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   Edición 88 / Enero - Junio del 2004

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El Corresponsal


El Efecto Contagio de la
Crisis en Liberia



El Corresponsal de Medio Oriente y África
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Argentina


Las guerras civiles en África Occidental son descriptas normalmente como tragedias que ocurren en estados aislados. Ahora, el foco de atención está en Liberia. Antes, el conflicto en Costa de Marfil recibió más atención. Previo a eso, fue Guinea, y anteriormente, Sierra Leona. De hecho, todas estas guerras se entrelazan, y es imposible entender una sin la referencia de las otras.


El caos en Liberia aconseja una intervención internacional, pero Estados Unidos no parece interesado en comprometerse en un país sin valor estratégico ni económico y con sólo 3 millones de habitante. Sin embargo, convendría considerar que el feudo de Charles Taylor es un fósforo encendido en una región empapada en combustible.

Como era previsible, el presidente norteamericano, George W. Bush, en su reciente gira por África, eludió visitar Liberia. En cambio, decidió visitar los dos países más poderosos del continente (Sudáfrica y Nigeria) y tres de los mejor gobernados (Senegal, Uganda y Botswana). Sin embargo, hubo señales de renuencia de Bush a enviar tropas a Liberia. Su rechazo es entendible. Estados Unidos tiene más para ganar comprometiéndose con líderes sensatos que con alguien como Charles Taylor, el déspota sitiado de Liberia. También es más fácil ayudar a países que están intentando ayudarse. Pero Bush tendría una buena razón para intervenir. El caos en un país tiende a infectar a los vecinos.

Si uno piensa en Liberia como una calamidad aislada, la razón para la intervención militar norteamericana es débil. Obviamente, Estados Unidos tiene viejos lazos con Liberia, fundada en 1847 por esclavos norteamericanos liberados, pero Liberia no tiene importancia estratégica o económica. Su pueblo está sufriendo, pero un cínico podría señalar que se trata de sólo 3 millones de personas. Si, en cambio, uno ve a Liberia como un fósforo encendido en un vecindario empapado de combustible, la cuestión es extinguir esa llama antes de que el incendio se torne incontrolable.

Es una historia complicada. La inestabilidad de Liberia amenaza a Sierra Leona, que está esforzándose para recuperarse de una guerra devastadora de la que Taylor es en gran parte responsable. Taylor también ha hecho retroceder a los rebeldes hasta Guinea. El presidente de Guinea, Lansana Conté, también los enfrentó, pero la situación del país es frágil. Se cree que Conté tiene una enfermedad terminal, aunque él todavía se niega a nombrar a un sucesor, por lo que la mayoría de los guineanos cree que habrá un golpe o algo peor cuando se muera. Más importante aún, los liberianos han luchado en ambos bandos en una nueva guerra en Costa de Marfil, que tiene la economía más desarrollada de África Occidental. Si Costa de Marfil siguiera el camino de Liberia, arrastraría a Burkina Faso, Malí y Níger, que en parte dependen económicamente de sus nacionales emigrados a Costa de Marfil.

Tomada en conjunto, la crisis de África Occidental es una de las peores del mundo. La guerra regional se habría cobrado ya medio un millón de vidas y continúa destruyendo las de millones más. Esto explica por qué muchedumbres histéricas manifestándose frente a la embajada norteamericana pidieran el envío de tropas. Francia, Gran Bretaña y las Naciones Unidas están pidiendo lo mismo.


Una catástrofe made in Taylor

Sorprendentemente, Taylor aceptó renunciar, tal como le "sugirió" Bush. Dirigiéndose a algunos de los pocos periodistas en Monrovia que sus servicios de seguridad no han amenazado, dijo: "Yo pienso que EE.UU. ha de venir ahora. Usará mi fuerza, mi popularidad y mi legitimidad, y trabajará para obtener la paz en Liberia."

Taylor no estaba siendo completamente sincero. El ya ha prometido dar un paso al costado en otras ocasiones, la última como parte de un acuerdo de cese del fuego suscripto recientemente. Sin embargo, hizo una aclaración: Él estaba preparado para dar un paso al costado, pero ya que el pueblo liberiano clamó por su permanencia, tendría que respetar la voluntad popular. La Corte Internacional en Sierra Leona ha librado una orden de arresto en su contra por crímenes de guerra.

