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Desde fines de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) Centro América ha experimentado varias políticas de desarrollo rural que han pretendido supuestamente "desarrollarla". Estas políticas han demostrado, sin embargo, ser un completo fracaso: Han creado grandes desigualdades, nunca han logrado satisfacer las necesidades alimentarias de la población en su conjunto, han degradado las condiciones de vida de las comunidades campesinas e indígenas desintegrándolas, empobreciéndolas cada vez más y destruyendo su ambiente natural y cultural. El sector rural sufre de un fuerte deterioro que se traduce socialmente en la desigualdad en la tenencia de la tierra y otros recursos, que en vez de disminuir aumenta cada día, en las altas tasas de desempleo y sub-empleo, en el hambre, la enfermedad y la pobreza de grandes capas de la población mayoritariamente indígena y campesina, en el incremento del crimen y de toda clase de tráficos ilegales en el alcoholismo, la prostitución y la violencia, etc. A pesar de ello, continúan a imponerse en la región por medio del Plan Puebla Panamá (PPP) (1), exactamente las mismas recetas que el Banco Mundial ha venido implantando desde hace 50 años: La construcción de grandes infraestructuras para incrementar la competitividad, la rentabilidad, el crecimiento económico, la apertura al mercado internacional y la expansión de las exportaciones. La única diferencia es que, lo que se hizo en los años 60 y 70 del siglo XX destruyeron las selvas del Pacifico, por ejemplo, convirtiéndolas en pastos o algodoneras, construyendo carreteras, hidroeléctricas, puertos y aeropuertos, sacando a los campesinos de sus tierras, urbanizando el campo y pauperizando las ciudades el PPP propone hacerlo ahora en dimensión gigantesca y en unos pocos años. El Plan Puebla Panamá (PPP) llega como una aplanadora a convertir a Meso América de una región agrícola, en la que un alto porcentaje de la población es rural y predominan los agricultores de subsistencia, en un corredor de maquiladoras completamente sometido a los intereses de los Estados Unidos y de las grandes Transnacionales. Bajo un discurso de desarrollo humano y sostenible y una supuesta lucha contra la pobreza, el PPP realmente lo que busca es consolidar el poder económico de los Estados Unidos y empresas transnacionales norteamericanas frente a la Unión Europea (UE) y el bloque asiático liderado por Japón. Aunque originalmente el PPP no habla explícitamente de desarrollo rural (2) implícitamente reproduce, corregido y aumentado, el "desarrollo" que se ha venido imponiendo desde mediados del siglo XX en Mesoamérica y lo lleva hasta sus últimas consecuencias: La eliminación completa del campesinado y la desaparición del sector rural. Aprovechamos la oportunidad que se nos ofrece de expresarnos en este espacio para hacer algunas breves consideraciones sobre tan terrible perspectiva, analizando los siguientes puntos:
Actualmente, el concepto de desarrollo está siendo cuestionado por diferentes autores (Mires 1996, Sachs 1997) y considerado como un concepto colonialista en nombre del cual se han arrancado a poblaciones completas de sus tierras y se las ha desposeído de sus conocimientos y valores tradicionales. Fue el presidente Harry Truman de los Estados Unidos quien en un discurso pronunciado en 1949 dividió a la población mundial en dos sectores: Uno rico y desarrollado y el otro pobre y subdesarrollado decidiendo que el primero tenía que sacar al segundo de su subdesarrollo. "Truman necesita realmente esta reconceptualización del mundo. Los poderes europeos, que perdían sus súbditos coloniales, representaban un mundo que se había derrumbado y Estados Unidos, la nación más fuerte emergida de la guerra, fue obligada a actuar como el nuevo poder mundial. Para esto necesitaba una visión de un nuevo orden global. El concepto de desarrollo se presenta al mundo como una colección de entidades unidas que no se mantienen unidas por medio de la dominación política de los tiempos coloniales, sino a través de la interdependencia económica. Así la hegemonía estadounidense no tenía nada que ver con la posesión de territorios, pero sí todo que ver con su apertura a la penetración comercial" (Sachs, 1997). El "desarrollo" se identificó desde el principio con la imposición en los países supuestamente pobres (3) de un modelo de sociedad ajeno a las necesidades de la mayoría de la población mundial pero necesaria a la consolidación del poder económico y político de los países "desarrollados": Obtención de ganancias a corto plazo, aumento de las exportaciones agrícolas en detrimento de la alimentación de las poblaciones nacionales y de los mercados internos, modernización de la producción, incremento de la productividad, crecimiento económico. Como gran parte del subdesarrollo se encontraba en los países no industrializados y particularmente en sus zonas rurales entre los años 1950 y 1960 los esfuerzos de desarrollo rural financiados por los préstamos del Banco Mundial (BM) se concentraron en construir en dichos países la infraestructura física que permitiera realizar los objetivos mencionados (4). "Al mismo