La Planificación Ambiental
Por Lic. Alberto M. Bertona
bertona@ambiente-ecologico.com
Coordinador General del MAE


Argentina



   Pareciera que la relación entre el hombre y el ambiente, si bien los pasos pueden parecer adecuados, los tiempos se van acortando.

   Una vez mencione que es más fácil ensuciar que limpiar. Hay que aplicar más energía para limpiar que para ensuciar. Y esto muchas veces coincide con la Ley de la Termodinámica sobre la entropía, es decir, la tendencia al desorden. Yo de joven (si, todavía me acuerdo) si bien no era para nada un alumno brillante (digamos que estaba bastante lejos de ello) aducía que mi cuarto cumplía perfectamente la Ley de Entropía, es decir, la tendencia al desorden.

   Chiste muy malo pero que generaba alguna duda ante mi madre, lo que me daba unos segundos más antes de su reacción. Bien, la contaminación no deja de cumplir con dicha ley en muchos aspectos, y poner las cosas en orden también insume energía.

   A veces la dispersión de los contaminantes cumple con esto, es decir, al dispersarse las partículas en el aire o en el suelo, lo que está sucediendo es que está creciendo el "desorden" y mientras las partículas no lleguen a concentrarse, digamos que el ambiente dispersa los contaminantes.

   En realidad no los dispersa, lo que sucede es que disminuye lo que se denomina capacidad de resiliencia del ambiente, es decir, su capacidad para contener un impacto o absorber el impacto de un contaminante.

   En la planificación la variable ambiental es tan simple que prácticamente debiera ser considerada como la primera limitante en un proyecto, y sin embargo es la ultima o no existe directamente.

   Planificar significa de alguna manera limitar. Limitar significa coartar y guiar. Si no se planifica (es decir, si no se limita, si no se coarta) el futuro es diferente que al principio y puede ser mucho más perjudicial.

   Respecto a las evaluaciones de impacto (E.I.A.), se suele cometer el mismo error. Si yo tengo un proyecto, lo pongo a consideración del Estado y lo llevo adelante. Si el Estado me solicita una E.I.A., de la misma surgirán cambios a mi proyecto. Bien, ¿quién hace esos cambios? yo, el proyectista. Entonces ahora tengo un nuevo proyecto, con los cambios surgidos en las recomendaciones de la primera E.I.A. realizada. Vuelvo a presentar el proyecto ante el Estado y me solicita una E.I.A., de la cual surgen otras consideraciones a rever. ¿Y si hay alternativas al proyecto? ¿Y si hay cambios en el estado respecto al lugar dónde tenía pensado implementar el proyecto? ¿Y si la alternativa o los cambios en el proyecto lo transforman en inviable?

   Estos considerandos deben ser los iniciales que deben partir desde el privado. El Estado debe chequear que las E.I.A. hayan sido realizadas correctamente. El evaluador debe ser socio del proyectista, debe asesorarlo en donde el proyecto se encuentra mal encaminado, o tiene deficiencias, o es posible implementar cambios, mejorarlo, adecuarlo.

   Una vez realizado ésto, el estado debe chequear ese proyecto con una E.I.A. que lo sustente. ¿Estoy diciendo que una E.I.A. sustente a un proyecto? Sí.

   Hay una sección que debe acompañar a las E.I.A. para que prevengan de los efectos esperables de determinados proyectos. El estado debe chequear que ésto se cumpla o no, de que se apliquen las medidas de mitigación, y verificar el cumplimiento de la legislación por parte de los privados.

   Una E.I.A. no necesariamente es como el boletín negro de un proyecto. No es "la parte de atrás"... o "la parte sucia", en realidad, todo lo contrario, es el aviso, el cuidado, la preservación... es él "hay que hacer esto para que no pase esto otro".

   Entonces la E.I.A. se transforma en apoyo del proyecto. Y la E.I.A. que realiza el Estado es la supervisión de ambas, del proyecto y de la E.I.A. que solicito el privado.

   Si el privado me solicita a mí como consultor una E.I.A. a un proyecto, yo no voy a presentarle al Estado esa primera E.I.A. Las conclusiones primarias se las presento a mi cliente: el privado.

   Le recomiendo las alternativas, los cambios, las adecuaciones. Si las acepta, cambia el proyecto, si no las acepta, o seguimos trabajando conjuntamente y se presenta la E.I.A. con las mejoras y con las observaciones negativas o NO se presenta (al menos, no me hago responsable de la presentación, por lo tanto no tiene validez)

   Al mismo tiempo, el Estado no puede obligarme a mí a ser un agente privado de él. Es decir, yo no puedo obligar al privado a decir toda la verdad. Tampoco puedo mentir obviamente, pero si un proyecto dice que va a haber una planta de tratamiento, yo realizo mi E.I.A. considerando los beneficios de tener esa planta. ¿Quién es el que después debe verificar que el proyecto se realice según lo establecido? El Estado.

   Si debo realizar una E.I.A. a un emprendimiento instalado, ¿quién es el que puede obligar al privado a decir la verdad? El Estado a través del órgano de contralor.

   El consultor NO puede transformarse en agente de inspección. A lo sumo NO DEBE FALSEAR LA INFORMACIÓN. Si el análisis del efluente liquido está por encima de los valores permitidos, el consultor NO DEBE decir que el efluente está bien.

   Pero si el privado no le muestra los protocolos de análisis, el consultor a lo sumo dictaminará que se deberán hacer análisis.

