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Panorama internacional...
"Desarrollo y Sustentabilidad"


Por el Dr. Luis Fernández


El término desarrollo sustentable reúne dos líneas de pensamiento en torno a la gestión de las actividades humanas: una de ellas concentrada en las metas de desarrollo y la otra en el control de los impactos dañinos de las actividades humanas sobre el ambiente. Aunque los orígenes del interés por el ambiente y el desarrollo datan de varias décadas, se hizo más explícito -y se promovió el uso del término desarrollo sustentable- en el Informe de la Comisión Bruntland, Nuestro Futuro Común, publicado en 1987. En una de las definiciones más citadas de desarrollo sustentable, el informe afirma que debemos "satisfacer las necesidades de esta generación sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para cubrir sus propias necesidades".

Los objetivos del componente desarrollo del desarrollo sustentable pueden ser los contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948 o mas recientemente, la Declaración sobre el derecho al Desarrollo de 1986, es decir, el derecho de todos a disfrutar un nivel de vida adecuado en términos de salud y bienestar, que incluyen la alimentación, el vestido, la vivienda y la atención médica, así como los servicios sociales necesarios. Esta misma declaración, documentos subsecuentes y Nuestro Futuro Común también subrayan que los objetivos del desarrollo deben incluir el derecho de voto en un marco de gobierno representativo.

Sobre el particular, con agudeza se ha advertido: "El desarrollo es un proceso global , y sólo por comodidad metodológica, o en un sentido parcial, puede hablarse de desarrollo económico, político, cultural y social. (...) En realidad, todos los procesos sociales se correlacionan estructuralmente, y bien es cierto que se desdoblan en planos dotados de cierta autonomía -el económico, el social en sentido estricto, el cultural y el político- no es menos cierto que sólo por abstracción es posible concebir cualquiera de esos planos independientemente del proceso social global" (cfr. Jaguaribe, Helio, Desarrollo económico y desarrollo político.

El componente sustentable, que enfatiza la intención de no comprometer las necesidades de generaciones futuras, requiere que las actividades humanas de hoy no agoten lo que podemos llamar el "capital ambiental", mismo que se puede dividir en tres grandes categorías:

1) La capacidad de los sistemas naturales para absorber contaminantes sin los efectos secundarios que implican altos costos y que se pasan a generaciones futuras.

2) La existencia finita de recursos no renovables.

3) Recursos renovables: el uso humano de algunos recursos renovables (v. gr. la energía solar) no los agota. Sin embargo, en muchos casos únicamente se pueden renovar si el sistema natural del que dependen o del que se obtiene no es sobreexplotado.

En las discusiones sobre desarrollo sustentable es importante considerar cada uno de estos tres aspectos del "capital ambiental". En ocasiones se concentran exclusivamente en uno de ellos y casi no toman en cuenta los demás. Por ejemplo, los análisis sobre el calentamiento en el Norte se concentran en el primer aspecto y no en el segundo ni en el tercero, que pueden ser prioritarios para muchas de las naciones en el Sur.

Los límites a los que se enfrenta el desarrollo sustentable son políticos, es decir, no están basados exclusivamente en la limitación de los recursos. La aplicación de políticas para alcanzar las metas del desarrollo no necesariamente implican un agotamiento dañino del capital ambiental. Satisfacer las necesidades de los más de dos mil millones de pobres del mundo en términos de un techo seguro, agua potable, dotación de medios de saneamiento, atención a la salud, educación y medios de vida adecuados, no necesariamente implica un nivel no sustentable de uso de recursos no renovables, ni niveles no sustentables de explotación de los recursos renovables. De hecho, con planeamiento y gestión adecuadas, la satisfacción de las necesidades humanas puede estar acompañada de patrones más sustentables de uso de recurso, mayor protección de los paisajes naturales y más atención a la conservación de la biodiversidad. Las instituciones necesarias para el logro de las metas de desarrollo -especialmente gobiernos locales competentes y representativos operando dentro de marcos legislativos apropiados- tienen un papel central para contribuir al logro de la sustentabilidad.

