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En la página de opinión de El Panamá América del 27 de marzo del 2001, un astuto escritor expresó: "Allí en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) es prohibido disentir o razonar en la dirección contraria a las ideas o alternativas ya preconcebidas, en las reuniones a puerta cerrada de estos sabios del nuevo enclave". Esta observación fue muy sagaz, especialmente al ser esbozada por una persona ajena a la organización. Ahora veamos la opinión de alguien "de adentro". Yo he estado allí. Tuve el privilegio de laborar durante 31 años en el Canal de Panamá, ocupando cargos de progresivamente mayor responsabilidad hasta convertirme en Ingeniero Jefe y Director de Ingeniería de la institución en 1997. Como Ingeniero Jefe tuve bajo mi mando las Divisiones de Ingeniería, Mantenimiento, Astillero Industrial, Generación y Distribución de Electricidad, Dragado del Cauce, Agua Potable y Manejo del Recurso Hídrico del Canal. Cabe destacar que en los inicios de mi carrera como ingeniero de la sección de proyectos, me tocó estudiar en detalle las opciones para aumentar la disponibilidad del recurso hídrico del Canal. Es un tema que conozco en detalle. Dada mi trayectoria profesional y como Ingeniero Jefe del Canal, yo me opuse a la creación de la nueva cuenca occidental con sus tres nuevos lagos: Indio, Caño Sucio y Coclé del Norte. Tres décadas de experiencia me dotaron de un criterio técnico consistente con una comprensión a fondo del funcionamiento del Canal de Panamá. Acostumbrado a una organización canalera bajo la administración del Lic. Fernando Manfredo y después del Ing. Gilberto Guardia, quienes escuchaban, respetaban opiniones ajenas y permitían la oportunidad de disentir por el bien del Canal, yo consideré mi deber de discrepar en el caso de la nueva cuenca occidental. El 14 de agosto del 2000, le escribí lo siguiente al Administrador del Canal: "Ud. sabe que yo no concuerdo con su afán de promover el proyecto de la cuenca occidental formulada por la Ley 44 el 31 de agosto de 1999. Se puede conseguir toda el agua que se necesita para un 3er. juego de esclusas en la cuenca existente. No hay necesidad de desplazar a humildes panameños a un alto costo humano, social, económico y ecológico. Con inversiones de $400 millones en la cuenca existente, se puede conseguir el agua requerida para un 3er. juego de esclusas. La alternativa de la cuenca occidental requiere inversiones de $1,200 millones para el mismo propósito. La diferencia económica entre estos dos proyectos que resuelven el mismo problema de agua son $800 millones. Esos $800 millones de ahorro bien pueden usarse para los programas de inversión social que tanto necesita nuestra Nación". La razón por la diferencia de $800 millones se debe a que el movimiento de tierras y la construcción de carreteras son enormemente mayores en la nueva cuenca occidental. Este incidente precipitó la terminación de mi carrera en el Canal el 1 de septiembre del año 2000. Por supuesto el precedente dificultará que otros técnicos canaleros eleven su voz de alerta, no importa cuan absurdo sean los planes de la Administración. Pareciera que mientras más importantes son las decisiones por tomar, mayor es la impulsividad con que se toman. De esta manera, la Ley 44 del 31 de agosto de 1999 creando la tristemente célebre nueva cuenca occidental del Canal, nace sin estudios técnicos completos, ni ambientales, ni socio-económicos, ni financieros, ni de mercado. ¿Cómo algo tan improvisado y vago se convierte en Ley de la República? Peor aún, esta impulsividad de la Administración del Canal los lleva a presentar esta idea improvisada a la Señora Presidente y su gabinete en Cerro La Vieja el 12 de agosto del año 2000. Gracias a la cobertura de los medios es que muchos de los involucrados (habitantes del área) se enteran que quizás tengan que ser removidos de sus tierras por la (innecesaria) inundación de más de 40.000 hectáreas. La cuenca existente