El Olivo, el Árbol Bendito
Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en Madrid
hu@nexo.es


España




   Se cree que es originario de la Mesopotamia, de donde se propagó a Egipto, Asia Menor y llegó a Creta sobre el 3.500 a.C. desde donde se difundió por la Europa meridional. Fue muy importante el aceite de oliva para la agricultura romana, por sus propiedades conserveras y nutricionales. Actualmente su área de expansión, en la cuenca mediterránea, está entre los paralelos 30º y 45º, es decir entre las latitudes de Agadir, en Marruecos y Provenza, al sur de Francia, constituyendo, junto con la encina las especies más característica de toda la región mediterránea, especialmente en el valle del Guadalquivir, donde crea el paisaje de los campos ondulados cubierto por alineaciones geométricas de olivos. También se cultiva en otras zonas de otros continentes que gozan de clima similar, como California y ciertas regiones de Argentina.

 

   En nuestro país (España) la introducción de la cultura del olivo ha procedido de tres continentes, al estar en la encrucijada de caminos que desde Asia cierran el Mediterráneo, uniendo Europa con África. Los fenicios, que procedían de Asia, comenzaron a plantar olivos en la península. El nombre de la ciudad de Córdoba procede del fenicio “corteb” que significa molino de aceite. Desde Europa llegaron las legiones romanas; tras la pacificación, fue cuando verdaderamente se expandió el cultivo de los olivares. La influencia romana, se demuestran las voces “olivo”, “oliva” y “óleo” que proceden de las latinas “olivum”, “oliva” y “oleum”. La provincia romana de la Bética exportaba mucho aceite a todo el imperio, en especial a Roma. Los árabes, que invadieron la península desde África, reimpulsaron el cultivo del olivo. Las palabras “aceite” y “aceituna”, proceden de los términos árabes “zait” y “zaitun”. A su vez España, cuando comenzó a colonizar América, se convirtió en difusora del cultivo del olivo, pues este árbol figura entre las primeras plantas introducidas en las nuevas tierras.

   El olivo echa yemas en Otoño, las cuales hibernan durante la estación fría, para recobrar su actividad cuando la temperatura media alcanza los 10ºC. En Mayo o Junio, cuando el calor asciende a 18ºC, el árbol florece. Finalmente el fruto madura de Noviembre a Enero. La aceituna es muy preciada para la elaboración de entremeses, pero sobre todo para la obtención del aceite de oliva, el mejor aceite comestible conocido y de mejores propiedades dietéticas. También se emplea con éxito en cosmética por su excelentes cualidades para el cutis. Nutricionalmente, la aceituna es rica en potasio, calcio y vitaminas. La parte carnosa o pulpa de la aceituna está compuesta por células repletas de aceite, las cuales se rompen en el proceso de extracción del caldo.


Plaza de Cort en Palma de Mallorca
(Islas Baleares)

   Se considera que el fruto ha alcanzado el punto crítico de maduración en el instante que ofrece un color morado obscuro uniforme, sin ennegrecer aún. La recolección de la aceituna depende del uso para la que se destine: si es para la mesa, se recoge cuando el fruto está bien desarrollado, pocos días antes de que cambie de color; si se dedica a la elaboración de aceite, hay que recogerla más temprano, antes de su total maduración y proceder entonces a su rápida molturación. En España la recolección dura desde mediados de Noviembre hasta finales de diciembre.



		Apañando aceitunas                                

		se hacen la bodas.                                

		El que no va a aceitunas                          

		no se enamora.                                    

                                                              

		                (Canción popular extremeña)       

	   

   No obstante existen ciclos en la producción, pues es sensible a las condiciones meteorológicas: no admite fríos y aunque soporta bien, tanto la sequedad, como la relativa abundancia de agua, para la cosecha es indispensable que no llueva en época de floración.



		La aceituna es como la fortuna,    

		unas veces muchas, otras ninguna,  

                                               

		                (refrán español)   

	   

   La belleza singular de su retorcido tronco le ha convertido en un árbol ornamental, no sólo en la jardinería moderna, sino que siempre se ha valorado su aspecto estético, como lo atestigua las innumerables plazas que se ven adornada con su extraordinario porte. La plaza de Cort, situada frente al ayuntamiento de Palma de Mallorca, es un ejemplo monumental de ello



		¡Viejos olivos sedientos         

		bajo el claro sol del día,       

		olivares polvorientos            

		del campo de Andalucía!          

		¡El campo andaluz, peinado       

		por el sol canicular,            

		de loma en loma rayado           

		de olivar y de olivar!           

