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   Edición 86 / Enero - Marzo del 2003

Opinión



"Entre la Incertidumbre
y el Miedo"


.

Por Lic. Antonio Elio Brailovsky
Defensor del Pueblo Adjunto
de la Ciudad de Buenos Aires
y Lic. Vilma Lilia Osella
abrailovsky@buenosaires.gov.ar

Argentina


En una sociedad como la nuestra, en la que los medios de comunicación masiva tienen una influencia tan grande, la discusión sobre su papel y sobre el rol del periodista es permanente.


En nuestro caso, nuestra tarea en la Defensoría del Pueblo requiere de una continua comunicación pública. Esto se debe en parte a las características del trabajo en temas ambientales. Por ejemplo, la gente no sabía de los riesgos que implican los transformadores con PCB hasta que se enteró por los medios.

Pero también se debe a las particulares características de la relación entre la sociedad y el Estado en este momento de nuestro país. Lo habitual es que los funcionarios no contesten los reclamos hasta el momento en que esos reclamos se hacen públicos. Mientras la voz de los afectados queda encerrada en el expediente, es difícil que alguien le preste alguna atención. Cuando la sociedad conoce los reclamos, puede comenzar a moverse una respuesta.

En tercer término, nuestra concepción sobre la función pública es que quienes ocupamos un cargo pagado por el pueblo tenemos la obligación de rendir cuentas continuamente sobre qué estamos haciendo en este lugar.

Por eso, nuestra continua presencia en los medios de comunicación social, con una característica peculiar del equipo de trabajo a mi cargo. En la mayor parte de las instituciones, hay una sola persona que realiza la comunicación pública, en tanto los demás permanecen en las sombras. Son sugestivos los informes de funcionarios que olvidan mencionar a sus asesores, que son precisamente los que hicieron los trabajos que el funcionario firmó. Esto suele deberse a razones políticas, para promocionar a un posible candidato, o por motivos semejantes.

En este grupo de la Defensoría del Pueblo Adjunta, en cambio, todos sus integrantes tienen participación en la comunicación pública. Todos firman trabajos que se difunden, todos reciben periodistas o participan en programas de radio o de televisión. Esto se debe a que no queremos promocionar a ninguna persona sino simplemente difundir cierta información y nos parece adecuado que la haga conocer la persona que ha estado trabajando en ese tema. En esto, nuestro estilo de comunicación sigue más un modelo académico que un modelo político.

Todo esto hace que la comunicación pública sea un tema siempre presente entre nosotros y se vincula con nuestra intervención en los debates sobre el rol de los medios y el rol de los periodistas en la actual situación argentina.

En esta entrega ustedes reciben un trabajo de Vilma Lilia Osella sobre cómo puede el periodismo combatir la crisis en nuestro país, y cuáles son sus alcances y limitaciones.





"Entre la Incertidumbre y el Miedo"

El Periodismo y la Crisis

Por Lic. Vilma Lilia Osella

"El valor más importante del periodismo, como de toda escritura, es la pasión, el compromiso y la fascinación del autor por lo que está haciendo", dijo -entre otras cosas- Ryszard Kapuscinski, el escritor polaco devenido un emblema del periodismo actual. Y lo dijo a su paso por nuestro país cuando dictó un seminario en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

De esta manera, reivindicó la mística del oficio y a la prensa como lucha válida para combatir la actual crisis mundial en la que nos sumió esta mentada globalización. Agregó que la prensa tiene "el deber de alertar a la gente antes de que sea tarde y lo hace al revés". ¿Cómo puede el periodismo combatir la crisis en nuestro país? ¿Qué es esto de alertar a la gente antes de que los hechos ocurran y que el periodismo lo hace al revés?

Veamos: Los países son administrados por políticos y empresarios en función de intereses internos y externos. Ellos son los que, a menudo, a través de su jefe de prensa o asesor, envían información a los medios. Esta es procesada por los medios, algunas veces investigada e indefectiblemente publicada.

Si el periodista saliera a investigar a la calle, podría alertar. Kapuscinski dice que la profesión se industrializó. "Todos se manejan por los cables que reciben de las agencias. Entonces, corren hacia la misma noticia y quien gane esa carrera será quien domine el mercado."

