![]()
· Cultura de la Paz · Informes Especiales · Diccionario Ecológico · Alimentos y Nutrición · Ecoturismo · Reservas y Parques · Sitios de Interés · Denuncias Ambientales · Publique sus Artículos · Premios y Menciones ![]() ![]()
|
Los jaibaná del Darién tiene representaciones de los "Jaira" (Espíritus), que manejan, los cuales son hechos por ellos mismos. Según los escritores científicos Louis Powells y Jacques Bergier, la humanidad conoció en los tiempos antiguos más antiguos, de lo que hoy nos imaginamos, técnicas folklóricas para el dominio de las fuerzas del espíritu. De esta tecnología basada en las fuerzas espirituales o mentales, según los autores mencionados, quedan algunos vestigios materiales colosales hoy día y serían todas aquellas construcciones ciclópeas como las pirámides de Egipto en el norte de África, o las ciudades de Sacsahuamán y Tiahuanaco en América del Sur. Construcciones éstas que serían realizadas, según lo plantean estos autores, a través de fuerzas espirituales. Si se lograra comprobar esto, quizás llegaríamos a la conclusión de que el dominio del espíritu perdura aún en los restos de algunas civilizaciones antiguas a través de las llamadas "ciencias ocultas". En nuestro continente la magia y la hechicería parecen estar localizadas aún en una vasta zona montañosa que incluye territorios de las actuales repúblicas de Panamá, Colombia, Venezuela y Brasil, principalmente. Esto no es una mera casualidad. Ya en los tiempos de la Conquista, según nos cuenta Fray Bartolomé de las Casas, en la región de Paria (Venezuela) había unos sacerdotes indígenas llamados "piachas", expertos en magia, "tanto que se revestía en ellos el diablo y hablaba por boca de ellos muchas falsedades, conque los tenía cautivos en su servicio, bien asentados y descuidados". A estos "piachas" los tenían por "cosa santa" y "en gran reverencia y estimación", nos dice Fray Bartolomé de las Casas. Los "piachas" curaban enfermedades convocando espíritus, que según los cristianos como Fray Bartolomé, no eran otra cosa que "demonios". Para aprender este arte los "maestros" escogían a niños de diez a doce años a los cuales se les veía vocación. Se les enviaba a lugares apartados en la montaña donde los "piachas" viejos los adiestraban por espacio de dos años, al cabo de los cuales estos niños eran reintegrados a su comunidad ya preparados para las artes de la magia o hechicería. Llevando una vida austera, sometidos a una gran disciplina y a una dieta vegetariana, estos niños aprendían, de manera folklórica, la medicina botánica, los conjuros, los cantos agoreros y los rituales necesarios. Así como hoy día muchos profesionales se preparan en la Universidad de Salamanca, por ejemplo, para ejercer diversas disciplinas, existe por pura coincidencia en un lugar apartado de la selva colombiana una gruta llamada "Cueva Salamanca", donde los actuales chamanes o hechiceros se preparan para estas artes. Muchos indígenas del Darién han aprendido allí o se han especializado allí después de haber adquirido en sus comunidades los primeros conocimientos del chamanismo. ¿Enfermedades psico-culturales o un mundo dimensional de coexistencia? Es muy común observar en el Darién (provincia panameña que limita con Colombia) personas que padecen una especie de epilepsia o convulsiones acompañadas de extraños cantos y fenomenología (adivinaciones, sansonismo, etc.) que, según se dice, son enfermedades "puestas" por chamanes o "jaibanás" malvados utilizando los "jaira" o "espíritus" en la lengua Emberá. "Emancipación e Idoneidad de América Latina: 1492-1992" A principios de los años 90, Fe y Alegría, institución de la Iglesia Católica, sin fines de lucro y dedicada a la educación popular y promoción social, inició un proceso de sensibilización en la comunidad darienita de El