 11 por ciento entre los últimos meses de 1987 y finales de 1990, mientras que los del gas natural líquido aumentaron un 5,3 por ciento, y los de gas natural un 17,9 por ciento. Pueden atribuirse estos aumentos tanto a la reevaluación de las reservas existentes como al descubrimientos de otras nuevas. Si se siguen dando las condiciones económicas y técnicas actuales, sólo las reservas comprobadas podrían satisfacer las necesidades de petróleo de los próximos 40 años, las de gas natural llegarían a 64 años y las de carbón más de 200 años.


Disponibilidad de Recursos Energéticos Convencionales
Reservas a Nivel Mundial
Tipo de Recurso y
Reserva Estimada
Petróleo Gas Natural Carbón
41 años (*) 64 años 220 años
(*) Mal distribuidas, el 50% en Medio Oriente
Fuente: Consejo Mundial de Energía (WEC), 1995.


   La búsqueda imaginativa de encontrar energía que no fuera dependiente de los combustibles fósiles, ha sido materia de estudio desde los científicos hasta de los líderes políticos en lo que va de la segunda mitad de este siglo. Los resultados no son satisfactorios. Los intereses del poderío económico y político de las actuales industrias energéticas son reales y concretos.

   Un ejemplo muy claro fue la Guerra del Golfo. En esa guerra el componente económico energético ha tenido gran importancia, tanto en la invasión iraquí de Kuwait como en la respuesta norteamericana . De hecho, cuando el componente económico ha pasado a un segundo plano, como en el caso de la represión a los Kurdos, las represalias contra el mismo personaje fueron infinitamente más tibias. En un editorial del Financial Times publicado durante los primeros días de la guerra se resumía el conflicto: "No sólo hay petróleo en el corazón de esta guerra, sino que la guerra está en el corazón de las reservas de petróleo más significativas del mundo" .

   La cuestión se agrava si los países en desarrollo pretendiéramos llegar al nivel de uso de la energía de los países industrializados; estos consumen tal cantidad de recursos energéticos que su modelo no resulta extrapolable al conjunto del planeta. El ecosistema no podría soportar este aumento, sobre todo si se basara en combustibles fósiles no renovables. Los riesgos de recalentamiento y una acidificación del medio a nivel mundial excluyen muy probablemente ya la duplicación del uso de la energía basada en la actual utilización mixta de fuentes primarias.

3.3 Búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles

   La consigna es muy clara para la humanidad. Encontrar sustitutos de los combustibles fósiles como fuentes excluyentes de energía.

   El principal recurso alternativo fue desarrollado en la década del '50: La energía nuclear. Luego de cuatro décadas de esfuerzos tecnológicos la energía nuclear terminó por imponerse frente a otras. Sin embargo, la naturaleza de sus costos, riesgos y beneficios ha resultado objeto de agudas controversias. Aún hoy, los residuos generados por este recurso energético, son un problema de difícil solución.

   A esta realidad se le suma el temor a la emisión de radioactividad al ambiente como consecuencia de algún accidente. La seguridad en la generación nucleoeléctrica se vio fuertemente cuestionada a raíz de los accidentes de las centrales nucleares de Three Mile Island (EE.UU., 1979), Chernobil (Ucrania, 1986) y más recientemente el de la planta de tratamiento de uranio de Tokaimura (Japón, 1999). Como consecuencia de Chernobil, en el informe sobre el ambiente en Rusia -el Libro Blanco- publicado en octubre de 1992, se afirma que al menos 5 millones de habitantes estuvieron expuestos a altos niveles de radiación. En ese mismo año, el presidente Yeltsin manifestó en el parlamento: "Por primera vez estamos informando a la población, con toda franqueza y sinceridad, acerca de la escala del desastre ecológico que hemos heredado" .

