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   Edición 86 / Enero - Marzo del 2003

Columnistas



Violencia Familiar:
Los Niños Golpeados


Por Juan Javier Álvarez
info@ambiente-ecologico.com

Argentina


Es tan pequeñito que aún no entiende el porque. No comprende la razón de su dolor, de los golpes que le propinan tan seguido. Ahora está sentado en la fría sala de guardia de ese hospital, mientras sus padres intentan convencer al médico que le atiende, que esas laceraciones y hematomas, que inundan toda la piel del niño, son simplemente producto de "una caída..."


Lamentablemente, esta escena no pertenece a una película. Es tan real como el hecho de cientos de niños golpeados brutalmente por alguno de sus progenitores. A veces, por ambos, con lo cual se establece un círculo cerrado donde la indefensa víctima no tiene quién pueda dar la cara por él.

En desmoralizantes estadísticas, se afirma que el mayor porcentaje de niños golpeados se agrupa en edades que no superan los tres años. En muchos casos, se agrede a bebés por el simple hecho de llorar o negarse a tomar el biberón. Las razones para tamaña crueldad resultan tan incomprensibles, como que sean los padres, salvaguardas de la integridad física y moral del niño, quienes les mortifiquen.

A estos hechos, se agregan otros de lesa perversión. Las violaciones y abusos sexuales que sufren las criaturas, de manos de sus padres, por ejemplo, demuestra a las claras una situación que dejará una profunda herida en las víctimas. A tan tierna edad, se ven impelidos a soportar lo inimaginable, de manos de quienes ellos esperan todo lo bueno.

A su vez, ciertos trabajos multidisciplinarios informan de las madres son quienes más golpean a las criaturas, y sobre todo, a hijos únicos. Parece mentira que quien ha tenido un hijo en sus entrañas, le ha visto nacer y es de quien se espera los mejores cuidados, se enceguezca de furia y arremeta contra él. Es una idea difícil de concebir en plenitud, pues atenta contra todos los principios elementales. Pero, sin embargo, sucede con mucha frecuencia.

La continua toma de conciencia ciudadana sobre estos flagelos se torna, entonces, necesaria. Es preciso afirmar que, en una sociedad civilizada, tales acontecimientos nos incumben a todos. Esos niños que hoy sufren serán los hombres y mujeres del mañana. Criados bajo el terror, la violencia y la humillación. En nuestra comunidad. Tal vez cerca de nosotros.

Autoridades, educadores y familiares deben tomar efectiva carta en el asunto. No se trata de un tema insignificante, sino de algo serio. Tanto, como la propia vida de un ser humano.

Al desear una sociedad mejor y más justa, al pensar y trabajar para que las nuevas generaciones encuentren un mundo no tan signado por el egoísmo, la violencia, la mediocridad, la falta de proyectos y modelos positivos, debe también dirigir nuestra mirada hacia este tema tan candente. Para controlarlo. Para evitar sus nefastas consecuencias. Para impedir que almas inocentes sufran un destino que no merecen. Para que, a fin de cuentas, ellos también puedan construir algo mejor... @









 

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