Nucleares y ambientalistas juntos
La CNEA sólo puede salvarse si cambia

Lic. Eduardo Calvo Sans
Físico - Periodista Científico

calvosans@percal.edu.ar



 

   Para sobrevivir, la Comisión Nacional de Energía Atómica debería aliarse con los ambientalistas y convertirse en COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍAS ALTERNATIVAS. La cumbre mundial sobre el cambio climático, en Buenos Aires, brindara la oportunidad para esta transformación.

   Dos hechos, marcan a fuego las posibilidades y limitaciones que deberá enfrentar la actual CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica).

   Por un lado, en Kyoto (Japón, dic97, Conferencia de la Partes de la Convención Marco sobre Cambio Climático), los países desarrollados se comprometieron -de mala gana- a frenar en los proximos años las emisiones de dióxido de carbono, culpables del recalentamiento del planeta.

   Por otro lado, refiriéndose a 1998, el licenciado Juan Carlos Del Bello (Secretario de Ciencia y Tecnología) anunció recientemente que "es muy probable que sea un AÑO DE ESTUDIO Y DEBATE acerca del papel de la Comisión, que perdió su misión cuando el plan nuclear quedó trunco" ("Llega la hora de la gran empresa científica", Nora Bar, La Nación, 21dic97).

   Este debate tendrá un condicionante básico: a partir de Chernobyl, LO ÚNICO QUE PUEDE EVITAR LA DESAPARICIÓN DE LA ENERGÍA NUCLEAR ES EL RECALENTAMIENTO PLANETARIO. Aquí se vinculan ambas noticias, la relacionada con la CNEA y la referente al cambio climático.

   Del Bello anunció el debate para este año, durante el cual la problemática sobre el cambio climático se trasladara a la Argentina. Continuando la cumbre de Kyoto, en noviembre volverán a reunirse en Buenos Aires representantes de todos los países para acordar como y cuando implementar categóricas restricciones a la emisiones de dióxido de carbono. Tendrán esta vez menos tiempo para perder.

PROPUESTA

   Quiero iniciar el anunciado debate sobre la CNEA haciendo una propuesta: CONVERTIRLA EN UNA COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ALTERNATIVAS. Conservando la misma sigla identificatoria, podría asumir sus actuales funciones y, aprovechando sus recursos técnicos, aportar al desarrollo en nuestro país de TODAS LAS ENERGÍAS QUE NO LIBERAN DIÓXIDO DE CARBONO a la atmosfera.

   Se lograría un paso importante: nuestra energía nuclear quedaría embanderada con el cuidado del medio ambiente, desvinculándose definitivamente de la imagen -ya sin sentido- construída por quienes la pensaron como opción militar.

   Estoy convencido que, aunque difícil de masticar, ESTA IDEA PUEDE SER RESPALDADA POR LA COMUNIDAD CIENTÍFICA O AL MENOS ACEPTADA COMO INEVITABLE.

QUE NO MUERA LA OPCIÓN NUCLEAR

   Para muchos especialistas, LA ENERGÍA NUCLEAR CONVENCIONAL RESULTARÁ INDISPENSABLE para enfrentar el cambio climático. Hasta que la fusión este disponible, los reactores de fisión serán la unica fuente capaz de cubrir el grueso de las necesidades de una humanidad que reclama desarrollo pero que no puede darse el lujo de recalentar al planeta.

   La industria nuclear tendría así una nueva oportunidad. Pero, todo hace pensar que, por un tiempo, la inercia frenará los cambios reclamados por los ambientalistas, como lo prueban las postergaciones logradas por Estados Unidos en Kyoto.

   Mientras, es necesario cuidar la tecnología nuclear desarrollada en el país. Hay que preservarla de la competencia desleal con otras formas también no contaminantes de energía, más atractivas pero insuficientes, que no deben verse como enemigas sino como complementarias porque las necesidades serán descomunales y la diversidad de recursos energéticos aporta seguridad.

   Dentro de este marco, en lo inmediato habrá pocos fondos para la energía nuclear. Pero, irán apareciendo recursos para proyectos destinados a cuidar el equilibrio ambiental, que deberían ser canalizados por organismos como la CNEA.

ACERCARSE A POSIBLE ALIADOS

   En el futuro, no habrá lugar para prejuicios ecologistas ni para científicos dogmáticos. Llegó el momento de quienes saben trabajar juntos.

   A partir del actual marco institucional, la nueva CNEA podría impulsar no sólo la energía nuclear sino también la eólica, la solar, la mareomotriz y muchas otras. Pero, HACE FALTA AUDACIA PARA JUNTAR A ATÓMICOS Y AMBIENTALISTAS bajo un mismo techo.

EL GRAN MOMENTO

   ¿Es éste el momento para una salida de esta naturaleza para la actual CNEA?. La respuesta es: sin lugar a dudas, ¡SÍ! Entre otras cosas, !porque es la única posible! LA ALTERNATIVA ES LA MUERTE progresiva de la institución, como ha venido manifestándose en los últimos años con el desmembramiento de su plantel de investigadores.

