Editorial  
 


Especies Autóctonas Vs. Exóticas


Foto ANG
Antonio Nicolás Gillari
Director General

   Hoy, con la idea de la globalización en la información, podemos determinar que a lo largo de la historia ya existieron distintos intercambios de especies a nivel mundial.

   Los numerosos viajes de los colonizadores o "conquistadores" que surgieron del Viejo Mundo, especialmente de España, Portugal, Francia e Inglaterra, hacia los confines más recónditos del planeta, y muy especialmente a América, Asia y África, determinaron que desde y hacía esos lugares comenzara un flujo de intercambio de especies tanto animal como vegetal.

   Desde Ámerica, se llevó a Europa el maíz, la papa (o patata), la mandioca, el cacao, el tabaco, etc. Se trajo el trigo, la cebada, el café, la caña azúcar, la vaca, el caballo, la oveja, etc. Desde Asia, las especias (tan importantes desde los tiempos bíblicos) produjeron un mercado tan intenso como productivo para el intercambio comercial y cultural de los pueblos. Posteriormente, el arróz, contribuyó a paliar la hambruna que asolaba al mundo conocido.

   El mercado de los minerales no se quedó atrás. El oro y la plata americana y africana, produjeron en el tiempo de la conquista y hasta hace muy poco tiempo -además de las muertes directas por la explotación-, continuas contiendas bélicas entre los grandes imperios de la época. Los corsarios y piratas, colaboraron muchísimo en esas guerras por la supremacía y la tenencia de los valiosos metales.

   Lo positivo de todo esto que puedo determinar en prima fasie es que, la consecuencia del intercambio de especies vegetales y animales para el consumo humano permitió disponer de un aparente equilibrio en la distribución de los alimentos necesarios y lograr la expansión demográfica a zonas inhabitables. Hoy, la solución al hambre mundial, no pasa por incrementar la superficie o la sobreexplotación de la producción agrícola-ganadera, sino, por la justa distribución de los alimentos. Es decir, que la solución pasa por darles a los pueblos sub-alimentados el acceso económico equitativo para adquirirlos.

   A la biodiversidad, por suerte, en la actualidad se le da la importancia que merece. Costó mucho hacer entender que sin ella, el equilibrio de una región determinada puede correr peligros catastróficos.

   Cuando se reemplazan añosos bosques nativos, ricos en una diversidad biológica tanto en su flora como en su fauna por plantaciones "comercialmente rentables", como lo son las del eucaliptus o el pino, se están acotando a un volumen maderable determinado.

   Debería ser tomado en cuenta la explotación racional sustentable de la totalidad de los recursos de los bosques nativos. La ecuación costo-beneficio económico resultará seguramente más productiva, mientas que la ecuación costo-beneficio ambiental será muy positiva.

   Los daños producidos durante años por la inserción de especies exóticas al ambiente, seguramente de buena fe y por el desconocimiento de las consecuencias futuras, hoy nos muestra el impacto negativo resultante. Miles son los ejemplos. La introducción de los castores, truchas y salmones canadienses, conejos europeos y ratas almizcleras norteamericanas en la isla de la Tierra del Fuego, al igual que las ratas y las moscas -completamente involuntaria porque ingresaron con las cargas- en Australia, producen estragos en la población local.

   Qué solución le damos a esos ejemplos. ¿Se imaginan cómo reaccionarían los grupos conservacionistas si se pretende a esas poblaciones exóticas insertadas exterminarlas por métodos drásticos? ¿Pero cúal es la solución? ¿Invertir millones de dólares en capturarlos vivos y enviarlos a su lugar de origen ? Pero, si ese método podría ponerse en práctica, ¿tenemos derecho a enviarles a Canadá todos los castores? Hoy se calcula que la población llega a los 250.000 ejemplares. En 1947 se extrajeron de allí solamente 25 parejas. Se imaginan el impacto que producirían esa cantidad.

Homenaje a Cabezas

   La falta de enemigos naturales y la gran proliferación de éstos, hicieron lo demás. Lo mismo con las ratas almizcleras, los conejos, las truchas y salmones, las ratas y las moscas. En todos estos casos, estas introducciones han producido la extinción de especies autóctonas. ¿Éstas no cuentan?

   Hasta el próximo número

 





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