del Canal, que alimenta los Lagos Gatún y Alajuela, es capaz de suplir toda el agua que necesitaría un tercer juego de esclusas. No hay necesidad de desplazar a más de 30,000 humildes panameños en la nueva cuenca occidental, a un alto costo humano, social, económico y ecológico. El problema no es la falta de agua, es la falta de capacidad para almacenarla. Soluciones viables a la expansión del Canal son muy sencillas y han estado documentadas por décadas en los informes técnicos que reposan en los archivos de la ACP. Hoy día, más del 40% del agua de lluvia en la cuenca existente de un año promedio, se pierde por falta de medidas de regulación (No hay suficiente almacenamiento en la configuración de los lagos existentes). Con un metro de profundización del cauce de navegación, y un embalse nuevo en la cuenca existente, se logra regular (almacenar) esta enorme cantidad de agua que actualmente se está perdiendo. Si además se construyen las esclusas nuevas con opciones de almacenaje y reciclaje de agua dulce, se logra acomodar prácticamente cualquier demanda de agua previsible. La nueva cuenca occidental no es ahora, ni será en el futuro, necesaria para la operación del Canal actual, o un Canal expandido en el futuro. Almacenar el agua perdida en la cuenca existente brinda la misma cantidad que puede proveer la nueva cuenca occidental y esto se puede lograr con un ahorro de B/. 800 millones en inversión. UNA SOLUCION RAZONABLE A LAS NECESIDADES DE AGUA DE UN CANAL EXPANDIDO Existen varios estudios con los cuales me topé a lo largo de mi carrera en el Canal, que brindan una abundancia de planes prácticos que pueden implementarse una vez se tome la decisión de ampliar el Canal. El Cuerpo de Ingenieros de los EE.UU. en sus estudios de los años '40, examinan la construcción de una presa en el Brazo Trinidad del Lago Gatún. El informe concluye que es una opción técnica y económicamente factible para aumentar las reservas de agua en nuestra cuenca existente. Por otro lado, está el informe de la Junta Directiva de junio de 1961 que aprueba el estudio y diseño de la Represa Trinidad en la cuenca existente, como la mejor opción para proveer más almacenamiento de agua dulce. Están los informes de la firma Tudor Engineering de 1962-3 que estudian en detalle la presa, dando seguimiento a la directriz de la Junta Directiva. La construcción de la Presa Trinidad se aprobó en 1963, pero se detuvo probablemente por la negociación de nuevos tratados entre Panamá y EE.UU. en años subsiguientes y el aporte de los estudios de 1965-1970 para un Canal al nivel del mar. A mí me tocó reanalizar el tema de abastecimiento de nuevas fuentes de agua para la operación del Canal en la primera mitad de los años '70. En esta ocasión, y sin un nuevo juego de esclusas en el horizonte, el proyecto que ofrecía la mayor relación beneficio/costo fue la profundización del Lago Gatún. Identifiqué un plan para profundizar el fondo de los canales de navegación en 2 incrementos de 3 pies cada uno. El primer incremento de profundización se llevó a cabo exitosamente en los años '80. Este proyecto aumentó las reservas de agua e incrementó la confiabilidad del Canal. Las restricciones de calado no volvieron a darse hasta el Fenómeno del Niño extremo que ocurrió entre 1997-98 (antes de la profundización, las restricciones de calado ocurrían con mucha mayor frecuencia). La segunda etapa de la profundización, quedó pendiente y continúa siendo una opción atractiva para el futuro. El informe que redacté para este propósito también reposa en los archivos de la institución. Los informes del "Interoceanic Canal Studies" de 1970 nuevamente reconocen el potencial de las presas de Trinidad y de Alto Chagres (ambas dentro de la cuenca existente) como las opciones más viables para incrementar las reservas de agua para el Canal, si se fueran a construir nuevas esclusas. Sin embargo, la recomendación de dicho estudio fue construir un canal a nivel del mar en vez de construir nuevas esclusas. El