Las Especies Exóticas

Dr. Luis Reinaldo Fernández
Miembro del Consejo Asesor Ambiental
eco@senado.gov.ar


¿Nos preguntamos alguna vez?

   A principios de este siglo se introdujeron en varios países de Europa ejemplares de Visón Americano con el objeto de potenciar la industria peletera. Un incendio fortuito en una de las granjas provocó la liberación de un buen número de individuos; a éstos se sumaron los que se liberaron adrede. Rápidamente, los visones se adaptaron a su nuevo medio ocupando el nicho ecológico que correspondía a otras especies, como las nutrias autóctonas. La población de nutrias descendió y la de visones se consolidó, no habiendo predador que limitase su expansión ni nada que impidiera su proliferación. (situación que podría repetirse en el sur de Chile)

   Muchos apicultores brasileños importaron Abejas Africanas a lo largo de la década de los años sesenta, para mejorar su cosecha de miel. Aunque se logró el objetivo, la hibridación de las africanas con las autóctonas creó una nueva variedad tan agresiva y de rápida proliferación que, en apenas tres décadas, se ha extendido por toda Sudamérica y Centroamérica hasta el sur de Estados Unidos.

   En Australia, unos ganaderos llevaron doce parejas de Conejos desde diversos puntos de Europa para que los colonos pudieran practicar la caza sin tener en cuenta que en ese país no existían predadores naturales. Algunos conejos se escaparon de su encierro y rápidamente se reprodujeron. Unos años después eran tan numerosos que habían destruido la vegetación de la zona. El suelo desnudo comenzó a erosionarse y faltaba alimento para los canguros herbívoros. Para detener la invasión de conejos se importaron Zorros para controlar su población. Hoy, en Australia sigue habiendo plagas de conejos que destrozan las cosechas y un exceso de zorros que nadie sabe como controlar.


La historia está salpicada de ejemplos similares

   Las distintas especies en sus hábitats naturales forman parte de una red de interacciones con los otros organismos, tanto animales como vegetales, con los cuales comparten el ambiente. Esa red de interacciones forjadas a través de miles de años de evolución es lo que hace al tan nombrado equilibrio ecológico. Cuando sacamos a una especie y la colocamos en otro ambiente distinto del original, esa red de interacciones local corre el riesgo de distorsionarse, porque los ejemplares introducidos pueden no contar con factores abióticos y bióticos sustitutos que condicionarían su existencia, y puede haber otros factores que ayuden a su colonización explosiva, por ejemplo en el caso de alguna planta, un ave que coma sus frutos y ayude a la germinación y dispersión de sus semillas.

   Las causas que conducen a la introducción de especies foráneas responden a diferentes factores: pueden ser accidentales, como el caso de los animales y algas que viajan en el agua de lastre o en las bodegas de los barcos, a través de los individuos durante sus migraciones, etc. No obstante, la mayor parte de las introducciones son, por lo general, forzadas. Estas importaciones se realizan con fines diversos: para embellecer parques y jardines, para combatir plagas, para abastecer el comercio de mascotas, para la caza y la pesca, para su consumo como productos agrícolas y ganaderos, además de aquellas de las que, como el caso de los visones en Europa, se pretende un aprovechamiento industrial.

   Asimismo, el hombre con su intervención ha destruido muchos hábitats al introducir especies nuevas procedentes de otros continentes sin antes estudiar concienzudamente las posibles consecuencias de tales manipulaciones.

   Ciertas especies han aprovechado diversos medios de transporte para colonizar nuevos hábitats. Hay especies introducidas en Europa a través de las maderas exóticas importadas; la carpintería de las casas resulta atacada por Termitas que, en principio, sólo vivían en países tropicales. Las plantas también viajan fácilmente en forma de semillas. Es probable que las Ortigas hayan llegado a Estados Unidos de esta forma, pegadas al barro del calzado de los primeros inmigrantes.

   Los peligros de la introducción de especies exóticas se han puesto de manifiesto en muchas ocasiones y a veces con grandes pérdidas para la agricultura o la ganadería. El organismo importado, si no desaparece y logra adaptarse, se multiplica con facilidad y acaba convirtiéndose en una plaga, ya sea porque puede constituirse en un agente transmisor de enfermedades, para las que las especies autóctonas no pueden desarrollar defensas, o bien porque compite con ventaja o depreda hasta el borde de la extinción a especies (vegetales o animales) que no están evolutivamente adaptadas a una depredación intensa.

