Aditivos en los
Alimentos Elaborados

Dr. Luis Fernández eco@senado.gov.ar



 

   Un Proyecto de Comunicación que el Honorable Senado de la Nación Argentina (HSN) emitió al Poder Ejecutivo Nacional para que sea tomado en cuenta los diversos aspectos que tienen los aditivos en la industria de la alimentación, trata de paliar los consabidos inconvenientes que tienen para la salud humana y animal, la intensa utilización de éstos.

   Proyecto de Comunicación

   El Senado de la Nación:

   Vería con agrado que el Poder Ejecutivo Nacional, por intermedio del organismo que corresponda, se sirva informar sobre diversos aspectos relacionados con la utilización, como aditivo, del bromato de potasio en la industria alimenticia.

   1) Si su utilización está autorizada por Resolución del Ministerio de Salud prorrogado desde 1994.

   2) Si se han realizado estudios y/o investigaciones sobre los riesgos de su uso en la elaboración de alimentos.

   3) Si existen insumos que reemplazan la utilización del bromato de potasio en el área de panificación.

   4) Si se tiene conocimiento sobre la prohibición del uso de este producto en otros países de la región y en Europa.

   Fundamentos

   Señor Presidente:

   Alquilfenoles, difeniletanos, bifeniles policlorados, dicloro difeniletanos, hexaclorobenceno, clordecano, talatos, dioxinas, furanos lindano..., igual que si se tratase de una nueva plaga bíblica, el hombre del fin del segundo milenio se ve sometido a un bombardeo de sustancias casi innombrables que tienen su origen en los crecientes procesos industriales.

   Una interminable lista de productos, que día a día conoce nuevas incorporaciones, es emitida al ambiente y pende sobre nuestras cabezas con consecuencias nefastas (se sabe que la mayoría de ellos desencadena efectos perniciosos sobre los organismos).

   Se calcula que más de 10.000 sustancias químicas se utilizan en el mundo; sus efectos se extienden desde el adelgazamiento de la capa de ozono, las lluvias ácidas y la potenciación del efecto invernadero, hasta un sinfín de episodios más concretos que afectan a los seres vivos (incluido el hombre), como la disminución de su fertilidad, daños en el sistema reproductivo, afecciones gastrointestinales o un espectacular aumento de diversos tipos de procesos oncológicos.

   El empleo de muchas de ellas está prohibido en los países occidentales, pero esto no significa nada ya que siguen fabricándose para ser utilizados en las naciones en vías de desarrollo.

   Cinco mil años antes de Cristo los alimentos se conservaban con sal, humo, vinagre o especies. En la actualidad, la gama de aditivos – sustancias añadidas a los alimentos para mejorar y/o conservar sus cualidades – cumple, también, otras tareas menos nobles, como la de enmascarar la falta de ingredientes o la baja calidad de los mismos.

   La utilización como aditivo del bromato de potasio en la fabricación del pan, para disimular el empleo de harinas de baja calidad, nos muestra que aún no logramos atender el más básico de los derechos: tener acceso a los alimentos en cantidad y calidad compatibles con una vida digna.

   En su lista de agentes químicos individualizados, la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo señaló como facto de alto riesgo cancerígeno y datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) demuestran que miles de personas ingresan al sistema de salud a causa de afecciones gastrointestinales.

   Cientos de millones de personas padecen enfermedades causadas por la contaminación alimentaria. Bacterias, virus y parásitos presentes y alimentos habituales contribuyen en buena medida a los 1400 millones de epidodios anuales de diarrea en niños menores de cinco años.

   Los alimentos con ingredientes tales como agroquímicos, metales tóxicos y bifenilos clorados, presentes en suelos y pastos "...representan un grave problema para la salud pública...", indica la OMS.

   El uso de sustancias o drogas en los alimentos o en animales que puedan comprometer la salud humana coloca en el centro del debate, la cálida y salubridad de los alimentos.

   Al ser el pan de producto que más consume la sociedad y ser un alimento que "no se lava ni se pela", la salud queda expuesta a serios riesgos; hecho que se agrava si los consumidores pertenecen a grupos social y biológicamente vulnerables (comprometidos por la insuficiencia de alimentos).

   Agroquímicos en los vegetales, hormonas en las carnes, aditivos en los alimentos elaborados son el mapa de un sendero que, seguramente, no conduce a la salud.

   A la vista de que la única forma segura para no ingerir sustancias extrañas es un estricto ayuno, será mejor hacer la vista gorda al menos tres veces al día. De todas formas, no todo está perdido: un mayor control administrativo para que se cumplan las normas sanitarias y bromatológicas y una actitud más comprometida de la comunidad pueden ser la mejor manera de asegurar una alimentación más sana.

 



Si tiene alguna duda o sugerencia, comuníquese con nosotros!