Epecuén:
"Fantasma Blanco"

-Trabajo de Investigación-


Por Prof. Juan Pablo Panozzo
panozzo@cpsarg.com


Argentina


   La historia (real por cierto) se remonta a principios de la década del ´80. Cuando... por la mala intervención humana, de décadas precedentes, se fue gestando una devastadora y catastrófica inundación que afectó a: Laguna Alsina, Lago Cochicó, Lago del Monte, Laguna del Venado y la mencionada ribera de uno de los 2 lagos salados con más alta salinidad del mundo: Lago Epecuén. El otro lago con altísima salinidad se encuentra en el continente Asiático.

   A fines de la década de los años ´60, los grandes terratenientes (estancieros y políticos) oriundos de los partidos de San Carlos de Bolívar, Daireaux, Guaminí y Adolfo Alsina poseían grandes extensiones de fértiles tierras; al comenzar a sufrir ciclos de intensas sequías no tuvieron mejor idea que presionar (aprovechando sus poderes) para la construcción de canales que unieran las lagunas y lagos "aislados": La idea era aprovechar los caudales generados por las precipitaciones de las cuencas superiores, sin hacer hincapié en que Lago Epecuén era una cuenca "sin salida" y, en consecuencia, los excedentes hídricos se acumularían en dicho lago provocando un aumento de la superficie. Lo único que "unía" hasta ese momento (a los lagos y lagunas) era la línea de falla que compartirán hasta que la naturaleza diga lo contrario.


Epecuén Ayer...

   Aguas salobres, tierra de aborígenes guerreros e inmortalizados en las fuentes de los militares blancos que azotaron y torturaron, a través de sus embestidas y rastrilladas, con el "fin" (en este caso, el fin no justificó los medios) de extender los dominios y permitir aumentar las superficies para el establecimiento de los colonos y las actividades agrícolas.

   Arenas doradas, salpicadas de penachos blanquecinos que semejaron pomposas nubes de ensueño, arenas salitrosas que en el siglo pasado dieron origen al comercio de la sal o halita (para los geólogos).

   Ayer... un paisaje lagunar humanizado, una fauna y flora que le daba un colorido especial a la naturaleza.

   El ferrocarril... constituía "él" medio de comunicación más activo. No olvido (cuando en mi niñez) concurríamos a la estación ferroviaria de Salliqueló (la patria chica), por donde pasaba el tren "dominguero" cargado de turistas provenientes de Capital Federal.

   Vagones colmados de ansiosos viajeros, extensos convoyes constituían la formación ferroviaria que finalizaba su recorrido en la Estación Epecuén.


Epecuén Hoy...

   Paisaje desolador, la salitre y su blancura cubren como un tapiz los estériles suelos y las casonas en ruinas, que alguna vez fueron el orgullo de los pobladores de la villa turística, hoy se parecen a blancos fantasmas entumecidos en el tiempo.

   Más allá del poblado y en dirección hacia la laguna, y bajo salobres y mineralizadas aguas, descansan hoteles con termas y piletones de barro con propiedades curativas que constituían el paso obligado de quienes buscaban aliviar los dolores reumáticos.

   Hoy sólo resta observar la antigua estación ferroviaria que se encuentra como antaño, mantenida por sus casuales moradores. La estructura edilicia pudo sobrevivir al avance de las intempestivas aguas, por encontrarse en un terreno (elegido sabiamente por ingenieros ingleses) más elevado que la propia Villa Epecuén...

   Los árboles (Eucaliptus en su amplia mayoría) han quedado inmóviles para siempre... las intrépidas aguas y la blanca sal los invadió por completo, les quitó su vida, su corteza y hasta la posibilidad de brindar esa frondosa sombra que en las cálidas tardes de la villa, nos permitían guarecernos de intensos y calcinantes rayos solares. Los colosos... fueron heridos de muerte, ergo perpetuados en el tiempo.

   Es un paisaje difícilmente de olvidar, tanto el biotopo como la biocenosis se han transformado; esto es un ejemplo de sucesión de comunidades.

   Un lugar donde sólo es posible escuchar el silbido de las aves; por cierto, la avifauna ha disminuido considerablemente. La causa, es la enfermedad que sufre el planeta actualmente... el Homo contamineitus (nosotros, los seres humanos).

   Los escasos ejemplares de palomas, torcasas, teru-teru anidan en los más intrincados e inhóspitos recovecos de la derruída villa turística.

   Recién después de 14 años, sólo ha comenzado a brotar (en sectores menos castigados por la salitre) la verde alfombra que alguna vez formó parte del pastizal pampeano.

   El eco es parte del cambio, aunque todo yace invadido por el fantasma blanco: la sal.


Epecuén, ¿Futuro...?

   El empeño y los deseos de la gente, no pudieron lograr una reconstrucción en terrenos aledaños pero más elevados; en cambio el "engaño" de los políticos si consiguió que las termas se promuevan para Carhué (la ciudad próxima, escasos 6 kilómetros, la separan de lo que fue Epecuén).

   Sólo resulta un "negocio" contraproducente para la gente que busca un alivio a sus problemas... las aguas ricas en propiedades medicinales son parte integrante del Lago Epecuén, que a pesar de la llegada de aguas "dulces" (provenientes de la laguna del venado) siguen poseyendo altas cualidades minerales y por ende curativas.

   También se ha construido el balneario "La Isla" a mitad de camino entre Carhué y Epecuén, el lugar resulta de gran atracción turística (en particular jóvenes deseos de pasarla bien).

   Las verdaderas termas de aguas milagrosas reposan, y lo harán por la eternidad, bajo las salobres aguas de... Epecuén: Fantasma Blanco.



   Fotos: Sandra Nicosia (Fotógrafa) - 12monos@arnet.com.ar
   Nota: Prof. Juan Pablo Panozzo - panozzo@cpsarg.com




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