Sería conveniente en este momento recordar que hay diversos tipos de periodismo, que no todos persiguen los mismos fines y, sobre todo, que el periodista, como profesional, ejerce su oficio dentro de una empresa no exenta de intereses comerciales y políticos.

Así, las agencias de noticias dicen lo que pasa en, a lo sumo, cuatro párrafos, porque suponen que escriben para periodistas que, si necesitan más información, la ampliarán consultando sus fuentes, lo cual se hace casi siempre por teléfono. Para publicar las noticias, las agencias suelen tener informantes en todo el país y en el mundo. Cada sección tiene determinada cantidad de espacio. Las prioridades se establecen a partir de las conveniencias de la empresa.

La radio toma los cables como información y no la abre, no le da contenidos, con lo que, a veces, confunde más de lo que informa, pero, eso sí, siempre entretiene. Diríamos que está fundamentalmente pensada para gente que realiza trabajos manuales y, mientras tanto, la escucha; o gente mayor pasiva o amas de casa y empleados administrativos que, cuando no acuden a la computadora, encuentran en ella una fuente de actualización, aunque incompleta y, a veces, falsa, porque los deja más cerca del problema que de la solución.

En el caso de la TV, la situación varía: Es imprescindible que todo tenga imagen. Es frecuente escuchar a los conductores de noticieros enunciar apenas una frase y agregar "miren, es mucho mejor."¿Le restan valor a la palabra ? No tanto... pero la condicionan a la imagen.

Por ejemplo, si hay inundaciones, repiten la imagen de las zonas inundadas aunque éstas pertenezcan a hechos acaecidos días atrás, sin consignar su fecha, como hacen los europeos, por ejemplo. Y, lo que es peor, si hay una información de utilidad y no puede mostrarse en imágenes, sólo se enunciará, dejando al televidente con una información a medias.

Esto es, desinformado y con el peligro de que saque conclusiones erróneas. Pensemos que en nuestro país el 80% de la población tiene acceso a la TV abierta y que hay 4.200.000 abonados al cable, lo cual indica que 16 millones de argentinos tratan de saber qué pasa en el país a través de este medio de comunicación.

Aquí debemos detenernos en el culto al rating que es el becerro de oro de esta Era. En este altar se sacrifican la vida privada, los principios morales, el respeto mutuo y, también, el sentido común y el lenguaje. Además, los principios básicos de la profesión indican que la vedette es la noticia.

Así fuimos formados quienes estudiamos en mi generación. Sin embargo, en este momento, estos principios se tergiversaron de tal forma, que la vedette es quien dice la noticia. Actrices, locutores, modelos, modelitos y modeletes -de la mano de importantes auspiciantes- toman el lugar del periodista y éste funciona desde la trastienda.

A través de un aparatito electrónico denominado "cucaracha", el periodista cuenta al oído la información, quedando de esta manera desplazado de su función profesional. La actriz o el modelo pondrá la cara, una cara que "vende" y se limitará a repetir de memoria lo que el aparatito le dicta, despersonalizando la noticia y dejándola sólo en el enunciado.

La gráfica suele ser más explicativa. Permite pensar, volver sobre el texto, razonarlo, sacar conclusiones. Si el lector sabe leer entre líneas, podrá eximirse de la conducción política del contenido y armar su propio parecer con relación al tema. No obstante, se le da primacía siempre a lo negativo por sobre lo positivo. Mucho más espacio tendrá entonces la violencia que la creatividad, la falta de responsabilidad que la honestidad.

En todos los casos, no es el periodista el que decide qué se publica o qué se emite, sino el medio de comunicación donde trabaja. Sus directivos suelen pensar que es más vendible una foto de Maradona semidesnudo en tapa que "hay más de 300 antenas de teléfonos celulares clandestinas en el subte que pueden ser altamente contaminantes" conforme reza un comunicado librado recientemente por Antonio Elio Brailovsky, Defensor del Pueblo en el área de Ambiente, en esta ciudad.

Y cuando el periodista propone un tema, éste debe seguir un itinerario que finalmente no lo deja decidir: Explicará al secretario de su sección qué tema le interesa abordar y éste llevará seguramente el caso a la reunión de secretarios que se realiza en los medios gráficos o a la de contenidos que se realiza en radio y TV. Allí, se verán todos los temas que los diferentes responsables desean abordar y se decidirá.

