La Ballena Franca Austral
Un Coloso de los Mares


Por Multimedios Ambiente Ecológico
fauna@ambiente-ecologico.com



Nombre Científico:   Eubalaena australis  
Nombre Vulgar:   Ballena Franca Austral  
Clase:   Mammalia  
Orden:   Cetacea  
Familia:   Balaenidae  


Distribución:

   Puebla el sector austral de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico.


Dimensiones:

   Su largo total varía entre los 12 y 16 m. y la cabeza ocupa alrededor de un 25 por ciento del animal.


Descripción:

   El peso ronda las 40 toneladas. Pare una cría que nace en invierno tras 9 a 10 meses de gestación. Se cree que el periodo de lactancia dura un año, aunque el "ballenato" permanece 2 o 3 más junto a su madre.

   Se alimenta de especies de zooplancton, langostas marinas y de krill. Suele alimentarse en grupos entre la superficie y los 50 m de profundidad filtrando el agua por sus barbas.

   Cada año, en invierno y primavera, un gran número de Ballenas Francas arriba a las aguas de los golfos San José y Nuevo en la Península de Valdés, provincia del Chubut, brindando unos espectáculos de ribetes sensacionales a la cada vez mayor cantidad de visitantes que se dan cita en el lugar para apreciar las evoluciones de estos plácidos gigantes marinos.

   Para proteger esta especie, que fuera diezmada por la caza indiscriminada al punto tal que hoy se la considera en peligro de extinción, nuestro país la ha declarado Monumento Natural.

¿Cuándo y por qué se declaró a la Ballena Franca Monumento Natural?

   En el año 1984 se sancionó la Ley 23.094 que declara Monumento Natural a todas las Ballenas Francas que se registren en aguas jurisdiccionales de la Nación. Tal decisión se fundamenta en la imperiosa necesidad de otorgarle la debida protección a esta especie animal, una de las mayores que puede observarse en nuestro territorio, máxime considerando que posee sus lugares de reproducción y cría en aguas territoriales argentinas, hecho al que se suma su innegable valor estético.

¿Por qué se la denomina Ballena Franca?

   La razón de este nombre común hay que buscarla en la historia. Las Ballenas Francas fueron, desde siempre, las primeras en ser cazadas. Aún antes del siglo XII los franceses y españoles las perseguían desde pequeños botes a remos, empleando para matarlas, arpones que arrojaban con sus brazos.

   Durante los siglos XVIII y XIX la explotación llegó a tal punto que la Ballena Franca Septentrional, que vagaba por los mares del Hemisferio Norte, fue prácticamente extinguida. Ante esta situación las flotas balleneras, en especial las inglesas y norteamericanas, se dirigieron hacia los mares australes, comenzando a diezmar las poblaciones de Ballenas de esas aguas.

   La razón de esta persecución particular estaba dada por la facilidad con la que podían ser atrapadas. En efecto, esta Ballena es un animal lento y, para suerte de los cazadores, flota al ser muerta, a diferencia del resto de las Ballenas a las que hay que inyectarle aire para evitar que se hundan.

   Estas características, sumadas a su alta producción pues cada individuo podía rendir, por ejemplo, unos 40 barriles de aceite, equivalentes a 7.200 litros; le valieron el nombre en inglés de "right whale" o sea, la Ballena correcta, "Francamente" ideal para cazar.

¿Cuáles son las características más sobresalientes de estos animales?

   Las Ballenas son mamíferos perfectamente adaptados al medio marino en el que se desenvuelven. La Ballena Franca Austral (Eubalaena australis) presentan el cuerpo curvado y no posee aleta dorsal. Las hembras adultas miden un promedio de 13 metros, en tanto que los machos son un tanto más cortos, alcanzando los 12 metros. Sin embargo se han observado hembras de 16 metros. Los ejemplares adultos pueden llegar a pesar entre 30 y 40 toneladas.

