El Cóndor ...
El Espíritu de los Andes


Por Multimedios Ambiente Ecológico
fauna@ambiente-ecologico.com



  
Nombre Científico:   Vultur gryphus  
Nombre Vulgar:   Cóndor Andino  
Clase:   Aves  
Orden:   Falconiformes  
Familia:   Cathartidae  


Dimensiones: Longitud: 1-1,20m.

Envergadura: 3m.

Peso: 11,5Kg.

Coloración: Adultos: Cuello rojizo. En su parte inferior aparece un collar de plumón blanco. Plumaje negro, excepto en las alas donde son blanco y negro.

Juveniles: Pardo ocráceo.

Distribución: En América del Sur, desde Venezuela hasta Tierra del Fuego, a lo largo de la cordillera de los Andes. Son encontrados a una altura nunca mayor a los 5400 msnm, ocasionalmente desciende a las costas marinas.

Descripción: Es inconfundible por su gran tamaño. Sexos diferentes, el macho lleva encima de la cabeza, que es de color rojo violeta, una cresta negra grande. La hembra tiene cabeza negra sin cresta. El juvenil es pardo y bayo, tardando tres años para aparecer con el plumaje de adulto. Se alimentan de carroña y solamente atacan animales vivos cuando están enfermos o heridos. Hacen nidos en cuevas, rocas, árboles, huecos y aún en el suelo.

Dimorfismo sexual: Los machos son más grandes que las hembras, presentan una cresta en su cabeza y tienen el iris color marrón en tanto que en las hembras es rojo.

Alimentación: Se alimentan de cadáveres (carroñero). Salvo raras excepciones, no mata para comer.

Comportamiento Social: Se los ve solos, en parejas o puede llegar a formar grupos de hasta 60 individuos cuando la escasez de alimentos o refugios son limitantes. La nidificación es solitaria.

Reproducción: Forman parejas en abril. El celo transcurre durante los meses de agosto-septiembre. El cortejo se evidencia en danzas nupciales en tierra firme. El período de incubación se verifica entre los 54 a 65 días. Tienen una baja tasa reproductiva (1 cría cada 2 ó 3 años). La madurez sexual se manifiesta entre los 8 y 9 años.


¿Quién es el Cóndor?

   El cóndor es uno de los animales más llamativos del planeta: sus enormes alas permiten considerarlo la mayor de las aves voladoras y le otorgan una extraordinaria capacidad de planeo que le hace aparecer como un sereno guardián del cielo andino, por encima de los altos picos montañosos.

   Así impresionó a todos los pueblos indígenas de los Andes, quienes le asignaron gran importancia religiosa, lo utilizaron en sus ritos y lo representaron e sus cerámicas o en pinturas rupestres.

   Por su función de carroñero es una pieza importante del equilibrio de los ecosistemas que forma parte y sumamente útil para la salud de muchos animales, al consumir rápidamente los cadáveres los elimina como fuentes de contagio de enfermedades o focos de contaminación.

¿Sabes qué ocurre con nuestros cóndores?

   La cantidad de cóndores que aún sobreviven en la Argentina es desconocida. Pero su población está muy disminuida por el abuso humano. A raíz de la errónea creencia de que atacan al ganado se los ha perseguido inútilmente, envenenándolos con cebos tóxicos o cazándolos con armas de fuego; también son víctimas de aquellos vándalos que, por su gran tamaño, los eligen como blancos para hacer puntería, y sus crías son a menudo capturadas para su venta a coleccionistas.

   La gran longevidad de los individuos y la baja tasa de reproducción hacen que cada ejemplar así eliminado sea particularmente significativo para la población. Pero ella también ha declinado por la merma de su alimento al reducirse la cantidad de cadáveres disponibles, por la desaparición o disminución de los grandes animales silvestres y aún domésticos, en la región andina.

   El primo de nuestro Cóndor Andino, el Cóndor Californiano, ya está virtualmente extinguido. Norteamérica ha perdido a sus cóndores y hoy invierte millones de dólares para recuperar la especie a partir de unos pocos individuos en cautiverio.

Una salida

   El 11 de agosto de 1991, representantes de organismos provinciales y nacionales, gubernamentales y no gubernamentales (ONGs), relacionados con el manejo de la fauna silvestre, crearon el "Grupo de Trabajo para la Conservación del Cóndor en la Argentina".

¿Cuál es la propuesta?

   Integrar a todas las provincias condoreras, y a todos aquellos que posean un interés en este Proyecto Nacional de Conservación de Fauna.

   Investigar: Relevar los conocimientos básicos y especializados sobre la especie, y desarrollar las investigaciones necesarias para conocer la situación del Cóndor en nuestro país (situación del hábitat, población y presiones existentes, etc.).

   Elaboración de Planes de Acción y Planificación de los Marcos Legales para declarar al Cóndor Andino como Monumento Natural Provincial.

   Estructuración de Programas de concienciación que involucren a todos los estamentos sociales.

   Reproducción en cautiverio: Poner a punto técnicas especiales para reproducción del Cóndor en cautiverio como mecanismo auxiliar para la planificación de las etapas de repoblación y reintroducción en ambientes naturales.

   Reservas: Generar áreas protegidas que incluyan zonas de importancia para el Cóndor.