   No parecería que la energía nuclear se constituya en una alternativa válida, es decir, ambientalmente hablando, ya que sus efectos no deseados pueden ser tan perjudiciales como los de la combustión de fósiles y cuyos riesgos son menos aceptados por la sociedad. Ante la imposibilidad de vivir en un mundo absolutamente seguro, tanto los individuos como la sociedad en general aceptan determinados riesgos en pro de su "calidad de vida", existiendo casos en los que algunos fenómenos, a pesar de tener un riesgo mayor que otros, presentan sin embargo una mayor aceptabilidad. Tal es el caso de la gente que teme viajar en avión, mientras que lo hace en automóvil, a pesar que, como promedio, es mayor la probabilidad de accidente en automóvil. Un fenómeno similar se podría estar produciendo en el caso de la mayor aceptabilidad social que existe en favor de la generación termoeléctrica por sobre la nuclear.

   Otra alternativa al uso de combustibles fósiles resultó ser la generación hidroeléctrica. Aunque esta opción pueda tener algunas ventajas sobre otros modos de generación, no es una fuente "limpia" de energía. Puede provocar daños ambientales graves y resultar una amenaza para especies que están en peligro de extinción.

   La construcción de grandes represas hidroeléctricas generalmente fue siempre presentada como indicadora de un progreso que beneficia a la sociedad en su conjunto, sin embargo tienen también su lado oscuro. Este abarca: destrucción de viviendas, inundación de campos (pastoreo - cultivo) y ciudades, alteración brusca de las condiciones ambientales, sociales y económicas de determinadas comunidades, cambios en la flora y fauna, refugio para enfermedades y parásitos, etc.

   A partir de la Segunda Guerra Mundial se construyeron numerosas represas en todo el mundo para proveer de energía eléctrica y agua a amplias zonas; todas produjeron un importante impacto socio-ambiental pues desplazaron gran cantidad de personas de sus hábitats naturales.

   En nuestro país, las represas más importantes están asentadas sobre los ríos mesopotámicos y en la cuenca del río Limay y del Neuquén. La zona inundada por el embalse de la central hidroeléctrica Yacyretá, ubicada sobre el río Paraná a unos 70 kilómetros al oeste de Posadas, alcanza una superficie de 1600 kilómetros cuadrados; ocho veces la de la ciudad de Buenos Aires.

   Una cuestión sobre la que no hay ninguna duda es que el actual sistema de producción de energía comercial es uno de los principales responsables del nivel de contaminación del planeta. Este nivel de contaminación pone en peligro el desarrollo sostenible de la Humanidad y del biosistema todo, produciendo innumerables molestias, deterioro de la salud, reducción de la esperanza de vida e incluso la muerte, atentando contra el patrimonio cultural y afectando a miles de millones de personas.

   Las formas no convencionales como la solar y la eólica, si bien en menor grado, tampoco escapan a estas consideraciones. No se puede dejar de mencionar la contaminación que se produce tanto en la fabricación como en la eliminación de celdas solares, ya que se utilizan productos químicos como el selenio y el cadmio. En el caso de la energía eólica se deben tener en cuenta los impactos audiovisuales y el peligro que constituye para las aves.

   De modo que se debe considerar que todas las fuentes eléctricas generan impactos ambientales negativos de diferente calidad y en diferentes localizaciones geográficas, ya sea sobre el medio natural como el social y cultural, teniendo en cuenta además que algunos son de difícil evaluación en términos económicos.

   Frente a este panorama queda una sola alternativa: elegir en cada caso, en cada país y en cada región, en cada época y en cada circunstancia, la opción menos perjudicial.

   A la hora de armar un menú energético se debe tener presente a todos los protagonistas de la energía. Es importante señalar que la producción y el uso de las energías más adecuadas a cada caso, cobrarán un lugar de primera importancia para transitar hacia el logro del Desarrollo Sostenible.

