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Sólo los que sufren la sed y la falta de aire puro valoran el agua y los bosques. Nuestra agricultura y los animales sufren las consecuencias de no haber protegido el ecosistema en el que vivimos. Hay quienes piensan que el calentamiento de la Tierra solamente será sufrido en las zonas bajas, donde la subida del nivel del mar a causa de los deshielos es una amenaza constante, y no habrá consecuencias en zonas altas. Sin embargo, los censos de la fauna indican que los guanacos se han desplazado más al sur; estadísticamente, viven 800 m más abajo que hace 30 años. Los cóndores también han mudado sus nidales, estableciéndose en tierras más bajas. La razón de esto es la falta de agua, provocada justamente por el calentamiento global. A la Tierra se le llama el "planeta azul", ya que desde el espacio domina el color azul por estar nuestra superficie cubierta unas 3/4 partes por agua. Muchas veces se piensa que las reservas de agua son inagotables, pero no es así: La mayor parte del volumen del agua del planeta es salada, y desalinizarla es un proceso muy costoso. Además, recordemos que el agua que consumimos proviene (aunque la saquemos de un lago o de un río) de la evaporación de los océanos; de esta evaporación sólo el 10% cae sobre los continente, el resto vuelve a caer sobre el mar. El problema de la falta de agua va mucho más allá de la migración de los animales. La gente también sufre la falta del líquido elemento, la agricultura sufre pérdidas terribles debido a las sequías, la economía de los países agrícolas (como el nuestro) sufre embates fortísimos, la ganadería también, ya que al no tener el ganado el agua suficiente para hidratarse las vacas adelgazan y baja su cotización... Es decir, todo es una cadena que lleva a la pobreza y a la miseria. Muchas veces, los habitantes de zonas rurales beben de acequias o riachos que resultan estar contaminados, o almacenan el agua en tachos o recipientes antihigiénicos, que propician el desarrollo de bacterias e insectos propagadores de enfermedades, como el mosquito. Es así como la mitad de la población de la provincia de Jujuy sufre de algún mal asociada a la pésima calidad del agua; convengamos que mucha parte de la culpa la tienen las industrias que evacuan sus residuos en los ríos, los pesticidas que contaminan las napas de agua y la actividad industrial en general. No podemos hacer nada, sólo mirar las yungas deforestadas, el avance de las salinas, el menor rendimiento de las cosechas, las alteraciones del clima que se manifiestan en lluvias fuera de estación y esporádicas. Todo esto es el precio que debemos pagar por no haber cuidado nuestro ecosistema. Muchos piensan que con echar cloro en el agua, se solucionan los problemas. Esto es cierto en parte, porque si bien el cloro elimina bacterias y parásitos, una dosis mayor de lo habitual altera la digestión. La pérdida de nuestra riqueza forestal nos llevó a perder nuestra soberanía económica; el aire puro y el agua limpia no se puede comprar con dinero, la naturaleza nos entregó todos los recursos y nosotros los despilfarramos y arruinamos. No cuidar el agua y el verde es dejarse morir de sed y de falta de oxígeno. @ (*) El Dr. Eduardo Rosa Larrieu es médico, está realizando trabajos de investigación en el norte argentino además de su dedicación a la medicina preventiva en la población lugareña. Sus trabajos tocan temas ecológicos, sanitarios, sociales y culturales ![]() |
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