La Utopía Climática
Dr. Luis Fernández


 

Introducción:

   Los científicos especulan con la posibilidad que los dinosaurios se extinguieran después que un asteroide gigante impactase contra la Tierra y lanzase tanto polvo a la atmósfera que el mundo permaneció tres años sumido en la oscuridad.

   Actualmente, muchos investigadores creen que los seres humanos pueden estar provocando algo igual de inquietante: cambios climáticos que tendrían lugar en el siglo que viene y que serían los más profundos desde el amanecer de la civilización.

   De hecho, el problema de la relación entre Naturaleza y Sociedad ha suscitado a lo largo de los tiempos diversas posiciones pero lo cierto es que, a menudo, sin clara conciencia de sus perniciosos efectos, el hombre lleva ya mucho tiempo influyendo negativamente sobre su entorno, aunque tal femómeno haya empezado a resultar mas grave desde el siglo pasado, con la plena aplicación del conocimiento científico-teórico al progreso tecnológico-práctico, proceso que, impulsando el desarrollo industrial, ha significado el mayor impacto humano sobre la naturaleza.

   Que determinadas actividades humanas pueden provocar modificaciones climáticas que afectan a los seres vivos parece, a primera vista, un descubrimiento moderno; sin embargo, esta circunstancia ya fue percibida por Lucio Julio Columela (nacido en Cádiz en el año 54 d.C.) para quien "...el clima y el tiempo experimentaron cambios a lo largo de las épocas pues en ciertas latitudes los inviernos menos crudos habían permitido cultivar la vid y el olivo allí donde antaño no podían crecer..."

   Algunos siglos antes Platón había formulado en "Las Leyes" una cuestión teórica "...¿Podémos suponer que no han existido en el mundo múltiples cambios climáticos que provocaron modificaciones en los organismos vivos?...". El filósofo relacionaba tales cambios con el auge y declive de Estados e Instituciones.

   Por su parte Aristóteles señalaba que "...las alteraciones climáticas son difíciles de distinguir porque acaecen lentamente durante largos períodos de tiempo...".

   Teofrasto, filósofo y naturalista griego (374-287 a.C.) comprobó que ciertas labores humanas, como drenaje o desforestación, podían generar cambios climáticos locales, afectando a lo que hoy denominamos "microclimas", fluctuaciones que sí podían ser percibidas. Afirmaba que el ciclo de las estaciones nunca ha sido idéntico en años diferentes y que las fuentes antiguas ya señalaban períodos de calor o frío inusuales lo mismo que sequías o inundaciones.

Existe un cambio climático ?

   Durante mucho tiempo el hombre fue paciente testigo de los cambios climáticos: períodos glaciares han alternado con otros cálidos y, aunque actualmente nos encontramos en uno de éstos últimos, hace sólo 20.000 años los hielos perpetuos cubrían casi un tercio de la superficie del planeta.

   La climatología sirve para hacer pronósticos, no titulares de tapa.

   Predecir cómo se comportará el clima en las próximas décadas no constituye una tarea simple ni cosa fácil. De eso tiene más que experiencia los meteorólogos y con sobradas pruebas cuenta el lector que atiende a los pronósticos meteorológicos cotidianos. Predecir lo que ocurrirá con el clima del planeta dentro de un siglo o, apenas dentro de algunos años, es mucho más complicado. Para colmo, el resultado de tanto esfuerzo no puede ser tomado al pie de la letra: los científicos insisten en que sólo es una predicción cuyo parecido con la realidad no es en absoluto casual, pero que no deja de estar sujeto a un alto grado de incertidumbre. Los modelos utilizados tiene una resolución escasa y aún falta mucho para encontrar en ellos cierto grado de confiabilidad.

   El problema radica en que los resultados provisorios de cualquier modelo suelen ser manejados con otros fines diferentes a los científicos. No es descabellado imaginar que una industria cuya economía gira alrededor del consumo de combustibles fósiles vea con más agrado aquellos modelos que minimizan los efectos del dióxido de carbono de origen tecnológico (no es necesario un gran esfuerzo imaginativo para plantearse la situación inversa).