4. Panorama Energético de la Argentina

4.1 Situación general

   La República Argentina ha culminado la etapa de reestructuración de su industria eléctrica, uno de cuyos aspectos más salientes ha sido el de la reorganización de los actores del mercado (generadores, transportistas, distribuidores y grandes usuarios). La sanción de la Ley 24.065 permitió iniciar en 1992 el proceso de desregulación del mercado eléctrico nacional, con el que se ha logrado superar en pocos años la situación de cuasi colapso sufrida a partir de 1988, cuando debió recurrirse, entre otras medidas, a cortes rotativos, a la restricción del alumbrado público y de la programación de televisión, al adelanto de la hora oficial y al uso masivo de grupos electrógenos.

   Actualmente la potencia disponible puede satisfacer plenamente una demanda con una elevada tasa de crecimiento a precios cada vez más competitivos (se estima que el consumo de electricidad por habitante crecerá desde los actuales 1650 a 2500-3200 Kwh/hab-año en el 2010). Esta situación permite además disponer de saldos exportables que contribuirán a mejorar nuestra balanza comercial con los países limítrofes.

   Asimismo, se esperan importantes crecimientos de la oferta en los próximos años. Los proyectos térmicos informados a la Secretaría de Energía para el futuro decenio totalizan alrededor de 6000 Mw. El ingreso adicional supuesto a mediano y largo plazo consiste en terminales de ciclo combinado de alta eficiencia.

   Con respecto a la energía hidráulica, se espera que Yacyretá eleve el nivel de operación al de proyecto (cota 83) en el 2003, ingresaría Pichi Picún Leufú en el año 2000 y el Aprovechamiento Bermejo en el 2004. Hacia fines del 2010 sería factible el ingreso de 2900 Mw. hidráulicos.

   En cuanto a la energía nuclear se considera el ingreso de Atucha II en el año 2004.

4.2 Situación rural

   Sin embargo, a pesar de este panorama general de crecimiento y desarrollo del sector energético, existe en nuestro país gran cantidad de habitantes que aún carecen de suministro eléctrico. Según datos de población y vivienda correspondientes al último censo nacional de 1991, del total de viviendas ocupadas el 6,6% (560.000) no posee abastecimiento eléctrico. De esta cifra, entre el 80 y 90% corresponde al área rural, con lo que faltaría abastecer en este área una cantidad de viviendas que oscilaría entre 450.000 y 500.000. De acuerdo a que el promedio de habitantes por vivienda estimado para el área rural es de 4,2 hab., se calcula que existe una población rural sin electricidad de alrededor de 2.000.000 de habitantes. A su vez, existen más de 6000 servicios públicos que no poseen aún servicio eléctrico, entre ellos escuelas, centros primarios de atención médica, servicios de agua, puestos policiales y de gendarmería, etc.

   En las zonas rurales se consume menos del 2 por ciento del total de la producción energética argentina. Debido a los elevados costos que insume suministrar electricidad a estas zonas a través de las redes de distribución, las empresas de electricidad pertinentes no han podido acelerar la electrificación rural. Esto ha generado un impacto negativo con respecto a la densidad demográfica rural y ha contribuido a una migración de la población hacia las zonas urbanas.

   Se estima que de la población total de la Argentina de 37 millones de habitantes, más del 85% vive en zonas urbanas o semiurbanas, conectadas o con la posibilidad de conectarse a las redes eléctricas. Unas 2,5 millones de personas que viven en áreas rurales no están conectadas a red alguna y es altamente improbable que lo lleguen a estar en un futuro previsible; por lo que resulta prácticamente imposible alcanzar una electrificación rural significativa mediante el suministro por red.

   Las comunidades rurales dispersas crean pequeñas demandas, las cuales no son consideradas por los servicios de suministro de red por no ser económicamente rentables. Una población es dispersa o remota, en términos eléctricos, cuando se encuentra a una distancia de 3 o 4 kilómetros de las líneas de transmisión, con lo que existen parajes geográficamente cercanos que adquieren en materia de electricidad la condición de distantes. Sin embargo, la mayor parte de estas poblaciones están localizadas en áreas geográficas marginales y conforman, en parte por esa misma razón, comunidades que se desenvuelven en condiciones de extrema precariedad vital. Se trata de poblaciones con consumos energéticos restringidos por falta de disponibilidad, con un atraso cultural notorio y sin alicientes para progresar, con fuerte tendencia a la emigración en búsqueda de horizontes menos deprimentes, pero con posibilidades de proyección local en caso de contar con un mínimo suministro eléctrico confiable.



