El Cedro del Líbano: Emblema de Eternidad
Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en Madrid
hu@nexo.es


España




   Como indica el nombre de este árbol, el cedro del Líbano procede de Oriente Medio. Figura como símbolo nacional del Líbano, aunque desgraciadamente en la actualidad casi ha desaparecido de las montañas libanesas, por la presión a la que fue sometidos sus bosques desde hace milenios, por su apreciada madera. No obstante, se mantiene extendido aún por la Anatolia meridional, incluso se pueden encontrar todavía ejemplares en estado silvestre con una edad estimada de 2.000 ó 3.000 años.

   Es un árbol de alta montañas, propio de un país tan montañoso como es Líbano, su hábitat se sitúa entre los 1.200 y 2.000 m de altura, por tanto soporta inviernos fríos (temperaturas de hasta 30ºC bajo cero) y precipitaciones poco abundantes. Se debe plantar en lugares soleados y en terrenos que drenen y aunque sean secos, tengan agua en profundidad.

   Los cedros son coníferas de ramas largas, extendidas horizontalmente; hojas aciculares, persistentes, reunidas en fascículos sobre braquiblastos. Piñas ovales, erectas, de escamas muy apretadas, con las semillas triangulares. Las flores masculinas duran todo el verano en forma de conos verdes de cinco centímetros y esparcen su polen a fines de otoño. Por extensión se aplica impropiamente el nombre de cedro a muchos árboles, pero el género cedro sólo cuenta con cuatro especies:

   Es proverbial la lentitud de los cedros, pues no sólo son lentos en el crecimiento del tronco, sino que tiene relentizado todos los ciclos vitales. Por ejemplo entre la polinización y la fecundación transcurre aproximadamente un año y medio, los conos alcanzan la madurez entre el segundo y el tercer año.

   A pesar de ser un árbol bíblico, poseer una madera apreciada por los antiguos griegos y romanos y que en idiomas como el griego se utilice el término kedros comercialmente para designar la madera de cualquier árbol, esta especie en Europa occidental durante mucho tiempo fue desconocida, como prueba de ello el gran botánico sistematizador Carl von Linné (1707-1778) reconoce haber visto sólo un único ejemplar, justamente el primero que se plantó en Inglaterra en 1638, o según otras fuentes, en 1670 ó 1680.

   Debido a su talla considerable, a su follaje perenne y a su madera excelente e incorruptible, aparece como emblema de grandeza, nobleza y perennidad en numerosos pueblos antiguos que utilizaron su madera y su resina para preservar y atesorar lo que más apreciaban.

   En el mundo del antiguo Egipto, se vivía con la obsesión de escapar a la muerte mediante la incorruptibilidad, por lo que emplearon la madera de cedro para construir ataúdes, bajeles, estatuas, amuletos, ...


Acuarela de Antonio Herrero Uceda

   En la civilización griega, sin embargo, la muerte carece de ese papel central. Ciertamente consagraron al dios de los muertos, a Hades, pero este dios también es titular del Infierno y de las profundidades de la Tierra, de donde procede toda riqueza. Así “el rico” es su título ritual. Los romanos denominaron Plutón a este dios, término que procede de la vocablo griego ploûtos que significa riqueza y aún hoy se utiliza en nuestro lenguaje como prefijo, con este mismo significado, como en la palabra plutocracia

   En la época de reino de Judá, el cedro se consideraba madera preciosa, era muy cotizada y alabada. El Rey David vivía en un palacio de cedro, en cambio el Arca de la Alianza todavía seguía en una tienda.

   Dijo el rey al profeta Nathán: Mira ahora, yo moro en edificios de cedro y el Arca de Dios está entre cortinas.
(2 Samuel 7,2)

   Sin embargo Dios prohibió a David edificar un Templo en su nombre, por haber derramado mucha sangre y traer guerras. (1 Crónicas 22, 8-10)

   Y Salomón mandó a decir a Hiram: Tú ya sabes cómo David, mi padre, no pudo construir la Casa al nombre de Yavé, su Dios, a causa de las guerras que en rededor le movieron, hasta que Yavé puso a sus enemigos bajo las plantas de sus pies. Pero ahora Yavé, Dios, me ha dejado tranquilo en derredor; ningún enemigo, ninguna adversidad. Heme, pues, resuelto a construir un Templo al nombre de Yavé, mi Dios, según Yavé dijo a David, mi padre: "El hijo tuyo, que yo pondré en tu lugar sobre tu trono, ése edificará el Templo a mi nombre". Así, pues, ordena que se me corten cedros del Líbano. (1 Reyes 5,16-20)

   Esto fue lo que Salomón dijo ante la embajada del Rey fenicio Hiram de Tiro (actual Líbano), que le fue enviada nada más saberse la noticia de que Salomón había sido ungido rey.

   También recubrió los veinte codos de la parte posterior del Templo con planchas de cedros, desde el suelo hasta las vigas, y destinó el interior para el Santísimo; y los cuarenta codos delante del Santísimo constituían el Santuario. De cedro era todo el interior del edificio, con bajorrelieves de coloquíntidas y guirnaldas de flores. Todo era cedro. Nada de piedra se veía. (1 Reyes 6,16-18)

   Este es el mítico Templo de Jerusalén, construido en el siglo X a.C., del cual sólo sobrevive parte de las murallas que edificó Herodes cerca de mil años después, en su reconstrucción del templo. Este resto histórico es conocido actualmente como el Muro de las Lamentaciones.

   Tras la finalización del Templo, Salomón se mandó edificar un nuevo palacio, para ser su vivienda y sede de gobierno. Tanta fue la madera de cedro que debió emplear que el nuevo palacio se conoció como “el bosque del Líbano”.

   Entonces se dio Salomón a construir un palacio, durante trece años, hasta que quedó totalmente terminado. Edificó pues, el palacio, "Bosque del Líbano", de cien codos de largos, cincuenta de ancho y treinta de alto, sostenido sobre cuatro hileras de columnas de cedro, en las que se apoyaban vigas de cedro y un techado de cedro también. (1 Reyes 7,1-3)

   El cedro es apropiado para construir moradas a dioses y reyes porque en su interior, como el oro, guarda los atributos de nobleza, pureza y riqueza. Jesucristo se representa en ciertos casos en el corazón de un cedro.

¡Qué hermoso eres, amado mío
qué delicioso!
Todo verdor nuestro lecho.
Vigas de nuestra casa son los cedros
cipreses los artesonados.
(Cant 1,16-17)

   El teólogo Orígenes del siglo II, al comentar el Cantar de los Cantares, indica: El cedro no se pudre; hacer de cedro las vigas de nuestra morada, es preservar el alma de la corrupción.




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