tiempo, la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO) promovía políticas de modernización de la agricultura y expansión de las exportaciones agrícolas sin tomar en cuenta sus impactos sociales y ecológicos, mientras que la Organización Mundial del Trabajo (OIT) promovía reformas agrarias y la creación de cooperativas en el campo" (Barraclough et al., 1997). Desde entonces, el desarrollo rural ha estado condicionado por los intereses de las grandes transnacionales de la agroindustria y las políticas de los organismos internacionales. Bajo el discurso de modernización e implantación de la Revolución Verde, se comenzaron a colonizar grandes áreas boscosas y a realizar grandes infraestructuras. Se deforestó la costa del Pacífico, se construyeron carreteras, puertos e hidroeléctricas como la de Chixoy en Guatemala, se dieron créditos a la ganadería y a la producción de otros productos como algodón, ganado y caña de azúcar, se implantaron proyectos de irrigación y se dieron subvenciones a los empresarios agrícolas para que exportaran sus productos. Los nuevos grupos empresariales dejaron de lado a los oligarcas cafetaleros tradicionales, hicieron sus fortunas con la exportación y el procesamiento del algodón, el azúcar, la carne de res y el plátano y con la importación de insumos para las agroindustrias. El papel y la influencia de las transnacionales fue más indirecto pero efectivo. Las tasas de crecimiento económico de la región en los tres decenios de la posguerra transcurridos hasta 1976 fueron las más elevadas de América Latina y en cada uno de los países centroamericanos la acumulación se basó principalmente en la expansión de la exportación agrícola (5) (Twomey et al., 1991). A pesar de ello la región, no salió de su subdesarrollo ni de su pobreza, no se modificó la estructura de tenencia de la tierra, tampoco se terminó con el hambre ni con la desnutrición. Al contrario se elevaron los costos de producción y surgió una mayor dependencia económica-tecnológica de las transnacionales, se sufrió una gran contaminación y degradación de los recursos naturales (suelo, agua, biodiversidad) y se comenzaron a producir bienes agrícolas nocivos a la salud. La población rural fue sacada de sus tierras y marginada, debiendo los campesinos convertirse en trabajadores agrícolas asalariados errantes en el campo, emigrar hacia la ciudad, donde aumentaron el desempleo y la pobreza, hacia las selvas o hacia los Estados Unidos. Las condiciones sociales se degradaron causando graves y violentos conflictos, se perdieron ricos ecosistemas, creció la dependencia de los capitales y de la tecnología extranjeros: "A fines de los 60 comenzaron a aparecer profundas cuarteaduras en el edificio: Las anunciadas promesas del desarrollo estaban construidas sobre la arena. La élite internacional, que había estado ocupada en apilar un plan de desarrollo sobre otro, frunció el entrecejo. En la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el BM los expertos se dieron repentinamente cuenta de que las políticas de crecimiento no funcionaban. La pobreza se incrementaba precisamente a la sombra del bienestar, el desempleo probaba ser resistente al crecimiento y la situación alimentaria no podía mejorar... Se hizo evidente que la identificación de progreso social con crecimiento económico era pura ficción" (Sachs, 1997). A principios de los años 70, las políticas del Gobierno y de las agencias internacionales, como el BM (6), empezaron a cambiar. "Tan pronto se admitió el fracaso de la estrategia de Truman se proclamó otra estrategia de desarrollo con un nuevo objetivo: El desarrollo rural y los pequeños campesinos. La lógica de esta operación conceptual es suficientemente obvia: La idea de desarrollo no fue abandonada sino que, en realidad, se amplio su campo de aplicación" (Ibd.) El BM y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) implementaron la Estrategia de Desarrollo Rural Integrado (DRI) en la que por medio de créditos y de facilidades para la comercialización se estimulaba a los pequeños y medianos agricultores para que se tecnificaran y aumentaran su producción. Surgieron nuevas instituciones agrícolas del Estado, como el Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícola de Guatemala (ICTA), que dirigieron una parte de sus actividades hacia la modernización del sector agrícola de subsistencia, beneficiando a aquellos campesinos que tenían una ventaja comparativa sobre los demás (mejores tierras, proximidad a fuentes de agua o carreteras, etc.), marginando a los más pobres y agudizando la polarización existente en el campo. Al interior del sector de subsistencia surgieron algunas explotaciones de pequeños o medianos empresarios agrícolas que producían principalmente para la exportación o para las elites urbanas, eran sujetos de crédito y utilizaban insumos químicos importados, variedades mejoradas de semillas, equipo mecánico y sistemas de irrigación pero la mayoría de campesinos siguió empobreciéndose, tuvo que abandonar sus tierras que ya no producían más y seguir emigrando (Valenzuela, 1991). Al final de la década de los setenta, sin embargo, los precios de los productos agrícolas tradicionales colapsaron y los precios del petróleo subieron, por lo que ni los países ni los