Las Palmeras...
la Llave del Paraíso

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España
hu@nexo.es


España




   La palmera es... para muchos millones de habitantes de los trópicos, el alimento y la casa, la barca y la techumbre, el cesto y el sombrero, la ropa, la cuerda, la madera, el mueble, la fibra y el papel, el aceite y el azúcar, el vino y el licor, el pienso del ganado, la rafia, la miel, el lugar donde colgar la hamaca, la cera, el fruto seco, el almidón, el marfil vegetal, el bastón y la cerbatana, el arco y las flechas, el tinte, la sombra, el esbelto faro de las islas perdidas, la bebida refrescante... y casi todo lo demás.
      (J.A. del Cañizo)

   Es difícil, para el habitante de zonas templadas, darse cuenta la importancia tan vital que juegan las palmeras, pues prácticamente en las zonas tropicales, toda la flora gira alrededor de las palmeras. Además en muchas costas, estas plantas han desarrollado un sistema único de comunicación, basado en sus frutos, que están protegidos de tal forma que pueden viajar por el mar durante largo tiempo, como botella de náufrago, y germinar en alguna costa lejana; este es el caso de los cocos, que constituye el principal mecanismo de colonización vegetal de las islas del Pacífico.

   El hombre habita en los trópicos y se alimenta del fruto de las palmeras. En otras partes del planeta sobrevive por haberse adaptado a comer carne y cereales.
      (Carl von Lineé)


Acuarela de Antonio Herrero Uceda

   El famoso botánico sueco Lineé estudió la pródiga naturaleza de los bosques tropicales y comprendió el significado de la relación entre hombres y palmeras, a pesar de haber nacido en un país tan lejano al paraíso de las palmeras. José Antonio del Cañizo en su libro "Palmeras" nos ofrece un estudio de 55 especies distintas de palmeras que se comercializan y pueden desarrollarse en zonas de climas templados e incluso continental. Su entusiasmo es compartido por muchos jardineros que ven en la palmera el punto de atracción de cualquier jardín. Sin llegar a ser tan exhaustivo como este autor, mencionaré algunas palmeras, que con mucha frecuencia nos saludan, poniendo una nota de exotismo y calor a nuestra vista.

  • Palmera Canaria (Phoenix canariensis)

       Crece espontáneamente en Canarias y también es la que más frecuentemente se encuentra plantada en el Sur de Europa y evidentemente en Canarias. Es una de las palmáceas que mejor resisten el frío, puede aguantar hasta los 9ºC grados bajo cero, Es muy rústica, adaptándose a diversos climas y suelos, incluso pobres, y resiste tanto la sequía, como el viento húmedo y salino del mar. Precisa sol y suelos bien drenados. El tronco grueso alcanza una altura de 14 m y ocasionalmente puede llegar a los 20 m. Su porte es muy majestuoso.


  • Palmera Mediterránea de Abanico, Palmito o Margallo (Chamaerops humilis)

       Es la única palmera autóctona de la península y junto con la cretense las únicas europeas. Su área de difusión abarca toda la cuenca mediterránea excepto Egipto. En España se encuentra en el litoral mediterráneo desde Almería hasta Barcelona y es especialmente común en las Islas Baleares, donde se encuentra ejemplares espontáneos creciendo en las laderas de los montes. Es una de las escasísimas palmera cuya área original se encuentra más alejada de los Trópicos, llegando hasta los 44º de latitud norte.
       Vive en áreas secas y preferiblemente rocosas del litoral, inmerso a veces en matorrales espesos y espinosos o asociado a lentiscos y jaras. Es muy rústica, tienen gran resistencia a las altas temperaturas y a la escasez de precipitaciones, puede aguantar los 9ºC bajo cero, pero es vulnerable a las heladas continuadas. Prospera en suelos pobres, pedregosos, rocosos y arenosos. Resiste los vientos incluso los marinos. Puede estar a pleno sol o a media sombra. En cambio no es recomendable para interior.
       En una palmera baja, que genera muchos hijuelos que crecen formando un denso entrelazado de palmas.
       Los frutos, llamados dátiles de perro, son una pequeñas drupas rojas y carnosas de consistencia fibrosa. Tiene un sabor amargo y son rechazados para el consumo humano.
       El palmito o yema apical es un delicioso manjar que se suele usarse en ensalada. La espata que protege a la inflorescencia, cuando aún está tierna, también se come, y en Andalucía se le llama higa.
       Todavía persiste en Baleares y en diversos puntos del litoral valenciano la tradición de la elaboración artesanal de objetos de cestería, sombreros, escobas, esterillas y diversos adornos a partir de las hojas, una vez ya secadas.


