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   Edición 86 / Enero - Marzo del 2003

Columnistas



Irak: Los 99 Nombres de Dios


Traducción: Juan Carney, C.M. - Colón, Panamá
Especial para Incidencia y Compromiso

Aportado por Héctor Endara Hill (*)
Coordinador Cáritas Panamá
coordinador@caritaspanama.org

Panamá


Delegación de la PAZ en IRAK


Queridos Familia y amigos:

Por fin estoy intentando a enviar un correo electrónico. Hemos estado ocupados y acabo de aprender cómo utilizar el correo electrónico en un centro pequeño del Internet en un hotel cercano aquí en Bagdad. ¿Dónde debo comenzar? Ojalá que todos pudieran estar aquí! Es tan diferente de lo que vemos en la TV.

Cuando paseamos en auto por primera vez por Bagdad, toda lo que podría pensar, era la sencilla verdad que existe en el fondo, éste es solamente un lugar en donde vive gente. Gente normal, dando la bienvenida a la gente. Así es en el fondo, y éstas son las gentes que sufrirán.

Bagdad es una inmensa ciudad residencial. Niños llevan mochilas ida y vuelta desde la escuela, juegan fútbol en el polvo a lo largo del camino, y nos saludan en las aceras. Las calles tienen muchos carros, y tienditas llenan las aceras aunque la mayoría tienen muy pocos compradores y muchos están cerradas totalmente. La gente, las mujeres, y los hombres mayores nos saludan. Muchos de los hombres, veo especialmente, caminan con un tipo de rosario; una de las tradiciones del rezo del Islam es recitar los 99 nombres de Dios. La vida diaria parece un contraste agudo con la ansiedad que la gente vive, y que apreciamos cuando nos tratamos de cerca.

Fuimos hoy a un hospital de maternidad atendido por las hermanas dominicanas aquí en Bagdad. Sor Bushra Gaggi, OP., coordinadora en el hospital, nos dijo que muchas de las mujeres han estado viniendo al hospital, pidiéndole que les practiquen operaciones cesáreas, de modo que sus bebés nazcan antes de que el bombardeo comience. Ella nos brindó una sonrisa y nos saludó cariñosamente pero cuando ella habló de la guerra, no aguantaba las lágrimas, y ella estaba muy asustada. Dice Sor: "Es tan doloroso. ¿Por qué los ciudadanos de los EE.UU. no saben nada de las gentes normales en Irak?

Ayer fuimos a un hospital público y el director nos contó todos los efectos de las sanciones y de la devastación que ocurriría si tenemos otra guerra. Ha habido un aumento enorme en cuanto a cáncer causado muy probablemente por el uranio agotado en las bombas de los EE.UU. usadas en la guerra del Golfo, (que también ha enfermado a millares de veteranos de los EE.UU.). Y solamente un hospital iraquí en la nación entera tiene una máquina para la radioterapia. Todas las otras 13 máquinas viejas están dañadas. La mayoría de los niños y de los adultos con el cáncer no tienen ninguna esperanza. El programa del "Petróleo-por-Alimento" no resulta y los hospitales todavía no reciben suficiente medicina, equipo, o entrenamiento, y la desnutrición sigue siendo un problema enorme. 5 millones de niños iraquíes están desnutridos.

Visitamos la sala del cáncer, llena de niños. Se sentaron en camas, cuatro en un cuarto, y sus madres sentadas al lado de ellos. Nos dieron la bienvenida, intentado sonreír para las fotos, pero dos de las madres comenzaron a llorar mientras que estábamos allí. Les di de los cuadros dibujados por los niños de la Parroquia de San José, y ellos sonrieron por los muchos colores. Una pared de su sala del hospital también tenía dibujos hechos por los niños iraquíes, también en colores brillantes.

Una pared estaba llena de las mariposas. Es difícil creer, el contraste de la vida y de la muerte delante de nosotros. Hoy visitamos a tres obispos. Juntos, de muchas maneras, nos dijeron a nosotros: "Somos gente pacífica, no deseamos guerra. Por favor, digan a toda la gente de fe en los EE.UU. que rueguen por nosotros. La guerra sería una catástrofe para el pueblo iraquí. Por favor, cuente a su gente lo que ustedes ven aquí, lo que ustedes oyen. Díganle la verdad."

El arzobispo Delli de Bagdad nos dijo, "Yo estaba aquí, en esta casa, durante la guerra pasada. Y 104 ventanas fueron destrozadas. En noviembre todas las parroquias tenían un día del ayuno y oración por la paz. La gente está ansiosa y temerosa. Sonríen y nos dan la bienvenida, y tienen una esperanza grande de que podamos influenciar en algo. Pero muchas veces me siento sin fuerzas para evitar esta guerra. Sin embargo mucha gente todavía habla de la esperanza y debemos esperar, y rogar, y actuar. Lo único que puedo decir es que ésta es una situación horrible que no se puede tolerar."

Fuimos a un refugio que fue bombardeado en 1991, en donde 408 mujeres y niños inocentes murieron. Su sangre y las impresiones de sus cuerpos todavía se ven en las paredes. No puedo escribir lo que vi sin llorar, porque no es algo del pasado sino es algo que puede suceder otra vez. La guerra lastimará solamente a gentes normales que viven aquí. Ya están abatidos y la guerra solamente hará peor su situación.

Desde que llegué, siento que el miedo NO es por mi seguridad personal, sino que es miedo por la seguridad de nuestro planeta entero. Simplemente no sé lo que sucederá. Hablen sobre esta situación si ustedes pueden, o escriban una carta, o hagan llamadas telefónicas. Comienzo a darme cuenta de que los estadounidenses comunes podamos ser la única esperanza y es nuestra responsabilidad hablar en contra de la guerra, y buscar otros medios para resolver los conflictos. Por ejemplo: La acción enraizada en la oración.

Uno de nuestros delegados preguntó al Obispo Juan Sleman: "¿Cómo hace para enfrentar esta realidad?" Él respondió: "Rezo con las manos abiertas."

Siento toda su presencia aquí y les agradezco tanto por rezar conmigo y con esta gente. Lamento estar tan ansiosa, pero así es como me siento y esta situación es urgente. Sé que juntos rezamos y actuamos para encarnar la paz en este mundo, mientras aguardamos al Príncipe de la Paz. Y ésa es una gran gracia que nunca puede ser impedida.

¡Mucho amor y paz a todos ustedes! Intentaré permanecer en contacto regularmente.

Sheila @


(*) Héctor Endara Hill
Coordinador Nacional de Pastoral Social CÁRITAS PANAMÁ
Coordinador de Cáritas de Centroamérica, México y Panamá - CAMEXPA.
Apartado Postal 1149 9A, Panamá.
Teléfono (507) 262 3777
Fax (507) 262 3648
Corregimiento de Ancon, casa 437-A - Panamá
E-Mail: coordinador@caritaspanama.org
Internet: www.caritaspanama.org








 

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