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   Edición 86 / Enero - Marzo del 2003

Opinión



Altiplano y Agua, Buscando Un Norte



Por Yenny Melgar
Agualtiplano
agua@ciedperu.org
www.Agualtiplano.net

Perú


Toda cuenca es definida en su territorio por el agua. En tal sentido la demarcación es, a primera vista, simple y práctica: La divisoria de aguas, la cual constituye una unidad elemental de administración del recurso hídrico, del agua.


Desde el inicio de este nuevo milenio, el problema del agua se ha vuelto más evidente. El manejo de los recursos hídricos, por sus implicancias en la producción y la vida, es un tema clave en la historia del hombre.

En la actualidad, las poblaciones aumentan y con ellas sus requerimientos. En ciertos lugares la disponibilidad del agua está disminuyendo debido a los efectos del cambio climático global, en el cual tenemos parte de responsabilidad. Ese es un aspecto que escapa a la capacidad del manejo de las cuencas, pero que la afecta profundamente.

Por lo demás, las cuencas no suelen coincidir con las unidades político-administrativas sobre las que organizamos nuestra sociedad. Y en esta época de globalización y transnacionales, las antiguas fronteras políticas han dejado de coincidir con la territorialidad de los objetivos de los intereses económicos. Las comunidades locales, aunque hace muchos años pudieran haber respetado este "ordenamiento natural", en la actualidad no necesariamente lo siguen haciendo. Algunos grupos culturales, como los aymaras y los quechuas, atraviesan límites nacionales e internacionales. El problema que deviene es "simplemente" un problema de concertación de intereses.

Los acuíferos, es decir, las acumulaciones de agua subterránea, son una complicación extra en el sistema, debido a que tienen sus propios límites, particularmente difíciles de conocer, al estar lejos de nuestra observación directa.

Agua en la atmósfera, agua -líquida y sólida- en la superficie, y agua bajo el suelo. Tenemos intereses sociales, políticos y económicos. Y ninguno parece coincidir siquiera en su área de afectación, por no hablar de sus interacciones, mecanismos, etc.

El balance hídrico de una cuenca termina siendo la herramienta "técnica" para describir de modo sintético parte al menos de estas interacciones. La parte supuestamente más constante, o mejor dicho, menos variable, o tal vez, la parte sobre la que menos sabemos como podemos incidir y como incidimos. Aunque eso no signifique necesariamente que tengamos más capacidad de acción sobre los otros elementos del sistema.

El Altiplano está marcado por la escasez de agua, y por su distribución asimétrica. Nuestros pueblos (organizaciones campesinas, indígenas y ONGs incluidas) están marcados por una gran dificultad de concertar objetivos de mediano y largo plazo.

Nuestros políticos están acostumbrados al cortoplacismo y a las medidas que garanticen su sobrevivencia. Y nuestros empresarios y economistas (usualmente emparentados con los políticos) suelen ver nuestro futuro en el extranjero y/o el futuro de los extranjeros en nuestros territorios.

Creo que este esquema se aplica en varias escalas, desde las muy locales hasta los ámbitos nacionales. Estando El Altiplano repartido en cuatro países, es obvio que cada país opte por usarlo bajo su mejor conveniencia. Pero no se trata de un espacio vacío y desierto, es un ecosistema especial, único en el mundo, con recursos naturales únicos y con poblaciones humanas que son parte de esos mismo países, aunque a veces pareciera que esos países prefirieran olvidarlas.

Actualmente, parte de los conflictos que se observan están vinculados a la disponibilidad de agua en la zona. Por un lado los problemas en la definición de un balance hídrico para el denominado Sistema TDPS, en particular para la cuenca del Titicaca, sobre el cual poder estimar el mejor uso de este recurso en toda su zona de influencia. Por otro lado, la extracción de agua de reservas aparentemente fósiles del sudoeste del departamento de Potosí, en Bolivia, para exportarlas a Chile ha causado una gran conmoción social y política en ambos países.

El factor económico de estos dos casos resulta evidente. Pero lo que resulta más evidente es la ausencia de una visión de desarrollo para la región al interior, incluso de cada país. Sin esta visión, en cada país, es más complicado suponer la visión equivalente que coordine la acción de los cuatro países que comparte esta región: Argentina, Bolivia, Chile y Perú.

Históricamente, la zona ha tenido permanentemente importancia ganadera y minera, en este aspecto se deben rescatar dos nuevos elementos: El interés reciente a nivel mundial por el "Litio", presente en cantidades extraordinarias en los salares, en particular en el de Uyuni; y el descubrimiento de fuentes de agua aparentemente fósiles (es decir, que no tienen recarga, y por lo tanto no son renovables).