   La cabeza de estos animales representa el 25 % del largo total del cuerpo. En la boca, que tiene forma curva, se disponen, colgando de la mandíbula superior, unas 260 placas o barbas córneas, llamadas comúnmente "Ballenas", cada una de las cuales miden unos 2,50 metros de largo. La utilidad de estas placas se pone de manifiesto cuando el animal se alimenta, sirviéndole entonces de filtro o "colador" para retener su comida, constituida principalmente por unos pequeños camarones conocidos como Krill, que el animal hace ingresar en la cavidad bucal junto con agua, la que luego es expulsada hacia el exterior a través de las barbas.

   Una de las características más distintivas es la presencia de callosidades en la parte superior y costados de la cabeza. Estas callosidades están formadas por placas de epidermis engrosadas y endurecidas que, por lo general, se hallan recubiertas por grandes cantidades de crustáceos, vulgarmente denominados "Piojos de las Ballenas", de color blanco. La distribución, dimensiones y formas de estas callosidades son particulares para cada individuo y, a semejanza de las huellas dactilares, son utilizadas para identificar a cada ejemplar. También presentan manchas dorsales blancas o grises y manchas ventrales blancas.

   Ubicados en la parte superior de la cabeza e inmediatamente por detrás de las callosidades denominada brazola, se encuentran dos orificios, los espiráculos, por los que el animal respira. Al expulsar violentamente el aire de sus pulmones, éste se condensa debido a la diferencia de temperaturas y dibuja dos figuras en forma de "V", echo que dio origen a la creencia de que el animal lanzaba un chorro de agua.

   La gestación dura 12 meses y por igual período, la hembra amamanta a la cría o Ballenato, el que al momento de nacer mide 5,5 metros.

   Al finalizar la temporada de cría, las Ballenas comienzan su migración anual en busca de alimento, aunque los recorridos que realizan se desconocen con precisión. Algunos científicos suponen que se acercan a las islas Georgias, siguiendo los bancos de Krill, en tanto que otros piensan que se dirigen hacia el mar abierto entre el continente africano y el sudamericano.

¿Cuál es su situación actual?

   De las once especies actuales de Ballenas; entre las cuales se halla la Ballena Azul que, con sus treinta metros de longitud es el animal viviente más grande; la Ballena Franca es la que más cerca de la extinción ha llegado. Esta situación es atribuible a dos factores principales: por un lado las matanzas realizadas por las flotas balleneras a lo largo de varios siglos (se calcula que al iniciarse las cacerías existían unos 100.000 ejemplares) y por otro el hecho de que las hembras tengan una cría cada tres años, lo que explica la lenta recuperación de la especie.

   Actualmente se estima la población total de Ballenas Francas en unos 3.000 ejemplares de los cuales el 20% (unos 600 individuos) se han registrado en aguas territoriales argentinas, siendo éste el grupo más numeroso que existe en el mundo.

   En razón de sus hábitos costeros, principalmente en su época reproductiva, esta especie es sumamente vulnerable al deterioro de su entorno por el accionar humano, como puede ser la contaminación de las aguas e inclusive el ruido de las embarcaciones a motor.

Península Valdés: un lugar privilegiado

   Las hembras con capacidad de reproducción regresan, con intervalos de tres años, al área de Península Valdés buscando seguridad y tranquilidad. Los machos adultos, en cambio, son registrados generalmente todos los años. La máxima concentración se produce entre octubre y noviembre, época en que pueden contabilizarse alrededor de 350 a 400 individuos. Esto convierte a aguas vecinas a la Península en el área de cría más importante del Hemisferio Sur.

   Es entonces cuando se puede observar a estas colosales moles oscuras emergiendo bruscamente de la superficie de las aguas para caer nuevamente en ella con estruendo inverosímil, saltos que se interpretan con una manera de decir "aquí estoy" a sus congéneres; o quizás se las pueda ver practicando uno de sus "deportes" favoritos: la navegación a vela, para lo cual asoma su gigantesca cola, que puede medir hasta 5 metros, sobre el agua permaneciendo cabeza abajo durante largos minutos, abandonadas a los caprichos de los vientos.