   Se firma una verdad a medias, pero el consultor no puede obligar a un privado a decir toda la verdad. Y consideremos que NO decir toda la verdad NO es mentir.

   Lamentablemente ambas partes se muestran de esta forma. El Estado muchas veces se explaya en un sinnúmero de normativas que puestas a campo son totalmente ridículas. Y al mismo tiempo el privado se toma de ello para evadirlas.

   Para evitar posibles omisiones de los privados, se elaboran normativas tan generales como decir "todas las industrias que utilicen químicos son peligrosas". ¿Es verdad esto? La gente dirá "Si... son peligrosas"

   Bien, Uds. en sus casas, utilizan químicos todo el día, para lavar, limpiar, desodorizar, eliminar, destapar, lustrar, aflojar, pulir, etc. ¿Y por ello ustedes son peligrosos? ¿Cuál es el error? La generalización (como siempre) y la planificación.

   Una planificación sobre la cual se apoye una determinada política debe ser acompañada por un marco coherente de regulación.

   Cuándo hay un acontecimiento por un escape de una fábrica que afecta a un barrio, ¿cuál es el titular principal? "Nube tóxica de una industria afecta a la población" cuando en realidad quizás el titular debiera decir "¿Quién permitió el desarrollo de un barrio alrededor de una planta industrial?"

   Muchas veces sucede que los industriales utilizan los espacios para hacer lo que dicen que NO hacen. Es decir, acumulan donde no deben, transforman dónde no deben y hacen dónde no deben. Pero otras veces ellos han sido el polo de atracción, y entonces la planificación es la ausente.

   No es posible entender como el Estado permite la ocupación de tierras en los alrededores de una planta industrial. No es posible entender como se planifica el crecimiento de las ciudades sin una planificación real de los espacios a ocupar. No es posible entender como legalmente no se opera contra los que aprueban los permisos, tanto sean de loteo de terrenos como de permisos de funcionamiento a determinadas empresas. No se entiende cómo no se actúa sobre quienes ocupan ilegalmente un terreno, o construyen ilegalmente.

   Porque luego, ante una fatalidad, el Estado debe socorrerlos, bomberos, ambulancias, policías, Salud Pública, etc. Si no hubieran estado allí, la historia sería diferente. ¿Ahora resulta que los damnificados son los culpables?

   Si yo me arrojo en paracaídas, y algo me sucede, ¿es culpa del Estado por permitir dicha actividad? Primero que la actividad no genera mal alguno directamente, es decir, yo puedo hacer paracaidismo todos los días de mi vida y no por eso voy a fallecer. Pero si es una actividad riesgosa.

   Si yo me expongo al riesgo, y reconozco los riesgos y los asumo, luego no puedo culpar a otro por mi negligencia. De la misma forma puede ser con el uso del casco en moto. Sin embargo el Estado puede regular la actividad (obligación de practicar paracaidismo de determinada forma, obligación de usar casco, etc.) es decir, PLANIFICA, limita, coarta. No se puede manejar motos sin casco, no se puede hacer paracaidismo a determinada altura, no se puede manejar sin usar cinturón de seguridad, no se puede construir al lado de la industria.

   Esa es la real planificación, de cualquier orden. De todas maneras, en algún punto se juntaran las diferentes ramas. Hay que planificar aunque esto implique coartar. Se debe dar mayor cabida a la planificación ambiental desde un marco multidisciplinario. No hay opción. La ausencia de planificación es la realidad de muchas sociedades actuales.

   ¿Cuánto falta para una real catástrofe ecológica? ¿Cuánto falta para que una epidemia se propague en una sociedad que no pudo o no quiso o no supo como planificar su desarrollo?

   La selección natural está como al acecho. Como si fuera un ente que espera que un organismo NO se adapte al medio para eliminarlo. Y es así, con una visión especial, pero es así. El hombre se ha adaptado al ambiente, hasta cierto punto. Quizás una epidemia mayor que suceda en ciudades como Bangladesh u otras sean consecuencia de una NO-ADAPTACIÓN al medio, y se llegue al punto de sostenimiento y por ende, a la catástrofe. Cientos de miles de muertos, los viejos y los más jóvenes. Quizás sobrevivan los de edad reproductiva, para aprender la lección y recomenzar.

   ¿Una visión apocalíptica? Hoy mejor que nunca podemos observarlo. Ya no se trata de experiencias de amigos que viajaron o de relatos o de lecturas. Encendemos esa maravillosa caja de Pandora que es el televisor y vemos al instante como se matan miles de niñas en la China, dejadas morir de hambre para evitar mayor superpoblación. Vemos los misiles transmitidos en directo. Vemos como un hombre que puede ser nuestro vecino aniquila a mansalva en nombre de Dios a un niño que todavía no se ha sacado el dedo de la boca. Vemos como explotan kilómetros de cloacas en México por la insuficiencia de las redes. Vemos la quema de miles y miles de hectáreas en el Amazonas. Vemos las consecuencias del incendio de los pozos de petróleo, encendidos por el simple hecho de no dejarle nada al vencedor.

   Y nos preocupamos por un árbol que están por sacar de nuestro barrio.

   Si todos no empezáramos a preocupar por nuestros barrios, estaríamos cumpliendo con una de las bases de la preservación del ambiente: Pensar globalmente, actuar localmente.

   La planificación es una obligación, si no queremos que el futuro nos haga recordar que alguna vez tuvimos la posibilidad de evitar equivocarnos.

   Hasta la próxima.




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