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El G.E.F. Financia el Desarrollo Sostenible

Material de la revista SCIENCE, editada por la
American Association for the Advancement of Science



Por Pallava Bagla


   Nueva Delhi, India - Durante los últimos 4 años, 36 países industrializados han venido aportando 2.000 millones de dólares para un experimento destinado a ayudar a las naciones en vías de desarrollo a afrontar los problemas ambientales globales. Los fondos, canalizados a través de un mecanismo exclusivo denominado Global Environmental Facility, GEF (Mecanismo de Crédito Ambiental Global), dan apoyo a unos 440 proyectos en 110 países, abarcando desde el desarrollo de energía eléctrica en sectores rurales de China, hasta la preservación de una colección botánica en Indonesia. Este es un esfuerzo ambicioso (impulsado por las Convenciones sobre Biodiversidad y Cambio Global que surgieron de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro) para llevar el desarrollo sostenible más allá de los gestos políticos hacia proyectos del mundo real.

   A principios de abril, los delegados de los países participantes se reunieron en esta ciudad para celebrar la primera Asamblea de la GEF, con el fin de evaluar la marcha del experimento. Se brindó una fuerte aprobación al trabajo realizado hasta este momento, pero los participantes convinieron en que hay mucho terreno para la realización de mejoras. Por ejemplo, hace poco tiempo, un panel externo de expertos le otorgó a la GEF buenas calificaciones por levantar el perfil de cuestiones ambientales implícitas en proyectos de desarrollo, pero un "incompleto" con respecto al impacto, debido a que muchos proyectos simplemente se están poniendo en marcha. El informe también instaba a funcionarios de la GEF a bajar la barrera de la participación acortando el tiempo necesario para la aprobación de proyectos y clarificando qué actividades califican para recibir su apoyo.

   Los delegados también aprobaron la creación de un pequeño fondo de investigación y la designación del primer científico proveniente de un país en desarrollo para que dirija la comisión científica principal del organismo. Y recibieron con beneplácito un compromiso de 2.700 millones de dólares provenientes del mundo industrializado para continuar con el trabajo de la GEF durante los próximos 4 años.

   A pesar de su dimensión e influencia potencial, la GEF ha recibido escasa atención en el mundo industrializado. Se estableció en 1991 para coordinar las actividades ambientales del Banco Mundial, el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (UNEP) y el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Pero cobró mayor importancia en 1994, luego de convertirse en el brazo de implementación de los tratados ambientales surgidos de la cumbre de Río. Sus proyectos se concentran en cinco áreas: conservación de la biodiversidad, reducción de los riesgos generados por el cambio climático, protección de la capa de ozono, limpieza de las aguas internacionales y detención de la degradación de los suelos. Y aunque la GEF procura tener un impacto global, todo lo que se financia debe incluir aportes importantes de los países anfitriones.

   "Que lo tomen o lo dejen, pero el de la GEF es el único mecanismo multilateral que financia soluciones ambientales acordes con los criterios mayoritarios y es necesario hacer todo para fortalecer este organismo único", señala David Okali, ecologista del Departamento de Administración de Recursos Forestales de la Universidad de Ibadan, en Nigeria. "Y lo mejor es que está abierto a aprender de sus errores".

   Los nuevos subsidios para la investigación son un ejemplo de esa flexibilidad. Las investigaciones con una orientación específica se excluyeron del financiamiento de la GEF basándose en que se supone que los proyectos generarán beneficios inmediatos para el medio ambiente y por lo tanto, deberían utilizar la tecnología existente. Sin embargo, el Panel de Asesoramiento Tecnológico y Científico (STAP) del programa ejerció presiones sobre el Consejo de la GEF en funciones para que cambie su política y la Asamblea apoyó una propuesta para dedicar algunos puntos porcentuales del presupuesto de la GEF a esfuerzos de investigación y recopilación de datos que fortalecerían proyectos existentes o señalarían el camino hacia nuevas oportunidades.

   "La idea es obtener los mayores beneficios globales a partir de los proyectos que la GEF está financiando", dice Pier Vellinga, un científico ambientalista holandés y presidente del STAP. "El papel de la GEF es agregar un componente ambiental global a proyectos que en la actualidad tienen con frecuencia un enfoque nacional y la investigación ayudará a desarrollar los mejores proyectos". El panel ya ha recibido 10 propuestas, que van desde un estudio de cargas de nutrientes en mares costeros, al análisis de cómo proveer electricidad fuera de la red de suministro en áreas rurales y proyecta una reunión a celebrarse en junio para tratar las reglas básicas para futuros aspirantes.