Las cosas parecen difíciles para él inclusive en su casa. Un grupo llamado Liberianos Unidos para la Reconciliación y la Democracia (LURD) y una fuerza política afín, el Movimiento para la Democracia en Liberia (Model), controla la mayor parte del país y se dispone a tomar la capital. La infantería de Taylor, jóvenes con pelucas de mujeres y mujeres con sus cabezas afeitadas, están en pleno saqueo. Un residente de Monrovia contó cómo ellos intentaron matar al perro de su vecina para comérselo. Pero el animal era ágil y ellos estaban borrachos y mataron a la vecina por error.

Taylor alcanzó el poder en 1989, cuando entró por el este de Liberia con un grupo guerrillero entrenado en Libia. Aunque educado en los Estados Unidos, sedujo a los integrantes de una tribu local. Con su ayuda, marchó sobre Monrovia, y evitó ser capturado por una fuerza de intervención nigeriana retrocediendo hacia Sierra Leona, el vecino norteño de Liberia. Furioso, predijo que Sierra Leona conocería muy pronto "el sabor amargo de la guerra".

Y lo hizo. En 1991, Taylor envió 100 hombres, comandados por Foday Sankoh, a capturar los yacimientos de diamantes de Sierra Leona. Sankoh reclutó a pobladores locales, sobre todo a niños, para integrarlos al ejército rebelde, que llamó Frente Unido Revolucionario (RUF). Con el apoyo de Taylor, el RUF despobló la mitad del país, asesinó a aproximadamente 200.000 personas y amputó aún a más. Sankoh y Taylor están acusados de haberse adueñado del comercio ilícito de diamantes en Sierra Leona.

La ONU envió fuerzas de paz en el 2000, pero el RUF los tomó como rehenes y asesinó a varios. Finalmente, intervino Gran Bretaña. Mientras los paracaidistas británicos se apoderaron de la capital, Freetown, las fuerzas especiales derrotaron a los combatientes del RUF. La paz se restauró.

Previamente, en 1997, Taylor había generado una ola de terror en Liberia y había logrado que lo eligieran presidente. Como su poder en Sierra Leona declinó, envió una fuerza de combatientes del ex RUF, tropas liberianas y disidentes guineanos a invadir Guinea. Su excusa era que los rebeldes de Liberia estaban usando a Guinea como base. Los hombres de Taylor tomaron una tercera parte del país rápidamente. Pero con la ayuda del ejército norteamericano y de los rebeldes de Liberia, Guinea los hizo retroceder.

Con eso, la marea empezó a volverse en contra de Taylor. En Sierra Leona, la ONU persuadió a 25.000 hambrientos rebeldes del RUF a dejar las armas. Entretanto, Guinea armó y entrenó una milicia de liberianos opositores a Taylor, el LURD. Con milicianos de Sierra Leona reforzando sus cuadros, el LURD entró en el norte de Liberia.

Paralelamente, Taylor lanzó una campaña de terror, popularmente conocida como "Operación nada con vida", para detener el apoyo de la población local a los rebeldes. Esto hizo estallar la situación. "El mató a mis tíos, a mis hermanas, a mis hermanos, media población en mi pueblo está muerta", dice el mayor Forma Kanneh, un combatiente del LURD que se recupera de las heridas en Freetown. Agrega, en un argot elocuente: "Después de eso, yo y muchos otros tomamos las armas". Las armas fueron proporcionadas por Guinea, dice Kanneh, pero el uniforme se lo compró él mismo.


El paraíso de un saqueador

A fines del año pasado, los problemas de los vecinos afectaron a Costa de Marfil, el país más estable en África Occidental. Hay mucho para destruir allí. Visitantes en Abidján, la capital comercial, se impresionan inmediatamente por sus impecables caminos, rascacielos vidriados, restaurantes franceses y el inmenso puerto de mar. Todo esto está ahora en riesgo.

Un motín del Ejército en septiembre desembocó en serios conflictos armados. El presidente Laurent Gbagbo ha tratado de redefinir el concepto de ciudadanía de los marfileños para excluir virtualmente a todos aquellos que no pertenezcan a su grupo étnico. En un país que ha acogido generosamente a los inmigrantes, que ahora constituyen el 25% de la población, esto es incendiario. Les ha hecho difícil a los habitantes del Norte acceder a sus documentos de identidad (y por consiguiente a votar) y les ha permitido a sus partidarios expulsar a los granjeros "inmigrantes" y apoderarse de sus tierras. Esto ha afectado mucho a la población originaria de Burkina Faso, ya que el presidente acusa a ese país de respaldar a los rebeldes.