CUENTO

La Historia de Franca, la Ballena Heroína

   A principio de este siglo la caza de la Ballena Franca Austral se hizo muy intensa en las aguas australes. Los marinos en sus barcos balleneros, las cazaban con tanta facilidad que se transformó en la presa preferida.

   Cierto día, Franca, una Ballena Franca Austral de 15 metros y 40 toneladas de peso se estaba alimentando junto a otras de su misma especie, con un gran cardumen de Krill, su alimento favorito, muy cerca de la Isla de los Estados, al este de la Isla de la Tierra del Fuego, muy cerca, de donde Julio Verne (novelista francés, Nantes,1828- Amiens, 1905), situó "EL Faro de Fin del Mundo".

   De pronto, a lo lejos en el horizonte, se comenzó a divisar una inmensa columna de humo proveniente de un barco a vapor. Era uno de los más modernos buque ballenero de la época. Muy veloz y disponía de un cañón lanza arpones en su proa. Era un artefacto mortífero y casi ineludible. Su tripulación, veterana de muchos mares, venían de cazar en las aguas del Atlántico Norte, donde casi exterminaron a todas las Ballenas Francas. Verdaderos asesinos del mar.

   En pocos minutos ya estaban tan cerca que fue imposible escapar. El ballenero puso la proa directamente hacia donde estaba Franca, ella sobresalía por su tamaño. Seguramente sería el blanco más fácil, y además, produciría más aceite. Cuando estaban a la distancia justa del tiro del cañón, el cañonero apuntó y disparó sobre Franca. Con fuerte estruendo y entre el humo de la pólvora el arpón salió disparado con gran velocidad y precisión, para terminar impactando en la cola de la ballena. Franca se estremeció por el dolor y su instinto la hizo sumergirse.

   En pocos minutos el cielo se cubrió de nubes de tormenta y el mar se encrespó con altas olas que golpeaban al barco. Franca emergió para respirar y se encontró con unas condiciones meteorológicas distintas a las de antes de sumergirse. El arpón seguía clavado en su cola y unido al barco por una gruesa cuerda. Su final parecía aproximarse.

   La tormenta se desató con furia. El viento producía olas tan altas que pasaban de babor a estribor barriendo la cubierta del barco. Tres tripulantes fueron arrastrados y cayeron al mar. El cañonero seguía aferrado a los comandos de su cañón. El barco estaba inmaniobrable. Choca contra una roca semisumergida y pierde el timón. Ahora se encuentra al garete. Ante esa situación, el cañonero corta con un hacha la cuerda que estaba unida al arpón. Franca se siente liberada.

   La fuerte corriente y los intensos vientos arrastran al barco hacia los peligrosos arrecifes que se encuentran a unos cientos de metros. El barco termina impactando contra ellos y se parte a la mitad. La tripulación lo abandona tirándose a las heladas aguas. Igualmente tienen los minutos contados por el intenso frío. El cañonero trata de nadar hasta la costa de la isla pero sus fuerzas lo abandonan. En ese momento aparece la figura de Franca que abre su enorme boca y lo toma por sus ropas.

   Desde la isla, los encargados de la Estación Hidrológica argentina asentados en ella desde hace algunos años ven como ese enorme cetáceo lo deposita en la costa. Corren al lugar y lo llevan herido al destacamento realizándole urgentemente los primeros auxilios. Logran salvarlo.

   Se desconoce el destino de Franca. Tal vez el arpón ocasionó su muerte y terminó siendo alimento de los peces. De algo estamos seguros. Cuando el cañonero se recuperó de sus heridas y fue llevado nuevamente a su país, comenzó una intensa campaña internacional en defensa de las ballenas. Treinta años después se recogieron los primeros frutos.

   Durante muchos años, y hasta su muerte, se lo vio todos los días mirando el mar. Se comentaba que estaba buscando la silueta de Franca, la ballena que él arponeó y que le salvó su vida. @




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