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   Edición 87 / Abril - Diciembre del 2003

Columnistas



Contaminación Sonora en los Océanos



Por Dr. Roger Payne (*)
icb@icb.org.ar
www.icb.org.ar

Argentina . EE.UU.


Todas las ballenas pasan su vida inmersas en el sonido. Habiéndose convertido en habitantes del océano hace ya más de 60 millones de años, es natural que el sonido haya resultado más eficiente para percibir objetos a larga distancia, que la vista. Como consecuencia de ello, no debe sorprendernos que hayan podido desarrollar ciertos aspectos de su capacidad para analizar los sonidos más allá de nuestras posibilidades.


Su capacidad para "ecolocalizar" es un ejemplo. En la actualidad las ballenas, como también otros mamíferos marinos están comenzando a presentar ciertas vulnerabilidades que se relacionan con su capacidad auditiva, aunque todavía no hemos podido comprender su verdadera causa. Cada vez hay más evidencia de que el varamiento de algunas especies de ballenas pueden haber sido consecuencia de los sonidos de baja frecuencia producidos por sonares de cierto tipo de embarcaciones.

Esto ha despertado una gran preocupación acerca de los posibles efectos nocivos de la contaminación sonora en los mamíferos marinos. El nivel de sonidos en los océanos está aumentando en proporciones alarmantes. Se cree que en el futuro, la cantidad de sonidos crecerá únicamente, como consecuencia del incremento en el número, el tipo y el nivel de los sonidos que resulten de las acciones humanas.

El tráfico de las embarcaciones es la causa principal de dicho aumento, aunque otras causas como los sonares, la exploración sísmica, las explosiones, excavaciones, maniobras militares y el sobrevuelo de aviones también contribuyen a la creación de la contaminación sonora en el mar, en frecuencias que pueden ser nocivas para la capacidad auditiva de las ballenas.

Los huesos del oído de un cetáceo (una Ballena, Delfín o Tonina) son los huesos más densos que se encuentran en la Tierra. Todavía no se ha podido comprender con certeza las razones de ello. Sin embargo, para poder escuchar, una Ballena, como cualquier mamífero marino, debe capturar la energía de un sonido, que de lo contrario atravesaría su cuerpo sin perder ningún tipo de energía, y de esta forma registrar su presencia. Esto se debe a que los cuerpos de los peces y de las ballenas están compuestos en gran parte por agua, por lo tanto, bajo el agua, el sonido puede viajar a través de ellos, ingresando por un costado y saliendo directamente por el otro, sin ser registrado significativamente por ninguna de sus estructuras.

Entonces, para registrar un sonido, debe producirse una reacción de "desajuste" en algún lugar dentro del animal. Esto quiere decir, que para que un animal pueda escuchar cualquier sonido, el aparato auditivo de quien escucha debe absorber determinada energía del sonido.

En los peces, esto generalmente se logra cuando las vibraciones que viajan por el agua comprimen el aire que se encuentra en la vesícula de nado, una especie de "bolsa de aire". Esto estira los nervios que están unidos a dicha vesícula, lo que produce impulsos nerviosos en el nervio auditivo del pez. Los peces que viven en aguas profundas deben producir grandes presiones de aire en sus vesículas de nado para evitar que la presión del agua que los rodea destruya la vesícula.

Pero este tipo de peces no pueden cambiar de profundidad con facilidad ya que esto podría causarles lesiones fatales. Los peces de aguas profundas pueden llegar a la superficie únicamente si lo hacen lentamente, ecualizando la presión en sus vesículas de nado hasta llegar a la superficie, y repitiendo el procedimiento en el descenso posterior.

Ya que la Ballena debe tener la capacidad de sumergirse a grandes profundidades y luego regresar a la superficie rápidamente, el aire sería una mala elección en cuanto a la reacción de desajuste. Sin embargo, existen otras formas de solucionar este problema, por ejemplo: Si parte del mecanismo auditivo de la Ballena está compuesto por huesos de alta densidad -huesos que son menos compresibles que el agua-. En este caso, la onda de sonido comprime el tejido -lo mueve en relación con el hueso-.

También existe una posibilidad de que la densidad del hueso actúe de la misma manera en la que actúa el peso en un sismógrafo: La inercia del peso lo mantiene quieto mientras que la tierra que rodea al peso vibra. En el caso de la Ballena, la inercia del hueso denso de su oído podría sostener el hueso mientras que la Ballena vibra a su alrededor.