   Más allá de estas especulaciones económicas y políticas de las que siempre están barnizados los problemas ambientales, están también las especulaciones científicas, las que deben manejarse con sumo cuidado (sorprenderá que últimamente han surgido modelos que indican que una consecuencia del calentamiento global del planeta sería ... ¡la disminución de la temperatura!).

Aumento inquietante

   Desde hace ya bastantes años existe entre los estudiosos del clima la preocupación por la elevación de la temperatura global del planeta. Las predicciones realizadas revelarían que los próximos siglos la Tierra se vería amenazada por catástrofes naturales originadas en éste fenómeno: el deshielo parcial en los polos causará el aumento del nivel de los océanos y hará desaparecer bajo las aguas muchas islas y las costas más bajas de los continentes. Además, asociados con el aumento de la temperatura, estarán los cambios climáticos locales que pueden ocasionar serios disturbios en el ambiente.

   La razón de este lento pero, aparentemente, inexorable aumento de la temperatura se atribuye a la potenciación del "efecto invernadero", término utilizado comunmente para explicar porqué algunos gases que se encuentran en la atmósfera tiene la propiedad de hacer que la temperatura global de la tierra se mantenga en valores promedio cercanos a los 15 ° Centígrados. De hecho, sin esos gases, la temperatura del planeta sería bastante inferior a 0° C, o sea, por debajo del punto de congelación del agua.

   El aumento de la temperatura global del planeta parece coincidir con el desarrollo industrial de la humanidad y se ha asociado con el incremento del contenido de dióxido de carbono en el ambiente. No hay duda que el CO2 está aumentando en relación directa con la actividad humana, pero, aunque no es posible probar, aún, que está causando un cambio climático, si podría estar generando importantes oscilaciones ambientales.

   En 1850, época en que la Revolución Industrial se hallaba en toda su plenitud, se acentuó considerablemente la influencia del hombre en su medio natural. La evaluación más reciente indica que desde 1860 hasta el presente la temperatura promedio del planeta aumentó 0,7° C, aunque la opinión más optimista, dada por un Panel de Científicos de las Naciones Unidas (IPCC), ubica este incremento entre 0,3 y 0,5 ° Centígrados.

   Lamentablemente, aún hoy, a pesar de los avances tecnológicos del siglo 20 y de las posibilidades de su aplicación a la temática ambiental, la diversidad del ecosistema natural es tan grande y los mecanismos que lo regulan son tan complejos que el grado de exactitud de la mayoría de los datos puntuales sólo nos permiten llegar a conclusiones aproximadas. Mas aún , quedan incertezas relacionadas con las mediciones de la temperatura ya que las mismas tienden a representar mas bien el recalentamiento de áreas urbanas antes que un auténtico cambio de temperatura global del ambiente, magnitud por otra parte difícil de definir .

   En Inglaterra, el Centro Hadley para la Investigación del Clima se arriesga a dar cifras concretas. Hasta el año 2030, En la Europa del sur las temperaturas subirán entre dos y cuatro grados, el nivel del mar ascenderá de l5 a 20 centímetros y las precipitaciones se reducirán en un l7 por ciento.

   Los ciudadanos, asombrados por las extrañezas meteorológicas de estos últimos años, también se hallan convencidos que el clima está cambiando. Pero, un último informe de Accu-Weather, la mayor organización meteorológica privada del mundo, parece indicar lo contrario: "los datos muestran que no hay aumentos en la frecuencia de huracanes, tornados, inundaciones o sequías; los valores extremos de temperaturas y precipitaciones no son mayores que hace cincuenta o cien años, y el aumento de 0,5 grados que las temperaturas han experimentado durante el último siglo forman parte de una tendencia natural, no provocada por las mayores emisiones de CO2". (La temperatura media del Polo Norte ha descendido 0.3º en las últimas décadas). Nuevos datos sobre la evolución de la temperatura del planeta, colocaría a 1997 como uno de los períodos mas fríos de los últimos 18 años.

Gritan ¡fuego en el escenario!

   "...Sienta en su piel el calor del planeta achicharrándose por el efecto invernadero...", "...ahóguese con los casquetes polares derretidos...". Estas son algunas de las increíbles predicciones realizadas por los augures de la hecatombe ecoambiental que inevitablemente sobrevendrá. Ostentosos pronunciamientos efectuados con un criterio alarmista (y agregamos, casi irresponsable) que conducen a planteos catastrofistas e intentan profundizar la sensación de pánico.