Sin embargo, en la actualidad, muchas tendencias globales no son ni sustentables ni contribuyen al desarrollo. En América Latina el problema se concentra en la falta de desarrollo -la escala de la pobreza y el poco impacto de las tres décadas de planeamiento para el desarrollo- aunque también hay tendencias preocupantes en términos de niveles no sustentables de uso de algunos recursos ( que incluyen la deforestación y la erosión del suelo ). En los países desarrollados es mayor la escala de uso de recursos, desperdicios y contaminación, lo cual no es sustentable -como resultado de los estilos de vida consumista de una proporción relativamente pequeña de la población mundial-, aunque incluso en los países más ricos hay millones de personas cuyas necesidades de desarrollo no están cubiertas. Si bien la satisfacción de las necesidades de los grupos más pobres, no necesariamente implica un nivel no sustentable de uso de recursos, extenderla a una creciente proporción de la población del mundo, a los niveles de consumo de recursos que actualmente disfrutan las minorías opulentas, definitivamente sí lo haría.


Desarrollo y sustentabilidad

Cómo surgió el interés en la sustentabilidad

Como se señaló anteriormente, el término desarrollo sustentable pretende reunir dos corrientes de pensamiento en torno a la gestión de las actividades humanas -una concentrada en las metas de desarrollo y la otra en el control de los efectos nocivos de las actividades humanas sobre el ambiente-.

En décadas recientes, la teoría y la práctica del desarrollo en tanto disciplina académica y profesional, ha sufrido diversos cambios teóricos de importancia. Un cambio fundamental ha sido su alejamiento del supuesto de que las naciones de América Latina no se desarrollarán siguiendo líneas semejantes a las democracias del Norte. Otro es la conciencia de que el crecimiento económico en sí no conlleva necesariamente beneficios que alivien la pobreza. Ha habido un creciente reconocimiento de que el desarrollo debe atender las necesidades y derechos fundamentales del hombre, en tanto metas por derecho propio. El crecimiento económico no necesariamente asegura que se dé proporcionalmente para que la gente pueda tener medios de vida, vivienda y ambiente habitable adecuados.

Entre otros cambios en el pensamiento teórico se ha desarrollado una mayor apreciación de la importancia de la creación de instituciones dentro de las regiones nacionales o subnacionales. El logro de la mayoría de las metas de desarrollo requiere de instituciones locales y nacionales competentes y dignas de confianza. Los años sesenta trajeron consigo un énfasis en el pensamiento sobre desarrollo en los campos de la agricultura y el ámbito rural.

Hoy se reconocen -más que en los sesenta- los elementos estructurales que, nacional e internacionalmente, inhiben el logro de las metas de desarrollo en la mayoría de los países ( Caribe y América del Sur ). Los elementos estructurales nacionales incluyen estructuras desiguales de propiedad de tierras que subyacen a buena parte de la pobreza y, buena parte de la degradación ambiental en las tierras productivas. Internacionalmente, los elementos estructurales incluyen las barreras proteccionistas en torno a los mercados de consumo más prósperos de todo el mundo (Norteamérica, Europa Occidental y Japón). Inhiben el desarrollo y, en muchos casos, la sustentabilidad, pues no son elementos que se puedan eliminar con facilidad. Si vemos hacia atrás, parece ingenuo el supuesto de que la mayoría, por no decir todos los países pobres, podría lograr un desarrollo económico rápido y sustentable si aplicara las políticas económicas correctas.

Las discusiones sobre la redefinición de "desarrollo" sostenidas a principios de los setenta coincidieron con una creciente conciencia de las limitaciones que el medio puede imponer al crecimiento económico y la relación entre pobreza aguda y ambiente. La conciencia de que "las especies y las comunidades naturales podrían no recuperarse de la destrucción excesiva de su hábitat" data de los años cincuenta. Desde mediados de los sesenta, gran número de libros e informes han señalado la vulnerabilidad del medio natural.

Entre las primeras consideraciones de los vínculos entre crecimiento económico global y escasez de recursos naturales está el informe Límites al Crecimiento publicado por el Club de Roma de 1972. Como derivación de un proyecto de investigación iniciado en 1968, un grupo de científicos exploró un "modelo mundial" que pretendía, particularmente, la viabilidad del crecimiento continuado. Se concentraron en "cinco factores básicos que determinan y, por lo tanto, en última instancia, limitan el crecimiento sobre este planeta -la población, la producción agrícola, los recursos naturales, la producción industrial y la contaminación"-. El equipo buscó una solución que fuera tanto "sustentable sin un colapso repentino e incontrolable; y capaz de satisfacer los requerimientos materiales básicos de toda su gente". Aunque concluyen que la inversión de capital debe ser restringida en un cierto punto, plantean que el desarrollo continuado se puede concentrar en "las actividades más satisfactorias... la educación, las artes, la música, la religión, la investigación científica básica, el deporte y las interacciones sociales".