agricultores llegaban a pagar sus deudas. Las políticas de ajuste estructural impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a principios de los años 80 pararon el proceso de modernización del sector de subsistencia, intensificando el proceso de modernización de las grandes empresas y contribuyeron a la agravación de los conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. El Estado dejo de ser el principal actor del desarrollo rural y su rol fue supeditado a los dictámenes del BM y del FMI. La agricultura, se orientó más que nunca hacia el crecimiento económico y la liberalización de los mercados (7), beneficiando prioritariamente a las explotaciones susceptibles de ampliar sus capacidades productivas, diversificar su producción para la exportación, elevar su rentabilidad, y participar aún más en el mercado internacional, dejando de lado la producción de granos básicos y las políticas de apoyo a los pequeños y medianos agricultores. Las devaluaciones del tipo de cambio, la liberalización de los precios y las reducciones del gasto publico, con el objeto de equilibrar la balanza de pagos y crear un flujo de divisas, incrementaron la competencia y remplazaron a la antigua burguesía terrateniente por una clase empresarial cada vez más agresiva que explota los recursos naturales más intensivamente y margina aún más a los agricultores incapaces de afrontar la competencia. Aún cuando, el sector de empresas agrícolas de mediana producción alcanzó mayores niveles de comercialización, la marcada caída del apoyo gubernamental para la agricultura y el aumento de los precios de insumos importados tuvo un impacto muy negativo. Los nuevos productos de exportación no compensaron la caída de la producción de cultivos como el algodón, su demanda no es estable y sus precios son poco competitivos. Las nuevas políticas, no sólo no han cumplido con el objetivo de equilibrar la balanza de pagos, al aumentar las exportaciones agrícolas de la región, sino que estas últimas están actualmente a un nivel inferior al alcanzado a fines de los años 70 y comienzos de los 80 (8), mientras que, el nivel de las importaciones agrícolas prácticamente se ha duplicado desde entonces (Zeeuw et al., 1997). Las políticas de liberalización de los mercados y la reducción del rol y el tamaño de las instituciones estatales han tenido como consecuencia la concentración cada vez mayor de la comercialización en manos privadas y la disminución del financiamiento, de la investigación, de la asistencia técnica y del crédito dirigidos hacia los pequeños empresarios agrícolas, quienes no tienen los medios financieros para continuar invirtiendo y se ven poco a poco endeudados, desplazados o absorbidos por las empresas agrícolas o agroindustriales más fuertes. La inversión pública y las acciones institucionales se dirigen hacia aquellos agricultores con un alto potencial productivo, una producción más rentable y retornos de capital de más corto plazo. La región depende cada vez más del exterior para su alimentación y producción de alimentos y el sector agrícola es cada vez menos capaz de satisfacer las necesidades alimentarias de la población (9) y de proporcionar las divisas necesarias para adquirir los alimentos importados. La balanza comercial de los cinco países es negativa, los niveles de consumo de la mayoría de la población han disminuido, la pobreza y la criminalidad se ha incrementado enormemente y las migraciones hacia centros urbanos, el bosque y el exterior no cesan de incrementarse. Ante esta situación y la rápida degradación ambiental el Gobierno de los Estados Unidos y gobiernos europeos mediante fundaciones privadas y fondos estatales, empezaron a financiar a Organizaciones No Gubernamentales (ONG) con el fin de implantar un desarrollo rural sostenible y luchar contra la pobreza y el hambre. Se comenzaron a implementar programas y proyectos que se pretendían sostenibles de punto de vista social, económico y ecológico. Un gran número de tecnologías a las que se consideró apropiadas o sostenibles fueron también ensayadas por instituciones y personas sensibles a los problemas sociales y ambientales. Las ONG substituyeron al Estado en muchas de sus atribuciones (salud, educación, asistencia técnica, etc.) y se constituyeron en importantes actores del proceso de desarrollo rural. Los programas y proyectos de desarrollo rural sostenible, sin embargo, tuvieron resultados muy mediocres o fracasaron pues ni el Gobierno ni las ONG (generalmente financiadas por agencias externas) se atacaron a las causas profundas de los problemas sino que al contrario, integraron el concepto de "desarrollo rural sostenible" al marco neoliberal existente. Se afirmó que el desarrollo rural sostenible es compatible con el crecimiento económico y se puso (y se sigue poniendo) un gran énfasis en el aspecto técnico, en la conversión de los pequeños productores agrícolas en empresarios, en la modernización (utilización de tecnología importada), en la diversificación de la agricultura y en la realización de pequeños proyectos productivos que generalmente no tienen ningún seguimiento, están aislados los unos de los otros y no contemplan ni integran aspectos sociales ni políticos. "El discurso de la sostenibilidad