  • Palmera China de Abanicos (Trachycarpus excelsa)

       Es una palmera parecida al palmito pero desarrolla un tronco que puede alcanzar los doce metros, por lo que a veces se le denomina palmito elevado.
       Precisa sol y suelos bien drenados. Es la palmera más resistente al frío, aguanta heladas, pues su área de distribución también incluye las montañas del Himalaya hasta una altura de 2.400 metros de altitud, con un régimen de nieves que puede durar cuatro o cinco meses.
       Esta planta es muy apreciada en jardinería por la enorme variedad de climas en los que puede vivir, desde el verano de la Costa del Sol en Andalucía, hasta el frío del invierno inglés.


  • Washingtonia filitifera

       La Washingtonia es una palmera californiana que se aclimata muy bien en los jardines mediterráneos. Siempre ha de estar expuesta al sol.
       El tronco termina en un penacho de hojas pinnadas que se doblan hacia el exterior y que persisten largo tiempo sobre la planta.
       Las inflorescencias son llamativas, de 5 m, son de aspecto amarillo aunque esté formada por florecillas blancas.


  • Palmera Datilera (Phoenix dactylifera)

       Muy parecido a la canaria, su porte se diferencia en que es más esbelta, aunque la copa no sea tan frondosa y su color verde tampoco sea tan intenso. De este grupo de palmeras es la más sensible al frío, aunque también aguanta las heladas.
       La floración se realiza en junio, dando como resultado en otoño el dátil, fruto azucarado que es la base de la alimentación de gran parte de los habitantes de los desiertos de África y en muchos lugares de Asia, donde se consumen crudos, secos o cocinados. Posee gran valor nutritivo. En Elche (región valenciana) existe plantaciones agrícolas de esta palmera.
       Es una especie dioica, por tanto sólo los ejemplares femeninos producen dátiles.

       En tiempos remotos existía un clima más benigno en la Tierra y entonces las palmeras eran las plantas dominantes, pero tuvieron que retroceder a los trópicos ante las épocas más frías que fueron llegando. Se han encontrado registros fósiles de palmeras en regiones tan frías como Suiza y Alemania, lo que indica que estas zonas en el pasado gozaba de una temperatura tropical.

       Es notorio observar la vitalidad que posee el polen de las palmeras, pues mientras otras especies vegetales, como las gramíneas del género Hordeum y Oryza, los gránulos de polen, a los pocos minutos de haber sido liberados pierden la capacidad de germinar; en otras especies pueden durar horas incluso unos días; en cambio las palmeras parecen ser el caso contrario, las Phoenix puede durar más de seis meses.

       En la isla de La Gomera se extrae por incisiones en la parte superior la sabia que es rica en azucares, formando el llamado guarapo, hervido se obtiene la "miel de palma", que se utiliza en gastronomía como aceite, y mezclado con vino forma la bebida alcohólica "gomerón".

       La palma se considera emblema de victoria, de ascensión, de regeneración y de inmortalidad. Apoyado en esta simbología, Unamuno sostiene que el famoso Fénix, del que hablaba Herodoto, no se trataba de un ave, como comúnmente se acepta, sino que era un bosque de palmeras que renacía de nuevo de sus cenizas, tras la quema. Lo cual es más lógico tanto por el nombre, como la simbología o con la propia consistencia del relato mítico. La leyenda situaba al Fénix en Etiopía, país de palmeras. Unamuno opinaba que quizás se deba a un error de traducción, pues él desconfiaba de los traductores que realizan su trabajo basándose en textos, de los que desconocen su transcendencia. Él mismo prefirió estudiar danés para acceder, de primera mano, a los escritos del filósofo Sören Kierkegaard, antes que recurrir a las muletas, que le suponían los traductores de oficio.