La importancia de los vínculos entre ambiente y desarrollo fue subrayada en el libro Una sola Tierra de Barbara Ward y Rene Dubos publicado también en 1972. Escrito para un público masivo, describe los intereses que condujeron a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, de Estocolmo, en el año de 1972. En la obra se consideran las posibilidades y los problemas asociados con el crecimiento económico. Fue además uno de los primeros libros donde se insistió en que las necesidades humanas deben ser satisfechas al mismo tiempo que no se comprometan las necesidades de las generaciones futuras; que "la tareas de Naciones Unidas en la Conferencia era definir claramente que debía hacerse para mantener a la Tierra como un sitio adecuado para la vida humana no sólo hoy sino también para las generaciones futuras".

La discusión sobre el uso de recursos naturales y la contaminación está relacionada con el desarrollo, conjuntando el cuidado del ambiente con el interés por cubrir las necesidades humanas y eliminar la pobreza.

Un resultado de la Conferencia de Estocolmo en 1972, y en reconocimiento a la necesidad de trabajar continuadamente en esta área, fue el establecimiento del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. También en esta conferencia se tomó la decisión de organizar la Conferencia de Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos de 1976, un reconocimiento explícito -en el sistema de Naciones Unidas- del papel de los asentamientos humanos en el desarrollo y en la calidad del ambiente. Esta conferencia de 1976 ( conocida como la Conferencia Hábitat ) contribuyó a enfatizar el papel central que debe tener la satisfacción de las necesidades básicas en el desarrollo ( especialmente den los rubros de agua, saneamiento y atención primaria a la salud ).

La segunda mitad de los setenta y primera de los ochenta fueron escenario de la creciente concientización sobre la naturaleza finita de ciertos recursos no renovables en el mundo, y de la vulnerabilidad de los sistemas de apoyo a la vida del planeta frente a la contaminación derivada de las actividades humanas. Si bien ya habían sido identificados unos años antes como problemas potenciales, se les había percibido como amenazas inciertas. En 1987 la Comisión mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo publicó Nuestro Futuro Común, documento que se pronuncia por la necesidad de un crecimiento económico continuado ( ¿ progreso contínuo con justicia social ? ), pero subraya la necesidad de preservar y salvaguardar los recursos naturales del planeta. El crecimiento económico es necesario, pero también lo es "la seguridad de que los pobres reciban una justa proporción de los recursos que se requieren para sustentar el crecimiento" ( no es hoy sinónimo de mayor bienestar ni de disminución de la pobreza ). Este informe subrayó, al igual que otros con anterioridad, el imperativo de satisfacer "las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer las suyas".

Si se compara el actual interés por el ambiente y el desarrollo con los intereses de mediados de los años setenta, se encontrarán cuando menos dos importantes distinciones: La primera es la enorme preocupación por los daños derivados de las actividades humanas sobre los sistemas naturales mundiales ( el agotamiento de la capa de ozono de la atmósfera y el sobrecalentamiento se perciben como amenazas mucho más serias a la sustentabilidad de lo que fueron a principios de los sesenta, mientras que la preocupación por el agotamiento de los recursos no renovables ha menguado ); La segunda distinción consiste en una mayor aceptación, por parte de muchos ambientalistas, de la necesidad de un crecimiento económico en mucha naciones y regiones ( especialmente las más pobres ) con el fin de construir la base económica que permita satisfacer las necesidades. En lugar de recomendar el "no crecimiento", se ha hecho común en referencia al "crecimiento verde", es decir, el crecimiento económico que pretende proteger el ambiente.

La preocupación gubernamental e intergubernamental también se avivó por el creciente interés popular en las implicaciones que las actividades humanas tienen sobre el medio. Las primeras manifestaciones que se hicieron evidentes fueron las protestas de los grupos de ciudadanos y consumidores del Norte en torno al daño ambiental causado por la agricultura intensiva, la producción industrial y los estilos de vida consumistas, así como la invasión de zonas rurales y de paisaje por parte de carreteras y otras actividades modernas. Los peligros potenciales derivados de la liberación accidental de materiales radiactivos por parte de las plantas nucleares y otras actividades asociadas con la energía nuclear ( por ejemplo, los desechos generados, las instalaciones necesarias para producir y reprocesar el combustible y los vínculo entre industria nuclear y armamento nuclear ) también alentaron el movimiento en favor del ambiente. Lo mismo se dio en el caso de las amenazas a la vida marina -especialmente las ballenas- y la contaminación de las áreas rurales. El aumento en los precios del petróleo en los años setenta hizo que el público ( y los gobiernos ) tuviera conciencia del posible impacto de la escasez de recursos naturales en el mundo. El "movimiento ecologista" amplió gradualmente su enfoque y concentración iniciales -el medio humano en los países industrializados ricos- para abordar problemas semejantes en el Sur. Un ejemplo fue el creciente número de protestas en contra de los proyectos de presas de gran escala tanto en el Norte como en el Sur.

