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70 millones de toneladas de granos; 7 mil millones de litros de leche, 2.300.000 toneladas de carne, 32.000 toneladas de lana, 201.000 toneladas de poroto; 177.000 toneladas de Algodón, son sólo algunos logros de una larga nomina de productos, pero son por sobre todo, cifras más que elocuentes para definir a un país con una economía creciente e identificar al suelo agrícola como el soporte más sólido de la economía argentina. Ese suelo, lamentablemente, y como lo demuestra la historia, es uno de los recursos más castigados y, actualmente con datos alarmantes: El 20 por ciento del territorio argentino está dañado por la erosión. Suman 60 millones en total las hectáreas erosionadas, superficie que equivale a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. La erosión afecta a todos los suelos, incluyendo los mejores, con aptitud agrícola y agrícola-ganadera causando mermas importantes a su productividad, lo cual impacta negativamente sobre la economía de las explotaciones agropecuarias y del país, ya que los rendimientos disminuyen significativamente perdiéndose a razón de 1000 kilos de Trigo, 1500 kilos de soja y 5000 kilos de Maíz por hectárea en suelos con erosión severa. En la Pampa Húmeda los sectores más erosionados son el norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba en las cuencas de los Ríos Carcarañá, Arrecifes y Arroyo del Medio, con un 35 por ciento de la superficie erosionada. También los suelos de las provincias de Entre Ríos, Misiones, Chaco, Salta y Formosa presentan un grado importante de la afectación cercano al 40 por ciento de su territorio. La erosión eólica afecta principalmente al sector semiárido de la región Pampeana, Chaqueña, Patagónica y sectores importantes de Mendoza, La Rioja y Catamarca. En la Patagonia existe un proceso de desertificación generalizado que incluye a más de 50 millones de hectáreas en grados de moderado a grave. Estudios realizados por el Instituto de Suelos del INTA Castelar en la región pampeana, muestran que un suelo con erosión severa, pierde por hectárea y por año alrededor de 15 centímetros de su capa arable, lo cual representa unas 30 toneladas de suelo, 60 toneladas de materia orgánica y 30 kilogramos de Fósforo. En las últimas dos décadas los niveles de materia orgánica de los suelos disminuyeron progresivamente, pasando de un 3,2 por ciento promedio en rotación agrícola-ganadera al 2,7 por ciento en suelos sometidos a agricultura continua convencional. El incremento constante de los rendimientos registrados durante la década del 90 y que continúa actualmente, ha permitido pasar de 40 a más de 70 millones de toneladas de granos de cosecha anual. Estimaciones recientes sobre cultivos de Trigo, Maíz, Soja y Girasol indican niveles de reposición de nutrientes del 25 por ciento para Nitrógeno y del 50 por ciento para Fósforo, siendo muy escasos o nulos para otros nutrientes esenciales. La falta de una fertilización balanceada, los bajos niveles de reposición de nutrientes del suelo, sumados a la pérdida de materia orgánica, ha conducido a una disminución considerable de la fertilidad de los suelos y por lo tanto de la sustentabilidad física, ecológica y económica de las explotaciones agrícolas. Conservarás tu suelo productivo La producción sustentable debe basarse en sistemas conservacionistas que permitan controlar las principales causales de declinación de la producción. La expansión del sistema de siembra directa, cuya difusión inició el INTA en la década del 70, y que hoy alcanza una superficie aproximada de 14 millones de hectáreas, constituye uno de los logros más importantes en conservación de suelos. La siembra directa sustenta su alta eficiencia para controlar la erosión, en el mantenimiento en superficie de importantes niveles de cobertura aportada por los rastrojos de los cultivos en rotación, lo cual permite además incrementar el contenido de materia orgánica del suelo. En contraposición a esta técnica conservacionista, en los últimos años se está difundiendo la monocultura sojera, que aumenta la vulnerabilidad del agrosistema y afecta la conservación del suelo, debido a la escasa cobertura de rastrojos y al balance negativo de la materia orgánica del suelo. En la Argentina de la próxima década la agricultura tendrá productividad creciente ya que continúa existiendo una brecha considerable entre la producción por unidad de superficie y la producción obtenida por los agricultores que aplican tecnologías modernas. Ello significa que, existiendo las tecnologías necesarias, el nuevo objetivo de alcanzar los 100 millones de toneladas es posible. La conservación de la integridad y las funciones del suelo continuará siendo el principal factor relacionado con el desarrollo de sistemas agrícolas sustentables. Haciéndonos eco de las palabras de Hugh Bennett, repetimos "Es importante que el hombre se sienta dueño de la tierra, pero que a su vez se convierta en celoso custodio de su integridad en todos sus aspectos, es decir hacerla producir al máximo, al menor costo posible, pero sin disminuir su productividad". El 7 de julio "Día Nacional de la Conservación del Suelo" es fecha propicia para que los argentinos recordemos que debemos proteger nuestro suelo productivo, él es fabrica de alimentos para nosotros y para el mundo. @ (*) El Ing. Roberto Casas, es el Director del "Instituto de Suelos", INTA-Castelar (INTA - Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) Este artículo fue escrito en junio del 2003, para lo cual, debe tenerse en cuenta la posible variación de cifras y contexto de la actualidad. ![]() |
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