       ¡Qué bella eres, qué encantadora,
    oh amor, en tus delicias!
    Tu talle semeja a la palmera,
    tus pechos, a sus racimos.
    Me digo: "Voy a subir a la palmera,
    tomaré sus racimos".
          (Cantar de los Cantares 7,7-9)

       En todos los pueblos de las regiones desérticas de Oriente Medio es muy importante la palmera, por su significado de vida y oasis. En de la antigua Caldea era llamado "el árbol de la vida".

       Las palmas están omnipresentes en la fiesta judía de los Tabernáculos, es una manifestación rebosante de alegría y expansión, su nombre talmúdico Sukos significa simplemente "festival". Se celebra el 15 de Tishri, o sea en la luna llena del equinoccio de Otoño. Es el momento en el que todo cuanto ha producido ese año la tierra está apilado en los graneros. Es la fiesta más dichosa de todas las civilizaciones agrarias.

       "El primer día tomaréis hermosos frutos, ramos de palmera, ramas de árboles frondosos, sauces de las riberas, y os regocijaréis durante siete días en presencia de Yavé, vuestro Dios. Celebraréis la fiesta en honor de Yavé durante siete días, año tras año. Es esta ley perpetua para vuestras sucesivas generaciones. Celebraréis esta fiesta en el séptimo mes; durante siete días habitaréis en tiendas. Todos los habitantes de Israel habitaran en tiendas, para que vuestros descendientes sepan que yo hice habitar en tiendas a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo, Yavé, vuestro Dios". Así promulgó Moisés las fiestas de Yavé a los hijos de Israel.
          (Levítico 23,40-44)

       Los atributos vegetales que indica, no se trata de una improvisada decoración, sino que ellas sientan las bases de uno de los más espectaculares ritos del judaísmo: el rito de la palma. Los fieles toman en una mano una palma verde adornada en su base con una guirnalda de mimbres verdes de mirto, y en la otra un esgrog amarillo (especie de limón muy fragante). De esta manera, llevando en ambas manos estos recuerdos de la antigua cosecha de la tierra de Canaán, forman procesiones que recorren la sinagoga, mientras cantan aleluyas y agitan las palmas, en una atmósfera perfumada por los esrogs. En la actualidad Israel exporta estos antiguos símbolos agrarios para las comunidades judías que por la latitud de su residencia no pueden obtener estos frutos de su tierra.

       Como resultado de la herencia judía, las palmas se utilizan en la festividad cristiana del Domingo de Ramos, que marca el fin de la cuaresma y el comienzo de la Semana Santa. Las ramas de palmera bendecidas el Domingo de Ramos se colocan en las puertas, ventanas y balcones, para evitar la entrada del demonio en la vivienda, pero su efecto sólo dura hasta la Semana Santa del año siguiente que se sustituye por nuevas palmas, como premio a quien se mantuviera en la fe y continuaba guardando los preceptos. Una vez sustituida, la anterior que había sido santificada no debía ser desechada como residuo doméstico, sino que se consumía en el fuego purificador tras luchar un año entero contra los poderes de las tinieblas.

       El pueblo musulmán, conocedor de los rigores del desierto, no puede por menos que maravillarse ante las palmeras. El Corán hablando de la omnipotencia de Dios exclama:

       Y Él es quien ha hecho bajar agua del cielo. Gracias a él, con el agua hemos obtenido toda clase de plantas y follajes, del que sacamos granos arracimados. Y de las vainas de la palmera, racimos de dátiles a nuestro alcance. Y huertos plantados de vides, y los olivos y los granados, parecidos y diferentes. Cuando fructifican, ¡mirad el fruto que dan y cómo madura!. Ciertamente, hay en ello signos para la gente que cree.
          (Corán, Sura 6, Aleya 99)

       Y qué más podría añadir de nuestras amigas, las palmeras.

       La palmera es el desierto,
    el sol y la lejanía:
    la sed, una fuente fría
    soñada en el campo yerto.
          (A. Machado)




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