Los rebeldes marcharon hacia Abidján, pero fueron bloqueados por el ejército francés, que mantiene una paz precaria. Bajo la presión francesa, los dos lados firmaron un cese del fuego en enero y formaron un gobierno de unidad nacional. Pero el país sigue dividido en dos, con los rebeldes controlando el Norte y las fuerzas gubernamentales, el Sur, mientras fuerzas de paz francesas y africanas separan a ambos contendientes. El Norte y el Sur están más tranquilos, pero en el Oeste, cerca de la frontera con Liberia, la guerra crepita.


Fronteras permeables

El pueblo occidental de Bangolo ha sido saqueado completamente dos veces en los últimos seis meses, primero por rebeldes y luego por tropas leales al gobierno marfileño. Los saqueadores arrasaron con las casas y despojaron al hospital del pueblo de medicamentos, colchones, acondicionadores de aire, adornos y todo lo que tuviera algún valor. Y dejaron a su paso latas de cerveza y paquetes de cigarrillos vacíos con la leyenda: "Vendido en Guinea."

Es un pequeño recordatorio de cómo son de permeables las fronteras de África Occidental. El contrabando de cigarrillos se muda fácilmente de país a país y también, lamentablemente, lo hacen los milicianos. No mucho después del comienzo de la guerra en Costa de Marfil, las milicias liberianas -probablemente con el apoyo de Taylor, que odia a Gbagbo- cruzaron el río que separa a los dos países y empezaron a matar y saquear. El ejército de Gbagbo, siguiendo una vieja tradición marfileña de hacer que los extranjeros se encarguen del trabajo sucio, reclutaron a otros liberianos, en su mayoría refugiados, para ayudarlos a luchar contra el primer grupo.

Niño Combatiente

En el comienzo, el gobierno negó que hubiera contratado a mercenarios de Liberia, pero luego lo aceptó y ambos, el gobierno y los rebeldes, acordaron expulsarlos del país. Los rebeldes intentaron hacerlo, pero el gobierno, no. Presos en un campamento de refugiados liberianos cerca del pueblo de Guiglo, se dice que el Ejército a menudo va a reclutarlos. "Sammy", un tímido adolescente de 17 años de voz chillona, dijo que recibió un fusil de asalto AK-47 y un poco de entrenamiento, pero ningún salario. A cambio, le dijeron que se las arreglara por sí mismo.

A casi 70 kilómetros de allí, en Bangolo, el pueblo desconoce la política de su gobierno de alentar a los extranjeros a saquear sus casas, pero sí conocen las consecuencias. "Se llevaron nuestro arroz, nuestro cacao, nuestros muebles", dice Marie Tieri, una abuela local. "Amenazaron con matarme si no les daba todo. Y se llevaron con ellos a las chicas jóvenes del pueblo."

El problema es que los mercenarios liberianos son sumamente útiles al gobierno. Todos les temen, en gran parte porque se cree que tienen poderes mágicos que los hacen inmunes a las balas. Inclusive están convencidos de esto funcionarios de la ONU que tienen educación universitaria. El único escéptico que hemos encontrado fue Sammy, quien, encogiéndose de hombros, dijo: "Yo no tengo nada a prueba de balas."

Según cifras del Gobierno, han muerto 3.000 personas durante la guerra de Costa de Marfil. Y las violaciones masivas han provocado un aumento del VIH del 12 al 20 por ciento. Además, 1.200.000 personas han huido de sus casas. Los guerrilleros pro Gbagbo, a menudo en uniforme, han estado impulsando a los "extranjeros" a dejar el país. En una visita a los barrios bajos de Abidján, pueden observarse las ruinas de las chozas en las que alguna vez vivieron 2.500 inmigrantes. Un ex residente cuenta la historia: "Vinieron al mediodía, con excavadoras. Dijeron que nosotros estábamos albergando a rebeldes, pero no era cierto. De todos modos, aplastaron nuestras casas. ¿Qué podíamos hacer? Era el Ejército."

Por razones de seguridad, las alguna vez rápidas carreteras de Costa de Marfil están ahora sembradas de bloques de cemento y de retenes militares. De Abidján a Bouaké, la capital rebelde, situada a 280 kilómetros, hay unos 26. En cada uno, la policía hace bajar a los pasajeros de los autobuses y los hace formar en fila, durante horas, mientras verifica sus documentos. Durante meses, los camiones de carga no podían pasar. Ahora lo hacen algunos, pero el servicio es lento y caro para los granjeros del Norte, que están pagando más por el combustible y recibiendo menos por su azúcar.

Comerciantes en Bouaké dicen que nunca vieron tan mal el negocio. "Los bancos están todos cerrados, porque nadie tiene dinero", dice Alassane Dumbia, dueño de un pequeño comercio de ropa. Todavía hay gente que tiene trabajo, pero ellos tienen que viajar al Sur para cobrar sus cheques, pasando por esos 26 controles del camino.