Pronto la preocupación por el ambiente en América Latina desarrollo vínculos claros con el interés por el desarrollo; por ejemplo, se identificaron vínculos entre la erosión del suelo y el tamaño inadecuado de las explotaciones de los grupos más pobres; asimismo, se reconoció la relación entre el empobrecimiento de las comunidades y la apropiación de recursos de tierras y bosques por parte de intereses creados muy poderosos, cuando solían ser bienes del dominio común. En el Tercer Mundo, los organismos no gubernamentales ( ONGs ) y las organizaciones de base se hicieron más activas en el campo de la temática ambiental tanto en el ámbito de proyectos ( por ejemplo, al organizar la oposición a la construcción de una presa o la tala indiscriminada ) como en el nacional ( por ejemplo, presionando a los gobiernos para lograr cambios en la legislación y en su forma de aplicarla ). El interés por el ambiente también ayudó a forjar lazos entre grupos de Norte y del Sur y las redes de este tipo están consiguiendo que la presión política llegue a las empresas multinacionales, a los intereses industriales y a las agencias intergubernamentales ( que incluyen las agencias de asistencia para el desarrollo más poderosas y a bancos de fomento y desarrollo ) para que den mayor consideración a los impactos que sus actividades tienen sobre el entorno.

Como en el caso del término desarrollo, el desarrollo sustentable ha tenido interpretaciones numerosas y diversas. Muchos autores que discuten sobre lo que denominan desarrollo sustentable no incluyen una discusión sobre los objetivos del desarrollo y su interés se centra en la sustentabilidad, no en el desarrollo sustentable.

En su sentido más amplio, la mayoría de las interpretaciones del término desarrollo sustentable son congruentes con la definición de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo citada anteriormente: la capacidad de "cubrir las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades". La mayoría de las discusiones sobre desarrollo sustentable abordan las condiciones necesarias para asegurar que las generaciones futuras tengan los recursos ambientales que requieran. Sin embargo, las distintas interpretaciones del significado del término tienen implicaciones diversas en cuanto al uso planificado de los recursos naturales ( incluyendo los sistemas de apoyo a la vida en el planeta, los recursos renovables y los no renovables ). La literatura sobre desarrollo sustentable ha aumentado tan rápidamente que ya hay cuando menos 80 definiciones de este término o de alguna de sus partes.

La Estrategia Mundial de Conservación, publicada en 1980, contribuye con lo que podría caracterizarse como un enfoque ecológico a la definición de sustentabilidad al esbozar tres objetivos considerados necesarios para la conservación de los recursos vivos: el mantenimiento de los procesos ecológicos esenciales y de los sistemas que dan sostén a la vida, la preservación de la diversidad genética y el aprovechamiento sustentable de las especies y los ecosistemas.

El libro Blueprint for a Green Economy ( David Pearce Anil Markandya y Edward B. Barbier - 1989 ) adopta un enfoque distinto y considera que "las generaciones futuras deben ser compensadas por la reducción en la dotación de recursos producida por las acciones de las generaciones presentes". El libro sugiere que una generación debe dejar a la siguiente un acervo de bienes que, cuando menos, sea equivalente al que heredó a su vez. Los autores advierten que hay dos interpretaciones posibles a esta condición; la primera aglutina todo tipo de bienes y la segunda distingue entre los bienes que son "naturales" y los que no lo son, con base en el argumento de que los bienes ambientales ( o naturales ) son críticos para lograr la sustentabilidad. En términos generales los autores favorecen esta última interpretación.

El tema de la posibilidad de sustitución de los bienes naturales y no naturales subyace a las dos interpretaciones de lo que constituye una existencia constante de bienes. En algunos casos los capitales natural y no natural son claramente no sustituibles. Por ejemplo, un aserradero no puede ser sustituido por un bosque, tomando en cuenta que por ser capital no natural requiere del bosque (capital natural) para funcionar. Sin embargo, los generadores eléctricos impulsados por de viento o por máquinas que operan con base en la energía del mar, o un banco de celdas fotovoltaicas ( capital no natural que aprovecha un recurso energético ) ofrecen una fuente alternativa de energía a la leña, el carbón mineral o el vegetal ( capital natural ).