   En una sociedad que día a día apuesta a la investigación y al desarrollo de nuevas tecnologías como único camino seguro hacia el crecimiento y progreso en plena armonía con la naturaleza, es necesario una aproximación prudente a la cuestión.

   Es cierto que todavía hay mucho que investigar ya que no contamos con un conocimiento concluyente sobre el comportamiento del clima en las próximas décadas. El problemas es por demás complejo y las incertidumbres numerosas pero, quizás no tengamos tiempo para obtener ese conocimiento concluyente.

   Hace cinco años, mas de un centenar de presidentes y ministros de todo el mundo rubricaron una declaración de intenciones, llamada Programa 21 y Convenios sobre cambios climáticos y biodiversidad, a los que luego se agregara el de desertización, que apuntaban a trabajar sobre medidas destinadas a limpiar la atmósfera y preservar los bosques, ríos y mares.

   Cuando se clausuró la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en 1992, uno de los acuerdos mas esperanzadores fue el compromiso de reducir para el año 2000 las emisiones de gases que agravan el calentamiento de la Tierra a los niveles registrados en 1990. Las predicciones sobre el calentamiento global llevó a 161 países a firmar el primer acuerdo directamente relacionado con el Cambio Climático (Convención que, en realidad, exigió malabarismos de redacción y que termina no comprometiendo mayormente a los Estados signatarios).

   La necesidad de ponerle límites a aquellas actividades industriales que contribuyen a modificar el clima terrestre a escala global (cuyas consecuencias afectarían el nivel del mar, las temporadas de lluvias y la producción normal de alimentos) implicará reducir las emisiones de gases provenientes de combustibles fósiles en las próximas décadas.

   Sólo cinco años después, se tiene la certeza absoluta de que este cometido será imposible de cumplir ( Las naciones industrializadas, con un quinto de la población mundial, arrojan a la atmósfera dos tercios de los gases vinculados con el aumento de la temperatura de la Tierra).

   La demanda mundial de petróleo en 1995 ascendió, en promedio a 68 millones de barriles-día. Las proyecciones anticipan un crecimiento geométrico promedio anual de 2.1% hasta el 2015, lo cual resulta en una demanda promedio total agregada de 99 millones de barriles-día; es decir, que la demanda agregada crecerá 46% en el curso de los próximos 20 años.

   El Consejo Mundial de Energía, una organización de investigación independiente, publicó en 1996 el resultado de unos estudios sobre el incremento de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) entre 1990 y 1995: aumentaron un 12 por ciento.

Promesas Vs. Realidades

   Dado este marco de referencia y en pleno desarrollo económico con ambiciosos programas de consumo energético ¿se podrán llevar a la práctica aquellas aspiraciones de estabilizar las emisiones de gases al llegar al próximo milenio?; ¿se lograrán adoptar plazos vinculantes y establecer nuevos límites como un primer paso hacia la prevención de una crisis climática?.

   Los gobiernos del mundo se reunieron en Kioto, Japón, en la Tercera Conferencia de los Estados Partes de la "Convención Marco sobre Cambio Climático" a fin de decidir las metas, plazos y medidas que adoptarán para reducir las emisiones de gases que incrementan el efecto invernadero de los países industrializados luego del año 2000.

   Los documentos científicos que se presentaron en Kioto subrayaron la urgencia de reducir las emisiones de gases que contribuyen al calentamiento global ante las evidencias de que las actividades industriales están afectando el clima terrestre a escala global.

   La necesaria reconciliación entre economía y ecología volvió a ser debatida en esta Cumbre y los dirigentes mundiales han tenido (más de 160 países representados) una nueva oportunidad para amigar "Economía-Desarrollo y Ambiente", en esta reunión internacional, la más importante sobre Cambio Climático desde 1992.

   El dilema de los cambios climáticos y el índice de recalentamiento global, tema central durante las últimas reuniones de la Asamblea General de Naciones Unidas, debería haberse esclarecido en diciembre de 1997 en la Conferencia de Kyoto, Japón; sin embargo, las negociaciones se transformaron en una puja entre los países del Primer Mundo (sostenían posturas encontradas) para ver quien eludía de mejor manera la adopción de metas que condicionarían sus patrones de consumo.