   En Kyoto, una vez más, no se tomaron las decisiones categóricas reclamadas. Sin embargo, según quedó claro, se avecinan cambios de magnitud que pueden marcar el nacimiento de una nueva cultura.

   Mientras Estados Unidos se resiste a tomar la iniciativa, sería interesante presentarnos en la reunión de Buenos Aires como anfitriones que ya tomaron medidas concretas.

   Se lograría gran impacto si, además de presentar la nueva CNEA, pudiéramos mostrar una ley para fomentar progresivamente -mediante PREMIOS IMPOSITIVOS- la generación de electricidad sin producir dióxido de carbono, marcando que los argentinos podemos adelantarnos a los acontecimientos y no esperar a que los cambios se concreten en el exterior para luego copiarlos.

JUSTO ANTES

   Probablemente estamos viviendo la antesala de convulsiones económicas de magnitud, a dispararse cuando quede claro el peligro encerrado en el cambio climático. Por ahora, los intereses económicos en juego impidieron la toma de conciencia. Pero, algún acontecimiento puede cambiar bruscamente la situación.

   Por ejemplo, ¿qué pasaría si se repite El Niño? Acostumbra manifestarse cada tres o cuatro años, ¡nunca dos años seguidos! Si vuelve a darse en el 98 podría interpretarse como prueba de que el recalentamiento ya esta produciendo desequilibrios inmanejables.

   Si eso ocurriera, rigurosas y no planeadas restricciones a la emisión de dióxido de carbono provocarían desajustes. Es lógico imaginar una etapa de recesión, como la generada en su momento por el incremento del precio del petróleo, donde sacarían ventaja quienes tomen precauciones.

   En resumen, estamos justo a tiempo para tomar la iniciativa y así adoptar una posición expectante frente a las transformaciones que el cambio global provocara. Seguramente, en los proximos años los acontecimientos lo justificarán.

UNA DUDA LÓGICA

   La Tierra atravesó etapas con temperaturas mayores y menores que la actual, asociadas con más altas y más bajas concentraciones de dióxido en su atmosfera.

   La meteorología esta condicionada por la cantidad de carbono total en circulación. La vida, a partir de los procesos de respiración y fotosíntesis, administra la proporción de carbono en la atmosfera.

   El actual equilibrio térmico se alcanzó con una dada masa de carbono circulando por el ecosistema terrestre. Pero, estamos incorporándole más carbono. Durante millones de años permanecio confinado bajo la superficie, como carbón mineral o hidrocarburos fósiles que -al quemarlos- estamos convirtiendo ahora en dióxido atmosférico, alterando la fórmula de equilibrio.

   Aunque detuvieramos la quema de combustibles fósiles, el mundo no volvería a ser el que estabámos acostumbrados, porque ahora hay más carbono en circulación. En términos históricos, la temperatura promedio del planeta sera inevitablemente superior, al incrementarse el efecto invernadero.

   Por supuesto, la gran duda es si el carbono puesto en circulación es realmente significativo. Nadie puede estar seguro. Hay espacio para creer que la hipótesis del recalentamiento es una exageración; sin embargo, NO PODEMOS DARNOS ESE LUJO, ¡porque está en juego todo!

   Más aún, a esta altura esa duda no es tal. En 1988 Naciones Unidas creó el Panel Intergubernamental sobre Cambio climático (PICC), con el fin de mantener informados a los gobiernos. Estos científicos de todo el mundo dictaminaron por primera vez, en el Informe PICC1995, que "la actividad humana muy probablemente modificó el clima terrestre", asegurando que el tan temido proceso de recalentamiento no natural está en marcha.

IMPACTO EN EL PAIS

   Vivimos la borrachera del gas. Los argentinos jugamos a que este recurso puede ser quemado como si fuera inocuo e inagotable, cuando genera dióxido de carbono y sus reservas sólo pueden durar decadas. En estos días, Argentina se perfila como abastecedor del Mercosur, a partir de excedentes momentáneos a ser aprovechados en Chile y Brasil.

   Pero, vender recursos naturales no renovables es mal negocio. Virtualmente no activa los mercados internos y, agotados los yacimientos, las explotadoras se van dejando un tendal y poca riqueza tecnológica en el país.

   La Argentina puede ofrecer más que petróleo crudo o gas a granel. En el campo energético conviene aprovechar todo, exportar insumos del mayor valor agregado posible, dar plena ocupación a nuestros técnicos, diversificar las fuentes para disminuir los riesgos e incentivar el desarrollo en remotos parajes a partir de emprendimientos singulares.

   Una nueva CNEA podría aportar a ese fin, SI EVITAMOS QUE MUERA DE INANICIÓN. La fórmula para salvarla es juntar las funciones que le asigna la Ley Nacional de la Actividad Nuclear (24.804) con la promoción y el desarrollo de todas las demás energías alternativas. A no dudarlo, ES UNA APUESTA LÓGICA, todo un desafio para nuestra gente más capacitada.



(*) Físico, periodista científico, ex asesor de "prensa electrónica" de la CNEA

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calvosans@percal.edu.ar, ECS)




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