La Higuera...
la Revelación y la Abundancia

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España

hu@nexo.es


España


   La higuera apareció en el Infracretáceo en América. Durante el Cretáceo y la era Terciaria se expandió llegando a alcanzar un área de distribución inmensa, que retrocedió en la fría era Cuaternaria. No obstante el género Ficus comprende actualmente más de 650 especies que viven, en su mayoría, en las zonas cálidas, tropicales y subtropicales, especialmente en Asía y América. Se adapta bien a cualquier terreno, pero como mejor se desarrolla es si se cumple el dicho de que ha de tener los pies en agua y la cabeza al sol. Este árbol puede llegar a generar un sistema radicular muy potente; se ha llegado a encontrar higueras cuyas raíces han alcanzado los 125 metros de profundidad, por otro lado son tan adaptables que una higuera puede crecer en lo alto de un muro o incluso sobre la copa de otro árbol, sin sitio apenas para sus raíces.

   Al herir la corteza se desprende látex, sustancia lechosa muy activa, constituida por la emulsión de diversos productos del metabolismo secundario. Esta sustancia se emplea para eliminar las verrugas y las durezas de la piel, aplicándolo directamente sobre estas zonas.

   La higuera común del Mediterráneo (Ficus carica) es originaria del Próximo Oriente. Las civilizaciones antiguas lo difundieron por toda la cuenca, pues los egipcios, los fenicios, los griegos, los cartagineses y los romanos lo cultivaron y apreciaron mucho sus frutos. Este árbol realizan una simbiosis con el heminóptero Blastophaga grossorum, pues la inflorescencia está adaptada al ciclo vital del insecto y este se introduce en la bolsa protectora del higo, consume los alimentos que se le ofrece y le suministra un aporte de polen necesario para la fecundación, que se produce en la siguiente flor femenina que visita. Este singular insecto es el único que puede ver y disfrutar de la flor de la higuera, es un claro ejemplo de coevolución entre especies animales y vegetales. Este proceso no fue totalmente conocido hasta el siglo XX, aunque Aristóteles ya había insinuado la necesidad de un insecto en la fecundación.

   Las higueras cultivadas han perdido parte de esta función biológica y precisa que el insecto haya entrado antes en una higuera salvaje (cabrahígo) para nutrirse de polen y se pueda producir la fructificación, que en este caso se denomina caprificación. Los últimos avances en selección artificial han generado higueras estériles que producen higos sin semillas, que no necesitan ni al heminóptero ni al cabrahigo.


   Un hombre agarraba las ramas de una higuera, mientras cogía los frutos maduros para comérselos. Viéndolo un castaño, sacudió sus largas ramas y exclamó con impetuoso crujido: "higuera, tú estás mucho menos protegida por la naturaleza que yo. Mira cómo mis frutos siguen un riguroso orden: primero aparecen revestidos de una envoltura suave, sobre la que está la cáscara dura, y no contenta la naturaleza con estos cuidados que me proporcionan un cobijo tan resistente, me ha rodeado de espinas para que la mano del hombre no me haga daño."

   A continuación, la higuera y sus retoños comenzaron a reírse diciendo: "Tú sabes que el hombre te privará de tus frutos por medio de varas, piedras y estacas, y cuando los frutos caigan, los pisará y golpeará con piedras, quedándose tus frutos machacados y mermados, mientras que a mi me toca con sumo cuidado y no como a ti, con varas y piedras... "

(Leonardo da Vinci, Fábula del castaño y la higuera).




Acuarela de Antonio Herrero Uceda

   Los frutos que aparecen en otoño en la base del brote maduran normalmente y son los higos, los que están situados en la parte terminal (de aparición más tardía) puede que lleguen los fríos antes de madurar, en este caso permanecen en latencia durante el invierno, madurando finalmente con el calor y las lluvias de la siguiente primavera, dando lugar a frutos más jugosos: las brevas. Estos dos frutos poseen gran valor nutritivo y son excelentes fuente de calcio y fósforo.


   "Una figa per ser bona ha de tenir tres senyals:
   crivellada, secaiona i bequetjada des pardals"


   Significa que un buen higo ha de estar encogido de puro dulzor y madurez, entreabierta y picoteado por pájaros. Este dicho procede de Ibiza, de donde ya el escritor romano Plinio "el viejo" alababa sus higos, cuando fue procurador de la provincia hispana Tarraconense.


   Adela apenas sabía correr, gordinflona y chica, y se enfadaba desde lejos. Le arranqué a Platero unas cuantas brevas maduras y se las puse sobre el asiento de una cepa vieja, para que no se aburriera.