busca reconciliar a los contrarios de la dialéctica de desarrollo: El ambiente y el desarrollo económico. En este salto mortal, más que dar una vuelta de tuerca de la racionalidad económica se opera un vuelco y un torcimiento de la razón: El móvil del discurso no es internalizar las condiciones ecológicas de la producción sino proclamar el crecimiento económico como proceso sostenible, sustentado en los mecanismos del libre mercado, como medio eficaz para asegurar el equilibrio ecológico y la igualdad social… Así prosigue un movimiento ciego hacia el futuro, sin una perspectiva sobre las posibilidades de desconstruir el orden económico antiecológico y de transitar hacia un nuevo orden social guiado por los principios de sustentabilidad ecológica, democracia participativa y racionalidad ambiental" (Leff, 1998). Las ONG han sido incapaces de dar a las comunidades una educación política sobre la naturaleza del desarrollo y del neoliberalismo (10). No se ha tratado de comenzar a construir un desarrollo rural y ambiental sostenibles, basados en otras premisas que el crecimiento económico, el aumento de la producción y de las exportaciones, la competitividad y rentabilidad, etc. "La imposibilidad de reconciliar los objetivos primordiales del desarrollo rural sostenible (producción alimentaria, creación de empleos y conservación de la naturaleza) con las relaciones de poder y los modelos de producción y consumo impuestos por el sistema tanto a nivel local como internacional hicieron que los modelos de desarrollo sostenible no pudieran llenar sus objetivos" (Barraclough, 2000). Las estrategias de desarrollo rural sostenible tampoco lograron solucionar el empobrecimiento cada vez mayor de la población, la destrucción y degradación de la naturaleza y la dependencia del mercado externo. Pero al constatarlo algunos programas, el PPP es un ejemplo, en vez de buscar las causas profundas del fracaso han decidido que los proyectos de desarrollo rural sostenible (agroecología, agroforesteria, agricultura orgánica, etc.) han sido mediocres o nulos por lo que hay que eliminarlos y substituirlos nuevamente por una mayor modernización de la agricultura y una mayor inserción en el mercado internacional, mientras que gobiernos populistas y demagógicos como el de Guatemala siguen repartiendo fertilizantes fósiles baratos haciendo creer que con esto están luchando contra la pobreza y contribuyendo al desarrollo rural. Esta posición corresponde a los nuevos intereses de las compañías transnacionales norteamericanas que tratan de mantenerse en el mercado por medio de un proceso, llamado de globalización, en el que buscan controlar y dominar completamente las economías y los recursos de América Latina (11). En los Estados Unidos y en los países europeos, la agricultura ha llegado a tomar tales proporciones que siendo supuestamente países industriales se han convertido en países agroexportadores, por lo que ya no están interesadas en que Mesoamérica siga produciendo granos básicos y más bien están interesados en que les importe los productos que ellos producen y se integre al proceso de globalización poniéndose al servicio total de sus intereses. La única producción que podría interesarles a las TN es la de productos agrícolas no tradicionales que no hagan la competencia a los productos que ellos exportan o que por razones climáticas no pueden producir (Valenzuela de Pisano, 1996). Por lo que, para el PPP la región ha dejado de interesar en tanto que región rural productora de productos agrícolas de subsistencia. La única agricultura que se piensa desarrollar es una agricultura que emplee fuertes capitales y haga uso de las nuevas tecnologías que necesita vender y la agroindustria internacional, las transnacionales farmacéuticas y la industria del petróleo (productos transgénicos, insumos químicos, equipos, etc). 2.- El desarrollo rural que propone el PPP Los promotores del Plan Puebla Panamá, impulsado por el presidente Vicente Fox de México y firmado por todos los presidentes de los países Centroamericanos en junio del 2001, han decidido que el sur de México y Centro América son demasiado rurales y pobres (12) (sin carreteras adecuadas, con un número demasiado grande de campesinos dispersos, sin infraestructuras y con recursos naturales subexplotados) y pretenden sacar a la región de su pobreza y subdesarrollo entregándola al capital transnacional y propiciando, mediante la promoción de inversiones y el desarrollo productivo (desregulación, exenciones fiscales, dotación de infraestructura, creación de zonas francas y corredores de maquiladoras etc.), una mayor apertura del mercado, una mayor competitividad y un mayor crecimiento económico (Valenzuela, 2002) (13). Se piensa también hacer de la región mesoamericana una plataforma de transporte rápido para que las transnacionales puedan agilizar y hacer más rentable el comercio entre el Occidente y Asia, que cada vez toma más importancia a nivel mundial, ya que desde Puebla, atravesando toda Centro América hasta Panamá se encuentra el pasaje más corto entre los dos océanos. La lógica implícita del PPP, en lo que corresponde el desarrollo rural de la región Mesoamericana, corresponde completamente al contenido del concepto de "desarrollo" implementado en la región desde mediados de los años 40 del siglo XX. Es una lógica simplista y sumamente fácil de comprender: Primero: La región mesoamericana es pobre porque es demasiado rural (14) y cuenta con una agricultura, predominantemente de subsistencia, poco eficiente debido a las políticas proteccionistas de los gobiernos, a la dispersión en la que se encuentra la población rural y, en el caso de México, a la extensa propiedad comunal (ejidos) que existía en detrimento de la propiedad privada. Segundo: A pesar de que la región Sur Sureste de México y Centro América cuentan con recursos pesqueros y tierras adecuadas para cultivos del trópico húmedo (plátano, café y caña de azúcar) no están aprovechando este potencial en forma adecuada y cerca de dos terceras partes de las tierras sembradas están dedicadas al cultivo del maíz. Además, la agricultura de subsistencia es de temporal, basada en unidades de producción poco tecnificadas y de escasa extensión, enfocadas parcialmente al autoconsumo. El sector primario (agropecuario, silvícola y pesquero) refleja, en consecuencia, una baja productividad y un reducido nivel de ingresos para la población ocupada en este sector, mientras que, la presión demográfica (15) ha llevado a incorporar al cultivo tierras poco aptas para usos agrícolas (en especial con vocación forestal) lo que tiene como resultado un rendimiento agrícola por hectárea muy bajo. Tercero: Para terminar con la pobreza y "desarrollar" a la región, es necesario eliminar el sector agrícola de subsistencia e impulsar una agricultura de monocultivo, altamente tecnificada y orientada hacia la exportación, que tenga seguridad sobre la propiedad privada de las tierras y se desarrolle en el marco del libre mercado. Hay que convertir la agricultura deficiente en: "Una agricultura caracterizada por amplias extensiones donde se cultiva de forma tecnificada un único producto de tipo perenne (no de ciclo anual): Café, plátano, azúcar, palma africana y productos maderables, entre otros. Esta agricultura se desarrolla mejor por parte de agentes económicos dotados de amplios recursos financieros debido, entre otros, al tamaño mínimo eficiente de las plantaciones, a los riesgos climatológicos, fitosanitarios y de mercado de una plantación extensa y a los largos periodos de maduración de los cultivos perennes. Para este tipo de inversionistas la seguridad en los derechos de propiedad de tierras es esencial" (Levy et al., 2001). Cuarto: Para incrementar la producción y revertir la situación de pobreza y atraso del campo mesoamericano, será necesario elevar los rendimientos unitarios modificando el nivel de tecnificación agrícola (irrigación, empleo de semillas mejoradas, fertilizantes, plaguicidas y pesticidas, rotación de cultivos, etc.) y construyendo las infraestructuras necesarias para que una agricultura altamente tecnificada pueda desarrollarse en la región conjuntamente con una industria de maquiladoras que absorba la fuerza de trabajo existente. Ya que, "Prácticamente todas las teorías de crecimiento económico coinciden en afirmar que los incrementos en inversión y en activos de capital físico tienen un impacto positivo sobre el crecimiento" (PPP, 2001). Quinto: El único "desarrollo rural" es la desaparición del campesinado y de la agricultura de subsistencia. Para ello, es necesario concentrar a los ex-campesinos en centros urbanos donde puedan vender su mano de obra barata a maquiladoras que ensamblaran los productos que se comercialicen entre las economías occidentales y el Asia, a fin de bajar los costos de transporte. El desarrollo rural no es una de las preocupaciones del PPP que, al contrario, se propone descampenizar la región y concentrar a la población rural en centros urbanos en donde se instalen industrias maquiladoras en las que puedan vender su mano de obra barata y en donde, supuestamente, se les proporcionen mejores servicios sociales que en el campo. Aunque no está claramente definido en los documentos del PPP, la eliminación de la agricultura de subsistencia por medio de la expulsión de los campesinos e indígenas de sus tierras ya está en marcha. Desde el momento que empiezan a importarse de los Estados Unidos los granos (maíz, fríjol, trigo) que se producen en la región, a un precio menor que el precio de costo que tienen localmente, los campesinos ya no pueden venderlos a un precio rentable y se ven obligados a abandonar la producción. Otro mecanismo de expulsión es dar créditos a los pequeños y medianos agricultores e incitarlos a producir productos cuyos precios han bajado en el mercado internacional, como la Palma Africana, para que no puedan venderlos, queden endeudados y tengan que vender sus tierras a los nuevos empresarios. El PPP propone entonces, la construcción de carreteras, la producción de electricidad, la expansión de las telecomunicaciones etc., que permitirían a los grandes empresarios implantar en las tierras tomadas a los campesinos industrias maquiladoras, una agricultura de exportación y una forestaría de monocultivo manejadas por las transnacionales, en las que se siga dependiendo de insumos importados y contaminantes, se haga utilización de materiales transgénicos y se patente la biodiversidad. El