La agricultura desarrollada, salvo en ciertas zonas, ha sido fundamentalmente de pan llevar y de pequeñas escalas, por lo tanto, asociada al autoconsumo. El turismo es otra perspectiva reciente en la zona.

Pero ninguna de estas alternativas de desarrollo va a ser viable sin una estrategia concertada en cada país que considere a la región como un espacio importante no sólo para extraer recursos que beneficien a otros sectores o regiones del país, sino como un espacio también importante, tanto en términos ambientales como humanos. Un espacio con derecho propio, que debe ser potenciado, y reconocido como tal. Con esta decisión como piedra angular, tal vez sean viables los proyectos binacionales y multinacionales único modo de garantizar la sobrevivencia integral de esta zona.


Desiertos de información para la gestión

¿Cuánto se sabe de las condiciones hídricas del Altiplano? Se sabe que es una zona seca o semiseca, de altura, que las partes del norte son más húmedas que las del sur, que llueve en el verano casi todo lo poco que precipita. Que la evapotranspiración es sumamente alta por los vientos y la gran incidencia de la radiación solar.

Qué hace muchos años las condiciones eran distintas y existía un gran lago y la humedad de toda la zona era mayor, que el lago interior se fue secando poco a poco, en varias etapas y que lo que ahora reconocemos como el Lago Titicaca, es probablemente su último refugio seguro, mientras al sur quedan lagos como el Poopo y el Uru Uru, de marcada estacionalidad y que poco les falta (si las condiciones se mantienen o se agravan) para volverse en salares.

Qué los salares de Coipassa y Uyuni son probablemente los restos más saltante de este gigante mar interior. Que más al sur otros salares marcan la presencia de otros lagos interiores, y que debajo hay agua. Sabemos también que existen cuerpos de agua superficiales.

Pero sabemos otras cosas curiosas, como que en el Lago Titicaca se han hecho varios balances hídricos y que las coincidencias entre ellos no son muy altas. Varios fueron hechos sobre años distintos, pero algunos son hechos para el mismo periodo, sin coincidir tampoco. Incluso en algunos casos es evidente que los objetivos perseguidos varían, siendo razonable en este contexto que varíe la metodología y que los resultados no sean directamente comparables entre sí.

Así, por ejemplo, es evidente que para un balance hídrico en el largo plazo tenga sentido asumir que la variación del lago es cero (mas si ya se tiene la decisión de controlar este nivel), lo que tendría fines evidentes y concretos para el manejo de la cuenca. Un balance hídrico de este tipo es el que aparentemente se presenta en el "Diagnóstico Ambiental del Sistema TDPS" bajo el nombre de "Balance Hídrico Medio", que no debería confundirse con un balance hídrico que busque describir el proceso observado en los últimos años, en el que no se asume la constancia del reservorio de agua (lo que los hace no comparables), que como consta en otros textos, ha venido incrementándose regular y paulatinamente en los últimos años.

Pero si fuese útil que se explicite esta diferencia con una descripción metodológica más detallada, y con la presentación de los datos base que permitieron llevar a cabo este análisis. A fin de cuentas, resulta llamativo que mientras en este documento se afirma que el lago no tiene pérdidas significativas distintas a la evaporación y a la escorrentía (por el Desaguadero) otros documentos afirman lo contrario, e indican que las filtraciones son sumamente importantes.


Demasiada información contradictoria: Pocas cosas claras

Probablemente lo más lógico en este caso sería plantear una red de monitoreo de variables meteorológicas e hidrológicas (CICG, 1999). Pero esta propuesta no aparece siquiera entre las propuestas del "Diagnóstico Ambiental del Sistema TDPS" (1996).

Pero probablemente el caso más saltante en los últimos meses ha sido el de la exportación de aguas de Bolivia a Chile. Lo más curioso en este sentido es que no hay un estudio claro sobre los recursos que efectivamente tiene Bolivia. Estudios recientes apuntan a indicar la conexión de acuíferos no muy profundos con los sistemas superficiales, estos acuíferos garantizarían la sobrevivencia de los sistemas superficiales. Sobre los acuíferos más profundos se dispone de poca o nula información.

Lo curioso es que en el debate del proyecto de ley y de sus reglamentos se insistió bastante en que todo el trabajo debería desembocar en "... La autorización legal para que empresas privadas, que se han adjudicado concesiones mineras, se dediquen a la exportación de aguas que desean comprar empresas mineras que trabajan en territorio chileno" (Todo sobre el agua Nº7).

Es decir, que antes de conocer de lo que se dispone, se está decidido a darlo. ¿O es que hay gente que ya sabe de cuánto se dispone? Si así fuese, y el Estado decidiese sobre esa información secreta ¿podría representar o intentar representar siquiera el sentir de la población? En el espacio de la decisión pública la información secreta es información inexistente... @









 

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