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Se ha efectuado un relevamiento primario de Parques de la Ciudad, especialmente en la noche, habida cuenta de que se dan tres circunstancias diferentes:
Referimos los casos b y c
El frío intenso de finales del otoño acompaña a las seis personas que duermen en la Plaza Vicente López, en las intersecciones de Las Heras y Montevideo. Allí, frente al monumento dos familias y cuatro hombres recogen cartones y sobras de residuos durante el día. En la noche, buscan calentar sus cuerpos envueltos en mantas debajo de los árboles del espacio verde. En los últimos tiempos mucha gente quedó desalojada al no tener recursos para abonar su habitación, hotel familiar o pensión. Mucha es la gente que en estas noches bajo cero, no tiene adonde ir. Hace pocos días una revista semanal, nominó a los sin techo "homeless" como si la expresión en inglés modificara su estado desesperante de abandono. Muchos de ellos han comenzado a manifestar enfermedades propias de la época invernal, mas allá de la experiencia de desasosiego, abandono y depresión a la que ya lo somete la situación. El Hospital Argerich, atiende por día alrededor de 5.000 personas, 3.600 el Durand, 2.800 el Zubizarreta, 3.000 el Ramos Mejía, así sigue la cuenta. Ni que hablar del Hospital de Niños Pedro de Elizalde, los niños son los más afectados por el clima, la mala calidad alimentaria, la desnutrición y la falta de higiene, comenta un pediatra del nosocomio. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, expresa en sus declaraciones "poseo poca plata para salud y educación". Indudablemente, la Ciudad de Buenos Aires, continúa sin prevención De manejar criteriosamente la reubicación de estas personas, se ahorraría dinero en salud, sin lugar a dudas y mejoraría el nivel de abandono en la ciudad. Elvira y Antonio duermen casi todas las noches en la Plaza frente al Cementerio de Chacarita. No son los únicos, Juan y su hermano Alberto, dos chicos jóvenes, se acurrucan contra un sector resguardado del muro del cementerio. Muy cerca de ellos, un cartel sobre ese mismo muro, sella como epitafio "En este lugar descansan los restos de quienes nos han precedido en el Camino de la Vida. Es un lugar de respeto que debe ser respetado". Sobre Corrientes a los lados de la estación Chacarita una familia con su perro duerme entre frazadas gastadas, cartones y bolsos "No pudimos sostener el alquiler de la pieza me dice el hombre que prefiere no dar su nombre, de día hago alguna changa y mi mujer cuida nuestras cosas". Personas de la zona nos han ayudado y ahora me prometieron un lugar para cuidar como casero "pero mientras tanto debo apechugar". En la zona de Balvanera, Catamarca y México, hay un camión abandonado. Allí viven Guillermo y Susana. En su momento solicitaron ayuda al Gobierno de la Ciudad en Pavón y Entre Ríos. Aún esperan que alguien se acuerde de ellos en la intrincada burocracia gubernamental. Solo los vecinos le acercan ropa, pañales y comida para los hijos. Mientras cientos de carritos de algún supermercado trasladan cartones, diarios, latas y botellas, en Pedro de Mendoza y Brasil, bajo la Autopista, en el barrio de la Boca, viven Igor y Estanislav, un ruso y un ucraniano, que han tenido solo la ayuda de la Iglesia Ortodoxa Rusa de Avenida Brasil al 300 "No tengo casita, señor, no tengo casita", repite Igor. También, muy cerca de allí debajo de la misma Autopista que oficia como refugio y hogar a lo largo de todo su recorrido hasta Liniers, en Tacuarí y San Juan, está Cristian. Vive con su esposa Matilde y sus cuatro hijos. Apenas si juntan para soportar el frío y el hambre. Sus chicos comen bien porque siempre hay quienes colaboran. Pero sus ojos han perdido el brillo de niños felices. En la Plaza Canadá, Ana, Jorge, Antonio y Miguel, pusieron una carpa donde cobijarse desde agosto del año pasado. Hicieron trámites de pedido de lugares para residir, fundamentalmente programas para este tipo de situaciones. Como miles de compatriotas esperan silenciosos que algún día los funcionarios recuerden sus responsabilidades y produzcan el cambio necesario para modificar esta realidad. Cáritas trabaja ya sin descanso En Suipacha 1241 algunas personas duermen sobre la vereda de la Iglesia del Socorro, a la espera de su comida diaria. En Villa Crespo, la panadería Domínguez, colabora con pan y facturas que entrega a muchos necesitados. Su dueño, Miguel, español con más de 30 años en la Argentina, comenta que por la noche reparte lo que sobró del día y algo más. "Mucha gente es cliente de años y ahora no puede pagar yo quiero colaborar con ellos y desear que mejoren su situación". Algo similar ocurre en Honorio Pueyrredón al 1200 a una cuadra del Cid Campeador. Alrededor de las 20.30 horas, entre quince y veinte personas esperan recibir las sobras del día. En esa panadería Virgilio, comenta "Lo hago porque veo la necesidad de la gente y no sé si como va el país, mañana no me va a tocar a mí". En Figueroa Alcorta, bajo el puente de la Facultad de Derecho, Ismael y Héctor, duermen sobre colchones que pudieron conseguir. Alguna manta y mucho carbón los ampara de los intensos fríos del otoño. De día limpian vidrios de los negocios de la ciudad. Distintas parroquias tratan de colaborar con un mate cocido temprano en la mañana. Se congregan entre cuarenta y noventa personas para recibirlo. Distintos Institutos que enseñan cocina han tomado la excelente idea de terminada la clase del día entregar a carenciados las comidas preparadas de la jornada. Exquisitos platos ayudan a muchos sin techo a sobrellevar la pesada jornada de abandono. ONGs participan en ayudar a los sin techo. En Congreso por la noche, un grupo de jóvenes entregan sándwich y manzanas a quienes duermen en la calle sobre la vereda de Hipólito Irigoyen y Solís. Por estas horas el frío aumenta Argentinos y extranjeros que nos eligieron para compartir el futuro, se debaten entre la incertidumbre de poseer un refugio, un techo para ellos y sus hijos. La falta de trabajo, de comida, de futuro, hace que cientos de miles de personas en la ciudad se cubran con la indiferencia e ignorancia gubernamental. En el silencio de la noche, añoran el final. Tal como lo expresa Máximo de sesenta años en Parque Avellaneda "Ya perdí todo, mi casa, mi trabajo, mi patrona". "No tengo la valentía de matarme, de todas maneras espero me maten de a poco los gobernantes que tenemos". Recorrer Buenos Aires en la noche es cruzar la barrera de la imaginación. Personas durmiendo en distintas partes, familias enteras con sus niños empujando changuitos con residuos que apenas representarán monedas al amanecer, para con ello comprar alimentos. La pérdida del empleo, casi un 26 % de desocupación, es la causa de la pobreza y el hambre. El 49 % de la población se halla debajo de la línea de pobreza. No se observan en los dirigentes políticos, preocupación por implementar programas de ayuda alimentaria y de emergencia sanitaria. Ni mucho menos medidas de crecimiento económico que consoliden nuevas fuentes de trabajo. El avance del invierno, traerá consigo la muerte de niños y ancianos, y nuevamente escucharemos voces de lamento, pero no de prevención. La deserción escolar está en aumento. Ello también hace que muchos niños, pierdan una comida substanciosa al día. Mientras el frío castiga anticipando un crudo invierno, cientos de compatriotas tienen congelado en el abandono su futuro. @
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