   Según la ley biológica conocida como de "exclusión competitiva", por cada especie extraña que se introduce en un sistema estable, una o varias especies locales sufrirán alguna merma, tanto en cantidad de ejemplares como en su radio de acción. Todo recurso empleado por una especie invasora con seguridad se lo saca a una especie nativa, y los recursos de la naturaleza no son ilimitados.

   A diferencia de la contaminación química, física o biológica, esta polución por especies es más insidiosa, pasa inadvertida y lentamente, la flora y la fauna locales son reemplazadas por otras foráneas que además, por hibridación, originan asociaciones inéditas.

   En nuestro país existen claros ejemplos de especies exóticas convertidas en plaga. Uno de ellos lo constituye el Castor en Tierra del Fuego, introducido en la década del cuarenta en el territorio austral para establecer una industria de pieles que no funcionó, quedando el castor quedó librado a su suerte y transformándose en el más temible enemigo del ecosistema fueguino; su necesidad de construir diques naturales modificó casi todos los cursos de los ríos provocando inundaciones y daños a la flora y a la fauna.

   Otra caso es el Ciervo colorado, el cual se alimenta de los plantines de los bosques impidiendo la regeneración de los árboles y no tiene ningún animal superior que prede sobre él (¡salvo el hombre!). Lo mismo ocurre con Truchas y Salmones importados a principios de siglo que no sólo comen lo mismo que los peces autóctonos, sino que además engullen a muchos de ellos.

   De la misma manera, muchas plantas que consideramos "argentinas" son exóticas provenientes de Asia y Medio Oriente. Los Sauces entraron con los salesianos a Viedma y San Antonio Oeste y se dispersaron hacia Chubut y el río Limay, modificando el hábitat costero y abriendo paso a otras invasiones. La Rosa Mosqueta entró con la inmigración europea a principios de siglo, se adaptó y ocupó cuanto lugar soleado encontró a su paso expulsando y matando a otras especies con la colaboración de rumiantes y pájaros que al ingerirla la dispersaron fácilmente.

   En el Parque Nacional El Palmar, Entre Ríos, el Paraíso (también introducido) desplaza a las palmeras. El tan "criollo" Ligustro o Ligustrina, que vino de Asia, es un manjar de pájaros que lo "siembran" por todos lados, constituyéndose en el peor enemigo de las selvas en galería (como la reserva de Punta Lara, la selva más austral del mundo) asfixiando a otras plantas sin contención ni límites. Con la Madreselva, también proveniente de Asia, ocurre lo mismo.

   Otros ejemplos de especies vegetales introducidas en Argentina son el Eucaliptus (Australia), el Pino Insigne (Norteamérica), el Bambú (Asia), la Zarzamora (Europa), el Álamo plateado (Europa), etc. Entre los animales podemos contar a la Codorniz (Norteamérica), el Faisán (Asia), el Jabalí (Eurasia), la Liebre (Europa), el Antílope (Asia), el Estornino (Asia). En relación a esta última especie la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable, como un hito en la materia, "declaró como dañinas y perjudiciales para las actividades productivas a las especies de aves "Estornino Pinto y Estornino Crestado" , consideradas actualmente como la plaga aviar más importante del mundo.

   Desde hace ya varias décadas existe consenso en la comunidad científica mundial de que cualquier especie que se introduzca en una nueva región, sea un microorganismo, una planta o un animal, tiene una probabilidad muy grande de transformarse en plaga para la agricultura, la ganadería, las comunidades naturales o para el hombre. A tal punto alcanza la unanimidad de criterios científicos sobre esta amenaza, que la Convención sobre Biodiversidad firmada por Argentina en ocasión de la Eco92 de Río de Janeiro -ratificada luego por el Congreso- prohíbe la introducción de especies exóticas.

   Sin embargo, contrariando todas las recomendaciones científicas, vulnerando las leyes vigentes y desoyendo las normativas internacionales respecto de las formas de proteger el ambiente, en el año 1997 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación promovió un decreto para introducir en el país una especie de avestruz africano sin el indispensable estudio de impacto ambiental.

   Podrá alegarse que las invasiones biológicas ocurridas anteriormente sucedieron por desconocimiento. En la actualidad, no se trata de ejercer un fundamentalismo ecológico e impedir definitivamente el ingreso de especies que puedan aportar beneficios, sino de realizar los estudios que permitan conocer de antemano las posibles consecuencias que el ingreso de una nueva especie puede generar al ambiente.




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