Atrás está siempre el interés empresario, el jefe de publicidad y el criterio personal o del grupo que tiene el poder de decisión. Finalmente, volverá a quien propuso el tema una orden que lo hará funcionar de una u otra manera.

¿Podemos entonces decir que el periodismo tiene la obligación de ser el emisario, el vocero en esta trágica crisis que soportamos? Hemos visto, últimamente, con gusto, que se publica y se impulsa la acción solidaria. Esto es positivo. Sin embargo, asociados a las leyes del mercado, hay medios de comunicación que prohíben este tipo de información. ¿Qué propuesta concreta puede llevar un periodista a su medio para ayudar a resolver la crisis? Es difícil contestar esta pregunta.

El periodista, al sentarse a escribir con su computadora, inevitablemente se siente limitado. ¿Por qué? Porque piensa cómo será censurado por el secretario de su sección, por el jefe de redacción, por el director del medio, por el Publisher. El círculo se cierra con la autocensura. Mal puede él ayudar a combatir la crisis cuando es parte de la propia crisis: Es allí donde se debatirá ante la incertidumbre y el miedo y para no perder el sustento, es muy probable que acepte trabajar en ideas que no comparte.

Existe también el periodista "estrella" que es quien escribe notas de opinión o columnas. El sí puede influenciar sobre la opinión de la gente. Un caso testigo es el de Joaquín Morales Solá quien, al ingresar a la Academia de Periodismo, impresionó con su tesis donde invitaba al periodista a una autocrítica en tanto se cuestiona tanto desde la prensa la corrupción de los políticos. Su opinión pegó tan fuerte que se hicieron seminarios en relación con el tema y una encuesta subió la credibilidad de la prensa sobre cualquier otra institución, incluida la Iglesia.

A este espacio se llega de diferentes formas: La televisión afama a uno u otro profesional y la gráfica y la radio pagan buenas sumas por el producto que tan bien vendió en ese otro medio. O viceversa. También hay quien tiene talento: Un atributo que no siempre usará para informar, salvo excepciones que confirman la regla.

Otra franja es la del periodista independiente: Éste suele comprar el espacio en radio o televisión y armar su propia producción artística y comercial. Operan además en gráfica, con periodicidad semanal o por un espacio web de Internet. Si alguien sabe de alguno de ellos que consiguió una radio en tres años de trabajo y al cuarto compró un canal de televisión, pare las antenas: Estamos ante un perfecto caso de corrupción.

Estos periodista independientes quizá puedan informar libremente. Y los hay... pocos, pero los hay. La mayoría necesita pagar lo que en la jerga se llama "el piso", un eufemismo para involucrar todo tipo de costo básico, y eso, limita su alcance. Si "la producción se maneja con... tal o cual teléfono móvil", jamás hablará de que las antenas de teléfonos celulares generan ondas electromagnéticas altamente contaminantes.

Volvamos al obrero que diariamente pisa su fuente de trabajo, aquel que entre la incertidumbre y el miedo, cuida su pan de cada día. Y pensemos que esta realidad puede revertirse.¿Cómo? Precisamente con la ayuda del lector. Así como el escritor necesita del lector, también lo necesita el periodista. Todo aquel quien masivamente expone su obra, necesita del otro. Ya para confrontar su arte, participarlo, compartirlo, como para recibir una devolución.

Concluyo: Si algún escritor, algún intelectual, tiene una perspectiva mejor en relación al periodista y su rol en la crisis, sería bueno que la alcance a los medios de comunicación, aunque sea como carta de lectores. O que hable por teléfono al medio y pida la investigación de tal o cual tema. Es un aporte interesante que seguramente ayudará a los que desde adentro de un medio de comunicación sólo pueden pensar y no escribir, pensar y no hablar, pensar y no filmar lo que sienten mejor para sus coetáneos. @


(Encuentro de Ensayistas, Narradores y Poetas. Gente de Letras)


La Defensoría del Pueblo Adjunta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, está en la calle Venezuela Nº 842, 3º Piso.
Teléfono: (54 11) 4338-4900, internos 7538; 7544; 7545 y 7547.
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El teléfono particular de Antonio Elio Brailovsky es (54 11) 4957-3465. El teléfono celular es: (54 11) 15-4413-9389. El mail de su domicilio es: brailovsky@infovia.com.ar.


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