Cría, liberación y seguimiento satelital:

   Durante 1996, a partir de huevos puestos en los Zoológicos de Roque Sáenz Peña (Chaco), La Plata (Bs. As.) y el de Buenos Aires (Bs. As.), fue posible criar 5 pichones (Chaco, Quebracho, Neltume, Nininco y Sairi), los cuales fueron llevados al Valle Encantado, provincia de Río Negro, para su liberación.

   Durante dos meses, desde su plataforma de liberación, podían interactuar con cóndores silvestres facilitando su adaptación al lugar.

   El 18 de diciembre de 1997 se abrieron la plataforma y los cinco pichones dejaron atrás cientos de años de cautiverio... así, el espíritu de los Andes volvió a ocupar su lugar.

   Por primera vez en el mundo, gracias al apoyo económico de la empresa Visa Argentina y la asistencia técnica de la NASA (la empresa aeroespacial estadounidense), cada uno de los pichones lleva en sus alas un transmisor satelital a energía solar.

   La puesta a punto de esta moderna tecnología permite obtener valiosa información científica sobre la biología y ecología del Cóndor Andino, hasta ahora inaccesible por la imposibilidad de seguirlos en sus grandes desplazamientos diarios a través de un ambiente tan accidentado como es la Cordillera de los Andes.

   Ahora, los transmisores alares emiten señales que son captadas por satélites y éstos las envían a Tierra vía Internet, es posible conocer la posición de cada pichón diariamente, facilitando la tarea de campo y su seguimiento desde los distintos centros de estudio.

   Los datos obtenidos guiarán en la toma de decisiones para definir una estrategia de conservación para estas fabulosas aves y su entorno.

Redescubrir al Espíritu de los Andes

   Si bien durante miles de años el cóndor vivió en armonía con el ser humano, siendo venerado por todas las comunidades andinas, a la llegada del hombre blanco a América se lo declaró plaga por la errónea creencia de que mata al ganado para comer, cuando en realidad es estrictamente carroñero y cumple un invalorable papel de basurero natural del ecosistema andino. Otras causas de muerte son: el envenenamiento por ingestión de balas de plomo o cebos tóxicos, la colisión contra cables de alta tensión, el furtivismo y la alteración de su ambiente, entre otras. Todas causas exclusivamente humanas.

   Por eso se dice que la supervivencia del cóndor está ligada a razones culturales. Hasta su nombre científico (Vultur gryphus) remite a ese ser mitológico mitad águila, mitad león, capaz de llevar en vuelo entre sus garras una yunta de bueyes. Debemos dejar de ver en ellos al grifo, para redescubrir al Espíritu de los Andes.



CUENTO

   Vultur, era un Cóndor que habitaba en las cumbres cuyanas hace ya casi cuatro décadas. Su nido, donde se alojaba con su familia estaba resguardado en un alto peñón de los posibles predadores. Ese lugar era completamente inaccesible por tierra y presentaba mucha seguridad a su compañera y su único polluelo.

   Por ser un ave carroñera por excelencia, se limitaba a recorrer con sus constantes vuelos el amplio territorio que habitaba. Vultur, se encargaba con su compañera de la alimentación de su hijo. La zona era recorrida asiduamente por el Puma. Éste, por su estrategia de caza, y por su costumbre de no enterrar la comida sobrante, les era una fuente constante proveedora de alimentos. Como a muchas especies de la flora y la fauna, a Vultur le ocurría lo mismo, su único mortal predador, era el hombre.

   En un vuelo de los tantos que realizaba diariamente sobre su territorio, recibió un disparo en un ala que le disparó un cazador furtivo. Herido cayó a tierra, pero su caída fue amortiguada por unos arbustos. Los mismos que le sirvieron de escondite para que el cazador no lo encontrara.

   Después de varias horas de estar escondido se animó a salir, y descubrió lamentablemente, que su ala estaba quebrada y no podía volar. Con mucho esfuerzo caminó entre las rocas. El cansancio lo venció junto con la desesperación de no volver a ver a su familia.

   Llegó la noche y las sombras invadieron las montañas. Recién al otro día, cuando el sol estaba muy alto despertó del largo sueño en que se había sumergido. Estaba débil. Sus movimientos eran cada vez más torpes. Tenía muy pocas probabilidades de sobrevivir si seguía en ese lugar y sin poder alimentarse. Pero el destino quiso otra cosa. Cerca de allí pasó un pastorcillo con su rebaño de cabras. Lo descubrió y fue a su encuentro. Vultur no podía moverse. José, como se llamaba ese pastorcillo se acercó y pudo comprobar el mal estado en que se encontraba el Cóndor.

   Con mucho esmero curó la herida y entablilló el ala para que sanara. Lo alimento dándole casi a la fuerza, trocitos de carne en la boca. Pasaron los días, el rey del aire se fue restableciendo. Su herida se fue sanando. Cuando se encontró recuperado, comenzó a batir sus alas y pudo levantar vuelo. Sobrevoló a José y con un graznido le agradeció haberle salvado la vida. Voló hacia su nido.

   Nunca olvidará que a los pocos días, estando pastoreando a sus cabras como lo hizo desde niño, tres cóndores aparecieron en el cielo. Era Vultur, venía a agradecerle lo que había hecho por él y a presentarle a su familia. Durante muchos años lo visitaron. Hoy lo hacen sus descendientes. No pasa una semana en que no me visiten. Yo... perdón ... José... está muy feliz por eso.




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