Al subrayar la importancia de mantener una existencia constante de bienes ambientales, "Blueprint for a Green Economy" argumenta que los dos tipos de bienes no son sustituibles y que las generaciones futuras requieren de un acervo constante de bienes naturales. Cualquier merma en los bienes naturales debe ser compensada por una aumento en la existencia de otro bien. Sin embargo, esta definición no toma en cuenta la destrucción irreversible de los recursos naturales como es el caso de la extinción de especies. A este respecto, el libro plantea que es insuficiente un enfoque que utiliza la riqueza natural no sujeta a mermas: "requiere de modificaciones para permitir que se evite la pérdida irreversible de bienes naturales o la compensación por pérdida con otros bienes naturales".

Un concepto alternativo de sustentabilidad se basa en normas mínimas de seguridad. Sugiere que el grado de diversidad es importante al igual que la cantidad total de recursos. Sin embargo, hay margen para desacuerdo en lo que toca ala norma mínima de seguridad para cada aspecto del ambiente, en particular al que se debe aplicar. Por ejemplo, ¿la demanda de sustentabilidad requiere la conservación de un tipo específico de bosque, una capacidad para dar sostén a la producción de biomasa o una capacidad continua de cultivo de árboles?. Esta pregunta también subraya la dificultad de otras interpretaciones, es decir, ¿ qué es exactamente lo que hay que sustentar ?

El término sustentabilidad se utiliza ampliamente con referencia a actividades humanas específicas. Por ejemplo, se le ha traído a colación en relación con ciertas actividades sectoriales específicas. Un ejemplo es la literatura sobre desarrollo industrial sustentable. Goden Conway sugiere que la sustentabilidad agrícola debe ser definida como la capacidad para mantener la productividad agrícola, sea de un campo o de una granja o de una nación, en vista de las tensiones o del shock. Hay varios aspectos de esta definición que requieren análisis. Primero, la sustentabilidad ya no se considera únicamente en un contexto ambiental o ecológico; puede verse expuesta a otras amenazas. Segundo, la sustentabilidad es tan sólo uno de los cuatro criterios que se utilizan para juzgar el desarrollo agrícola, siendo los otros la productividad, la estabilidad y la equidad. Los últimos tres tienen relación con uno de los objetivos de desarrollo más comunes: un ingreso confiable para quienes actualmente carecen de él. Un tercer aspecto a resaltar es el nuevo énfasis en las posibles concesiones que se pueden hacer entre los distintos objetivos.

El término sustentabilidad también se utiliza en el contexto de un proyecto o actividad, en particular con respecto a su viabilidad. Las discusiones sobre sustentabilidad en el seno de muchas agencias de ayuda se refieren a si los proyectos que apoyan seguirán funcionando después de su terminación. Esto conduce a consideraciones ligeramente distintas de las discusiones sobre sustentabilidad en referencia a sistemas más amplios ( quizás de alcance nacional o mundial ). Es útil distinguir entre las dos aplicaciones del término, dado que ambas son importantes al considerar el desarrollo sustentable y las comunidades. La simple interrelación entre las actividades específicas de desarrollo ( por ejemplo un proyecto de riego o un relleno sanitario ) y el uso de recursos naturales se puede evaluar y juzgar utilizando un criterio de sustentabilidad. Asimismo, el enfoque puede ser mucho más amplio, e involucrar grandes agregados y sistemas de actividades. El primer enfoque compete a hacer sustentable una sola parte del sistema. El segundo es distinto; quizás reconoce que es difícil hacer sustentable todas las actividades, por lo que se concentra en asegurar que la suma ( o efecto neto ) de todas las actividades de un área específica sean sustentables.


Mejorar la Calidad del Crecimiento

Se dice que son tres los principales factores que conducirán al desarrollo sustentable: a) Crecimiento económico, medido en términos monetarios;
b) La equidad, medida en parámetros sociales;
c) La sustentabilidad en el uso de los recursos naturales, medida con parámetros físico-bióticos.

El término desarrollo sustentable significa una estrategia de desarrollo cuyas metas satisfacen las necesidades humanas ( como fue señalado anteriormente en la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas ), al mismo tiempo que mantienen un acervo constante de bienes ambientales para uso de las generaciones futuras y evitan el daño irreversible a un solo bien significativo. El acervo total de bienes ambientales puede dividirse en tres categorías: recursos no renovables; la capacidad finita de los sistemas naturales de producir recursos renovables ( por ejemplo alimentos, productos forestales y agua que son renovables solamente si el sistema natural del que se obtienen no es sobreexplotado ); y la capacidad de los sistemas naturales de absorber las emisiones contaminantes derivadas de las acciones humanas y que tienen efectos secundarios que implican altos costos para las generaciones futuras.