El único beneficio de la guerra fue el temporario aumento del precio del cacao, del que Costa de Marfil es el primer productor mundial. Pero todos los otros negocios han quedado afectados. Los expatriados, principalmente franceses, cuyos negocios pagan la mitad de los impuestos del país, han salido en estampida. La industria turística, alguna vez floreciente, se ha evaporado. Las playas están abandonadas y los hoteles, vacíos. Los pobres son los que más sufren. "Es duro trabajar el campo cuando ellos se han llevado todos nuestros machetes", dice Francis Banhiet, el alcalde de Bangolo.


¿Qué oportunidad de paz?

Tanto Liberia como Costa de Marfil han entrado en un círculo vicioso. La tensión étnica disparó la guerra, que a su vez ha agravado aún más la tensión étnica. La pobreza llevó a los hombres jóvenes a robar a otros pobres, empobreciéndose todos todavía más. El gobierno, que invertía admirablemente poco en el ejército para fortalecer las escuelas y los hospitales, está aumentando ahora frenéticamente su arsenal, dejando menos para el gasto social y los ya hartos rebeldes temen que planee hacer recrudecer la guerra.

Romper el círculo vicioso requerirá voluntad política, pero ninguna de las partes cree en la otra. Hace muy poco, el principal grupo marfileño rebelde amenazó con suspender su desarme, luego de que una muchedumbre intentó matar a su líder, Guillaume Soro, ministro de Comunicaciones en el llamado gobierno de unidad. Francia, la ONU y otros estados de África Occidental están intentando desesperadamente que ambas partes se sienten a conversar seriamente.

Entretanto, en Liberia, Taylor parece condenado. Los vecinos a los que él ha perjudicado le pisan los talones, Guinea haciendo avanzar al LURD y Costa de Marfil a los rebeldes del Model. Con el LURD controlando los yacimientos diamantíferos de Liberia y el Model a las puertas de Buchanan, el principal productor maderero, los rebeldes han tenido éxito en cortarle el principal flujo a dinero en efectivo donde las sanciones de la ONU fallaron.

Si los rebeldes capturan Monrovia, ¿qué tipo de gobierno podrían formar? Nadie lo sabe. Ningún grupo ha cometido las atrocidades de Taylor, pero ambos están comprometidos con violaciones de los derechos humanos y ninguno tiene un líder indiscutible ni más plan que el de derrocar a Taylor. Un hombre de negocios suizo que estuvo brevemente secuestrado por el LURD ha dicho que fue tratado bien, pero que temió por su vida cuando los rebeldes empezaron a dispararse entre ellos.

Si la capital cae, Taylor podría escapar a su anterior feudo en el este del país. El Ejército, aparentemente, está preparado para ser evacuado de Monrovia. Hay peligro de que Liberia se desintegre completamente, con el LURD controlando Monrovia y el Norte; el Model, en el Sur, y Taylor, en el Este. El 1° de julio, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, reiteró su pedido de una intervención militar norteamericana que prevenga semejante calamidad. Con un mínimo involucramiento norteamericano, podría generarse una fuerza importante. Francia ha dicho que ayudará, y los estados de África Occidental han comprometido 5.000 soldados.

Estados Unidos podría aprender de la intervención francesa en Costa de Marfil, que seguramente evitó un baño de sangre, y de la británica en Sierra Leona, que ayudó a restaurar una paz endeble. Una sorprendentemente pacífica votación el año pasado le dio el 70 por ciento de los votos a Ahmed Tejan Kabbah, que aspiraba a su reelección, y que había sido obligado a huir durante la guerra. La encarnación política del grupo rebelde RUF tuvo sólo el 2 por ciento de los sufragios.

Freetown parece relativamente próspero ahora: Los cibercafés y las discotecas están surgiendo como hongos. Pero el boom está amparado por la presencia de 17.500 soldados de las fuerzas de paz de la ONU, el mayor despliegue jamás visto aquí. Si ellos se van, como está previsto, el próximo año, el boom podría terminar y la seguridad de Sierra Leona quedaría en manos del Ejército, que votó en contra de Kabbah. Un intento de golpe fracasó en enero, pero su líder logró huir.

En privado, funcionarios británicos encargados de entrenar al Ejército de Sierra Leona son menos optimistas que cuando llegaron, hace tres años. Sus alumnos todavía no son tan disciplinados como ellos quisieran y a menudo arruinan sus relucientes rifles británicos usándolos como escaleras de mano. @

(*) La fuente: The Economist (Londres)







 

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