   El tiroteo lo comenzó Adela, enfadada por su torpeza, con risas en la boca y lágrimas en los ojos. Me estrelló una breva en la frente. Seguimos Rociillo y yo y, más que nunca por la boca, comimos brevas por los ojos, por la nariz, por las mangas, por la nuca, en un griterío agudo y sin tregua, que caía, con las brevas desapuntadas, en las viñas frescas del amanecer. Una breva le dio a Platero, y va fue él blanco de la locura. Como el infeliz no podía defenderse ni contestar, yo tomé su partido; y un diluvio blando y azul cruzó el aire puro, en todas direcciones, como una metralla rápida.

(J.R.Jiménez, Las brevas, Platero y yo)


   Una higuera adulta presenta un porte hemisférico. Las hojas de la parte externa están muy verdes mientras que las de las zonas interiores presentan un aspecto más apagado al recibir menos sol. Es una curiosa experiencia adentrarse en el interior de una gran higuera de las viñas, como si penetrara en un templo vivo. Es un mundo aparte, separado, desconectado de la realidad. "Estar en la higuera" significa precisamente vivir apartado de la realidad circundante. La copa de una higuera salvó la vida al poeta Rafael Alberti en julio de 1936, al comienzo de la guerra civil española, al ofrecerle un escondite entre sus ramas, en su mundo apartado.

   En el ámbito rural los higos tienen mucha importancia pues la higueras pueden crecer hasta en el sitio más inverosímil y son muy fructíferas. Llegado la época de la cosecha se produce tal avalancha de frutos que se precisan secar para poderlos consumir durante el resto del año. El primer paso para secar los higos se denomina "capar", lo cual resulta curioso, ya que este árbol en muchas culturas se asocia con la fecundidad. En los pueblos, para capar a los higos se reúnen muchas mujeres, entre consejas y chismorreos, van cogiendo los higos, uno a uno y los van aplastando para evitar la aparición de bolsa de humedad interior que los pudriría. Extremadura produce muchos higos y muchas bellotas, por lo que no resulta extraño que allí exista una forma de consumirlos: al higo se le introduce una bellota, el resultado se le denomina apropiadamente "turrón de pobre".


   Verde que te quiero verde.
   Grandes estrellas de escarcha,
   vienen con el pez de sombra
   que abre el camino del alba.
   La higuera frota su viento
   con la lija de sus ramas,
   y el monte, gato garduño,
   eriza sus pitas agrias.
   ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
   Ella sigue en su baranda,
   verde carne, pelo verde,
   soñando en la mar amarga

(Federico García Lorca, Romance sonámbulo)



   Lorca, en este romance, convierte todo lo que envuelve a la joven, en un ambiente hostil y de negros presagios, ante la incertidumbre de la espera del novio o el amante, que luego llegará ensangrentado. Al referirse a la higuera, no piensa en el dulzor de sus frutos, sino en la aspereza de sus hojas, que cuelgan de sus ramas, como lijas.

   De todos los árboles, quizás sea el que más se siente la vida que late en su interior, al abrazar el tronco o una rama, se nota que es un organismo vivo, con una piel blanda y un corazón que palpita, manteniéndolo siempre fresco, a pesar del calor que exista a su alrededor. Vive intensamente los ciclos de las estaciones: en invierno presenta un aspecto desolador, parece un árbol seco, con sus ramas retorcidas clamando al cielo. En primavera se llena de pequeñas hojitas tiernas de color verde vivo, que se harán grandes en verano, sólo su olor ya evoca esta estación, no hay nada más placentero, en las horas de máximo calor que estar a su sombra. En otoño cambian de color las hojas, se viste de ocre, como presagio del frío que pronto llegará.

   En el antiguo Egipto la higuera representa los ritos iniciáticos, para los que se adentraban en los secretos de la religión. La madera de la Higuera Africana o Sicomoro (Ficus sycomorus) la utilizaron para la fabricación de sarcófagos.

   Existía en la Grecia clásica un grupo místico: los sicofantes (de sykon, higo, y phaíneim, revelar: los reveladores del higo) que dirigían los cultos agrarios de la fecundidad de la tierra, pues estudiando al higo y su formación conocían la regulación de los ciclos naturales. El poder de los higos no era sólo simbólico sino que adquirió peso político, estratégico y económico, llegando incluso a prohibirse la exportación de higos fuera de Ática. En ese momento el calificativo de sicofante recayó sobre quienes denunciaban a los contrabandistas de higos. Posteriormente se llamaban sicofantes a los que actuaban como acusadores profesionales en el sistema judicial griego, fueron muy impopulares. Los hubo especializados en temas concretos, como la política. Se tuvieron que instaurar severas sanciones a los sicofantes que actuaban abusando de su capacidad de incriminación. En nuestro idioma aún se conserva el término de sicofante con el significado de calumniador e impostor.

   La leyenda de la fundación de Roma relata que Rómulo y Remo eran alimentados por la loba a la sombra de una higuera. Parece ser que Catón "el Censor" propuso al senado romano acometer la Tercera Guerra Púnica enseñando a los senadores unos hermosos higos recolectados en Cartago, para fomentarles la envidia y ambición por apoderarse del vergel del que disfrutaban el pueblo vecino.