hecho es que las bases técnicas para aumentar el recurso hídrico del Canal ya se han estudiado. No es necesario destinar enormes recursos para reestudiar temas ya conocidos, o que debieran ser conocidos a quienes toman estas decisiones. Al momento de mi partida del Canal, el 1 de septiembre del 2000, la Administración del Canal estaba gastando más de 20 millones de balboas para estudiar la nueva cuenca occidental, que sabemos que no es una opción razonable. Peor aún, los otros 29 proyectos, que compiten con la nueva cuenca occidental, se estudiaban con menos de 2 millones de balboas. La Administración Canalera debiera publicar una lista actualizada de estudios recientes y por hacer, para suministrarle agua a un Canal expandido y el costo de cada estudio. LA NUEVA CUENCA OCCIDENTAL DEL CANAL NO ES NECESARIA Entonces se vería que la gran mayoría del dinero para estudios hídricos está destinado a la nueva cuenca occidental. Una suma de más de 22 millones de balboas es un elevado costo que pagar para "educar" nuevamente a la Administración del Canal, sólo porque la actual Administración no escucha suficiente y no estudia el pasado a fondo. Planean estudiar nuevos lagos en la nueva cuenca occidental, que nunca serán factibles, elevadores mecánicos que son una especulación y una verdadera osadía técnica y otras ideas que carecen de potencial alguno. Sin embargo, no han explorado a fondo las represas de Alto Chagres ni Trinidad. Este colosal desenfoque en los esfuerzos trae como consecuencia propuestas deficientes como las que han visto la luz pública. Cuando la Administración Canalera vea esta publicación, sin duda recitará la conocida tonada: "... Hemos estudiado más de 30 proyectos y todas las opciones serán estudiadas". Pero el hecho es que el estudio realizado por la actual Administración dio como resultado que las únicas opciones viables son las que involucran desarrollar la nueva cuenca occidental. Este informe fue usado por la Administración Canalera para vender la necesidad de una Ley 44. El hecho también es que llevaron estas ideas incompletas y mal fundamentadas a ocupar el valioso tiempo de la Señora Presidente y su gabinete. ¿Cómo podrían decir ahora, que estas opciones no eran finales y ni siquiera las mejores, después de presentarlo formalmente al actual Gobierno y de convencer al anterior que debiera redactar y aprobar la Ley 44? Resulta no menos sorprendente que la ACP, sí ha sabido desde hace algún tiempo que existen esquemas de reciclaje de agua dulce que se han utilizado exitosamente en Europa. Esto brinda oportunidades mucho menos costosas y traumáticas que la nueva cuenca occidental propuesta por la Administración del Canal en la Ley 44. ¿Por qué la Administración Canalera no ha dado relevancia a estas soluciones que eliminan la necesidad de una nueva Cuenca Occidental? LO ABSURDO DE LA NUEVA CUENCA OCCIDENTAL (BAJO EL PUNTO DE VISTA TÉCNICO) Hay más lluvia en la parte Este de la cuenca existente. Por eso administraciones canaleras anteriores construyeron la Represa de Alajuela (Madden) en el lado Este de la cuenca. Así proporciona más agua a la operación del Canal. No construyeron nuevos lagos en el Oeste como propone la actual Administración del Canal. Sabemos que hay menos precipitación por hectárea en la nueva cuenca occidental comparada a la cuenca existente. Otra gran falacia es la aseveración del potencial hidroeléctrico asociado a los supuestos nuevos lagos. Una inversión de B/. 