   Aunque la administración Clinton había aceptado las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático -red mundial de científicos creada en 1988 y patrocinada por las Naciones Unidas- que reunidos en Madrid a fines de noviembre de 1995, habían manifestado que "...el balance de las pruebas sugiere que existe una influencia humana perceptible o apreciable sobre el clima global...", todavía tiene que formular una política de negociación específica luego del Encuentro Internacional de Kyoto, Japón. El gobierno tampoco aprobó cambios adicionales en la política energética estadounidense que apunten a reducir el ritmo de crecimiento sostenido del dióxido de carbono en la atmósfera.

   Por el contrario, el gobierno está preparando el terreno para las batallas políticas por venir. Como dijo el presidente Clinton en un discurso pronunciado en junio de 1997 ante las Naciones Unidas: "...Para hacer nuestra parte, primero tenemos que convencer al pueblo estadounidense y al Congreso de que el problema del cambio climático es real e inminente...", y parece ser, que ese, es un jurado escéptico

   Sin embargo, eso podría ser políticamente difícil de concretar. De hecho, el Senado de los Estados Unidos subrayó ese punto a fines de julio del corriente año: por el voto de 95 a 0, aprobó un proyecto de resolución presentado por el senador Robert Byrd (demócrata, West Virginia) instando al gobierno a no firmar el tratado en Kyoto si este causase "daños serios" a la economía de los Estados Unidos, (mantenimiento del estilo de vida americano ?) o si no le exigiese a las naciones en vías de desarrollo que cumplan con exigencias comparables. El Senado tendrá que ratificar cualquier acuerdo surgido de Kioto, y ninguna de las dos condiciones serán fáciles de cumplir.

   EE.UU. depende en un 85% del combustible fósil y los estudios realizados aseguran que reducir las emisiones de gases de invernadero al nivel existente en 1990, supondría una reducción de su producto bruto interno entre el 1 y 2 por ciento y un costo anual de 100.000 millones de dólares.

   Actualmente, Estados Unidos estaría obligado a cumplir con las metas establecidas en la Convención Marco sobre Cambio Climático que se negoció en la Conferencia de las Naciones Unidas de 1992 sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, que tuvo lugar en Río de Janeiro. La misma exige que los países desarrollados estabilicen las emisiones de gases de efecto invernadero hacia el 2000 a niveles similares a los existentes en 1990, al mismo tiempo que los países en desarrollo convinieron medidas paliativas menos específicas. El presidente Clinton adoptó estas metas en un discurso pronunciado en 1993, prometiendo reducir las emisiones de los Estados Unidos a los niveles de 1990 hacia el fin de la década.

   Pero, en la primavera de 1996, Timothy Wirth, subsecretario de Asuntos Globales del Departamento de Estado, y otros funcionarios gubernamentales admitieron que nunca iban a cumplir con ese objetivo. Las proyecciones actuales colocan a las emisiones de los Estados Unidos en un 1,3% por encima de los niveles de 1990 hacia el fin de la década, con incrementos sostenidos para el futuro previsible. Y Estados Unidos no está solo; la mayoría de los países que se comprometieron con los límites de emisiones luego de la convención de Río, no llegarán a cumplir con sus metas, siendo ello la razón por el cual se suponía que la ronda de Kyoto se concentraría en metas claras y de cumplimiento obligatorio.

   El gobierno de los EE.UU. sugirió estabilizar las emisiones de gases a nivel de 1990 entre el 2008 y el 2012 e intentar una reducción para el lustro posterior (EE.UU. aporta mas del 33% de las emisiones mundiales de CO2, con un 4,5% de la población mundial.

   La Unión Europea sugiere recortarlos en un 15% por debajo de los niveles de 1990 para el 2010 (la Unión Europea es responsable del 21% de las emisiones mundiales de CO2, con un 6% de la población total).

   Japón propone recortar en un 5% el nivel de 1990 para el 2010. Los países en desarrollo insistieron en que, en los siguientes 10 años, se alcance el 35% de reducción, teniendo como referencia los valores de 1990.

