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Por César Barba Barcelona - ESPAÑA cbarba@infodisc.es |
Si entre los consumidores la conveniencia o no de utilizar envases de tetra brik crea una gran confusión, entre sus defensores y detractores este sentimiento se traduce en posturas enfrentadas, irreconciliables, ni siquiera discutibles. Quienes lo repudian no están dispuestos a reconocer ninguna de sus virtudes. Sus defensores también lo son a ultranza y no quieren oír hablar de sus problemas ambientales. Como sucede en tantos otros aspectos de la vida son muy pocas las cosas intrínsecamente malas o buenas y, aunque cueste admitirlo, la mayoría de las veces los matices predominan sobre las afirmaciones rotundas. También influyen es esta polémica los avances de la ciencia, que hacen que lo que ayer era inaceptable hoy sea verosímil, así como los nuevos conflictos que plantea la sociedad de consumo que nos mueve ocuparnos de problemas hasta hace poco desconocidos. Defensores y detractores están fuertemente posicionados y en disposición de dar batalla. Si se tiene en cuenta que la producción y el consumo de envases y embalajes son tomados como una pautas de desarrollo (de hecho EEUU y Japón son lo principales productores y consumidores) y que en España este sector representa el 1,3 del Producto Nacional Bruto (con un movimiento anual de unos 6.500 millones de dólares), no es de extrañar que los interesados defiendan legítimamente y con uñas y dientes su cuota de mercado. Dentro de este panorama los envases de tetra brik cobran cada vez mayor importancia, situándose nuestro país (España) como el segundo mayor consumidor entre los países europeos, con un volumen anual de más de 4.000 millones de cartones. Por su parte los detractores, provenientes de las más diversas extracciones (industriales, ecologistas…), basan sus argumentos en las ventajas de utilizar envases retornables y reciclables, como por ejemplo los de cristal. Estos esgrimen intereses más generales que económicos, basados en premisas que suelen calar hondo entre los consumidores, como la necesidad ineludible de reducir el volumen de residuos que producimos. El tetra brik está compuesto en un 75% por papel de alta calidad (apto para usar en alimentación) que convertido en cartón es lo que le da rigidez al envase; un 20% de plástico (polietileno) que se encuentra tanto en el exterior como en el interior del envase, en contacto con el líquido; y un 5% de aluminio, un elemento esencial que evita que la luz y el oxígeno lleguen hasta el interior del envase y puedan dañar el contenido, logrando así que este pueda conservarse durante un tiempo relativamente largo sin necesidad de refrigeración. La combinación de estos elementos es lo que hace insustituible y a la vez problemático este tipo de envase. Los fabricantes argumentan que la aceptación del tetra brik se basa fundamentalmente en razones económicas: el espacio mínimo que ocupan permiten su distribución con menos recursos, y como consecuencia el producto envasado llega más barato a los consumidores. Así, la carga de un camión que los transporta llenos será de 95% de producto y 5% envase; mientras que el mismo camión con envases rellenables transportaría sólo el 60% de producto. Los fabricantes también sostienen que el "balance ecológico" del brik es favorable respecto al de los envases de vidrio, ya que el consumo de energía global de aquellos es un 50% inferior al de estos, en concreto un 0,009 Kw/h por envase. Por fin, los productores no se cansan de repetir que el tetra brik es reciclable. Para demostrarlo ponen como ejemplo dos sistemas: uno ideado en Alemania que utiliza el conjunto del envase para fabricar un aglomerado asimilable al de la madera; y otro creado por una empresa española que separa los componentes del brik y los reintroduce o bien en el ciclo productivo (el papel y el aluminio) o bien para generar energía (caso del polietileno).La cuestión en España En España se recoge selectivamente tan sólo del 1% del total de tetra brik que consumimos. El restante 99% termina incrementando el volumen de residuos de los vertederos (los brik significan el 0,6% de los residuos sólidos urbanos) o quemándose en las incineradoras. En ciudades como Sabadell, Barcelona, Pamplona o Córdoba el esfuerzo de los ayuntamientos y los consumidores ha permitido llevar adelante importantes experiencias de recogida selectiva, aunque si se tiene en cuenta el volumen de brik consumidos en todo el estado español las cifras procesadas en estos barrios y ciudades se reducen a un porcentaje ciertamente testimonial. Es evidente que hasta que los gobiernos central y autonómicos no tome cartas en el asunto (la reciente discusión en el parlamento de la ley de envase significó una ocasión desperdiciada) poco se podrá hacer a nivel individual, como no sea demostrar la voluntad de los ciudadanos de colaborar en este tipo de recogida selectiva. La mayor parte de ventajas esgrimidas a favor de estos envases quedan en papel mojado si no se implementan los sistemas de recogida que permitan su posterior aprovechamiento. Y lo que cierto es que, hoy por hoy, España no tiene la infraestructura necesaria para hacerlo. Según datos facilitados por Greenpeace, para mantener la producción actual de brik en España, que continúa creciendo, es preciso talar 1.200.000 árboles y extraer 25.200 toneladas de bauxita, uno de los principales materiales con que se fabrica el aluminio. Procesar esta roca sedimentaria para obtener el preciado metal ocasiona un grave impacto en el ambiente debido al elevado consumo energético que genera. Una