Estos movimientos relativos, moverían entonces el "estribo" (nombre del hueso) del centro del oído, que posteriormente agitaría el fluido de la parte interna del oído, activando de esta manera al receptor auditivo de las neuronas, para reportar la presencia de un sonido. Esta es la manera en la que creo que una Ballena puede escuchar sonidos bajo el agua.

Más allá de la forma en la que funcionen, es irrefutable que el oído de los cetáceos tanto como su cerebro, son una exitosa consecuencia de la adaptación.

En este momento, varios grupos de interés debaten ferozmente para determinar si la contaminación sonora está teniendo un impacto negativo en los mamíferos marinos. Desafortunadamente lo único que podemos decir con confianza, es que no lo sabemos. De todas formas, se cree que las consecuencias potenciales pueden extenderse desde mínimas alteraciones en el comportamiento a profundas lesiones, tal vez hasta la muerte. La gravedad de estas amenazas para los mamíferos marinos ha disparado la preocupación del público y ha alentado los más diversos debates.

Actualmente nos encontramos en una encrucijada con respecto a este tema. Para proteger a los mamíferos marinos que se encuentran amenazados por la contaminación sonora, necesitaríamos restringir a las embarcaciones a un parámetro de contaminación sonora. Pero para restringir a esos parámetros a las embarcaciones debemos contar con datos científicos acerca de los sistemas acústicos de los mamíferos marinos como los que tienen las ballenas, y lamentablemente en la actualidad contamos con muy poca información de este tipo. Esto significa que los parámetros para las embarcaciones no podrán ponerse en práctica todavía.

Los niveles de sonido se miden en la escala de decibeles (dB). Esta es una escala logarítmica, lo que significa que la diferencia entre 160, y digamos, 170 decibeles es un incremento de 10 veces en el volumen del sonido (no es un incremento de diez unidades lineales).

Pruebas sonares recientes llevadas a cabo por la Armada Norteamericana alcanzaron niveles de sonido de 235 dB por encima del umbral de la audición humana (medido a unos 20 metros de distancia). Debajo del agua, un sonido con una intensidad de 180 dB en esta misma escala, afecta visiblemente el tejido pulmonar del ser humano. De todas formas, estas referencias en humanos no son necesariamente útiles como guías.

Por ejemplo, un llamado de una Ballena Azul es realmente poderoso: Aproximadamente 190 - 195 dB- una intensidad que seguramente sería perjudicial para los seres humanos pero aparentemente no produce consecuencias negativas en las ballenas que producen esos sonidos. Sin embargo, no cabe duda de que si un sonar humano es lo suficientemente intenso puede lastimar a cualquier mamífero que interfiera en su camino.

Darlene Ketten, quien trabaja para el Instituto Oceanográfico Woods Hole y para la Escuela de Medicina de Harvard, en los Estados Unidos, se dedica al estudio de la anatomía del sistema auditivo de las ballenas y de los pinnípedos. Hace un par de años, realizó una investigación sobre un sonar norteamericano de alto perfil que había sido probado en una zona donde vararon 16 ballenas. Seis murieron, y el resto fueron empujadas al mar, sin saber nada más acerca de su destino.

La muerte de estas ballenas y la posibilidad de que el sonar pueda haber sido responsable, disparó una lluvia de controversias que no han sido resueltas aún. Ketten se frustró cuando comenzó a ser presionada por varias agencias del gobierno y por otros grupos conservacionistas, para que llegara a conclusiones certeras y definitivas. Aunque encontró hemorragias en el sistema auditivo, y en las grasas acústicas de cinco de las seis ballenas muertas, Ketten se negó a llegar a una conclusión.

En cambio, siguió sosteniendo que se deberían hacer más estudios para poder determinar la causa de la muerte de estos animales. No afirmó que la prueba del sonar haya sido responsable, enfatizó que las heridas contaban con importantes traumas acústicos o de impulso y que esto fue lo que probablemente causó que los animales vararan, pero que las heridas en el sistema auditivo no fueron las causantes de la muerte de las ballenas.

Junto con la Armada, el Servicio Nacional Marino Pesquero y la Administración Atmosférica y Oceánica, Ketten redactó un informe recomendando futuras investigaciones para prevenir este tipo de incidentes en el futuro. Todos odiamos esperar mientras se desarrollan las investigaciones, pero si vamos a basar nuestras acciones en causas racionales, es absolutamente necesario que seamos pacientes en casos como estos.