Las nuevas leyes del juego

   Solo a partir del 2008 los países industrializados acordaron una reducción promedio del 5,2% del nivel existente en 1990, en las emisiones totales de gases que han acelerado de manera considerable el "efecto invernadero".

   El acuerdo aspira a reducir en conjunto las emisiones de un grupo de seis gases. En primer lugar, propone reducciones en los tres gases más importantes (dióxido de carbono, óxido nitroso y metano) que serán medidas en base a los niveles de 1990. En segundo lugar, estipula la reducción de las emisiones de los denominados gases industriales de larga vida (hidrocarburo perfluorado (PFCs), hexa-fluoruro sulfúrico (SF6) y hidrofluorocarbonados (HFCs) que pueden ser medidas sobre una base de los niveles de emisiones de 1990 o 1995.

   Debido a que muchos países industrializados no alcanzaron los objetivos de retrotraer los niveles de emisión de gases de invernadero a los niveles de 1990 para el año 2000 (de hecho, sus emisiones de gases crecieron desde 1990), las reducciones totales previstas por el Protocolo firmado en Kyoto representarían una reducción real de alrededor del 10%.

   Las reducciones deberán ser logradas entre el 2008 y el 2012. Los países de la Unión Europea deberán bajar sus emisiones en un 8%; los EE.UU. en un 7%; Japón, Canadá, Polonia y Hungría en un 6%. Rusia, Ucrania y Nueva Zelanda podrán mantener sus niveles actuales; Noruega, Australia e Islandia pueden aumentarlos hasta en un 8% aproximadamente.

   El Protocolo, firmado el 11-12-97, urge a los Gobiernos a mejorar la eficiencia energética para reducir las emisiones de gases de invernadero, reformar las estructuras de transporte y energía, proteger los bosques en cuanto son áreas de absorción de carbono, promover las formas alternativas de energía renovables, derogas las medidas fiscales inadecuadas y las imperfecciones del mercado de los secotres involucrados en las emisiones de gases de invernadero y limitar las emisones de metano de los sistemas energéticos y de eliminación de residuos.

   A estas alturas lo que se discute no es el Cambio y sus efectos sino el calendario

   La Cumbre Climática se organizó para intentar poner la casa en orden y establecer nuevas leyes de juego que sean respetadas por todos los gobiernos, ¿podremos asegurar que esto vaya a acontecer?.

   Los medios de comunicación, profetizando un inevitable e ineludible ocaso con trivialidad simplificadora (ayudados por las características "histerias" de fin de siglo) trataron de transformar a la Cumbre en un gran espectáculo y convencernos, en una especie de psicósis climática, que se jugaba el destino de la humanidad; sin embargo, la reunión ha dejado mas sinsabores e inquietudes que satisfacciones y las voces del triunfalismo del progreso se ven acalladas por el avance del deterioro ambiental, las desigualdades sociales y la pobreza en el mundo.

   El Protocolo se abrirá a la firma en Nueva York a partir del 16 de marzo de 1998 y entrará en vigor 90 días después de haber sido suscripto por lo menos por 55 países que representen el 55% del total de las emisiones de gases de invernadero efectuadas para 1990 por los países desarrollados.

   Mientras trataba de desarrollar una posición negociadora en la reunión, el Gobierno Americano parecía estar atrapado entre varios lobbies poderosos. Las industrias que con mayor probabilidad se vean afectadas por los límites a las emisiones de dióxido de carbono -transportes, minería y energía- instan a un enfoque de marcha lenta. "...Creemos que no hay necesidad de apresurarnos a firmar el tratado hasta que la gente tenga mejor información...", dice Gail MacDonald presidente de la Global Climate Coalition (Coalición para el Clima Global), entidad patrocinada por la industria y que agrupa unas 230 mil empresas. El trabajo de análisis afirma que "...tenemos una década para enfrentar estos problemas...".

