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Entre la cordillera y el mar, entre la Antártida y la pampa húmeda se extiende la Patagonia argentina, una región donde predominan las mesetas, las terrazas, algunas sierras, valles y cañadones, y muchas depresiones y bajos. Es aquí donde el pastoreo excesivo, el desmonte y la labranza degradan los suelos y permiten que el desierto todos los años devore cientos de hectáreas fértiles. Ubicación: Se extiende de los paralelos 36° y 55°. Superficie: 780.000 kilómetros cuadrados Provincias comprendidas: Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Neuquén, Río Negro y parte de La Pampa. Características: Las mesetas y terrazas constituyen el rasgo distintivo de la región. Además, existen sierras, valles, cañadones y las depresiones y bajos. Lluvias: El régimen anual pluviométrico varía entre 150 y 250 mm. Clima: Con amplitudes térmicas diarias significativas, la mayoría de los días con vientos fuertes y con escasos períodos libres de heladas. La Cordillera de los Andes ubicada al Oeste de la región, resulta de gran influencia en el clima. Por su parte, la influencia del litoral marítimo y del Atlántico es sólo perceptible como elemento moderador de la temperatura, pero de escasa relevancia en cuanto a la humedad. Vegetación: A excepción de zonas de la precordillera, algunos valles y parte de Tierra del Fuego, predominan las especies arbustivas y gramíneas. Benetton y las ovejas Famosas como los Benetton, las ovejas son las "malas de la película" al compactar con sus patas los suelos y contribuir a la erosión. El problema es que no son unas pocas.
En esta región ubicada al sur del continente se produce el 50% de la lana del país. Y, según últimos informes, más de 10.000 productores utilizan el pastizal natural para su ganado. Existen 13 millones de ovejas que producen unas 57.000 toneladas de lana, y hay más de 756.000 bovinos que mastican toneladas de pasturas naturales por año. Los especialistas la presentan como una típica región donde la ecología del lugar se mantiene en un delicado equilibrio muy fácil de romper. Por eso todos señalan al hombre cuando los informes dan cuenta de las pérdidas productivas y biológicas de una importante superficie de ese lugar del mundo. Y el equilibrio se rompió. Según la Secretaría de Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación (SAGPyA), gran parte de la región sufre un agudo estado de degradación. El sobrepastoreo, la trashumancia, la extracción de arbustos para leña, los incendios, la extracción y remoción de suelos, degradan "más allá de las posibilidades de recuperación natural", los suelos y la vegetación. Ocupa más del 30% del territorio argentino con sus 780.000 kilómetros cuadrados de superficie, sin embargo tiene un 40% de su superficie con claros signos de degradación, y más de un 30% ya es un desierto. "En importantes superficies patagónicas el proceso de desertización es tan agudo, que se asiste en la actualidad a la situación realmente dramática de productores que se ven compelidos a abandonar sus explotaciones y perder su patrimonio y fuentes de trabajo", dice un documento de la SAGPyA. Según este organismo, solamente en la provincia de Santa Cruz, sobre un total de 1.000 productores agropecuarios, 200 ya han abandonado sus campos y otros tantos se hallan en vías de hacerlo. El uso excesivo de los campos de pastoreo es la causa principal de la pérdida de la capacidad productiva de esas tierras. Con el desierto que avanza, con el ganado sin nada para comer, sólo queda el exilio. Todo tiempo pasado... Cuando Charles Darwin recorrió la Patagonia, la vegetación natural cubría la demanda de la fauna nativa y el suelo no presentaba signos preocupantes de degradación. Al calor de la demanda lanar en el mercado mundial a principios de siglo, crecieron los establecimientos ovinos. El 75% de los 2.800.000 kilómetros cuadrados que ocupa el territorio argentino tiene condiciones de aridez y semiaridez. Gran parte de esa superficie sufre procesos erosivos (la erosión eólica afecta todos los años unas 60.000 hectáreas nuevas), y se estima que las pérdidas económicas de las tierras productivas ascienden a los 700 millones de dólares. La mayoría de las tierras áridas y semiáridas son propensas a sufrir desertización, que es el máximo deterioro que puede sufrir el suelo. El problema es que, una vez que el desierto avanza, es muy difícil que retroceda. @ Mayor información en: www.ecodigital.com.ar![]() |
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