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España es el país europeo donde hay más abrigos de piel por persona, seguida por Grecia e Italia. Curiosamente se trata de los países más cálidos de Europa, lo que confirma que estas prendas han perdido su función esencial de abrigo para pasar a ser símbolo de lujo. En Gran Bretaña la presión popular ha hecho que los famosos almacenes Harrods dejaran de comercializarlos. Lejanos han quedado los días en que calzarse un abrigo de piel era una cuestión de supervivencia. Hoy día estas prendas han pasado a convertirse en un símbolo de lujo. Sucede, sin embargo, que este lujo cuesta la vida a sesenta millones de animales cada año. Mucha gente desconoce que para hacer un abrigo de chinchilla se necesita la piel de 250 animales, 200 para uno de armiño, 60 para los de visón o de marta, 30 para uno de castor o 20 para los de zorro. Argumentan los fabricantes que estos animales son criados en granjas, lo que no supone riesgo para la especie en cuestión. Una excusa poco convincente, ya que la mayoría de estos animales son especies salvajes que no se pueden domesticar, que necesitan mucho espacio para subsistir y para los cuales estar encerrados en una jaula de pequeñas dimensiones no es lo que puede llamarse una forma digna de vida. Además, con la intención de crear ejemplares de determinados tamaños, colores o calidades de piel estas especies son sometidas a manipulaciones genéticas y a una muerte cruel, sea despellejados vivos, electrocutados, gaseados o estrangulados. Por otra parte las granjas no han hecho desaparecer la captura de animales silvestres, ya que más del 20% de los ejemplares que se utilizan en peletería son salvajes, lo que supone un grave peligro de extinción para muchas especies. Una de las soluciones propuestas para evitar el sufrimiento y la muerte de estos animales es la utilización de pieles sintéticas. Se dice también a su favor que éstas son tan bonitas y abrigan igual que las naturales, que incluso pesan menos y que son mucho más baratas que aquellas. Ahora, si bien es cierto que constituyen un mal menor, no es correcto sostener que las pieles sintéticas son ecológicas, pues se fabrican con derivados de recursos no renovables como el petróleo, su proceso de elaboración es contaminante y el producto final no es biodegradable. Las campañas de concienciación ciudadana llevadas a cabo en muchos países de Europa han producido un drástico descenso de la demanda de pieles, bajo la consigna de que no existe la necesidad (ni siquiera ya la moda) de utilizar este tipo de abrigos y que con ello se evita el sufrimiento de muchos animales y un daño a la naturaleza.
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