		Son las tierras                  

		soleadas,                        

		anchas lomas, lueñes sierras     

		de olivares recamadas.           

 	

		¡Olivares y olivares             

		de loma en lomas prendidos       

		cual bordados alamares!          

		¡Olivares coloridos              

		de una tarde anaranjada;         

		olivares rebruñidos              

		bajo la luna argentada!          

		¡Olivares centellados            

		en las tardes cenicientas,       

		bajo los cielos preñados         

		de tormentas!...                 

	

		¡Ciudades y caseríos             

		en la margen de los ríos         

		en los pliegues de la sierra!... 

		¡Venga Dios a los hogares        

		y a las almas de esta tierra     

		de olivares y olivares!          



		                     (A. Machado)

	   

   El olivo es un árbol de gran riqueza simbólica: paz, fecundidad, purificación, fuerza, iluminación y longevidad. Es sorprendente que el hombre de los primeros asentamientos urbanos se fijara en un árbol silvestre de frutos pequeños, amargos y poco graso, que tras muchos siglos de selección artificial se ha logrado convertir en el actual olivo. El cultivo, la selección de los mejores ejemplares, la obtención del aceite y el preparado de aceitunas dulces, debió constituir un éxito tal que el olivo ha estado ligado con las divinidades, desde los primeros tiempos de la agricultura.

   Los antiguos egipcios creían que la diosa Isis, esposa del dios supremo Osiris, les había entregado el árbol, su cultivo y la forma de utilizar sus frutos, tanto para obtener el preciado aceite, como la condimentación y elaboración de las aceitunas de mesa, las cuales consumían en grandes cantidades.

   Isis era conocida con el sobrenombre de “Atena”, que en la antigua lengua egipcia significa “originada por sí misma”, aludiendo su autosuficiencia, aún en su propia concepción. Desde Egipto se difundió su cultivo al Mediterráneo oriental, transmitiendo junto a la técnica, el propio mito de su origen, pues en Grecia el olivo estaba consagrado a la diosa Atenea, que Zeus la engendró por sí solo, a partir de su cabeza. La diosa se disputó con Poseidón la soberanía de la ciudad fundada por Cercope. Los dioses dictaminaron conceder la ciudad a quien produjera la mejor obra para sus habitantes. Poseidón dio un golpe de tridente y apareció un bello caballo blanco. Atenea golpeó el suelo con su lanza e hizo brotar un olivo cargado de frutos. La diosa obtuvo la victoria. Los ciudadanos, agradecidos impusieron el nombre de Atenas a su ciudad, en su honor. Parece ser que los olivos que hoy se ven en la acrópolis son descendientes de ese mítico primer ejemplar, que estuvo situado detrás del Erecteión, y que cuidaron como a un tesoro. Cuando notaban que el olivo sagrado había crecido, se les llenaba el corazón de esperanza. La veneración al olivo fue tal, que los triunfadores de los juegos olímpicos eran coronado con ramas de olivo, sin embargo este simbolismo no fue entendido por un general romano, que al presenciar la coronación de los vencedores, exclamó: “jamás conquistaremos a este pueblo que se esfuerza tanto por tan reducida recompensa”.

   La madera de olivo es muy dura y de gran calidad. Los griegos apreciaban, igualmente su dureza. La maza de Hércules estaba hecha de madera de olivo, así como la estaca que, según el relato de Homero, Ulises clavó en el único ojo del colosal Polifemo. (Odisea capítulo IX)

   Los olivos crecían en abundancia en el llano de Eleusis. Estaban protegidos, y quienes los dañaban comparecían ante la justicia. Estaban casi divinizados. En el himno homérico a Deméter, los introduce en los ritos secretos para los iniciados en los llamados misterios de Eleusis, los ciclos de muerte - resurrección, los ciclos naturales anuales.

   Para los judíos, el poseer el preciado aceite de oliva, es símbolo de prosperidad, bendición divina y alegría. Su carencia significa catástrofe, castigo. Para ellos la unción en aceite le confería el reconocimiento divino de su autoridad, poder y gloria, por esta razón los reyes de Israel eran uncidos.



		Isaí hizo pasar a sus sietes hijos ante Samuel.                                                 

		Y dijo Samuel a Isaí: “No ha elegido Yavé a ninguno de ellos”.                                  

		Entonces Samuel preguntó a Isaí: “¿Están aquí todos tus muchachos?”.                            

		El contestó: “Falta el más pequeño, que está guardando las ovejas”.                             

