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"De la Diligencia ...
al Correo Electrónico"


Por el Ing. F. F. Papa Blanco

Publicado el 4/12/88 en Montevideo R.O.U.


Ciento veinte millones de cartas y paquetes postales amontonados en tres semanas de huelga; empresas al borde de la quiebra, protestas airadas de pequeños comerciantes; y las transnacionales privadas del "correo expreso" - tipo DHL o World Courier- celebrando jubilosamente la reciente huelga de correos en Francia. Llevará, se dice, tres semanas para regularizar la situación. Es decir que muchas cartas uno o dos meses para llegar al destinatario: un buen número de transacciones demoradas o imposibilitadas. Este no es sino un capítulo más de la crisis en que, uno por uno, caen los Correos estatales a través del mundo.

En setiembre fue el turno de la Gran Bretaña; hace unos años toneladas de correspondencia reposaban en vagones de carga por toda Italia provocando retrasos de entregas, en algunos casos de más de un año; nuestro pequeño país aporta con bastante regularidad su granito de arena a la creciente desconfianza del público en los correos estatales, desconfianza que lleva poco a poco a la privatización parcial o total de los servicios, es decir al fin de monopolios que, con buen criterio, establecieron los más de los países para propulsar y garantizar un servicio de evidente interés público.


CORREO Y TRAMA SOCIAL-ECONÓMICA

Quién puede dudar que la comunicación es esencial para tejer, mantener, enriquecer y dinamizar la trama social? Esta función hace por si sola inadmisible toda ruptura de los medios de la comunicación personalizada.

Pero conviene agregar dos consideraciones de carácter práctico:

- Dos servicios del estado manejan físicamente propiedad privada, es decir pertenecientes a personas físicas o jurídicas: la aduana ( el binomio aduana - puerto si se quiere) y el correo, que manipulan mercaderías la una, y correspondencia (y en mejor escala paquetes o dinero) el otro. Todo paro de estos servicios implica retención de propiedad privada como el derecho a la huelga. Pero... la Constitución reconoce explícitamente tanto el derecho a la propiedad privada como el derecho a la huelga. Al entendimiento de un profano, parece haber contradicción en los hechos entre esas disposiciones constitucionales, por lo menos en cuanto a correos y a aduanas - puerto. Restringiéndonos al correo, esa contradicción solo se evitaría si el Estado, prestatario del servicio, asegurara en caso de huelga la entrega de las piezas postales en su poder, piezas que no pude enajenar ni siquiera temporalmente (por añadidura, el franqueo implica obligaciones contractuales del correo para con sus clientes). En otras palabras, el ejercicio de un derecho constitucional - la huelga - no puede resultar en la violación de otro - la propiedad privada.

En el caso de Francia, el ministerio competente tomó varias medidas para paliar la situación, que culminaron con la remoción, bajo protección policial, de los camiones que bloqueaban los garajes de los centros de distribución, cuyas ruedas habían sido inmovilizadas por enormes mordazas acerrojadas.

- Comunicación y actividad forman en todo sistema social un binomio indisociable. La interacción entre componentes del sistema - individuos/ personas jurídicas/ órganos del Estado

- se realiza inevitablemente a través de un acto de comunicación. Así todo corte o retraso de los procesos de comunicación atenta contra la vida en sociedad. A parte de los inconvenientes de tipo afectivo, retrasos de poca importancia, etc. que esto pueda acarrear, los efectos económicos negativos son inevitables y afectan todos los niveles. Casos concretos: un contrato de servicios que no se firma a tiempo: una orden de compra o confirmación de un negocio o cotización para una licitación que no llegan: un becario que recibe demasiado tarde los formularios de inscripción para los cursos que debe seguir y pierde su beca o debe atrasar sus estudios: una declaración fuera de plazo en vistas a obtener exoneración de impuestos sobre réditos obtenidos fuera del país: una acción legal o administrativa que se detiene por falta de un poder perdido en las sacas amontonadas de un correo...


