El Tilo...
Nuestro Sabio Benefactor

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España

hu@nexo.es


España


   Los fósiles más antiguos de Tilos datan del Plioceno, hace unos veinte millones de años. Actualmente, en el hemisferio norte existe alrededor de 40 especies distintas de Tilos, que se hibridan fácilmente, por lo que resulta difícil delimitar cada especie. La que más abunda en Europa es el llamado Tilo común (Tilia x vulgaris), híbrido entre el Tilo de hoja grande (T. platyphyllos) y el de hoja pequeña (T. cordata). Las hojas de esta especie intermedia suele medir entre 6 y 10 centímetros, son casi circulares, con el haz más oscuro que el envés. Lo más característico de su fisonomía es su triple inflorescencia acompañada de una pequeña hoja o bráctea, que le da un aspecto alado.

   Su medio natural son los bosques sombríos de montaña. En España los Tilos se encuentran entre los 1.000 y 1.500 m de altura en las montañas del tercio norte peninsular. Desde tiempos muy antiguos se cultivan en jardines, por su porte majestuoso. Los Tilos son muy rústicos, las raíces profundizan mucho, por lo que una vez que ha arraigado el árbol, ya no requieren ningún cuidado. En la últimas décadas se ha introducido el cultivo el Tilo plateado (T. tomentosa). Esta especie, procedente del Próximo Oriente, se diferencia de los otros Tilos en su densa pilosidad blanquecina y su extraordinaria resistencia a la contaminación, que le convierte en un árbol idóneo para su plantación en el medio urbano.

   Lo único que se utiliza para la elaboración de la Tila son sus flores, aunque a veces se incluyen las brácteas. Se deben recolectar al final de la primavera, cuando acaban de abrirse, dejando en el árbol tanto las que están aún encapuchadas como las ya marchitas. Además es importante que las flores se sequen rápidamente, debiendo recolectarlas únicamente en días soleados y con aire seco.

   La infusión de Tila es conocida como calmante de la excitación nerviosa, se recomienda especialmente para asegurar un sueño profundo y reparador. De igual forma se aconseja para combatir el histerismo, jaquecas, espasmos y la hiperacidez gástrica. Es recomendable utilizar 10 gramos por litro. También se consume la Tila mezclada con azahar, anís verde o poleo. La flor del Tilo constituye uno de los recursos más apreciados por la medicina popular, principalmente para curar infecciones en las vías respiratorias. De la corteza de Tilo, se puede obtener cataplasmas para cicatrizar las heridas frescas y en las afecciones hepato-biliares se emplea en decoción. La cordelería también se nutre de la corteza, pues por maceración se elaboran fibras. La corteza se recoge en abril o mayo.

   De las semillas se puede extraer un buen aceite para cocina, pero el proceso de extracción es demasiado costoso, por lo que apenas se utiliza.

   Las flores son melíferas, muy visitado por las abejas. Atrae hasta 30 especies de insectos y pájaros. Las hojas se usan como forraje para el ganado y como sucedáneo del tabaco.

   La madera es de gran calidad y se cotiza mucho entre los escultores de tallas, porque permite cortarse en todas direcciones; también se emplea en la fabricación de pianos, y obtención de carboncillos para el dibujo. Con sus ramas se hace carbón que se emplea en los dentífricos carbonosos y en los bálsamos perfumantes.

   La esencia del Tilo, a través de sus flores perfumadas, nos llega a nosotros, como el consejo de un buen amigo, sus virtudes calmantes, nos sirven de sosiego y tranquiliza nuestro ánimo.

Vosotros, entre abejas monacales
de oro sonoro, Tilos
que desde el huerto veis surtir cristales
de mi ciprés de Silos.

Como la flor del Tilo en primavera
contra el insomnio torvo,
beberte en infusión, niña, quisiera
beberte sorbo a sorbo.

