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Gracias a la variación de la latitud, la altitud y climática que reina sobre el territorio argentino, nuestro país se encuentra favorecido ante la gran diversidad de unidades biogeográficas existentes. Según un documento elaborado por especialistas y publicado por la Administración de Parques Nacionales, se cuentan 15 ecoregiones terrestres continentales y dos marinas, además del sector Antártico argentino; de las cuales cinco son endémicas o semi-exclusivas de Argentina y del Cono sur. Por otro lado, tres de los ambientes más diversos de América del Sur tienen su límite de distribución austral en nuestro país (la selva paranaense o misionera, las yungas y el Chaco. El Delta e islas del Paraná y el bosque Andino Patagónico o subantártico son ambientes dignos de destacar por su riqueza ecosistémica, específica y genética. Pero más allá de la relevancia relativa y particularidad de una u otra ecoregión, todas son diferentes entre sí en sus aspectos bióticos, físicos, económicos, históricos y sociales, pues son únicas. No obstante, a pesar de la destacable trascendencia que caracteriza al territorio argentino en cuanto a sus ecosistemas, ni se recibe la atención necesaria ni el apoyo para conservarlos como corresponde. Para comprender exactamente a que se hace referencia con respecto a diversidad de ecosistemas y el valor intrínseco que cada uno proporciona (además de las influencias y beneficios que los procesos de estas ecoregiones brindan a los seres vivos, al clima y a la situación ambiental y económica en general), resta tratar el tema profundo y detalladamente en otro apartado. Se sabe que dependemos de los ecosistemas para sobrevivir pero ¿aún cabe dudas acerca de los bienes y servicios que un ecosistema natural provee a los seres vivos, y de la utilidad que otorgan al bienestar humano? ¿Hasta cuándo el hombre podrá abastecer sus necesidades y excentricidades a costa y desmedro de un equilibrio natural vulnerado por la codicia y el desconocimiento? ¿Cuánto vale un árbol en un bosque? Los mencionados son interrogantes no frecuentes en estos tiempos de problemas mayormente palpables y concretos que enfrenta más del 80 % de la población mundial, ante una realidad implacable en términos de equidad y justicia social. Sin embargo, la situación ambiental se relaciona íntimamente con muchos de los pesares que acontecen. Evaluando para decidir mejor Las alteraciones y los cambios que el hombre ha generado como consecuencia de la sobreexplotación y mal uso de los recursos naturales, han impactado sin duda alguna de manera desmesurada sobre los ecosistemas y el efecto rebote hace tiempo que se hace notar. Preocupa a escala mundial la necesidad de que se genere un envión determinante que logre detener las causas que provocan tantos impactos debido a la acción humana. De ahí, que los gobiernos solicitaron formalmente a través de la Convención de Diversidad biológica, la Convención de lucha contra la Desertificación y la Convención sobre Humedales, la conformación de una estructura analítica que vincule redes de expertos científicos, líderes de gobiernos, sociedad civil y sector privado. Diseñada la trama de cooperación internacional en las esferas científica y política pues, se apunta a promover la toma de decisiones a través de un conocimiento más reciente sobre las relaciones entre los cambios acontecidos y el bienestar humano. Se prevé así, brindar opciones para enfrentar los cambios producidos y sus consecuencias sobre los seres vivos, para que los decisores mundiales oportunamente puedan elegir acertadamente, con herramientas en mano, más creíbles y justificadas que las meramente políticas y, en pos de un desarrollo sostenible. A través de evaluaciones a múltiples escalas (local, de cuencas, nacional, regional y global) se incluirán evaluaciones entrelazadas en un proceso abierto que busca incluir los procesos y condiciones sustentados por la biodiversidad a través de los cuales los ecosistemas sostienen la trama de la vida y la provisión de bienes (provisión de alimentos, agua, fibras, combustible; sustentación de diversidad biológica, polinización y ciclo de nutrientes; y relaciones sociales, estéticas y culturales). Además se incluirán el análisis de las condiciones y tendencias actuales la exploración de escenarios futuros sobre los ecosistemas y como los cambios los afectan, así como opciones de respuestas políticas a considerar. Por último las evaluaciones tendrán que ser vinculares con diferentes sectores del desarrollo agua, energía, transporte, ambiente y agricultura y reflejar una integración entre las ciencias naturales con las sociales. Hace un tiempo aproximadamente que trabajan en el tema el Banco Mundial (BM), las Naciones Unidas (ONU) y el Instituto Mundial de Recursos (WRI). Científicos y políticos de numerosas naciones se han reunido en la denominada "Río+10" o "Cumbre Mundial" hace tan sólo unos meses, para hablar y consensuar sobre el futuro del planeta. Justamente, en ese marco, hubo lugar para la presentación de la evaluación Ecosistémica del Milenio (EM). Desde Johannesburgo y a través de una teleconferencia, se convocó a diferentes países de Latinoamérica en simultáneo: Buenos Aires (Argentina), Sao Paulo y Brasilia (Brasil), Lima (Perú) y La paz (Bolivia). En Argentina, por su parte, el encuentro fue organizado por el Consejo Profesional de Analistas Ambientales de la República Argentina (CO.P.A.A.R.A.), el CEADS y la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en el hotel Sheraton. Se estableció el ida y vuelta entre los diferentes países y algunos de los asistentes manifestaron su preocupación por el poco respeto, producto de nuestra idiosincrasia, por los compromisos asumidos, tratados y acuerdos internacionales, otros creen que se trata de un proyecto muy ambicioso y difícilmente abarcable y plantearon la disconformidad sobre el enfoque marcadamente antropocéntrico y no como el hombre que se integra en forma sustentable a la naturaleza. En este último punto, cabe desatacar que grandes logros se han obtenido justamente a raíz de buscarle la vuelta acerca de la conveniencia para el hombre en defender algo que quizás no le importa o no le es prioritario particularmente. Se espera entonces, que para el 2005, la EM haya contribuido a transformar las decisiones "ambientales" a través de una mayor conciencia pública; mejores decisiones sobre los ecosistemas, el desarrollo humano y la pobreza; estrategias empresarias que promuevan emprendimientos sostenibles y una óptima cooperación. @ (*) Carolina Salem Bersais es Analista Ecológica e integrante de la Subcomisión de Relaciones Institucionales del Consejo Profesional de Analistas Ambientales de la República Argentina (CO.P.A.A.R.A.).![]() |
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