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Propuesta...
Permisos Transferibles de
Contaminación Mundial




Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo



Una forma de contener la emisión de gases de invernadero consistiría en que un organismo internacional emitiera permisos transferibles que dieran a sus tenedores la posibilidad de emitir cierta cantidad de contaminantes. El organismo podría alquilar los permisos por cierto tiempo y usar el producto en proyectos para el ambiente, o podría distribuir los permisos en forma gratuita.

Los países que no necesitaran toda su cuota podrían vender o alquilar sus excedentes a otros. De esa manera, los que generaran más contaminación pagarían más y se fijaría al ''espacio ecológico'' un precio para todos los países, en lugar que sólo unos pocos pudieran saquearlo gratuitamente.

Con este plan se plantean dos problemas importantes. En primer lugar, requiere un consenso internacional acerca del total de las emisiones permisibles de gases de invernadero, un consenso que podría resultar difícil de obtener. En segundo lugar, si la distribución de los permisos se basara en el ingreso, la mayor parte correspondería a los países industrializados; si se basara en la población, la mayor parte iría a los países en desarrollo, aunque éste sería el sistema más equitativo, ya que cada persona tiene igual derecho a usar la atmósfera de la Tierra. Una solución intermedia consistiría en asignar la mitad de los permisos sobre la base de la población y la otra mitad sobre la base del PBN.

Los países industrializados son los que producen mayor cantidad de contaminantes, de manera que, si desearan seguir emitiéndolos a los niveles actuales, y se introdujera una distribución sobre la base de la población y el PBN, tendrían que comprar la mayoría de los permisos a los países en desarrollo. Esto podría llevar a una transferencia muy sustancial de recursos, desde los países ricos hacia los pobres; según algunos cálculos, oscilarían entre 500.000 millones de dólares y 1 billón de dólares por año. Esas corrientes no serían ni ayuda ni caridad. Serían el resultado de un mecanismo de libre mercado que castigaría el consumo excesivo del patrimonio mundial común por parte de los países más ricos.

Tal sistema daría a todos los países un fuerte incentivo para reducir la contaminación y generaría fondos que podrían destinarse a programas de protección ambiental en los países en desarrollo.





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