(Gerardo Diego, El Tilo)

   Según la mitología griega existía una gran benefactora de la humanidad, Fílira, hija de Océano. Fílira en griego quiere decir Tilo. En cierta ocasión Cronos yació con ella, pero la diosa Rea les sorprendió juntos, por lo que él se transformó en caballo y huyó al galope, el hijo que nació fue medio equino y medio humano, el famoso centauro sabio Quirón, preceptor de héroes y sabios como Aquiles, Jasón y Asclepio. Pero a Fílira le repugnaba el monstruo que había engendrado, por lo que rogó a los dioses que lo transformasen. A su manera, los dioses atendieron la súplica de la madre, transformándola a ella en Tilo. En la Hélade clásica este árbol era muy preciado, como benefactor y como medio de sabiduría, por el poder restaurativo de sus flores, que ya entonces era muy utilizada y porque el líber o corteza interior del Tilo, proporcionaba tablillas para escribir que eran cómodas y fáciles de manejar. Además, divididas en tiras se utilizaban en la adivinación.

   Ovidio cuenta en las Metamorfosis la historia de Baucis y Filemón, que por haber acogido a Zeus y a Hermes con la humilde apariencia de viajeros, obtienen de los dioses la complacencia de sus deseos: acabar juntos sus días. Su humilde cabaña queda transformada en templo y ante su puerta están ellos convertidos en árboles: Filemón en encina, el árbol sagrado de Zeus y Baucis en Tilo como signo de tierna fidelidad.

   El Tilo, por ser árbol frondoso de aspecto robusto y por su longevidad, más de 500 años, fue árbol sagrado entre antiguas tribus indoeuropeas. Puede superar los cuarenta metros, esta gran altura representa un eje de comunicación privilegiado con el cielo, que tenían una importancia capital para la religión de estos pueblos. En el reconstruido lenguaje indoeuropeo se designa al cielo con el término deiwos, que nos ha dejado de legado el nombre de Dios en la mayoría de la lenguas desde el Atlántico hasta la desembocadura del Ganges (dios, en castellano; deus, en latín; diewas en lituano; deva en sánscrito).

   El símbolo de sabiduría del Tilo quedó plasmado en el estudio de la botánica a través de un pequeña anécdota ocurrida en el siglo XVII en Suecia. Cerca de la casa del pequeño Nils Ingemarsson crecía un hermoso Tilo y cuando iba a la escuela, sus compañeros le llamaban: "el niño del Tilo".

   Este árbol debía fascinarle, pues el sobrenombre, lejos de disgustarle, le agradaba tanto que cambió su propio apellido por Linneus, derivado de la palabra sueca lind, Tilo. El joven Nils Linneus creció y fue pastor de almas. Durante toda su vida siempre mantuvo un especial amor por el estudio de las plantas y de la apicultura. Su hijo Carl se desarrolló en este ambiente de respeto y veneración a las plantas. Mas tarde, este hijo se convertiría en el más grande botánico de todos los tiempos. Ideó las bases de nomenclatura para la clasificación y sistemática de todo el mundo vegetal y animal, creando el orden sobre el caos taxonómico imperante hasta entonces.


   El nuevo niño del Tilo, Carl von Linné, transformó el estudio de la naturaleza viva de una filosofía natural a una ciencia rigurosa.

   El paseo más emblemático del Berlín de la "Belle Epoque" y de los felices años veinte fue "Unter den Linden" (El paseo bajo los Tilos), era la espina dorsal de toda la actividad de la gran urbe. Este paseo resultó muy dañado por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Los Tilos sobrevivientes se cortaron para convertirlos en leña, en aquellos tristes tiempos de hambre y miseria. Tras la división de la ciudad, este paseo pasó a formar parte del sector oriental, y allí durante largos años languideció, no era más que una sombra de su pasado.

   Actualmente, una vez unificada la ciudad, se ha procedido a recuperar el antiguo esplendor de esta vía, antaño tan importarte, restaurándola y reedificándola. Los Tilos se han vuelto a plantar. Poco a poco, la ciudad se despierta de su lenta agonía. La sabiduría que dan los años vividos en paz y libertad, ha permitido el retorno de los Tilos a Berlín, para disfrute de todos los ciudadanos, sin distinción de razas ni ideologías. Desde sus silenciosos alcorques, estos viejos amigos han cerrado un largo paréntesis en la historia, paréntesis que nunca debió existir. @




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