   Por Elam un día y otro día pasó, y con ellos fueron pasando los años con sus alegrías y sus tristezas. Construyó una casita en aquel valle que manaba leche y miel.
En su puerta plantó una parra y una higuera, para vivir en paz a su sombra.
      (Leyenda de Elam, la eterna juventud)



   Junto con el olivo y la vid simbolizan paz, abundancia y bienestar. El higo fue uno de los frutos de la tierra prometida (Números 13,23). En el Antiguo Testamento se nombra repetidas veces a la higuera y siempre con el sentido de bienestar y prosperidad como por ejemplo en la cuarta visión del profeta Zacarías, anunciando la mesiánica venida del "Germen".


   ... y borraré la iniquiedad de la tierra en un solo día.
   En aquel día, palabra de Yavé Sebaot, os invitaréis mutuamente
   los unos a los otros, a la sombra de la parra y de la higuera.

(Zacarías 3,9-10)



   No obstante la exuberancia que representa la higuera es frágil, es un árbol que se puede secar y convertirse entonces en un árbol maldito. La simbología cristiana representa a la sinagoga como una higuera seca, por no reconocer al Mesías, al igual que cualquier secta cristiana cuyas herejías hayan secado sus ramas.

   Para Jesucristo la higuera representa la ciencia, frente la fe. Cuando maldice la higuera proclama la superioridad de fe ante las leyes naturales y la ciencia que no ofrece fruto comestible.


   Volviendo muy temprano a la ciudad, sintió hambre.
   Vio una higuera junto al camino, se acercó a ella y no halló más que hojas.
   Dijo entonces: "Jamás brote de ti fruto alguno".
   Y la higuera se secó al instante.
   Al ver esto los discípulos, admirados decían:
   "¡Cómo se ha secado al instante la higuera!".
   Jesús les respondió:
   "En verdad os digo que si tuvierais fe y no dudarais,
   no sólo haríais lo de la higuera, sino que si dijereis a ese monte:
   Álzate y échate al mar, así se haría.
   Cuanto pidiereis en oración con fe, lo recibiréis".

(S. Mateo 21,16-22)



   Natael, un intelectual que se preguntaba -¿De Nazaret puede salir cosa buena?- Cuando Jesús le encuentra le dice: -te he visto cuando estabas debajo de una higuera- (S. Juan 1,49).

   En las tradiciones indoeuropeas, por ser el árbol del látex y por las innumerables semillas del fruto, se asocia frecuentemente a la higuera con los ritos de fecundación. Era el árbol consagrado a Dionisos, el dios helénico de la lujuria.

   En la India es el árbol de Visnú y Shiva, su culto se asocia con la serpiente, que también simboliza la fuerza fecundante.

   Para el pueblo kotoko del Chad, podar un higuera yangale acarrea la esterilidad. Las mujeres de esta cultura, para aumentar su lactación, recogen el látex que genera por incisiones en la corteza.

   En el Norte de África el higo es sinónimo de fecundidad y más concretamente de testículo, tanto es así que para evitar la mal sonancia en el lenguaje habitual, cuando se quieren referir al higo, por eufemismo sustituyen el nombre del fruto por el de la estación anual en la que madura.

   El islote de Hilario es un monte de Lanzarote que se quedó aislado del resto de la isla por un mar de lava que inundó la antigua vega de Timanfaya entre los años 1730-36. Cuentan que hubo un pastor, llamado Hilario, que durante 50 años subía al monte acompañado de su camella, según la leyenda plantó en su cima una higuera; el árbol, aunque agarró, jamás dio fruto porque la higuera no puede alimentarse de fuego. En recuerdo de aquello, actualmente en ese lugar se puede ver el tronco seco de una higuera y el esqueleto de un camello, como monumento a la tenacidad y constancia humana.

   En Asia existe una higuera imponente, la higuera de Bengala o de las pagodas, Ficus religiosa, que puede llegar a desarrollar una extraordinaria copa de hasta 700 m de diámetro. En la civilización prehindú de Mohenjo-daro (III milenio a.C.) representa el árbol cósmico junto al cual posan las diosas desnudas. Posteriormente, en la India védica es el árbol del mundo, el eje axial que une el cielo y la tierra. Bajo uno de estos árboles Buda recibió la iluminación que le llevó a fundar una de las mayores religiones del mundo. En la iconografía antigua, este árbol representa al mismo Buda y la extensión de su doctrina. En Anuradhapura, en Sri Lanka, se venera a una higuera a la que le asignan una edad de 2.000 años, la llamada Bodhitaru o árbol de la sabiduría; según una leyenda budista ceilandesa recogida en el año 1000 por Upatissa, este árbol creció de una rama desgajada de la higuera en la que Buda recibió su iluminación.




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