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Las mayores exigencias de organismos del Estado en cuanto a calidad de la madera que compra para sus obras, junto al crecimiento de la industria frutícola y vitivinícola y la mayor información en poder de los consumidores finales parecen ser los motivos por los que la industria de la impregnación de madera se ha cuadruplicado en Chile durante la última década.
Un informe publicado por "Lignum" indica que "de las 35 plantas impregnadoras que había hace doce años, hoy se ha pasado a más de 140, de las que entre 110 y 115 están funcionando".
El desarrollo explosivo del sector se expresa en crecimientos muy por encima de otros segmentos vinculados a la industria de la madera en el país trasandino. "En los últimos seis años hemos crecido alrededor de cuatro veces", comentó el gerente de Magisur, Marcelo Benito, una empresa que impregna desde hace más de 30 años.
Para Francisca Latorre, de Hickson-Quimetal -uno de los dos proveedores de preservantes que operan en Chile- "este sector ha ampliado en forma sostenida primero con el boom del kiwi, luego el de la uva de mesa y más recientemente con el de la uva vinífera". En su opinión, la distribución de la madera impregnada ha registrado variaciones en el último tiempo: "Antes, el 80% iba al sector agrícola-frutícola. Hoy estimamos que aproximadamente el 50% va a uso agrícola, un 35% a la construcción y el resto básicamente a postes de distribución eléctrica", afirmó.
Otra de las razones de la expansión se encuentra en la relativamente baja inversión que implica instalar una planta (alrededor de US$ 40 mil sin contar el terreno) y en el agregado de valor que se le hace a los rollizos o la madera aserrada con el consiguiente traslado al precio de venta: "Una pulgada de madera impregnada cuesta unos u$s 0,60 más que la pulgada normal y en madera elaborada el recargo es del 17% aproximadamente", precisó el empresario Marcelo Benito.
Pero no todas son rosas dentro de este atractivo mercado. "Hay muchas diferencias en la calidad de la impregnación, no todos la hacen conforme al grado de humedad que tiene que tener la madera", sostuvo Américo Montenegro, dueño de Improfor, compañía que se ha convertido en una de las mayores proveedoras de madera impregnada para la construcción (1.500 m3/mes).
Frente a esta situación, la certificación ha surgido como un elemento clave para asegurar garantía de calidad. De hecho, los organismos estatales -fundamentalmente los vinculados a la vivienda- están exigiendo madera impregnada y certificada para la construcción de casas y obras.
La producción anual de madera impregnada ronda los 350 mil m3 y la mayor parte de las plantas impregnadoras están instaladas en la zona central del país. @

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