La definición de tales metas tiene algunas implicaciones importantes. Por ejemplo, si se acepta el principio de mantener un acervo constante de bienes ambientales, esto requiere instalar sistemas para catalogarlo y controlar su uso. Dichas metas también implican aumentar el uso de los bienes renovables y las medidas adoptadas para asegurar que los sistemas naturales no sean explotados al punto de mermar su capacidad. Con respecto a los recursos no renovables, implica esfuerzos de aumentar la eficiencia con la que se utilizan ( incluyendo el rescate, rehuso y reciclado de materiales objetivos de las corrientes de desechos ) y un compromiso de desarrollar sustitutos de recursos cuyo abasto futuro está en juego. Con referencia particular a los sistemas de sostén de la vida en el planeta, el desarrollo sustentable requiere que la suma de todas las actividades humanas no ponga en riesgo su capacidad de seguir operando con eficacia.

Nadie puede dudar que el acervo de los recursos no renovables es finito. Nadie puede dudar que los ecosistemas tienen límites en su capacidad de absorber contaminantes. Hay coincidencia en que algunos bienes ambientales son irremplazables -por ejemplo, las áreas que requieren protección para preservar la diversidad genética o los paisajes de belleza extraordinaria-. El debate se centra en los bienes ambientales irremplazables y la medida en que los niveles actuales y futuros del uso de recursos degradarán el capital de bienes ambientales para las generaciones futuras, la medida en que un recurso puede ser sustituido por otro y la medida en que los contaminantes derivados de las actividades humanas sean nocivas para la biosfera.

La definición de desarrollo sustentable que utilizamos tiene profundas implicaciones políticas pues apela a limitaciones en la capacidad de los individuos, las empresas y las naciones para utilizar recursos a los que tendrían derecho conforme a la legislación actual. Si un tipo de actividad humana en particular amenaza la estabilidad de la biosfera, entonces deberá llegarse a un Acuerdo Internacional sobre la limitación de esta actividad. Si es importante para cumplir con los objetivos de desarrollo de los países del Tercer Mundo, el mencionado Acuerdo Internacional deberá implicar una redistribución de beneficios que abarque las naciones pobres y permita que adquieran la suficiente riqueza y capacidad productiva para asegurar las necesidades básicas y los derechos de la gente.

Estos temas subyacen a las discusiones internacionales sobre limitar la capacidad de los países para liberar sustancias que agoten la capa de ozono y limitar la emisión de los denominados gases de invernadero, es decir, los que contribuyen, con su presencia en la atmósfera, al sobrecalentamiento de la Tierra. Todo compromiso internacional equitativo sobre la limitación de los gases de invernadero debe concentrarse en la reducción de emisiones por parte de las naciones con mayor producción per capita. El acuerdo debe tomar en cuenta también las naciones que históricamente hayan contribuido más a las concentraciones actuales de gases de invernadero en la atmósfera. Es poco probable que los países pobres puedan desarrollar una producción agrícola o industrial intensiva a menos que se les asigne el derecho a aumentar su consumo de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, es decir, los combustibles fósiles. También sería poco equitativo que a las naciones más pobres se les niegue hoy el derecho de usar las fuentes de energía más económicas, porque el uso de tales fuentes en el pasado -primordialmente por parte de las actuales naciones más opulentas- ya agotó la capacidad natural del mundo para absorber tales emisiones sin graves desequilibrios climáticos.

La nueva panacea del desarrollo sustentable se alza como estandarte de aquellos que, en realidad, no quieren cambiar el actual modelo de desarrollo, que declaran que a través de él buscan la equidad y la sustentabilidad ambiental, pero que, en definitiva, en una suerte de cosmética que no implica cambios sustanciales, se aferran a un proceso de desarrollo inequitativo y ambientalmente insustentable.

Si bien los países ricos admiten ser responsables de la mayor parte de la degradación ambiental del mundo, también les dicen a los países pobres que no imiten sus prósperos estilos de vida; "si todos los pobres del mundo se volvieran ricos, plantea el argumento, el planeta colapsaría".

Cuesta entender que significa "desarrollo sustentable", ¿ estamos hablando que los países desarrollados tienen un patrón de desarrollo que no es sustentable ? ¿ son países al borde del desastre ambiental ?

Desarrollo sustentable es una expresión que refleja una gran aspiración de la sociedad; que ha servido para despertar algunas conciencias y aumentar el grado de información sobre algunos de los problemas, pero sólo en una pequeña proporción se ha visto reflejado en políticas publicas. El hecho de declararse partidario del "desarrollo sustentable" en absoluto quiere decir que se esté practicando.

