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Desde los años 50's tres grandes ramas han sugerido expresar una contribución para el desarrollo de la economía. Una de ellas es la educación. En los 50's y los 60's, Harbison y Myers consideraron importante la necesidad de incrementar la atención a la mano de obra, mientras que Tinbergen, Paarnes y otros pronosticaron que el futuro de las necesidades de los trabajadores era la educación planeada para cubrir estas necesidades. Becker, Schultz y otros tienen una posición dominante en la cual se peocupan más por el capital humano y como se sienten las personas en su trabajo. La tercera rama importante, es mencionada a finales de los 80's, entre otras personas por Barro. En ella, se incorpora la educación como variables importantes modelos de crecimiento endógeno, obteniendo resultados que aparentemente establecen a la educación como un determinante ritmo para el crecimiento económico. Las regiones excluídas no pueden esperar que otros entes definan su destino. Cuando ello ocurre, con frecuencia, esas orientaciones tienen un carácter paternalista y asumen que las capacidades propias de las personas son escasas y por consiguiente también se diseñan programas coyunturales, de corto plazo y con escasa participación de la comunidad. Pensar las regiones es una tarea, pues, insoslayable en la periferia. No sólo para ser “regiones inteligentes” con capacidad de aprendizaje colectivo en entornos exigentes. Sino también para ser sociedades reales y activas, donde el Gobierno sea realmente una tarea de la comunidad y no sólo de los políticos. Seminario Internacional: "Desarrollo endógeno en territorios excluidos” - Temuco, 27 de noviembre del 2001. La cooperación internacional (importante mecanismo de transferencia tecnológica en América Latina) asume cada vez más un rol “subsidiario” en el desarrollo, es decir, aporta sólo aquello resulta imprescindible y después de procesos que involucran la voluntad y apoyo de los gobiernos nacionales. La creciente y despiadada competencia internacional en la que se encuentran los países exige de cada uno de ellos reforzar su competitividad y ello cada vez más se logra mediante una integración de los factores productivos en “entornos sinergéticos”. Pensar las regiones desde ellas mismas es mejorar la calidad de la democracia al mismo tiempo que una exigencia de la competitividad. Pero ese ejercicio de reflexión colectiva e informada, en que las conversaciones van gestando las realidades sociales, debe recoger lo mejor de la experiencia de otras latitudes. Desarrollo endógeno no es desarrollo autárquico sino que, por el contrario, significa utilizar para los propios propósitos y objetivos regionales o locales lo mejor del entorno, lo más pertinente para nuestra problemática. A mediados del presente siglo, el ideal del progreso, propio del credo liberal decimonónico, fue sustituido por el del desarrollo. A su vez, el ideal del desarrollo evolucionó al más amplio de “desarrollo integral”, para incluir los aspectos sociales y cualitativos. Luego, se fue matizando en términos de “desarrollo con rostro humano”, hasta llegar al concepto de “desarrollo humano”, que el PNUD utiliza en sus informes y que enfatiza la centralidad del hombre en todo proceso de desenvolvimiento, y el “desarrollo sostenible”, acuñado por el Informe Brundtland. El Informe Brundtland define el desarrollo sostenible en los términos siguientes: “Un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin menoscabar las capacidades de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”. De esta suerte, en la concepción del desarrollo están presentes tanto la dimensión humana como la preocupación ambiental, el respeto por el medio, la necesidad de lograr un equilibrio, una adecuada compatibilidad, entre el desarrollo y la preservación de la calidad de la vida y de los recursos naturales. Los informes sobre el desarrollo humano del PNUD establecen que “el objetivo básico del desarrollo humano es ampliar las oportunidades de los individuos para hacer que el desarrollo sea más democrático y participativo. Una de ellas es el acceso al ingreso y al empleo, a la educación y a la salud, y a un entorno físico limpio y seguro. A cada individuo debe dársele también la oportunidad de participar a fondo en las decisiones comunitarias y de disfrutar de la libertad humana, económica y política”. Otro elemento importante en el concepto de desarrollo sostenible es el cultural. El verdadero desarrollo tiene que partir del respeto y la promoción de la cultura. Si la cultura y el desarrollo no marchan en la misma dirección, ambos se condenan mutuamente al fracaso. Es, en última instancia, la cultura la que da firmeza al desarrollo y lo hace realmente duradero. "El desarrollo debe estar anclado en la cultura de cada pueblo y diferenciarse de acuerdo con las características de los diversos grupos étnicos y culturales".... —Carlos Tünnermann Bernheim— Managua. @ (*) Cristopherd José Alaña es Licenciado Ciencias Estadísticas. Asesor Estadístico de las Misión "Vuelvan Caras". MINEP. Prof. UCV. Escuela de Geografía. ![]() |
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