4.3 Desarrollo ambiental

   Sobre esta situación socioeconómica, el impacto de la provisión de energía eléctrica no se restringe al mero acceso a un servicio fundamental en la calidad de vida, sino que además puede servir de soporte decisivo para impulsar diversas estrategias de cambio social.

   El abastecimiento de energía puede potenciar la movilización de recursos actualmente anestesiados como también crear posibilidades de disposición de servicios hoy precariamente disponibles en estas comunidades, tales como educación, sanitarios, comunicaciones, etc.

   La situación actual exige la identificación de medidas que respalden un desarrollo rural mediante el empleo de alternativas no convencionales que, además, si es posible, no perjudiquen el ambiente. En este contexto aparece la disponibilidad de recursos energéticos renovables directamente relacionada con el abastecimiento eléctrico del sector rural. La Argentina dispone de importantes recursos energéticos renovables en casi todo el territorio. Los datos con que se cuenta provienen de relevamientos y mediciones realizados por el Servicio Meteorológico Nacional, los Aeropuertos, la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales de la Fuerza Aérea Argentina y el Centro Regional de Energía Eólica (CREE) en la Provincia de Chubut, entre otros.

   En ocasión de la reunión de Ministros de Energía de América, efectuada en la provincia de Santa Cruz durante 1996, el director del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Thomas Johansson, manifestó que pese a tener un gran potencial, la Argentina presenta un gran déficit de energía eléctrica y el intensivo uso de alguna de ellas incrementa la contaminación. Luego dijo, "Es necesario crear un nuevo enfoque de la energía para generar un desarrollo ambiental, mejorar el uso de éstas y aumentar el uso de recursos renovables y limpios". Añadió que también es importante que se adopten nuevas formas de tecnología para la generación de energía, ya que no basta ni es bueno continuar con sistemas que podrían dañar el ambiente.

   La selección de las fuentes de energía adecuadas para avanzar con éxito hacia el Desarrollo no implicará decisiones simples. Las mismas deberán estar basadas no sólo en conocimientos científicos y en análisis de costos y de beneficios, sino también y quizá en forma más importante, deberán basarse en juicios de valor relativos al modelo ideal de sociedad que se pretenda construir.

   Por otro lado, es probable, y la tendencia así lo indica, que la demanda energética futura se cubra con una mezcla de fuentes energéticas, tanto centralizadas como descentralizadas, para adaptarse a las diversas condiciones ambientales y sociales de cada lugar y en cada caso.

   El mercado energético argentino afronta dos desafíos simultáneos: darle rentabilidad a los difíciles mercados rurales, con usuarios dispersos y grandes distancias entre ellos e incorporar tecnologías alternativas a las tradicionales que no dañen el ambiente.



5. El Rol del Estado

   El mundo a sufrido en la última década transformaciones sin precedentes con cambios políticos, sociales, culturales y geopolíticos de enorme trascendencia.

   Se ha operado también una fuerte transformación tecnológica en las comunicaciones, en la informática y en la automatización que torna en obsoletas muchas formas de producción tradicional, trae consigo la aparición de nuevos servicios e impone la necesidad del cambio en la capacitación de los recursos humanos. Al mismo tiempo la apertura económica, la globalización y la conformación de espacios regionales ampliados -al estilo de la Unión Europea, el NAFTA y el Mercosur- cobran cada vez mayor importancia.

   Entretanto, mientras esas transformaciones "irreversibles" se desarrollan, la trama económica y social de muchos países cruje por graves situaciones de desequilibrio y de desigualdad social que expulsa a vastos sectores de la población afuera del circuito de la producción, del consumo y del bienestar. Son comunes las noticias que hablan de caída del salario, de precarización laboral, de desocupación y de aumento de la pobreza y marginalidad.