Luego de este evento, es alentador ver como países tales como Australia, están tomando medidas de precaución en relación con las pruebas de sonares de la Armada. La buena disposición de la milicia y de los gobiernos para reconocer que este puede llegar a ser un problema serio, es un gran avance. Sin embargo, y como aclara Ketten, determinar si los seres humanos causan indirectamente la muerte de cualquier criatura del mar, es una tarea muy difícil y se puede esperar que tome bastante tiempo.

Aunque haya sido ignorado hasta el día de hoy, es probable que un incremento en el tráfico de embarcaciones nos deba preocupar a todos. Las rutas de navegación alrededor del mundo están plagadas de buques cargueros que generan sonidos de baja frecuencia, que podrían llegar a estar dañando a los mamíferos marinos, y lo que es más grave aún, diariamente.

De todas formas, los científicos mediante la observación del comportamiento de los mamíferos marinos en la presencia de dichos sonidos, no han podido determinar si los sonidos podrían llegar a ser una amenaza importante. Por ejemplo, se sabe que los delfines nadan en la estela de las embarcaciones militares mientras los sonares de esas embarcaciones operan en altas intensidades. ¿Podría compararse esto con los efectos de los ruidos producidos por las industrias en los seres humanos?

Innumerables personas trabajan en ambientes repletos de ruidos que pueden llegar a ser nocivos, también asisten voluntariamente a conciertos de rock que por su volumen y potencia pueden llegar a causar pérdidas de audición permanente. Aún falta determinar si los mamíferos marinos están tolerando lesiones en su sistema auditivo sin que nosotros podamos observar reacciones en su comportamiento que nos permita reconocerlos como indicadores de esas lesiones.

El "enmascaramiento", cuando se cubre un sonido por otro, es probablemente una de las consecuencias más graves de los sonidos fuertes en el ambiente. Cuando los sonidos emitidos por los buques, cubren los sonidos emitidos por los animales, disminuyen las distancias sobre las cuales éstos se pueden comunicar, al hacer esto, entorpecen la capacidad que ellos tienen para localizar a sus parejas.

El problema con estos temas, es que aunque podamos describir con un alto grado de certeza los sonidos que son potencialmente peligrosos y destructivos, es difícil saber si de hecho, semejante sonido es significativamente perjudicial para la ballena. Los oídos de todos los mamíferos tienen un rango amplio y variable. Pueden sobrevivir agresiones tan violentas como golpes en los oídos durante una pelea, así como también pueden detectar sonidos tan imperceptibles que les mueven el tímpano una mínima distancia equivalente a la mitad del diámetro de una molécula de hidrógeno, que representa un Ángstrom. Esto enfatiza el hecho de que lo más importante de un oído es su elasticidad.

No podemos negar que los oídos de los mamíferos siempre estuvieron expuestos, aunque sea ocasionalmente, a tremendos ruidos estremecedores, no sólo a golpes en el oído, sino a potentes rugidos, gritos a una corta distancia, terremotos (especialmente debajo del agua), truenos, etc. Si cada una de estas agresiones acústicas resultara en una pérdida auditiva importante, la mayoría de los animales que viven un poco más de un par de años tendrían serios problemas en su sistema auditivo.

Los datos que tenemos no muestran evidencia de ello. Esto hace que no sea tan sencillo determinar si aquellas cosas que parecen amenazas tan obvias como los sonidos fuertes, en realidad lo son. Esto significa que es igualmente importante invocar el Principio de Precaución para proteger a las ballenas de los grandes sonidos producidos por los seres humanos, tanto como invocar el Principio de Precaución cuando nos enfrentamos con la tentación de saltar a la conclusión de que todos los sonidos fuertes son un problema y una amenaza para los mamíferos marinos como la Ballena.

Soy Roger Payne, deseándoles, una vez más, un mundo tranquilo y en Paz. @


Fuentes:

  • The effects of manmade noise on marine mammals (Los efectos de los sonidos producidos por los hombres en los mamíferos marinos) Editado por: Roger Gentry, (NOAA) Fisheries Marine Acoustic Program (Programa Pesquero Marino Acústico). "Do we kill whales with sound?" (¿Matamos a las ballenas con el sonido?)
(*) El autor, es el Presidente y Fundador del Whale Conservation Institute. Material aportado por el Instituto de Conservación de Ballenas icb@icb.org.ar.





 

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