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En el hundimiento del Prestige, como en el hundimiento del Titanic, muchos hemos visto una serie de metáforas a cual más reveladora. Todo lo acaecido entorno al hundimiento del petrolero y a la posterior marea negra que se bate sobre la cornisa cantábrica y la costa atlántica portuguesa resume y pone a la luz un estado de cosas que en forma latente está ahí, presente, aunque no sea visible para los medios de comunicación de masas. El naufragio y la marea negra han puesto de manifiesto que el "rey está desnudo", que el horizonte de la catástrofe y del riesgo extremo son indisociable del modelo de desarrollo tecnológico dominante basado en los combustible fósiles y en la energía nuclear. Las metáforas del Prestige son pues varias pero todas coinciden en reflejar la fragilidad de un sistema que aparece insolente y todopoderoso, en la "irresponsabilidad organizada "(U. Beck) sobre la que se asienta la gestión de los riesgo de este modelo social. EL HUNDIMIENTO DEL PARTIDO POPULAR: EL PARTIDO DE LOS CONFLICTOS Decía en un reciente entrevista la actriz argentina Cecilia Roth que Madrid con la gestión del Partido Popular estaba triste y malhumorada: Era una "ciudad con bigotes". El Partido Popular es un "partido con bigotes". Un partido empeñado en azuzar, y rentabilizar, una lógica política del "cuanto peor mejor". Por cada solución ellos ofertan varios conflictos nuevos. Se trata de una derecha sin proyecto, sin imaginación, sin ideas que solo sabe explotar los peores instintos políticos avivando el odio al emigrante, el conflicto vasco (con una manipulación inmoral de las víctimas del terrosismo), o la alarma ante la delincuencia común. En el trayecto que va de la mayoría relativa (1996-2000) a la mayoría absoluta (a partir del 2000) han pasado del burocrático informe del "España va bien" al autoritario grito de: "Cuanto peor mejor". La sanidad, las escuelas, la universidad, los jóvenes, los emigrantes, las comunidades autónomas, el plan de empleo rural; todo estaba mal y el PP estaba dispuesto a que empeorarán aún un poco más para ver si así torcía la voluntad de una opinión publica de centro-izquierda haciéndola girar hacia la derecha. ¡Pues bien lo han conseguido!, después del Prestige la cosa ya no puede estar peor, pero como en los cuentos los efectos ya no se corresponden con los estados deseados. El gobierno de Aznar ha mostrado su verdadera cara de ineficacia, de incompetencia. El gobierno de los problemas pero no de las soluciones. El dirigente popular es una especie de un trasunto transgénico entre el burócrata de manguitos y el militar autoritario. ¿Qué hizo el gobierno en sus primeras y tardías reacciones ante el naufragio del Prestige? Primero transferir los riesgos políticos (atracarlo a algún puerto) a los riesgos ambientales (alejarlo de la costa y tratar de anticipar el regalo de navidad a nuestro vecinos portugueses). Inmediatamente después "detuvo al capitán del barco" y anunció dónde se podrían cobrar, en que ventanilla, las ayudas. Como siempre la derecha resuelve los conflictos con la Guardia Civil, deteniendo a alguien. Por eso están tan cómodos en asuntos como el terrorismo, la emigración o la delincuencia común. Siempre andan entre la comisaría (o el cuartelillo) y la ventanilla del negociado. Ellos son finalmente los responsables de la dimensión real de la catástrofe. Ellos han provocado con su irresponsabilidad y sus errores, políticamente intencionados; la ruptura del petrolero y las mareas negras que estamos padeciendo. Ellos son los responsables de no tener preparado dispositivo alguno. De carecer por completo de otros medios, que no fueran los medios de comunicación oficiales y para-oficiales, para manipular y desinformar. Ellos son los responsables de que las primeras tropas se hayan incorporado a las tareas de limpieza veinticinco días después del comienzo de la catástrofe. Todas estas conductas entran de lleno en el delito de "prevaricación ecológica". El gobierno del PP quizás no esté hundido pero sí está seriamente tocado. Pero su derrota no ha de ser solo la derrota de un gobierno o de un partido sino que ha de ser también la de una política y una forma de hacer esa política. Para ello el PSOE solo no basta. Para ello los partidos solos no bastan. Es necesario una alianza roji-verde, una articulación constructiva de las izquierda plural. Pero todo eso solo, con ser mucho, tampoco basta. Es necesario el concurso del impulso de las ideas, de la imaginación creativa y solidaria de ese movimiento, de esa multitud social que ha emergido precisamente cuando el Prestige se hundía. Sin ese impulso se podrá cambiar de gobierno pero no de política. EL HUNDIMIENTO DEL ESTADO: LA ILUSIÓN AMBIENTAL Ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, y se vio claro en la catástrofe de Aznalcollar, una de las funciones básicas de la administración ambiental es ocultar los impactos ambientales. Gran parte del gasto de la administración ambiental está destinado a camuflar los efectos más negativos de la crisis ecológica. Hay