Uso de Cloro para la
Desinfección de Agua para Consumo:

Efectos en la Salud Humana
CEPIS/OPS


Por Química
María Luisa Castro de Esparza


Estudio que Reportan la Asociación Entre la Cloración del Agua y Casos de Cáncer en Seres Humanos

   Desde 1974 se ha conducido en Estados Unidos, una serie de estudios descriptivo-geográficos y epidemiológico-análiticos (caso-control), con el fin de evaluar la relación entre cáncer y la calidad del agua potable. Ambos tipos de estudios difieren en su diseño, metodología y, por lo tanto, no son comparables los resultados y posibles asociaciones de casos de cáncer con consumo de agua clorada (2).

   Los primeros estudios realizados fueron los de carácter geográfico-descriptivo; eventualmente se estableció la necesidad de desarrollar estudios epidemiológico-análiticos que proveyeran de estimaciones sobre la magnitud del riesgo, considerando las exposiciones individuales y posibles factores de confusión. Los resultados de ambos tipos de estudios han demostrado un incremento de poca significancia en el riesgo de contraer cáncer a la vejiga y al colon. A pesar de que cada generación de investigaciones se torna más refinada en sus diseños y análisis, aún no se puede inferir con plena certeza la existencia de una relación causal cáncer-agua clorada, debido a que todavía existen diversas deficiencias en el diseño y en la metodología de la investigación, cuyos resultados podrían disminuir o elevar la magnitud real del riesgo de contraer cáncer.

   Respecto a los resultados de los estudios descriptivo-geográficos, Wigle (et al.) (2) reportó una posible correlación entre contaminantes especificos en el agua potable y riesgos de contraer cáncer. El estudio se realizó en diferentes ciudades del Canadá con 10.000 habitantes como mínimo. Los datos de la calidad del agua fueron extraídos de tres encuestas nacionales sobre abastecimiento urbano de agua, así como de un informe de fluoración y mortalidad de cáncer en ese país. Los datos de mortalidad por cáncer (1973 a 1979) se obtuvieron de la Base de Datos de Mortalidad Nacional. Las variables consideradas en el análisis incluían: fuente de agua, concentración de asbestos, carbón orgánico total, THMs con y sin cloroformo, concentración de cloro, dureza del agua, tiempo de residencia de la población (10 años como mínimo) y nivel educativo de la misma.

   Se desarrollaron análisis de regresión lineal múltiple, encontrándose frecuentemente una relación entre los niveles educativos bajos y la mortalidad. No se detectó una asociación significativa entre las dosis de cloro y muerte por diferentes tipos de cáncer.

   En estudios de caso-control, Cragle (et al.) (2) investigó la relación entre cloración del agua y cáncer al colon, empleando 200 casos de cáncer al colon de siete hospitales en Carolina del Norte, así como 407 casos de comparación sin evidencia de cáncer o historia familiar de pólipos, colitis ulcerosa, pólipos adenomatus o cualquier otro desorden crónico intestinal mayor. Para ambos casos y controles, se requería que los sujetos en estudio residieran en el Estado, por lo menos durante los últimos diez años. Los datos de los sujetos de comparación fueron cruzados por edad, raza y género. Además, a través de encuestas por correo y entrevistas telefónicas, se obtuvo información adicional sobre consumo de alcohol, riesgos genéticos (otros casos de cáncer en la familia), dieta, región, urbanicidad, educación y embarazo. Estas características fueron evaluadas y controladas durante todo el periodo de análisis.

   El tipo de servicio de suministro de agua fue verificado y categorizado para el análisis como clorado o no-clorado. El análisis de regresión logística mostró que el riesgo de cáncer al colon estaba asociado con los antecedentes genéticos, consumo de alcohol y dieta de alta grasa. Además, se encontró cierta asociación entre agua clorada y cáncer dependiente de la edad y tiempo de exposición. En estos estudios no se han considerado las características físico-químicas del agua antes de ser clorada.

   Canter (et al.) en 1987 (4) informó sobre la incidencia de cáncer a la vejiga en una población, durante un estudio de caso-control aplicado a 4.657 personas, entre hombres y mujeres de raza blanca, de 21 a 84 años de edad, que consumían agua clorada y no-clorada. En el primer año de estudio se analizaron los datos de 1.630 personas con diagnóstico de cáncer a la vejiga y de las 3.027 personas restantes sin problemas de cáncer. Los investigadores informaron una asociación entre el riesgo de cáncer a la vejiga y el consumo de agua clorada. No se reportó presencia alguna de cáncer a la vejiga en personas que consumían agua subterránea no-clorada. Finalmente, la incidencia del cáncer a la vejiga fue asociada con el agua superficial clorada, pero no con los niveles de cloro residual o con los subproductos de oxidación.

   En resumen, los estudios de caso-control indican la existencia del riesgo de cáncer a la vejiga y, en menor grado, al colon, asociado al consumo de agua clorada. Este riesgo es mayor en personas con antecedentes genéticos y mayores de 60 años de edad.

   Respecto a los ensayos de laboratorio con animales, el Consejo Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos (2) reporta datos de pruebas realizadas utilizando una dosis única de cloroformo concluyendo que con 1 æg/l, el riesgo de contraer cáncer es de aproximadamente 1 en 10 millones, con un nivel de confianza de 95%, dato obtenido por extrapolación de pruebas realizadas en animales de experimentación. Según el límite regulado por la Environmental Protection Agency (EPA) de los Estados Unidos para 100 æg/l de THMs, el riesgo se incrementa a 1 cada 100,000 (2).

