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   Edición 88 / Enero - Junio del 2004

Opinión



El Renacer de la Esperanza


Por Xesús López Fernández
xesuslopez@terra.es

España


Podemos entender que el hombre, con el creciente materialismo que parece no tener fin, se encuentra cada vez más sólo, más incomunicado. Y que es más pobre. La esperanza (para muchos totalmente desaparecida) aún puede ser el motor que ayude a vivir a ciertos sectores. El discurso de Paul Ricoeur, filósofo francés de 90 años, en Santiago de Compostela, (una perspectiva personal casi secular para inventariar catástrofes y miserias, mismo la derrota de la Naturaleza) deja abierta una puerta a esa expectativa de ver las cosas más recompuestas, un reparto más igualitario no solamente de derechos, sino también de los bienes que ahora no llegan (o lo hacen en menor cuantía) a los más pobres.


El filósofo no cae en el pesimismo de otros pensadores para los que parece no existir ya un retorno posible; estima que la situación global puede mejorar y centra su esperanza en un acercamiento social ajeno a las relaciones mercantilizadas; que son precisamente las sociedades menos afectadas por el consumo material las que están más vivas, menos cargadas de ira. La práctica del regalo, las fiestas de carácter tradicional que conectan con las raíces de las sociedades rústicas, pueden ser la clave de ese mayor y mejor entendimiento.

Al cumplirse un año de la catástrofe del Prestige, Galicia fue capaz de ponerse de nuevo en pie y de presentar una embajada de 150.000 manifestantes en la plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela, reveladora de esa sensibilidad que existe aquí, más allá de la política oficialista o partidaria, una sensibilidad ciertamente nacionalista que procura enarbolar una bandera que fuerce al poder a actuar en la dirección correcta. La llamada de atención del Defensor del Pueblo español en relación con la falta de una verdadera investigación en relación con las causas del accidente del Prestige, aunque desestimada por la Xunta de Galicia, parece muy oportuna.

Que el portavoz parlamentario del Partido Popular haya "intuido" la posible existencia de una oveja negra en cada familia gallega (ésa fue su afirmación) presente el 16.11 en el Obradoiro, no le restó protagonismo al monstruo negro que apareció entre el gentío y que personalizaba al Prestige y a la consiguiente marea negra. Y a otros intereses y "prestiges" (como la fábrica de Ence, varada en Lourizán). En cierto sentido, la concentración en la emblemática plaza del gentío y del "monstruo", nos han acercado a una especie de ceremonial colectivo de expulsión del demonio, a una actuación festiva y tradicional, a lo mejor en la línea que propone el filósofo francés. Los problemas es necesario compartirlos, sentirlos como algo común y superable también por medio de la ley, o haciendo burla de los responsables que no la administran.

En algunos pueblos primitivos continúan celebrando ritos de expulsión de los demonios, a los que en algunos casos embarcan con víveres, mismo en embarcaciones de vela y con el viento de popa para alejarlos. Aquí, el demonio Prestige está en el fondo marino. Y el "monstruo" presente en el Obradoiro, su negritud, representaba, además de la corporización del Prestige, la personalización de otras cosas...Veremos qué nos trae el futuro, cómo se recupera la Naturaleza y qué hace el poder para que así sea. A ver si formulan un discurso coherente...

Y del discurso de un Paul Ricoeur esperanzado pasemos al de Eduardo Galeano, a sus declaraciones a Radio "Cumbre de la Tierra" el pasado año, cuando la Reunión de Johannesburgo. ¿Qué pueden esperar los países pobres del encuentro internacional?, Que no se fíen, fue la respuesta de Eduardo Galeano, porque cada vez hay más gente sin agua y sin posibilidad de mantenerse toda vez que el Norte sigue esquilmando al Sur (los cinco países que realmente mandan), destruyendo sistemáticamente la Naturaleza. Dice el autor que es un discurso falaz culpar a la Humanidad de dicha destrucción, cuando la Humanidad es la gran víctima de que le hayan cambiado el paisaje y convertido en desiertos lo que antes eran espacios feraces; que es el falso progreso el que va arrasando, exterminando, a las comunidades que antes convivían con la Naturaleza.

En las manifestaciones de Galeano, el hombre llega a afirmar que algunas comunidades indígenas han llegado milagrosamente a nuestros días y que de ellas debemos aprender, porque forman un todo con la Naturaleza, lejos de la prédica de algunos grupos ecologistas que no comprenden ese grado de integración. El hombre que vive en un bosque primario es su primer defensor, toda vez que de él vive y está emparentado con las criaturas que lo habitan. Todo lo que tenga piernas o patas, alas o raíces, está unido por un vínculo cierto que el hombre urbano, solitario en las modernas urbes, no entiende. Y debo creer que las gentes del mar, en especial las de nuestro Finisterre, son un poco como esos pueblos primitivos a los que alude el escritor uruguayo.

Vivir en la orilla del mar, vivir del mar, hermanado con las olas, demuestran el ejercicio de la misma filosofía conservacionista que se da en los pueblos primitivos. Que como consecuencia el hundimiento del Prestige (accidente o lo que haya sido, que no está claro) hayan conformado al Finisterre gallego en un enorme basurero, en una especie de enorme laguna Estigia, pueden acabar con la esperanza de muchas gentes, marcar la ruina de no pocas familias, tal vez cambiar la vocación atlántica de nuestra sociedad...Y estamos lejos de la solución final, de la muerte real del monstruo exorcizado en la plaza del Obradoiro el 16 de noviembre.

La sociedad precisa estar dispuesta a todos los esfuerzos para recuperar el mar, para luchar de nuevo contra el chapapote si preciso fuese. Con las manos o con la ayuda de voluntarios dispuestos, con su esfuerzo, a renovar la esperanza en un mar regenerado, fuente de vida. Posible. @










 

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