muy poca inversión en prevención, en restauración y aún menos en transformaciones sociales y productivas de profundidad. Esto es lo que hemos podido ver en el Prestige una ausencia total de medidas preventivas, de dispositivos de emergencia, de controles previos. Pero es más ni siguiera en los primeras semanas valoraron correctamente la dimensión de la catástrofe, despreciaron su verdadero impacto. Si comparásemos los recursos destinados a la represión del tráfico de drogas. A la represión de la emigración o a la lucha antiterrorista con los fondos destinados al prevención de catástrofes ambientales veríamos que el desequilibrio que existe y cual es la valoración real que la administración hace de los problemas ecológicos. La reacción y el uso del Ejército en esta crisis ha sido especialmente significativo. Los estados manejan un concepto de seguridad basado en una concepción militar y territorial de la misma . Ese concepto de seguridad está anticuado y no sirve. Las verdaderas amenazas vienen más de otro tipo de problemas que de aquellos que la seguridad militar identifica. La misma sociedad española, los mismos jóvenes que dan la espalda al Ejército, que se declaran objetores o insumisos y han forzado al gobierno del PP ha suprimir el servicio militar obligatorio; han reaccionado al unísono y con una gran generosidad ante esta catástrofe. Aquellos que acusaban a los jóvenes de insolidarios y egoístas por no querer implicarse en la "defensa nacional", que dirán ahora. La sociedad demanda una redefinición del concepto de seguridad, una redefinición más ecológico y social y menos militar. La sociedad civil ha reaccionado antes, mejor y al margen del Estado. Miles de jóvenes han percibido mucho más claramente la importancia de la catástrofe y se ha puesto manos a la obra dejando en un espantoso ridículo al gobierno y al mismo Estado Hemos dicho en muchas ocasiones en esto últimos años que nunca España tuvo una sociedad tan moderna y un Gobierno tan antiguo. Ahora podemos decir también que nunca tuvimos una sociedad tan consciente y tan responsable de los problemas ambientales y un Estado tan irresponsable e inconsciente. La movilización de voluntarios, las protestas y las acciones han convertido la marea negra en una marea verde de indignación, de solidaridad y de rechazo. Pero el Estado se ha hundido también por que un mercado mundializado y desregularizado, el de la energía, salta por encima de legislaciones nacionales e internacionales y hurta cualquier tipo de control o inspección. Barcos con banderas de países de connivencia, en manos de mafias anónimas, vinculados a compañías petroleras irresponsables jurídicamente, navegan por aguas internacionales sin ningún tipo de supervisión o de regulación legal. El mercado internacional del petróleo es un ejemplo claro del tipo de mundialización contra a la que nos oponemos. Los efectos tóxicos y devastadores de esa mundialización del capital son hoy dolorosamente visibles en Galicia. EL HUNDIMIENTO DEL UN MODELO ENERGÉTICO: EL CHERNOBYL DEL PETRÓLEO Por encima de los gravísimos errores del gobierno en la gestión de esta crisis y de la irresponsabilidad organizada de la administración hay algo que desde el discurso y la práctica ecologista debemos de resaltar: Los riesgos y los costes de petróleo son insostenibles e inherentes al modelo energético donde se inserta. La posibilidad de la catástrofe esta siempre presente cuando estas bombas flotantes, en número superior a cinco mil atraviesan el estrecho de Gibraltar todos los años, trasportan a miles de kilómetros millones de toneladas de petróleo. El modelo energético basado en el petróleo está constantemente produciendo mareas negras a la atmósfera y alterando el clima. El petróleo diseña un sistema de producción desigual y depredador de los recursos naturales. El accidente es en este caso sólo la emergencia de una catástrofe continua, silenciosa y constante. Los ecologistas no debemos de perder de vista esta perspectiva y quedar enredados en el "nihilismo político" de pensar que todo es un problema de buena o mala gestión por parte del Gobierno. Dice el refrán que cuando "el dedo mira a la Luna el tonto mira el dedo". Pues bien en esta situación la Luna es el modelo energético y el dedo la coyuntura política concreta. Reducir este debate a un dilema electoral entre PP y PSOE, o entre derecha e izquierda es falsear y ocultar la situación real. Esto son dilemas secundarios, importantes pero secundarios. El dilema central es el de modelos energéticos renovables, seguros y limpios o modelos energéticos no renovables, cargados de riesgos irreversibles y altamente contaminantes. Si con el Titanic muchos dijeron que se hundía la decadente Europa de finales del XIX y principios del XX; ojalá podamos decir que con el naufragio del Prestige se comienza a hundir la civilización del petróleo. Si Chernobyl marcó en gran medida un punto de no retorno para la energía nuclear; ojalá la catástrofe del Prestige sea un "nunca más" para el modelo petrolífero. @ ![]() |
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