Nos encontramos ante un nuevo escenario, con evidencias críticas similares y con una globalización de los problemas. En cada país o región, la definición del ideal del desarrollo sustentable, deberá ser el resultado de la negociación entre los diferentes actores involucrados.

"La capacidad de los gobiernos para planear y administrar el área bajo su jurisdicción, para promover patrones más sustentables de uso de recursos, para invertir en la infraestructura y los servicios necesarios, para mejorar los atractivos locales, para nuevas inversiones productivas, etcétera, guiada por las necesidades y prioridades de la ciudadanía, es central para el desarrollo y para la sustentabilidad. La prioridad es que cada sociedad desarrolle su propia respuesta a los problemas utilizando las herramientas más apropiadas a su peculiar situación. Las formas concretas para pasar de la utopía a lo posible real dependerán de la capacidad de los Gobiernos de responder a las necesidades, requerimientos y expectativas de la comunidad.


Sustentabilidad y Desarrollo en el contexto mundial

Uno de los temas clave de las próximas décadas será el intento por resolver la búsqueda de mayor riqueza y desarrollo en las sociedades nacionales dentro del reconocimiento mundial de los límites materiales de la biosfera. No hay duda de que la dotación de recursos naturales y los sistemas naturales pueden sustentar la población del mundo hoy y en el futuro cercano, eliminando la pobreza absoluta, cubriendo las necesidades básicas y con esperanza de vida en todos los países comparables a los de las naciones más opulentas. En estas últimas también es posible contemplar sociedades más conscientes de la conservación de recursos sin que decaigan los niveles de calidad de vida.

El logro del desarrollo sustentable exige que las actividades humanas no agoten significativamente el capital ambiental del planeta. Esto sugiere la necesidad de que haya acuerdos globales que limiten a las naciones y empresas en el uso de los recursos naturales o la explotación de los bienes naturales que, se considera, agotarán dicho capital, e implica frenar los niveles de consumo de determinadas naciones y grupos de gente. Una de las primeras limitaciones posiblemente será el derecho de los países a usar sus propias reservas de combustibles fósiles. Es mas fácil concebir la capacidad técnica para alcanzar el desarrollo sustentable, que los procesos políticos de las naciones acepten convenios internacionales y las estructuras regulatorias y de incentivos aseguren que esto suceda.

Es también cada vez más evidente que la mayoría de las naciones no puede cumplir las metas del desarrollo y muy pocas podrán lograr la sustentabilidad sin cambios en el mercado mundial y en la forma en que se da la asistencia para el desarrollo. Un gobierno que busca resolver una crisis de deuda y cuyas divisas dependen de la exportación de recursos naturales no puede abordar temas de sustentabilidad a largo plazo. También es difícil encontrar base morales a la exigencia de que a los países más pobres, cuyas economías han tomado muy poco de los recursos finitos o que han contribuido poco a la contaminación, hoy se les niegue el uso de las fuentes de energía más económicas porque el mundo de los ricos ha presionado y exigido tanto del patrimonio mundial en su proceso de enriquecimiento. Además, se necesita una base más sustentable para el comercio de mercancías naturales que cambie la relación entre los principales mercados de consumo ( Europa, Norteamérica, Japón ) y las naciones en el Sur, que son las principales productoras de recursos naturales.

Para la mayoría de los ciudadanos de los países subdesarrollados será difícil compartir las preocupaciones por el efecto de invernadero, el agotamiento de la capa de ozono u otros temas ambientales de orden mundial. La cuestión de supervivencia en 20 años o más es de poca pertinencia para quienes tienen dificultades para sobrevivir hoy. Los gobiernos de los países desarrollados no puede abrigar la esperanza de promover entre las naciones pobres perspectivas de un desarrollo sustentable para el largo plazo cuando hay tantos ciudadanos que padecen graves problemas ambientales en el corto plazo. Un programa para movilizar a todos los gobiernos a fin de que aborden los problemas del ambiente deben ayudar a generar la capacidad de cada sociedad para identificar, analizar y actuar en lo tocante a sus propios problemas ambientales.


LOS DERECHOS AMBIENTALES

Los Derechos Ambientales ofrecen hoy, especialmente en América Latina un escenario paradójico. De una parte, son objeto de unanimidad en los discursos políticos y jurídicos; de otra, son materia de graves y sistemáticas violaciones en la mayoría de los países del área.