plan no es más que la continuación de las políticas neoliberales de ajuste estructural que substituyen los productos agrícolas de subsistencia (maíz, fríjol) por productos agrícolas no tradicionales orientados a la exportación, eliminando a los agricultores pequeños y medianos y dedicando todo el apoyo gubernamental y todas las ayudas al desarrollo de una agricultura dirigida al mercado externo (16). Al incrementarse las importaciones de granos provenientes de los Estados Unidos y hacer bajar los precios de los productos, al prohibir a los gobiernos que protejan al pequeño productor se está indirectamente logrando la descampenización del agro mesoamericano que el PPP propone como condición de la "industrialización" (léase expansión de las maquiladoras) y del "desarrollo". En este sentido: "El plan propone construir una red de centros de integración rural, cuyo objetivo será impulsar regiones o zonas con infraestructura y servicios básicos para ir concentrando en ellos a las comunidades dispersas, logrando una más eficiente organización territorial y una relación más equitativa de su entorno. Estos centros asumirían el rol de espacios de atracción de la población rural para contener los procesos de emigración y de dispersión poblacional; así se constituirán también en factores de desarrollo productivo y sustentable de la región propiciando una mayor integración regional y de servicios" (Sandoval, Palacios, 2002). También se propone la implantación de "maquiladoras agrícolas" que son empresas de monocultivos agrícolas y forestales que necesitan una gran cantidad de agroquímicos. 3.- Impactos socioambientales del PPP en el "desarrollo" rural La redefinición de los objetivos presupuestales y de las políticas monetarias, hecha en el marco de las políticas neoliberales ha eliminado los subsidios y créditos que anteriormente se dirigían a la conservación. La promoción de las exportaciones ha incidido directamente en los procesos de expansión de la frontera agrícola y ha tenido costos ecológicos muy altos en lo que concierne la pérdida de biodiversidad, el agotamiento de los suelos, la pérdida de variedades de árboles preciosos en la selva, etc. El proceso de modernización y desarrollo rural favorecido por las políticas de colonización y la apertura de caminos, ha estado acompañado desde el principio con un proceso paralelo de deforestación que terminó con los bosques en los lugares en los que se implantaban los cultivos comerciales y ha generado la explotación maderera y petrolera, la llegada de un gran flujo de campesinos y la implantación de la ganadería en áreas boscosas. Gran parte de las áreas rurales de la región mesoamericana presenta actualmente un proceso acelerado de degradación ambiental y un empobrecimiento de las poblaciones locales. El PPP, en tanto que plan inmerso plenamente en el proceso de globalización neoliberal amenaza con destruir totalmente el ambiente tanto natural como cultural de la región. No existen estudios de impacto ambiental que muestren los impactos reales de las diferentes iniciativas del plan sobre la naturaleza y sobre los recursos naturales, a pesar del discurso de sostenibilidad que presenta. Sin embargo, la experiencia histórica nos permite deducir que la construcción de autopistas, de hidroeléctricas, así como de acueductos para enviar agua a las plantaciones de las regiones secas de México y Estados Unidos (como las represas que se piensan construir en el Usumacinta) y de oleoductos tendrán graves impactos sociales y ambientales. No solamente destruirán regiones ricas en biodiversidad y vestigios arqueológicos sino que emplearan la energía para reproducir formas de producción generadoras de desigualdades y nocivas para la sociedad. Ricos ecosistemas serán cubiertos por una capa de cemento, acabando con suelos aptos a la agricultura, impidiendo el equilibrio de los ciclos hídricos e incrementando problemas como el de la expansión de la capa de Ozono (17), por lo que la tendencia hacia la desertificación de zonas como las de Petén en Guatemala se verá fuertemente favorecida. Por otra parte la eliminación de los pequeños y medianos agricultores y su concentración en zonas urbanas, la pérdida de sus tierras, de sus tradiciones y de sus conocimientos, el endeudamiento causado por el consumo de agroquímicos importados y la contaminación de las aguas y de los suelos que traerían estas políticas crearían una dependencia total en la que quedaría la región mesoamericana con respecto a las importaciones de alimentos extranjeros (18). En cualquier tipo de crisis económica o financiera que sufran el país, la región o el mundo, la destrucción de la economía de subsistencia y la desaparición del campesinado, de su cultura y de sus conocimientos la dejarán completamente dependiente de la voluntad extranjera en lo que es más vital para las comunidades tanto urbanas como rurales, su alimentación. La biodiversidad no solamente desaparecería en gran medida sino que estaría concentrada en zonas privatizadas donde las grandes transnacionales químico farmacéuticas puedan apropiársela patentándola y desposeyendo a las comunidades de su derecho a utilizar sus recursos, mientras que al mismo tiempo estaría seriamente amenazada por la