   Sin embargo, algunas veces, la ciencia detrás de un proyecto GEF puede en sí misma llevar a controversias. Tal es del caso de un proyecto de 74 millones de dólares para reducir el impacto humano sobre siete regiones ambientalmente sensibles de la India, incluyendo reservas para tigres, leones y elefantes. Algunos investigadores advierten que cualquier esfuerzo para minimizar las interacciones entre humanos y animales, se verá restringido por una carencia de datos básicos en ecosistemas ya muy alterados por los seres humanos. Vellinga conviene en que "la ciencia estricta no existe en estos ecosistemas alterados", pero agrega que "tenemos que comenzar por algún lado". Y el científico político Gareth Porter de Washington, D.C., presidente del panel que recientemente analizó el desempeño global de la GEF, cree que "uno tiene que prestar atención a lo que pasaría sin esta inyección de fondos. Seguramente el tigre no sobreviviría".

   Un elemento clave en los proyectos de la GEF es la capacidad del país anfitrión de sostener una actividad una vez que el dinero proveniente del exterior se terminó. Un ejemplo exitoso es un proyecto relacionado con la presencia de metano en un yacimiento de carbón en China, que comenzó como un esfuerzo piloto de 10 millones de dólares para encontrar fuentes energéticas alternativas y reducir la contaminación del aire. El proyecto demostró varias técnicas para extraer y usar el metano proveniente de vetas carboníferas subterráneas profundas, evitando de esa manera su liberación a la atmósfera y poniendo en uso un combustible fósil más limpio. Conjuntamente con una nueva inyección de fondos de la GEF, Hutton Archer, coordinador senior de relaciones exteriores de la GEF, destaca que China ha asignado 80 millones de dólares a la explotación de la tecnología.

   Menos exitoso es un esfuerzo de 15 millones de dólares para generar energía hidroeléctrica en el Himalaya. El proyecto se ha topado con una resistencia local que amenaza su continuidad. Los habitantes de los poblados han sido lentos en aceptar la nueva tecnología, prefiriendo las tradicionales ruedas de agua hechas de madera a las nuevas turbinas de acero porque las primeras son más fáciles de reparar. Seis meses antes de la finalización programada del proyecto de 42 meses, ninguno de los 20 emplazamientos se encuentra en operaciones según lo planeado y los funcionarios han prorrogado el proyecto por 18 meses.

   A veces, fuerzas internas y externas se combinan para opacar las perspectivas de un proyecto GEF. Tal es la situación que enfrenta un plan de 12 millones de dólares llevado adelante en Indonesia, el cual restauraría y haría disponible globalmente una colección de plantas iniciada hace casi dos siglos y, al mismo tiempo, capacitaría una nueva generación de especialistas en taxonomía.

   Aunque el esfuerzo se hizo acreedor de altas calificaciones por su mérito científico, su progreso se ve amenazado por la crisis económica del país. Sobrecostos en la obtención de los suministros necesarios para restaurar y almacenar la colección han obligado a los funcionarios a suspender los planes de desarrollo de una base de datos, a la cual podría accederse vía Internet. También dejaron a un lado esfuerzos destinados a crear y divulgar una cantidad de productos -tales como juegos de documentación y guías de campo- para ayudar a coleccionistas potenciales.

   El esfuerzo realizado en Indonesia ilustra lo que Vellinga y otros llaman la naturaleza experimental de los proyectos GEF, lo que incluye una disposición a asumir los riesgos. "Mirando hacia atrás, creo que el Banco Mundial podría haber limitado más el alcance del proyecto y eliminado algunos rubros que no eran tan urgentes", dice Kathy MacKinnon, especialista senior en biodiversidad que trabaja con la división ambiental global del banco. Aún así, MacKinnon elogia al gobierno indonesio por proponer "un proyecto tan atractivo y ambicioso como una prioridad nacional".

   La importancia de los países en desarrollo en la constitución del programa de la GEF se destaca por la reciente elección de Madhav Gadgil, un ecologista del Instituto Indio de Ciencia de Bangalore, para suceder a Vellinga como presidente de la comisión científica. India es el segundo receptor más importante de fondos de GEF y su designación debería haberse producido hace ya un largo tiempo, según el microbiólogo Mostafa Kamal Tolba, ex director ejecutivo de UNEP.

   Aunque el éxito o el fracaso de proyectos individuales es importante, científicos ambientales tanto del Norte como del Sur dicen que el mayor desafío del GEF será incorporar el desarrollo sostenible a las acciones de todas las naciones participantes. "GEF es un experimento internacional único en el aprender haciendo", dice el biólogo Thomas Lovejoy, asesor principal en biodiversidad de la Institución Smithsoniana y del Banco Mundial. "Vivir dentro de ecosistemas naturales debe volverse la forma aceptada de que la gente viva sobre la Tierra."




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