Aventuras en Sudáfrica
Por Sandra Nicosia
Fotógrafa - Grupo 12 monos
12monos@arnet.com.ar

Argentina


   Acercarse a la Naturaleza es una tarea extenuante y apasionada a la vez. Encarar esa mutua relación de contemplación y respeto no siempre es posible pero resulta un privilegio en todo sentido.

   La idea de viajar a Kwa Zulu Natal en Sudáfrica, ubicado en el norte del país en frontera con Moçambique y el reino de Swaziland, es una aventura conmovedora.

   El destino final del recorrido, fueron varias reservas privadas dentro de la cuenca del río Pongola, en donde se puede apreciar la diversa fauna y flora autóctona.

   Ya no es fácil encontrar ejemplares vagando por la sabana, la idea de toparse con un grupo de gacelas saltando a escasos metros del aeropuerto la dejamos para las películas de Hollywood de los años 50. El mito de la infinita cantidad, sumado al de la agresión y ataque continuo de cualquier animal hacia el protagonista (Clark Gable, John Wayne o nosotros) forman parte de la misma antigua y ridícula leyenda.

   Nada más extasiante e indescriptible que observar una manada de elefantes, dirigiéndose a la foresta, después de su baño matutino de lodo. Las hembras rodeando en escuadra a las crías, protegiéndolas de todo, y los bebés corriendo con sus colas levantadas y sus orejas al viento para seguir el paso de los adultos. Más atrás y conservando distancia, los machos, imponentes, cubriendo la retaguardia. Este clan, que hoy consta de 25 miembros tras el alumbramiento en diciembre del ´98 de Simba, un fuerte y sano elefantito, fue reinstalado en la reserva tras un arduo trabajo de las autoridades nacionales y particulares. Hacía más de 100 años que sus huellas habían sido borradas de esas tierras, la caza dio cuenta de todos los elefantes de la zona hasta lograr su absoluta extinción. Este grupo fue traído del Kruger Park en 1997 y hoy se los puede ver vagando por la zona, libres y creciendo como lo hicieran sus antepasados en épocas más felices. Pese a las dificultades, que son muchas, la vida siempre encuentra atajos para seguir su rumbo.

   El paisaje de esta región, un valle rodeado por las montañas Lebombo y bañado por el río, resultó en una vegetación tupida y frondosa. En algunos sectores puede verse la típica imagen de la sabana, sus altos pastizales y las acacias esparcidas por aquí y allá. En otros, la selva subtropical aparece con fuerza e invade los contornos de las montañas. La continua oferta de agua de río y las lluvias persistentes, complementan un clima caluroso y con variada humedad según la estación.

   La cantidad de pájaros que la habitan es impresionante. Se calcula entre 350 y 400 especies diferentes. Garzas, raptores (como el águila pescadora o el águila Marshall), buitres, aves canoras, colibríes, infinidad de formas y colores que deleitan a neófitos y ornitólogos de todo el mundo. Entre ellas la especie más pequeña de "Martín Pescador" existente en el planeta.

   Abundan también los insectos, Mantis religiosas, langostas, arañas (como la "gold spider" cuya tela semeja fuertes hilos de oro), mariposas... todo se mueve continuamente, descubrirlos entre el follaje forma parte de esa experiencia que nos retrolleva a nuestra infancia de niños exploradores.

   Entre la maleza y a poca distancia del vehículo o del contingente, la opción del recorrido a pie es viable y segura en la reserva de Pongola, ya no que existen demasiados felinos, decenas de ojos nos miran: impalas, nyalas, kudus, dakas, cebras, jabalíes, ñues... de camuflaje perfecto.

   A lo lejos, un grupo de jirafas con crías hace su aparición majestuosa. Se mueven con tanta delicadeza que su presencia nos abruma y emociona.

   Es tan bello contemplar a los animales en su hábitat natural, lucen perfectos, su piel reluce, tienen un porte particular, sus ojos parecen más curiosos y sus movimientos lentos y acompasados. Lo que más nos costó encontrar fue a los rinocerontes, de los negros recibimos noticias, su escaso número (sólo quedan alrededor de 3.000 en todo el continente) y sus hábitos solitarios imposibilitaron el encuentro.

   En cambio gozamos de la compañía de varios blancos adultos y de una bebé de escasos 30 días de vida, que junto a su madre, nos hizo olvidar del calor y la fatiga ocasionados por el viaje. Siempre es reconfortante confirmar la reproducción de especies en peligro, uno tiende a tranquilizar sus temores y por un instante piensa que no todo está perdido y que hay cada vez más gente interesada en proteger y resguardar ese hermoso tesoro que nos brinda la madre tierra.

   La reserva de Hluhluwe, dentro de Parque Nacional de Umfolozi es un lugar digno de conocer. Se puede contemplar a los animales desde un estratégico mirador construido al costado de un abrevadero... con suerte y un poco de paciencia, los visitantes rotan durante el día, cada uno se acerca a refrescar su cuerpo o a beber. El aguaje tiene vida propia.

   Otro tema, no menos importante son los lugares donde acomodarse. Sudáfrica tiene una gran oferta de alojamientos de lujo y de precios accesibles. Nuestra experiencia nos lleva a preferir otro tipo de estructura, que si bien no es el campamento convencional, posibilidad que existe para los más aventureros, la amplia gama de chalets y lodges es interesante.

   El lugar elegido fue Shayamoya ("lugar donde sopla el viento" en lengua zulu). Un complejo de cuatro chalets construidos en la ladera de una montaña y con vista al río y lago Pongola, de frente a la cadena Lebombo. Un paraíso en donde cada viajero encuentra confort, buen gusto, atención personal y dedicada en medio de un ambiente exuberante.

   Dos temas son interesantes de comentar en la nueva Sudáfrica.

   Uno es el fomento y apoyo de las autoridades nacionales a emprendimientos eco-turísticos a nivel privado.

   Los proyectos de creación de nuevas reservas que oferten infraestructura para los turistas ávidos de conocer y disfrutar del ambiente, son tratados con celeridad y subvencionados por organismos privados o estatales, con las garantías que cada caso en particular necesita, pero teniendo como objetivo final la concreción y establecimiento de dichos alojamientos. Es de suponer que tendrán sus propios mecanismos y trámites a seguir pero lo que se ve es que resuelven el tema de buena gana y se fomenta su existencia.

   Otro punto, que es el que en particular nos interesó, y con esto no describo un país perfecto (la caza mayor aún está instalada y explotada en Sudáfrica), sino un cambio en la política del estado, una nueva forma de ver y entender la conservación, que se traduce en la cantidad de esfuerzos sumados para el control de poblaciones de especies y, en casos concretos, su reinstalación en otras áreas donde ya han sido exterminadas. Muchas reservas, intercambian entre sí, ejemplares "sobrantes" e incorporan otros "faltantes", contribuyendo así a un equilibrio forzado, ese que ya no es natural porque el hombre se encargó de destruir concienzudamente.

   Es alentador ver como, de a poco, las personas van entendiendo que puede establecerse otra relación con el medio, que la posibilidad de encontrar ambientes naturales con su flora y su fauna preservada, genera ingresos a largo plazo y contribuye al enaltecimiento no sólo del país en que se establecen estas prácticas, sino y por sobre todo, ayudan a dignificar nuestra condición de seres humanos.

   En fin, acercarse a la Naturaleza es un privilegio que hay que disfrutar plenamente.




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