1,200 millones difícilmente podría recuperarse a partir de plantas hidroeléctricas en los nuevos lagos. Notemos que el estudio de potencial hidroeléctrico del país, realizado por la firma Lavalin para el IRHE en 1979, caracteriza el Río Coclé del Norte con un caudal que corresponde a una potencia de 47 Megawatts (Mw) (no 159 Mw como aduce la Administración Canalera). Peor aún, el proyecto ni siquiera aparece en las recomendaciones subsiguientes de Lavalin al arrojar un potencial beneficio muy inferior a su costo. Los ríos Indio y Caño Sucio se estudiaron, pero ni siquiera fueron identificados como opciones viables en dichos estudios. Ninguna institución financiera daría la más mínima consideración a un proyecto hidroeléctrico con estas características. Por otro lado, como ya he descrito, hay esquemas mucho menos costosos y traumáticos que permitirían la operación confiable de un 3er. juego de esclusas. Sin duda los consultores de las instituciones financieras que se dispongan a explorar el tema, sí analizarán lo que la ACP no ha querido ver, y llegarán inequívocamente a esta conclusión. La nueva cuenca occidental no tiene sustentación ni técnica, ni económica, ni social, ni ambiental y tiene el potencial de desencadenar problemas políticos. Es un producto deficiente por el cual la Administración del Canal es responsable y tendrá en algún momento que responder. Este estudio defectuoso ha causado malestar y división innecesaria en la familia panameña. También nuestros honorables legisladores han perdido su valioso tiempo promulgando la Ley 44 a insistencia de la Administración del Canal. El Banco Mundial (BM) con sus ingenieros y expertos han desarrollado algunos criterios para evaluar lagos nuevos (Ledec, Quintero y Mejía: "Good Dams and Bad Dams", 1997). Vamos a ver cómo la tristemente célebre nueva cuenca occidental se comporta ante estos criterios: El BM indica que la inversión típica (justificable) para hidroeléctricas es de $1,800 a $2,500 por Kilowatt (Kw) de potencia instalada. La nueva cuenca occidental, a un costo de $1,200 millones y con capacidad de generación de 50 Megawatts (Mw), cuenta la descomunal suma de $24,000 por Kw de potencia instalada. (Un Mw = 1,000 Kw). El BM considera que un buen sitio para un lago es compacto y profundo. Los nuevos lagos de la nueva cuenca occidental son extensos y planos, por lo tanto, inundando mucha más área de lo recomendable. Los nuevos lagos de la nueva Cuenca Occidental no son eficientes para hidroeléctricas y tampoco son eficientes para cualquier otro uso. El BM también presenta un criterio de hectárea inundada por Megawatt (Mw) de potencia instalada. El BM sugiere que un buen sitio inunda 5 hectáreas por Mw, mientras que califican de mal sitio uno que inunda más de 50 hectáreas por Mw. El proyecto de la nueva cuenca occidental inunda casi 900 hectáreas por Mw. El Banco Mundial nunca vería la nueva cuenca occidental como un proyecto serio. CONCLUSIÓN Repito el mensaje principal de mi escrito: La nueva cuenca occidental no tiene sustentación técnica, ni económica, ni social, ni ambiental, ni política. No es una buena solución para aumentar el recurso hídrico del Canal y no es necesaria. Como he indicado, existen proyectos dentro de nuestra cuenca existente que ofrecen toda el agua que necesitamos para el Canal actual y para un Canal expandido a un costo económico, social y ambiental mucho menor. El Canal es como una gran nave. El piloto mueve el timón y la nave toma como 10 minutos en reaccionar. Algo similar ocurre en una organización con más de 9,000 empleados y un presupuesto de B/. 800 millones al año. La eficiencia que vemos en el Canal hoy día, se debe a las políticas y programas mesurados del Lic. Manfredo e Ing. Guardia en la década de 1987 a 1997. Los resultados después del año 2007 reflejarán las políticas del administrador Alemán. La mayoría de la información técnica aquí presentada no la han tenido los campesinos, ni la Iglesia Católica, ni la sociedad civil. Espero que este escrito sirva para unir los esfuerzos de los grupos campesinos, la Pastoral Social Cáritas, Cáritas Arquidiocesana y quizás ciertos grupos cívicos que tomen conciencia del asunto, para combatir en un solo frente este trascendental desatino para el bienestar de nuestro pueblo panameño, su erario y esa gran obra de ingeniería, llamada el Canal de Panamá, a la que dediqué mi vida profesional. @ (*) El autor, Tomás Drohan Ruiz, es ingeniero jubilado ex jefe del Canal de Panamá. ![]() |
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