PRIVATIZACIÓN DE FACTO

Más y más países se van convencieron de que el Estado no puede hoy día operar efectivamente los servicios postales de tipo clásico que requieren, por así decir, un trabajo de hormiga, y logística y control ajustados. En Gran Bretaña, el monopolio estatal ha sido ya limitado a envíos que requieren un franqueo menor que una libra esterlina - lo que abarca las cartas corrientes y envíos a nivel popular - y se habla de permitir correos privados aún a este nivel y mismo privatizar el Royal Mail (que dejaría de ser Real...). En los Estados Unidos existen correos privados - Federal Express y otros - que funcionan en paralelo con el correo estatal. En Francia, además de múltiples arreglos existentes con compañías privadas y estatales, se ha creado Cronospot, que asegura entregas mas rápidas - pero mucho más caras - que las del correo ordinario; en Nueva Zelanda se ha anunciado estos días que el gobierno laborista piensa privatizar los servicios postales. Y los correos africanos reunidos en Abidjan el pasado mes de octubre discutían las virtudes e inconvenientes de la privatización... En España, la entrega de correspondencia por mensajeros privados es cada vez mas frecuentes: abundan en la prensa anuncios como "joven con moto propia se busca para distribución de cartas, etc.".

A las medidas más o menos privatizantes tomadas en cada país para mejorar los servicios, se superpone la proliferación y espectacular crecimiento de mensajerías multinacionales como las mencionadas al principio. Gradual pero seguramente, se va produciendo una privatización de hecho, sobre todo de la correspondencia internacional de cierta importancia, proceso alimentado por la ceguera de quienes agravan las deficiencias de los servicios, y que paradójicamente suelen escudarse tras el slogan "defendamos lo que es del pueblo". Yo conozco un solo método de defensa de lo que pertenece a la sociedad entera, de que el Estado suele ser gestor: eficiencia, corrección, fiabilidad, tanto a nivel de trabajo como de dirección. Es a la cabal prestación del servicio postal que el pueblo todo entero tiene derecho; y esto es estrictamente opuesto al mantenimiento de un organismo inoperante o deficitario.

En un país como el Uruguay, la deficiencia y mermada confiabilidad del correo implica que los sectores productivos encomiendan hoy mismo a las multinacionales su correspondencia internacional significativa: drenaje de divisas considerable ( varias decenas de dólares por sobre o paquete), que a fin de cuentas pagan tanto quienes provocan como quienes pasivamente toleran y sufren la decadencia de un servicio esencial, o sea el pueblo entero. Es triste constatar que el Correo se vea poco a poco reducido a vehicular tarjetas de Navidad, cartas de amor y noticias personales, aún si todo esto tiene su importancia, mientras los sectores activos se ven obligados a recurrir a otras soluciones: allí donde hay una necesidad, alguien de alguna manera, trata de llenarla a cambio de un beneficio.


TECNOLOGÍA Y CORREOS

El correo no es sino un aspecto visible de un fenómeno generalizado: toda burocracia, más aún si está hipertrofiada, es crecientemente ineficaz, paralizante, difícilmente evolutiva; deja así de servir como instrumento de acciones productivas o "viabilizantes" en un mundo crecientemente interactivo y dinamizado al extremo, mundo que requiere acción rápida, oportuna, en competencia con quienes se mantienen alerta para aprovechar cualquier oportunidad favorable en los mil y un campos en que la interacción internacional se manifiesta. Tal tipo de burocracia presente el síndrome del dinosaurio yendo hacia su extinción, no ya en los pantanos prehistóricos en evolución lenta, sino en la jungla del estado invasivo y paternalista, presa fácil de un sindicalismo arcaico; extinción por inadaptación en un mundo alerta, en que proliferan países, empresas e individuos ansiosos de progresar.

El desgranamiento de los servicios postales clásicos es además inevitable en razón de avances tecnológicos que permiten la transmisión electrónica de textos escritos o impresos. El destinatario recibe un "facsímile" (del latín facere simile: en la jerga del ramo, "fax") del original. El correo clásico sobrevivirá sin duda, aunque manejando un porcentaje decreciente del tráfico total de correspondencia y de paquetes. Los cada vez más livianos repuestos y productos electrónicos engrosan el volumen de los correos privados, a lo que las empresas encomiendan ya un 25 por ciento o más del total de su correspondencia.

Es evidente que la subsistencia de los correos clásicos en paralelo con el correo electrónico depende en gran medida de la aplicación que aquellos sepan hacer de tecnologías modernas, las cuales cubren ya una amplia gama de operaciones postales: uso generalizados de indicativos numéricos zonales; recursos o códigos reglados (barras magnéticas o impresas); reconocimiento óptico-electrónico de códigos y caracteres alfabéticos y de números, base de la clasificación automática de cartas por zona, calle y numeración; uso de máquinas para la venta de estampillas, y así sucesivamente.

En suma, la noble diligencia del siglo pasado subordinada a la electrónica como tabla de salvación.




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