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Los cambios en el clima a nivel mundial tienen ahora consecuencias mucho más imprevisibles y devastadoras que antes. El sobrecalentamiento de la Tierra, con temperaturas que cambian radicalmente de un extremo a otro del planeta, inundaciones, sequías y altos niveles de descongelamiento en los polos, es sólo una señal de alarma que advierte de un problema mayor sobre el cual existe poca información. La vida en el planeta depende de diferentes factores, pero principalmente de un adecuado nivel de distribución de dióxido de carbono en la atmósfera. La alteración de esto puede ocasionar serias consecuencias como un enfriamiento global acelerado, en el caso de que estos niveles disminuyan significativamente, o un fuerte calentamiento de la Tierra por un aumento excesivo. Algunas especies biológicas pueden controlar los niveles de dióxido el cual se halla también almacenado en el subsuelo en forma de carbón y petróleo. Sin embargo, a raíz de la intensa actividad industrial en el último siglo y medio se libera a la atmósfera grandes cantidades de carbono que, según los expertos, superaría fácilmente los 750 mil millones de toneladas de los cuales un 90% proviene de los países industrializados. Esta situación sería mucho más grave aún de continuarse con la emisión indiscriminada de carbono a la atmósfera pues traería como consecuencia, en el más corto plazo, la liberación masiva de hidratos de metano almacenados como moléculas de agua en el fondo marino que, según los mismos expertos, constituiría un gas de efecto invernadero mucho más poderoso que el dióxido de carbono. El aumento excesivo de temperaturas en muchas partes del mundo está ocasionando terribles desastres naturales con serias consecuencias económicas alarmantes para muchos países. La muerte definitiva de grandes extensiones de bosques y manglares, incendios forestales, inundaciones y sequías, erosión y desertificación de suelos que han afectado considerablemente la actividad agrícola o ganadera han convertido también a las cuencas amazónicas del planeta en áreas potenciales de emisión del dióxido de carbono. Es urgente pues la reducción del uso de combustibles fósiles -principal causante del desequilibro ambiental- para dar paso a otras fuentes de energía renovable en el cual estaría el uso de la energía solar. Sin embargo, algunas propuestas insisten en promover la creación de nuevas áreas de uso para el almacenamiento del dióxido de carbono, propuesta que sin duda parece ser mucho más atractiva para las grandes industrias de los países del Norte que consumen mayor cantidad de combustible que todos los países del Tercer Mundo juntos. Mientras tanto grandes extensiones de tierra que antes eran dedicadas a la agricultura, al pastoreo extensivo o estabulado y a la recolección tradicional de alimentos -en el caso de las comunidades indígenas de la cuenca amazónica- son ahora utilizadas para la forestación intensiva como actividad compensatoria principal a la contaminación ambiental que realizan los países industrializados. Los bosques nativos son sustituidos por plantaciones exóticas y las comunidades nativas son desplazadas cada vez más de sus territorios con el propósito de lograr la ansiada "compensación" del carbono que en la práctica no hace más que aumentarla. Sin embargo, el problema de fondo continúa siendo el mismo pues hay una enorme brecha histórica entre los países industrializados y los países del Tercer Mundo con respecto al uso de la atmósfera. El enfoque tradicional sobre ello plantea que los países del Norte tienen derecho a la emisión de dióxido de carbono en la medida que promuevan "actividades compensatorias" como las plantaciones forestales que tienen el propósito de "fijar" la emisión de carbono y que los convierten en países "neutros", es decir, países que de acuerdo a la definición ecológica no son causantes de contaminación ambiental. Pero lo cierto es que las plantaciones forestales por sí mismas no son una solución real al problema. Por el contrario, es un factor latente que puede acelerarlo en cualquier momento. De acuerdo a un estudio reciente se llegó a la conclusión de que en la medida que la Tierra se calienta y la respiración de los seres vivos aumenta más que la captura de dióxido de carbono, las plantaciones forestales pueden llegar a liberar la mayor parte de su carbono a la atmósfera. En este sentido la reforestación, como actividad compensatoria a gran escala, en lugar de mitigar el calentamiento global puede acelerarlo. La solución de fondo esta en una adecuada distribución equitativa de las emisiones y en la promoción de regímenes energéticos más sensatos y eficaces. @ (*) El Lic. José Cabanillas Núñez, es Sociólogo peruano (Licenciado en Sociología), asesor en Desarrollo Rural, Ecología y Asuntos Indígenas.![]() |
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