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   Edición 85 / Septiembre - Diciembre del 2002

Cartas de los Lectores



Cartas de los Lectores

El Árbol y la Propuesta Bush


Estimado señor Director,

Al fin y al cabo, el presidente Bush no ha hecho sino llevar hasta el paroxismo de lo ridículo una filosofía de vida de Occidente: Para evitar los incendios, lo mejor es talar los árboles, dice el hombre más poderoso de la Tierra. Muerto el árbol, se acabó la rabia pirómana.

De la misma manera se podría decir que, para acabar con el racismo, lo mejor es terminar con los negros (o con los blancos, claro, según sea el color del cristal con que se mire), para acabar con los accidentes aéreos lo mejor no volar más, suprimir el tráfico y así se evitarán las colisiones, matar a todos los perros y así no habrá mordeduras, incinerar a todas las gallinas, y acabamos con los huevos, que producen colesterol.

Ridiculizo la cuestión porque está claro que la propuesta Bush es ridícula y solamente ha emocionado a la industria maderera, que quizá era de lo que se trataba. Pero la indiferencia y hasta la sonrisa benigna con que la propuesta ha sido acogida evidencia el grado de falta de concienciación ambiental que padecen nuestras sociedades, sean desarrolladas o en desarrollo.

Y, así, toleramos que la nación más poderosa y por ende más contaminante del mundo no suscriba el protocolo de Kyoto, o que sean muchos los líderes occidentales que se ausenten de la próxima cumbre sobre desarrollo sostenible de Sudáfrica. ¿Para qué van a ir, si el tema no interesa?

Y lo peor de todo es que las opiniones públicas parecen escasamente involucradas en la lucha por el ambiente, que, en el fondo, es la lucha por dejar a nuestros hijos un mundo algo mejor de lo que nosotros lo encontramos: No hay sino que ver el estado de nuestros campos tras la visita depredadora de algunos domingueros.

O la indiferencia de los electores ante la rapiña de ciertos concejales de urbanismo. Se empieza con la indiferencia ante la deforestación en Amazonia y se termina incendiando bosques para vender después la madera. O permitiendo que constructores desaprensivos destruyan la riqueza ecológica de nuestros pueblos, de nuestras costas.

Y Bush, sin enterarse. ¿O sí se habrá enterado esta vez, clever man? @

Cordialmente

Ing. Marcelo Mautone
mautone@chasque.net





 

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