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I. INTRODUCCIÓN En México durante cada sexenio se ponen en marcha diferentes programas oficiales con el objetivo de combatir la marginación y la pobreza que predomina en el medio rural. Es en este contexto que en 1995, la entonces Secretaría de Medio Ambiente Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP) hoy SEMARNAT, puso en marcha los Programas de Desarrollo Regional Sustentable (PRODERS), con la pretensión de contribuir a frenar el deterioro ambiental, fomentar la productividad y combatir la pobreza en áreas prioritarias. La estrategia seguida ha consistido en articular la política ecológica y de conservación, así como el aprovechamiento de los recursos naturales, con las políticas de crecimiento económico y mejoramiento de la calidad de vida de la población, todo esto bajo un enfoque descentralizado, participativo, de planeación de mediano plazo y con un sólido sustento técnico. Después de haberse apoyado algunos proyectos productivos en las áreas prioritarias, fue necesario llevar a cabo una evaluación para saber qué tanto se estaba impactando con el apoyo oficial a los proyectos propuestos, ya que la finalidad era contribuir al desarrollo sustentable regional y comunitario. No obstante lo anterior, los resultados obtenidos no han incidido en la magnitud esperada; para ello existen muchas explicaciones entre las más relevantes están la reducción y extemporaneidad de los recursos financieros asignados, la falta de asesoría y capacitación de los beneficiarios, la ausencia de una organización sólida que potencie la vida e impacto del proyecto, etc. Como resultado de la evaluación se tuvo la necesidad de diseñar una Metodología de Monitoreo y Evaluación Participativa, con el objetivo de capacitar en esta tarea a los diferentes actores sociales de las regiones y comunidades piloto del PRODERS. II. EVALUACIÓN PARTICIPATIVA Ahora bien, porqué se habla de un monitoreo y evaluación participativa?. A decir de Estrella (2001), en los últimos años el término "participación" ha llegado a ser un concepto clave en el campo del desarrollo. A nivel internacional los donantes: Gobiernos y ONGs promueven el uso de métodos participativos para evaluar necesidades e implementar programas; asimismo Chambers, (1997), menciona que este nuevo enfoque parte del conocimiento de la gente como base para la planeación y el cambio. Toledo (2000), considera que la participación social y el empoderamiento (apropiación) de las sociedades regionales en las acciones realizadas son elementos importantes para conseguir efectos sustantivos en el verdadero mejoramiento de las zonas marginadas. De ahí que los PRODERS deben convertirse o retomarse como verdaderos instrumentos de concertación entre agentes sociales e instituciones relacionadas con el desarrollo, de corresponsabilidad y vinculación con otras instituciones académicas y grupos técnicos, organismos no gubernamentales e internacionales dedicados al fomento de proyectos encaminados a la preservación de los recursos naturales y al desarrollo sustentable. En la medida en que la acción institucional y la movilización de las iniciativas ciudadanas y las fuerzas sociales se suman y articulan en torno a objetivos y metas acordadas de manera corresponsable, se incorporan los elementos de eficiencia y eficacia en los programas. Un aspecto que debe de cuidarse por su relevancia en el proceso, es que la participación debe ser incluyente, plural y democrática, para evitar el clientelismo producido cuando la articulación entre instituciones y organizaciones de la sociedad se plantea de manera parcial y políticamente sesgada (Toledo, 2001). La metodología de monitoreo y evaluación participativa tiene diferencias marcadas con respecto a lo que tradicionalmente se conoce como una evaluación privada o convencional, la cual se caracteriza porque en su aplicación se utilizan indicadores de mercado como el Valor Actual Neto (VAN); la Tasa Interna de Retorno (TIR); la relación Beneficio-Costo (B/C), entre otras consideraciones (Miranda, 2001). En tanto que, en una evaluación participativa los parámetros empleados no guardan relación alguna con los mencionados anteriormente, la diferenciación por tipo de evaluación se presenta en el Cuadro 1.
III. ESTRUCTURA DEL MEP El diseño de la metodología comprende tres componentes: El ambiental, el socioeconómico y el de participación y gestión social, la conjunción de estos tres aspectos indisolublemente presentes en los procesos de desarrollo sustentables le da a la metodología un carácter integral. La parte sustantiva de la metodología es que se debe llegar a definir las categorías, variables e indicadores que sean entendibles por los propios actores sociales, ya que deben ser ellos los que les darán seguimiento y evaluarán los proyectos aprobados, lo que hipotéticamente conducirá a que sean los mismos beneficiarios quienes lleven a cabo los ajustes o cambios en las acciones necesarias para cumplir con los objetivos y metas que se hayan planteado en dichos proyectos. Es indiscutible que cada ámbito comprende sus propias técnicas que permiten la definición de indicadores, desde aquellos irrenunciables por las instituciones financiadoras hasta los que sean importantes para los diferentes actores sociales de las regiones y comunidades. Con los trabajos de base se han desarrollado diferentes dinámicas de participación social al igual que las herramientas necesarias para la evaluación de proyectos. En el desarrollo de los talleres se acude a la combinación de una y otras bajo un sentido lógico; otro papel fundamental es el que desempeña el "facilitador" sin conducir, ni persuadir y menos aún academizar el trabajo, sino propiciar la participación de todos los asistentes en el trabajo que se proponga o se necesite hacer; en el Cuadro 2, se presentan solo algunas de las dinámicas y herramientas de las que se pueden disponer.
IV. BONDADES DE LA MEP El participar en la aplicación y validación de la MEP representa un horizonte promisorio tanto para las comunidades y regiones involucradas, como para las organizaciones sociales autogestionarias que están en búsqueda de un mejoramiento en su calidad de vida a través de la consecución y uso eficiente de los recursos proporcionados, en el caso de los académicos el conocimiento de esta metodología constituye una herramienta valiosa en la capacitación de técnicos de instituciones abocadas al apoyo de proyectos para el sector agropecuario, al igual que para los mismos beneficiarios de los proyectos. Tan importante es esta metodología que el mismo Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial se han interesado en la sistematización de la experiencias y cuantificación de la participación de la sociedad civil en proyectos de beneficios social a los que catalogan como capital social. (Kliksberg, 2001). @ Bibliografía
1 - Profesores-Investigadores del CRUNO. ![]()
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