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Los mitos y leyendas envuelven el Volcán Mombacho, en Nicaragua, como las nubes que vagan entre sus bosques. El personal de la Fundación Cocibolca, grupo conservacionista que administra la Reserva del Durmiente Coloso, las conoce muy bien. Algunos dicen que las claras aguas que brotan del subsuelo tienen poderes mágicos. Dicen que si un cazador hiere un animal en el Mombacho, nunca dará con el rastro del herido, y si alguien se roba de ahí una planta, nunca encontrará el camino de vuelta a casa. El volcán encantado está en Granada, al suroeste de la capital Managua, observando la ciudad desde la orilla del enorme Lago Cocibolca. Cerca de 696 has de este bosque de altura fueron declaradas reserva en 1983. Pero el decreto oficial no está protegiendo el bosque mejor que los ancestrales mitos. Determinados a hacer de esta reserva un moderno modelo de conservación, la Fundación Cocibolca ha aceptado el reto de proteger y manejar los recursos del área. La Fundación Cocibolca firmó hace dos años un acuerdo con el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARENA). Fue la primera vez que se le concedió a un grupo conservacionista la responsabilidad de manejar un área protegida. "MARENA no tiene la capacidad operacional para administrar todo el sistema de 73 áreas legalmente establecidas", explica Mauricio Fonseca, director general de Áreas Protegidas, Pesca y Fauna. "Por eso, la ley nos permite co-administrar las áreas de conservación con instituciones científicas y organizaciones privadas". El esfuerzo de la Fundación es financiado por una donación de $325.000 de la Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional. En búsqueda de fuentes sostenibles de recursos para los vecinos del volcán, Cocibolca está trabajando con los productores de café, cuyas plantas cargadas del aromático grano crecen bajo la sombra del bosque. Sin embargo, cada vez más, los finqueros están derribando los árboles de las laderas del volcán. Las plantas de café a pleno sol producen más, pero también necesitan de mayores dosis de agroquímicos. Otro de los retos que deben enfrentar los conservacionistas son los colonos de corta y quema, que avanzan hacia arriba derribando el bosque, así como los cazadores ilegales, cortadores de leña y recolectores de orquídeas. Las 87 especies de orquídeas que se hallan en el volcán alcanzan altos precios en los viveros locales. Juan Carlos Martínez, director de la Fundación, también puso al descubierto una red de traficantes de aves, que opera en el Mombacho. Las aves capturadas, especialmente tucanes y loras, son vendidas libremente en las calles de Managua y en los mercados. Además de buscar soluciones a todos estes problemas, los biólogos de Cocibolca estudian la flora y fauna del Mombacho, que salvaguarda 457 especies de plantas, 118 de aves y una lindísima mariposa, la mombachoensis, que no se encuentra en ningún otro lugar de la Tierra. Con la difusión de los esfuerzos de la Fundación, los nicaragüenses se muestran entusiastas por ascender los legendarios y nubosos bosques del volcán. Los biólogos esperan tener senderos listos en un año, con la esperanza que el ecoturismo también ofrezca beneficios económicos a las comunidades locales. Otro mito del Mombacho habla de una anciana, según dicen protectora del bosque, que aparece en medio de la bruma con un largo vestido blanco y se desvanece tan pronto uno se acerca. No importa lo que suceda; los biólogos y guardaparques de la Fundación Cocibolca con gusto lo llevarán en un recorrido por el lugar.
Contactos en Nicaragua: Fundación Cocibolca Mauricio Fonseca |
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