utilización de semillas mejoradas y transgénicas que seguirán atentando y acabarían completamente con las semillas y variedades autóctonas. El plan ni siquiera se plantea el problema de la desigualdad en la tenencia de la tierra ni la necesidad de una reforma agraria sino que, todo lo contrario, aboga por la privatización de la tierra y de los bosques, habiendo logrado en México por ejemplo que los ejidos otorgados por la revolución en forma comunitaria puedan poseerse en propiedad privada y ser vendidos. Como dice Carlos Fazio: "El proceso de desruralización en curso previsto en el PPP -que supone la integración de las poblaciones expulsadas al mercado de trabajo- encierra además una nueva contrarreforma agraria, ya que busca redefinir los sistemas de propiedad de la tierra, entendido esto como la remoción de los obstáculos para su privatización, en beneficio de los terratenientes y las agroindustrias; lo que a su vez supone, como paso previo, el desmantelamiento y la ruptura de la estructura comunitaria y los derechos de propiedad ejidal y comunal". El PPP no plantea los problemas causados por la desigualdad de ingresos, recursos y riquezas sino que supone automáticamente que la pobreza rural desaparecerá cuando los campesinos se reconviertan en obreros y trabajen en los corredores de maquiladoras donde eufemísticamente se dice encontrarán "trabajo estable y bien remunerado" (lo cual está en completa contraposición con la necesidad de los empresarios de bajar sus costos, pagando la mano de obra lo más barato posible, para poder competir en el mercado). Razón por la cual, tenemos una base firme para pronosticar que el plan no solamente no terminará con la pobreza sino que desposeerá a las comunidades rurales de los pocos recursos que les quedan, favorizará una mayor concentración de la tierra y de los otros recursos (capital, tecnología, etc.) en las manos de los grandes empresarios y continuará reproduciendo las desigualdades. La construcción de los megaproyectos propuestos por el plan ocasionará también un gran desplazamiento de población que será ya sea expulsada por el Ejército o por grupos paramilitares como ha sucedido en México y Colombia, ya sea obligada por las circunstancias económicas a partir. La construcción de hidroeléctricas, oleoductos y carreteras, el desvío de agua dulce hacia las plantaciones y monocultivos, los megaproyectos turísticos, etc., harán necesario que un gran número de campesinos quiten sus tierras y dejen la agricultura lo que conllevará graves problemas de aglomeración en las zonas urbanas, falta de empleo o necesidad de trabajar en empleos sumamente mal pagados, sin ninguna seguridad ni ventaja laboral, incrementándose la pobreza, la criminalidad y la violencia que ya existen en la región. Ya que, aunque el PPP aduce que el desplazamiento de comunidades y poblaciones dispersas se hará para concentrarlas en zonas más adecuadas (dotadas de infraestructura) para resolver los problemas de servicios como salud, educación, etc. (19), en realidad lo que se busca es aprovecharlas como mano de obra barata en industrias maquiladoras, grandes plantaciones, agroindustrias, embotelladoras y otros proyectos productivos, en los que los puestos de trabajo bien pagados se reservarán al personal altamente capacitado proveniente del extranjero. Las medianas y pequeñas industrias y artesanías nacionales continuarán desapareciendo a pasos agigantados y deberán subordinarse a las industrias extranjeras que están llegando a la región con mayores capitales, tecnologías más avanzadas y un mayor dominio del mercado. 4.- Alternativas al desarrollo rural propuesto por el PPP La única alternativa al tipo de desarrollo rural propuesto por el PPP es salir de su marco conceptual y del modelo de sociedad que propone. Es comprender que el crecimiento económico basado en la obtención rápida de beneficios monetarios a corto plazo que propone el sistema capitalista nos está llevando a una catástrofe mundial, tanto de punto de vista social como ecológico. Es decir, tenemos que cambiar el motor del sistema y la forma en la que están socialmente organizados los recursos naturales, la tecnología y los seres humanos para construir otro sistema de funcionamiento social basado en la solidaridad y la complementariedad, la democracia y la equidad, con otros valores y otros comportamientos y actitudes sociales. Por supuesto, el mercado seguirá existiendo como institución de cambio de productos a nivel local e internacional pero, dejará de ser un mecanismo de poder, creador de desigualdades y de guerras en el que el más fuerte de punto de vista monetario, económico y político impone sus intereses a los más débiles. La economía deberá ser rentable, desde el punto de vista de que los beneficios obtenidos deberán de ser mayores que los costos pero, los beneficios y los costos dejarán de medirse únicamente en forma monetaria y adquirirán una dimensión social y ecológica muy fuerte. Un sistema de producción podrá ser muy costoso y no ser suficientemente remunerado en términos monetarios pero si de punto de vista social contribuye a dar trabajo e ingreso a una parte de la población local, si proporciona servicios (vivienda, salud, etc.) valiosos para la comunidad, si