		Samuel le dijo: “Manda a buscarle, pues no nos sentaremos a la mesa hasta que haya venido aquí”.

		Mandó, pues, Isaí y le hizo venir. Era rubio, de buen aspecto y de buena presencia.             

		Y Yavé dijo: “Levántate y úngele, porque es éste”.                                              

		Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos.                            

		El espíritu de Yavé se apoderó de David a partir de aquel día.                                  



		              (I Sam 16, 10-13)                                                                 

	   

   Estos ritos han pasado al cristianismo a través de los santos óleos, usado en varios sacramentos: desde la unción en el bautizo, al introducirse en la comunidad cristiana, hasta la despedida en la extremaunción, que según el Concilio de Trento significa: “la última de las unciones sacramentales que confiere la Iglesia, que se administra in extremis”.

   Los cristianos, ven en el olivo el símbolo de la paz y la alianza, como recuerdo de la tregua de Dios con el hombre, tras el diluvio universal, en la que una paloma vuelve a Noé con un ramo de olivo.



		Esperó siete días más y de nuevo soltó la paloma fuera del arca.

		A esto de la tarde volvió trayendo en su pico una rama tierna de

		olivo. Conoció así Noé que las aguas ya no cubrían la superficie

		de la tierra.                                                   



		               (Gén 8,10-11)                                    

	   

   Desde entonces la paloma con su ramo verde en el pico se ha convertido en el símbolo inequívoco de paz recobrada, de salvación. Aunque otras tradiciones, que no proceden de la judeocristiana, también ven en la rama de olivo un mensaje de paz. El héroe troyano Eneas, según nos lo describen el romano Virgilio en el siglo I a.C., al acercarse a la orilla donde le esperaba el rey Evandro, le muestra un ramo de olivo, para indicarle que se acerca en son de paz, buscando una alianza.

   Según una tradición cristiana, la madera de la cruz en la que fue crucificado Jesucristo, personificación de la Nueva Alianza entre Dios y los hombres, era de olivo y cedro.

   Pero sin duda, para quienes el olivo reviste una mayor importancia mística, es para los islámicos. Para ellos el olivo es el árbol central, eje del mundo, símbolo del hombre universal, del Profeta, árbol de luz de la verdad, árbol bendito, como lo llama el Corán. Como el aceite de oliva alimenta las lámparas, así el Profeta ilumina a quienes le escuchan.



		Dios es la luz de los cielos y de la tierra.                                            

		Su luz es comparable a una hornacina en la que hay un pabilo encendido.                 

		El pabilo está en un recipiente de vidrio, que es como si fuera una estrella fulgurante.

		Se enciende de un árbol bendito, un olivo, que no es del Oriente ni del Occidente,      

		y cuyo aceite casi alumbra aun sin haber sido tocado por el fuego.                      

		¡Luz sobre Luz! Dios dirige a Su Luz a quien El quiere.                                 

		Dios propone parábolas a los hombres. Dios es omnisciente.                              



		                                 (Corán, Sura 24, Aleya 35)                             

	   

   En nuestro país sigue ligado el olivo a la tradición religiosa, como lo confirma la siguiente leyenda, recogida en un pueblo extremeño: “Un caballero de la villa cacereña de Ceclavín tuvo que desplazarse a la población vecina de Alcántara. Cuando realizaba el camino de vuelta, ya anochecido, observó como su caballo, dócil de naturaleza, recelaba, resoplaba fuerte y con frecuencia, hasta llegar a la altura de un olivo, entonces el caballo se paró y no hubo forma de hacerlo andar. Alzó la vista y vio tres luces fosforescentes, aquel espectáculo le sobrecogió mucho. A la noche siguiente volvió a presenciar el mismo espectáculo en el mismo árbol. Se corrió la voz en el pueblo y pudieron algunos comprobar la visión de las tres luces, se decían que eran tres almas del purgatorio, en pena, a las que había de redimir. La persona que había presenciado la primera aparición, no conocía ya el sosiego, en sus cerebro siempre estaban asediándole aquellas imágenes, esto le hizo reflexionar sobre su propia condición, y se convirtió en un fervoroso creyente de la religión cristiana, abandonando su anterior escepticismo. Desde ese momento encontró la paz interior y ya jamás volvió a ver las tres luces, aunque por allí pasara muy frecuentemente. Junto al camino antiguo de Alcántara todavía existe ese hermoso ejemplar de olivo frondoso y desarrollado, que desde entonces se conoce como el Olivo de las Ánimas”.




  Volver Volver al Principio  
Si tiene alguna duda o sugerencia, comuníquese con nosotros!