   Los grupos ambientales vienen sosteniendo exactamente lo contrario, afirmando que la única política confiable "sin lamentos" es la acción inmediata ya que parece existir un esfuerzo sistemático para socavar y desacreditar los trabajos científicos que describen los mecanismos del recalentamiento por el efecto invernadero y las tendencias de las emisiones de gases de ese fenómeno. Aseguran que las alteraciones que han experimentado los fenómenos metereológicos durante los últimos años parecen indicar, bien a las claras, que el cambio climático ha comenzado (las estrategias de "esperar y ver", si bien generan bajos costos en el corto plazo, podrían agravar seriamente el problema; cuando dispongamos de todas las evidencias, tal vez, sea demasiado tarde.

   Aunque es difícil cuantificar la responsabilidad, debido a las fluctuaciones naturales del clima, en el último siglo el hombre ha colaborado, a través de sus múltiples actividades y de manera considerable, al calentamiento global del planeta.

   Reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases vinculados al efecto invernadero (metano, óxido nitroso, etc.) no sólo significaría quemar menos combustible fósil para la industria y el transporte, sino también frenar la deforestación -un proceso que agrava el exceso de CO2-.

Bienestar oligárquico

   La lucha contra el calentamiento del planeta es un problema global y una de las cuestiones ambientales mas importantes y, ciertamente, una de las mas visibles a nivel internacional.

   Si bien la distribución de responsabilidades es global (cada país contribuye en cierta medida a la emisión de gases invernaderos) es fuertemente asimétrica: los países industrializados han sido, históricamente, los responsables primarios en la generación del cambio climático.

   Con menos del 25% de la población mundial, los países industrializados que poseen más del 80% del parque automotor y manejan más del 83% del total mundial de importaciones y exportaciones, consumen más del 75% de la producción mundial de energía, el 75% del acero y el 85% del papel y de los metales no ferrosos y son responsables de más del 70% de las emisiones totales del dioxido de carbono, no parecen estar dispuestos a realizar el esfuerzo que supondría reconvertir el sector industrial y la utilización de tecnologías mas limpias.(el cambio climático pone, potencialmente, en peligro sus tasas positivas de crecimiento económico y su competividad internacional) .

   Recordemos que América Latina aporta alrededor del 6% de las emisiones de CO2 con un 8% de la población mundial.

   La Conferencia sobre Cambios Climáticos, celebrada en Berlín en mayo de 1995, certificó esa tendencia y pospuso para 1997 las metas y plazos para la reducción de los gases responsables del efecto invernadero. La Comisión Europea fijó como objetivo reducir el 10% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en la imprecisa fecha de "...antes del 2010...".

El porvenir previsible dista del color rosa

   La distribución de los trastornos socioeconómicos y humanos también será global pero con una distribución fuertemente desigual: las naciones en desarrollo sufrirán mas, es mayor su vulnerabilidad y disponen de menores recursos económicos y técnicos para adaptarse o mitigar el impacto social y económico de los cambios climáticos.

   Esta disparidad entre el Norte y el Sur en la producción de los gases invernaderos, es el síntoma mas evidente del carácter no sostenible del actual patrón de desarrollo global y los países en desarrollo deberán compartir una serie de impactos ambientales muy fuera de proporción con respecto a su contribución al problema.

   Las medidas meramente cosméticas, que si bien resultan particularmente relevantes desde la pespectiva de los países desarrollados, soslayan efectos que una vez producidos serían irreparables.

   En un mundo con necesidades sociales pendientes de satisfacción, o con patrones de consumo cada vez mas inequitativos, y con recursos naturales que se agotan o son crecientemente afectados, resulta difícil sostener el discurso técnico y las sutiles disquisiciones centradas en aspectos científicos y tecnológicos dejando de lado algunas de sus implicancias de largo alcance.

   Debemos encontrar un camino para las emisiones de gases vinculados con el calentamiento global que permita mantener las concentraciones en un nivel bajo y eso implicaría reducirlas significativamente por debajo de los niveles de 1990. Decisión clave para el ambiente pero también para una economía en expansión.

   La Tierra, nuestro planeta, se está calentando; ¿se trata de un proceso natural, dentro de la variabilidad del clima general del planeta, o por el contrario, es un aumento de la temperatura potenciado por la acción del hombre?.

   En tanto las inevitables incertidumbres científicas sean tan altas, no deberíamos comprometernos con un futuro que, quizás, podría acarrear consecuencias graves. Una vez mas la respuesta está en la cautela y la prevención.






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