eleva la cultura y cohesiona al grupo en lugar de dividirlo mientras que, de punto de vista ecológico conserva los suelos y la biodiversidad, equilibra el ciclo del agua y los cambios climáticos, entonces será un sistema útil para la comunidad y sumamente valioso (20). Al contrario si un modelo de sociedad como el que quiere seguir imponiendo el PPP es nocivo social y ambientalmente deberá ser rechazado y substituido por otro, aunque de punto de vista monetario sea muy rentable. En este sentido existen desde ya iniciativas en todo el mundo que se oponen al tipo de "desarrollo neoliberal" que instituciones como el BM, el FMI o la Organización Mundial del Comercio (OMC) tratan de imponer al planeta entero. También se están empezando a imaginar y promover acciones que vayan hacia la construcción de otro mundo. En Costa Rica, CICAFOC está proponiendo una estrategia agroecológica nacional, en Petén Guatemala un grupo de investigadores que trabajan con la estrecha participación de las comunidades está comenzando a elaborar una contrapropuesta de estrategia global al PPP, para la región, con sus respectivos proyectos de soberanía alimentaria, creación de empleos, manejo ambiental y bienestar social. Algunas de las características de dichas estrategias deberían:
Sin embargo, para tener éxito, dichas estrategias alternativas tendrán que:
Debemos, sobre todo informar y concienciar al mayor número de personas posible, tanto en el área rural como urbana para que tomen sus decisiones con conocimiento de causa, se organicen y comiencen a imaginar y construir un modelo de sociedad que les permita vivir en forma digna y feliz. El desarrollo rural que se le ha impuesto a la región desde mediados del siglo XX no ha sido más que un mito que tenemos el deber de desenmascarar, tomando en nuestras manos el futuro de nuestros países. 4.- Conclusión Por medio de la construcción de toda una serie de infraestructuras y reestructuración económico-social el Plan Puebla Panamá (PPP) busca aprovechar las ventajas comparativas de Mesoamérica para ponerlas al servicio de las transnacionales que no están más interesadas en la región en tanto que exportadora de bienes agrícolas tradicionales sino que más bien en tanto que plataforma de transporte, proveedora de energía, agua, recursos naturales y mano de obra barata e importadora de mercancías y granos norteamericanos. La solución que el PPP aporta al problema rural es acabar con el campesinado y la creación de actividades que en el marco del plan se reducen a la creación de corredores de maquiladoras y a la subordinación de los trabajadores mesoamericanos a condiciones de trabajo degradadas en las plantaciones y empresas favorecidas por el plan. El PPP no está interesado en "desarrollar" el campo mesoamericano sino que al contrario trata de hacerlo desaparecer convirtiéndolo en una plataforma de cemento para el transporte de las mercancías que circularán entre el océano Atlántico y el Pacifico, y viceversa, dejando algunos núcleos de selva privatizados (donde se llevarán a cabo actividades turísticas y se explotará la biodiversidad) y concentrando a la población en centros urbanos de maquiladoras. Ya no existirán más, según el enfoque del PPP, los pequeños y medianos agricultores ineficientes sino grandes empresarios agrícolas subordinados a las grandes transnacionales (21), con tecnologías altamente sofisticadas y capaces de imponer costos de mano de obra muy bajos gracias a las importaciones de maíz y otros productos provenientes de los Estados Unidos. Esto sería terminar con el pequeño margen de libertad que aún queda en la región, la pérdida total de su autonomía alimentaría, de su idiosincrasia y su sometimiento total a los intereses extranjeros, por lo que es necesario fortalecer los movimientos sociales que se oponen a planes como el PPP y comienzan a presentar sus propias propuestas y a construir su propio futuro. Es necesario fortalecer el movimiento mundial que va contra la guerra, el dominio de las transnacionales y el totalitarismo de las agencias financieras internacionales y de países como los Estados Unidos. Es necesario invertir la corriente que acumula todos los bienes, recursos y riquezas en las manos de pequeñas élites nacionales e internacionales para hacerlos llegar allí donde las necesidades sociales y ecológicas son más grandes. Es necesario construir nuevas relaciones entre los seres humanos ellos mismos, entre la ciudad y el campo y entre los seres humanos y la naturaleza transformando las relaciones de dominio, desigualdad, explotación y miseria en relaciones de respeto, dignidad, complementariedad y solidaridad. @ Bibliografía
Referencias Personales: (*) Ileana Valenzuela es consultora socio ambiental guatemalteca y desde hace 2 años trabaja como asesora voluntaria para la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), contribuyendo desde octubre del 2001 a consolidar El Grupo Solidario de Acción y Propuesta de Petén (GSAPP), formado por organizaciones comunitarias, ONG y personas individuales que apoya al movimiento comunitario en su oposición al PPP y se propone elaborar junto con las comunidades contrapropuestas alternativas al mismo. ![]()
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