Salto (riveras del río Chucunaque) con miras a construir un acueducto por gravedad dada la alta contaminación de las aguas del río y la aparición en Darién de la enfermedad del cólera. Se inspeccionaron las fuentes de agua para escoger la más indicada. En este trabajo participaron promotores de Fe y Alegría y miembros de la comunidad. Dirigidos por expertos cazadores escogieron una quebrada llamada "Panganal". La toma de agua para el acueducto fue ubicada por un técnico en la caída de una cascada a 7,8 kilómetros de la comunidad. Según las tradiciones culturales Emberá, las fuentes de agua están habitadas por unos seres míticos o espirituales llamados "wandras", algo similar a lo que en las culturas latinas se conoce como "duendes". Por lo tanto, para utilizar sus aguas hay que pedirles permiso a los "wandra" mediante una ceremonia. De lo contrario hay que atenerse a las consecuencias. Si alguien mencionó este aspecto cultural, nadie le puso mayor atención, quizás por no hacer el ridículo lo callaron. La segunda ocasión que los moradores de El Salto fueron al chorro, la señora Clementina Chamí no se bañó. Todos decidieron darse un chapuzón, incluso, el director de Fe y Alegría en ese entonces, el jesuita Tarcisio Parrado. Chamí cuenta que ese día al estar en el chorro comenzó a sentirse mal. Sentía el cuerpo muy pesado. Al llegar a su casa no tenía apetito. La gente de la comunidad durante muchos días de trabajo había hecho zanjas, enterrado y pegado la tubería desde aquella encantadora cascada a 7.8 kilómetros de la comunidad y el día que pusieron las "plumas" o llaves de agua, sorpresivamente la señora Chamí vio llegar dos mujeres indígenas como ella a su casa. Tenían el cabello bonito, largo. Ellas le dijeron más o menos lo siguiente: "Tú puedes ser una fiel representante nuestra. Debes vivir con nosotras en el chorro, porque, además, por culpa de ustedes nuestros hijos están esparcidos y abandonados en esta comunidad. En cada casa hay uno (llevado allí a través de la tubería). ¡Pobre de nuestros hijos! Tú te estabas riendo en el chorro mostrando tu diente de oro y todos los encantos de tu rostro como si fuera una gran cosa lo que estaban haciendo (el acueducto) por lo tanto, te sucederá algo malo hasta convertirte en wandra". Lo curioso del caso es que las dos extrañas mujeres eran pequeñitas, como niñas de ocho años y no vestían la "paruma" o falda que usan las emberá sino que andaban completamente desnudas, pero en algunas ocasiones se vistieron, una paruma intensamente azul y la otra con paruma intensamente "puéparo", es decir, blanca. Dijeron que ellas eran las que cuidaban el chorro. A Clementina Chamí le dieron tres ataques parecidos a epilepsia en días distintos y fue llevada por su esposo al hospital de Yaviza. El médico diagnosticó alta presión y le recetó unas pastillas, pero además, el médico, muy sabio por cierto, le dijo que se trataba de una "enfermedad cultural" y debía regresar a su comunidad a curarse con los médicos tradicionales, es decir, con los "jaibaná". La Curación Chamánica En El Salto hay una mujer jaibaná. Se llama Rosalba Contreras. Era entonces una mujer joven como de unos 26 años y muy hermosa. Cuando la entrevistamos habló en su idioma y el señor Arnulfo Diguisamá nos hizo la traducción. Esto fue lo que dijo Rosalba: " Primero a Clementina la llevaron al hospital tres veces. La última vez el médico "campuniá" (latino) le dijo que la enfermedad de acá de nosotros. Así fue como a Clementina la trajeron donde mí y comenzamos a hacer chicha cantada. Al regresar a la ciudad de Panamá, para corroborar la traducción que nos hizo el señor Diguisamá, recurrimos a la traducción del joven estudiante emberá, Mateo Mecha, quien nos reveló la misma versión. Los jaibaná del Darién tienen representaciones de los "jaira" que