   Desde el punto de vista toxicológico, es muy difícil extrapolar resultados obtenidos de estudios de cáncer en animales de experimentación y extenderlos a los seres humanos. Asimismo, estos estudios se han hecho con un limitado número de animales y de compuestos, además de haberse realizado para un corto plazo.

   El agua clorada expone al público consumidor a un riesgo potencial que no está claramente definido; los estudios caso-control han demostrado un ligero incremento en la probabilidad de contraer cáncer a la vejiga, en poblaciones que consumen agua clorada durante varios años.


Conclusiones y recomendaciones

  1. En vista de que es ampliamente reconocido el efecto de la desinfección del agua con cloro en condiciones normales, su aplicación es aún más necesaria en situaciones de emergencia, a fin de evitar la propagación de enfermedades gastrointestinales.

  2. El nivel de riesgos a la salud humana resultante de la cloración del agua es difícil de determinar. Los estudios epidemiológicos hasta ahora realizados, no son suficientes para poder distinguir entre el peligro de contraer cáncer por la cloración versus el alto riesgo por consumo de agua contaminada con microorganismos patógenos.

  3. Aún se continúa investigando la asociación entre cloración del agua y casos de cáncer en humanos. Los experimentos efectuados en animales de laboratorio presentan resultados de difícil extrapolación para evaluar el riesgo en humanos.

  4. Es necesario perfeccionar las técnicas de medición de los precursores y subproductos del cloro de una manera práctica y confiable que permita la caracterización de las fuentes de agua que se utilizarán para el abastecimiento.

  5. Hasta la fecha, el cloro es el desinfectante de agua más económico, práctico y efectivo. Otros desinfectantes como el ozono, el dióxido de cloro y la monocloramina, son utilizados en algunas comunidades; si bien éstos pueden evitar la formación de algunos subproductos de la cloración, no son capaces de mantener el efecto desinfectante posterior del cloro residual.

  6. Los niveles de cloro que se están aplicando para la desinfección de agua durante la emergencia del cólera (0.5 a 0.8 mg/l de cloro residual activo) no representan riesgo a la salud. Se debe anotar que, en dosis mayores a 1.0 mg/l, el agua es rechazada por la mayoría de nuestros pobladores, por su asociación con productos blanqueadores a base de cloro.

  7. Debe considerarse que no todas las aguas superficiales son aptas para su cloración directa sin tratamiento y para su uso posterior para consumo humano. Su selección depende de la demanda de cloro, pues las características del agua influyen en la formación de compuestos órganoclorados que, en altas concentraciones, podrían tener efectos adversos en la salud.

  8. El mayor problema que se presenta en la formación de subproductos son los precursores orgánicos. La solución consiste en mejorar los procesos de tratamiento del agua para remover compuestos orgánicos antes de que los subproductos se formen. Es recomendable remover los precursores orgánicos con procesos de tratamiento como la preoxidación, tratamiento biológico y filtración lenta en arena; luego, el carbón activado biológicamente, adsorción con carbón activado y coagulación, y filtración previa a la adición de cloro. De esta forma, se incrementa la eficacia del cloro libre y paralelamente se minimiza la toxicidad al limitar la formación de subproductos.

  9. Se recomienda que los Ministerios de Salud y otras entidades responsables, estudien las relaciones de calidad de agua/demanda de cloro versus la formación de trihalometanos (THMs) y otros compuestos órganoclorados. Mientras tanto, se considera que aguas con demandas de 2 a 2.5 mg/l no causarán efectos dañinos a la salud. También debe considerarse que las aguas a ser cloradas, no tengan más de 15 unidades de color y no más de 5 unidades nefelométricas de turbiedad (UNT).

  10. El uso de agua tratada -distribuída a poblaciones sin servicios de suministro en carros o camiones-cisterna con cloro residual de 0.5-0.8 mg/l- constituye una garantía para la salud de la población.

  11. Finalmente, dentro de un análisis del manejo de riesgos a la salud, en países como los nuestros, con enfermedades diarréicas y parasitarias endémicas, el riesgo potencial derivado de los subproductos del cloro (posible de reducir con tratamientos del agua) es significativamente menor al que se expondría la población, al suspenderse la práctica del uso de este desinfectante.


Bibliografía (Documentos disponibles en la Biblioteca del CEPIS)

  1. OPS (Washington, D.C., US). Condiciones de salud en las Américas. Washington, D.C. (US), OPS, 1990. (OPS publicación científica, Nº 524)

  2. JOLLEY, Robert (et al.). Water chlorination; chemistry, environmental impact and health effect (vol. 6). Chelsea (US), Lewis Publishers, 1990

  3. OMS (Ginebra, CH). Guías para la calidad del agua potable; 1. Recomendaciones. Washington, D.C. (US), OPS, 1985. (OPS - publicación científica, Nº 481)

  4. OMS (Ginebra, CH). Chlorine (1991); WHO document draft. Ginebra (CH), OMS, 1991

  5. MUEGGE, O.J. Physiological effect of heavily chlorinated drinking water. En: Journal of the American Water Works Association, 48 (12), 1956. p.1507-1509

  6. OMS (Ginebra, CH). Guidelines for drinking-water quality; 2.Health criteria and other supporting information. Geneve (CH), WHO, 1984

  7. MCJUNKIN, Eugene. Agua y salud humana. México, D.F. (MX), OPS, 1986. (Serie Paltex, Nº 12)




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