Derechos que aparecen normativamente reconocidos en los textos legales, pero no se traducen en prácticas incorporadas al comportamiento de autoridades y funcionarios públicos, lo que pone de manifiesto la desconexión entre teoría y realidad.

Un factor que probablemente importe notar, en el diagnóstico de la paradoja señalada, es que el tema del derecho ambiental y la prioridad otorgada en él en el discurso político internacional aún no ha sido hecho suyo suficientemente por la sociedad civil en América Latina.

Al tiempo que el conjunto de la sociedad civil no ha hecho plenamente suya la demanda de la plena vigencia de los derechos ambientales, ésta aparece, sobre todo en los últimos años, como una preocupación que viene de los países desarrollados y que, en ciertos casos, se impone a los gobiernos de la región bajo fórmulas de condicionalidad sobre la cooperación internacional, especialmente financiera.

Esta presión explica que los gobiernos de la región se muestren hoy bastante más decididos a adoptar compromisos formales al respecto que, sin embargo, luego no siempre cuentan con la voluntad política efectiva de alcanzar ejecución.

Nuestros países pertenecen a una tradición cultural en la que, desde hace mucho, ha habido un lugar cómodo para situar la discrepancia entre discurso y práctica. En el terreno jurídico, esa falta de correspondencia asumió, desde tiempos coloniales, el status de principio bajo la fórmula de "la ley se acata pero no se cumple".

Eso es, precisamente, lo que parece estar ocurriendo. Muchos países han dado pasos importantes en dirección a incorporar, en el terreno declarativo, los contenidos de ésta "nueva" temática que se halla en clara expansión en todo el mundo.

La mayoría de los países de nuestra región han firmado y ratificado inbuídos de muy loables propósitos una buena parte de pactos, acuerdos, convenciones y declaraciones que contienen normas ambientales de origen internacional, y casi todas las constituciones latinoamericanas han consagrado en su texto los principios ambientales a través de fórmulas de redacción usualmente amplias y comprensivas en los que, a menudo, cabe poco o nada que objetar.

Como consecuencia de esa dinámica reciente, los derechos ambientales aparecen generalmente bien fundados en normas formalmente vigentes pero que, pese a ello, no alcanzan vigencia efectiva, ( respeto y cumplimiento cierto de ello ).

Los derechos y deberes ambientales aparecen reconocidos, generalmente, de manera plena e irreprochable, en los textos constitucionales, que no solamente contienen normas sustantivas que incorporan lo fundamental de estos derechos y deberes sino que, además reconocen valor dentro del orden legal interno a aquellas normas ambientales de origen internacional, que hayan sido debidamente ratificadas por el Estado aparte.


La Previsión normativa y la realidad fáctica

Es posible afirmar que no es en las tareas pendientes -adecuación de la legislación ordinaria y las reglamentaciones a los principios constitucionales- en donde reside la explicación mayor acerca de la falta de efectividad o eficacia, porque, aún con limitaciones, es posible proteger los derechos de las personas si se cuenta con una administración de justicia a través de la cual sea posible alcanzar esa vigencia.

La fuerza normativa de una Constitución no es sólo una cuestión de normas, sino igualmente de conductas y valores. No podemos caer en la trampa dialéctica de pensar que la protección ambiental vive por que existan normas que lo contemplen o se refieran a el. Lejos de ser un elemento mágico, requiere el comportamiento efectivo de los operadores de la Constitución.

Sólo un órgano judicial con capacidad efectiva, y no sólo formal, para ejercer los controles de constitucionalidad y legalidad sobre las actividades perjudiciales puede garantizar eficacia a la acción por la cual el ciudadano reclama la reparación de sus derechos y las sanciones correspondientes al responsable.

Obviamente, si los jueces no aplican adecuadamente las normas del derecho ambiental, en alguna medida ese hecho corresponde a que los abogados no las invocamos correctamente, patentizando, al menos desde el plano de las intenciones, una sana vocación intuitiva de tales derechos.

El factor del desconocimiento de las normas y las dificultades para preparar con ellas interpretaciones innovadoras limitan el desempeño esperable en los abogados.

El abogado debe colaborar con el juez en materia de información normativa y en cuanto a los razonamientos interpretativos posibles frente a un caso concreto.

Trátase de un área relativamente nueva en la práctica judicial que requiere un esfuerzo laborioso y persuasivo cual artesano creativo que permita vencer las inercias de pensamiento y comportamiento que impiden la plena vigencia de los derechos y deberes ambientales; caso contrario, la particular clase de certeza que los hombres creyeron haber encontrado en el derecho se convertirá en una fatal ilusión.





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