manejan, hechos por ellos mismos en madera. Estos bastones y/o figuras mitológicas son utilizados en las ceremonias de curación o "chicha cantada". Se dice que para prepararse para este menester el chamán ingiere bebidas especiales preparadas con plantas alucinógenas. Cuando un jaibaná muere, los bastones son guardados por sus familiares como recuerdo. Al morir el "jai" los bastones pierden sus poderes. Usted puede adquirir estos bastones chamánicos en el Darién como reliquias o piezas artesanales de valor artístico, aunque ya no con "poderes espirituales". Las "chicha cantada" es una ceremonia especial para curar. Se preparan bebidas y una especie de "altar" con hojas de la palmera llamada "parará". Toda la noche la jaibaná cantó sus canciones misteriosas frente a la enferma que reposaba en un petate en el suelo, y así fue como pudo ver una mujer y un hombre "wandras" que eran los que tenían enferma a Clementina. Ambos eran pequeñitos. La "wandra" dijo que ella era la dueña del salto. Como los jaibaná "manejan" sus propios "jairas", o espíritus, Rosalba, con la ayuda de los suyos hizo prisionero al "wandra" varón. Fue entonces cuando Rosalba recomendó recoger dos cubos de agua de la cascada y bañar con esa agua a la paciente para ponerle su "wandra" protector. Pero el esposo de la enferma sólo recogió un cubo de agua y con esa agua bañó a su esposa. Rosalba entonces "adivinó" que no se había hecho su recomendación completamente, por lo que sentenció que se debía hacer el remedio completo, pues de lo contrario, podría volver a recaer. Rosalba también nos dijo que lo que los "wandras" querían era llevarse a Clementina para el salto, convertida en una de ellos, para que viviera con ellos allí, ya que la veían atractiva. Además, de esa manera pagarían los humanos el error de no haberles pedido permiso para utilizar el agua del chorro. Así, después de Clementina comenzarían a "encantar" a cada uno de los moradores de El Salto, para convertirlos en "wandras". La Iniciación de Rosalba como Jaibaná Según versión de la comunidad y de la propia "jaibaná", ella no aprendió el arte de curar en ninguna escuela esotérica, sino que el espíritu de su abuela, que era "jaibaná" se le introdujo. Sucedió que cuando su abuela murió Rosalba estando en el sepelio cayó desmayada y así desmayada comenzó a cantar los mismos cantos que cantaba su abuela. Desde entonces, continuó cantando y curando a la gente del poblado. Según el ex-jesuita Salvador Freixeido, existe un mundo dimensional de coexistencia poblado por todos esos seres míticos que pueblan el llamado "folklore narrativo" de los pueblos. Por lo contrario, para el jesuita Oscar González Quevedo, psicólogo y experto en fenómenos parasicológicos, toda esta fenomenología, cuando se manifiesta, viene acompañada de la "prosopopeya", es decir, que atribuimos todos esos "prodigios" de la mente o de las facultades inconscientes a los demonios, a los espíritus de los muertos, a los pitones, a las hadas, etc. Para el padre González Quevedo todas estas manifestaciones no son más que el producto del subconsciente capaz de hacer cosas maravillosas. En cada cultura existen seres míticos a los cuales aprendemos a describir y conocer a través de los relatos de nuestros antepasados (padres, abuelos, etc.). El subconsciente, según las explicaciones del padre González Quevedo, es capaz, por ejemplo, de producir un ectoplasma o sustancia material en forma gaseosa con la cual se moldean figuras o "fantasmas". La producción ectoplasmática de un fantasma entero, al menos aparentemente, de persona, animal u objeto, se denomina "fantasmogénesis". Pero más que nada, los seres míticos (demonios, duendes, wandras, etc.) existen solamente en la mente de las personas. @ BIBLIOGRAFÍA
![]() |
![]() |
![]() |
www.mae.org.ar / info@mae.org.ar |