tonelada de aluminio consume 4-5 toneladas de bauxita, 1,3 toneladas de lignito (combustible) y 5,8 Tep/Tn. (medida de consumo de energía). Según la organización ecologista el problema del despilfarro energético se agrava en nuestro país desde el momento que las materias primas empleadas tienen que recorrer miles de kilómetros desde los puntos de origen hasta la fábrica que Tetra-Pak tiene en Arganda del Rey (Madrid). La pasta de celulosa proviene de la península escandinava, el polietileno tiene su origen en el petróleo de Medio Oriente, el aluminio procede de países tropicales, de Rusia, China y Australia, y finalmente el gas utilizado como fuente de energía llega del norte de África.Un antes y un después Lo importante para determinar la aptitud ambiental de un envase es tener en cuenta todo su ciclo de vida, desde la obtención y elaboración de las materias primas que incorpora, pasando por aspectos aparentemente ajenos al consumidor como el almacenamiento y transporte, hasta su conversión en residuos. Los productos no aparecen de forma espontánea en las góndolas del supermercado, ni desaparecen por arte de magia cuando se arrojan las basuras al contenedor. Siempre hay un antes y un después, todo viene de alguna parte y va a parar a otra. El hecho de que el tetra brik sea un envase combinado dificulta tanto su fase de producción como su ulterior reciclaje. Esto ha permitido que una sola empresa, la escandinava Tetra-Pak, monopolice gran parte del mercado mundial de los brik, imponiendo no sólo sus envases sino también las máquinas de envasado correspondientes. Esta empresa ha hecho valer su posición de fuerza para oponerse el retorno de las botellas de cristal, ya que su viabilidad económica depende en gran parte de su posición, casi de monopolio, en el sector de la leche y los zumos de fruta. Los brik necesitan mantener estos mercados a cualquier precio ya que, si bien puede utilizarse para productos como el vino o los suavizantes, no pueden extender su influencia a otros sectores como el de las bebidas con gas o los productos sólidos, para los que sus envases resultan inviables. La celulosa empleada en los envases que elabora la empresa Tetra-Pak proviene de los cultivos forestales extensivos que se desarrollan en los bosques escandinavos, concretamente en Suecia y Finlandia. Según garantiza la empresa, en estos bosques crecen más árboles que los que se talan y su política forestal asegura la conservación de la floresta. Ahora bien, si el consumo de estos envases continúa creciendo al ritmo actual, cabría preguntarse sobre el futuro de estos bosques. Se debe tener en cuenta que un recurso renovable (como la madera) deja de serlo cuando el ritmo de extracción y consumo es superior al de renovación. Por otra parte, el concepto de gestión de los recursos forestales no implica transformar estos complejos ecosistemas (en los que convive una gran diversidad de especies animales y vegetales) en campos de monocultivos, pues de esta forma se destruye un patrimonio ecológico insustituible. En lo que respecta al aluminio el problema es diferente. A pesar de que en nuestro país el aluminio del tetra brik no se recicla, otros sectores que también utilizan este material si le sacan un mayor provecho. Así, en países como Alemania, Francia o Suecia, el aluminio proveniente del sector automotriz y de la construcción alcanza cotas de reciclaje de hasta el 90%. Esto es posible ya que se trata de un metal que puede refundirse indefinidamente sin que ello conlleve pérdida de calidad, lo que permite su empleo para fabricar los mismos productos u otros diferentes. Pero además de posible el reciclado del aluminio es imperioso: la extracción de la bauxita deja un rastro de fango rojo que ha llevado a que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) obligue a los fabricantes a limpiar las tierras que contaminan. Además el reciclaje del aluminio supone un ahorro de hasta un 95% de la energía necesaria para su fabricación a partir de materia prima original. Es decir que el proceso de reciclado de este metal es económicamente viable, ya que el valor que cobra el material usado permite su financiación. Que claro por tanto que la falta de aprovechamiento del aluminio de los tetra brik en nuestro país, además de generar un residuo peligroso, demuestra la escasa voluntad de la administración de poner los medios necesarios para que se lleve adelante, así como la falta de iniciativa empresarial que desarrolle un sector ciertamente rentable. La polémica continúa y ninguna de las partes parece dispuesta a dar el brazo a torcer. Sin embargo, más allá de razones teóricas y argumentos potenciales, hay una realidad en España por la cual resulta apremiante evitar el incremento de los residuos sólidos urbanos. La única manera de lograrlo es que la cultura del reaprovechamiento se imponga a la de "usar y tirar". Se calcula que la vida media de una botella de vidrio de cerveza o de agua mineral es de unos 50 servicios. A partir de su novena reutilización el balance ambiental de las botellas retornables es superior al de los envases de cartón, lo que los hace inevitables en la tarea de reducir residuos. También es muy importante seguir de cerca la evolución de la tecnología en el reciclaje del tetra brik, así como a los avances que puedan llevarse a cabo en la recogida selectiva de estos envases. Estos aspectos son los que determinarán el futuro del brik en un modelo de sociedad que, antes o después, por voluntad propia por imposición de las circunstancias, deberá ser respetuosa con el ambiente.
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