   Según el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano 1998 (PNUD), más de 800 millones de individuos padecen de hambre o de desnutrición, más de 1000 millones no tienen acceso a los servicios de salud y de educación básicos ni al agua potable; 2000 millones no están conectados a la red de energía eléctrica, y el 80 por ciento de la población mundial, es decir, más de 4500 millones, no dispone de los medios de telecomunicaciones básicos y, por tanto, de los medios de acceso a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.

   En los tiempos que vivimos la sociedad depende extremadamente de los recursos energéticos, los que resultan indispensables para casi todas las actividades que desarrolla. Un lugar con electricidad es un lugar apto para el establecimiento de familias, de industrias y empresas y un buen camino para el crecimiento.

   Distintos indicadores de la calidad de vida tan variados como la expectativa de vida, mortalidad infantil, ingesta de calorías por habitante, alfabetización, etc., están relacionados con el consumo energético y en especial el eléctrico per cápita. Se observa que los países que tienen mejores niveles de estos índices de calidad de vida, también tienen mayores consumos per cápita de electricidad.

   La energía eléctrica debe entenderse entonces como un elemento base y un bien esencial para el desarrollo económico de toda población, resultando indispensable para elevar el nivel de vida. Consolidar una política energética con efectivos programas de abastecimiento a comunidades que carecen de electricidad es una manera de contribuir a nivelar las oportunidades de desarrollo de toda la población del país.

   A su vez, el suministro de electricidad es considerado un servicio público, y, por lo tanto, el Estado (nacional, provincial, municipal) debe asegurar su abastecimiento a toda la comunidad, ya sea por sí (empresas estatales) o a través de concesiones a la gestión privada.

   Si bien nuestra Constitución Nacional no contiene ninguna previsión expresa donde se indique el deber del Estado de asegurar a todos los habitantes el acceso al consumo de bienes energéticos, en el capítulo cuarto, artículo 75, inciso 19 de la misma dice: Corresponde al Congreso...."Proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia social, a la productividad de la economía nacional, a la generación de empleo",...."Proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones"...

   Como se puede apreciar, a partir de este artículo se desprende la obligación del Estado de diseñar políticas en ese sentido y de actuar con equidad social procurando llevar electricidad a toda la población.

   La ley nacional 15.336 del año 1960 se ubica en esa dirección, ya que por intermedio de ella se crea el Fondo Especial de Desarrollo Eléctrico del Interior (FEDEI) con el fin de otorgar aportes y préstamos a provincias, municipalidades, cooperativas y empresas privadas de servicios públicos de electricidad para obras de construcción y ampliación de centrales, redes de distribución y obras complementarias en el interior del país.

   Por otro lado, nuestro país ha recibido donaciones del Fondo Fiduciario Mundial para el Medio Ambiente (GEF), constituído por contribuciones que realizan varios países, para realizar estudios de recursos, relevamientos, investigación en tecnologías, pruebas piloto, etc.

   En el sistema del mercado eléctrico actual hay competencia de prestadores privados. Sin embargo, el Estado debe complementar el funcionamiento de estos mercados introduciendo incentivos económicos que maximicen los beneficios y minimicen los perjuicios. No se deben confiar exclusivamente en el mercado las decisiones sobre qué infraestructura construir, cuándo construirla y cómo financiarla; la responsabilidad de imponer políticas de electrificación de las zonas desabastecidas recae en el Estado, ya sea Nacional, Provincial o Municipal.

   Es preciso un gobierno consciente de su papel en la promoción del crecimiento. El Estado debe atender y tomar en cuenta las necesidades del interior del país, de manera de atenuar las desigualdades regionales evitando la lógica de los enclaves productivos.

   La problemática de la contaminación, el abastecimiento suficiente de la demanda de energía y la armonización económica, social y ecológica de los desequilibrios regionales en la Argentina, constituyen materias fundamentales de las que no puede ausentarse el Estado.



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