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   Edición 84 / Mayo - Agosto del 2002

Opinión



La Acción Válida


Por Roberto Rojas
robertor@ifrance.com

Argentina


1.- Principio de adaptación. "Ir contra la evolución de las cosas, es ir contra uno mismo". Este principio, destaca que cuando por anticipado se sabe el desenlace de un acontecimiento, la actitud correcta es la de aceptarlo con la mayor profundidad posible, tratando de sacar ventaja aún de lo desfavorable.

Examinar momentos de la vida en los que no tuvimos conocimiento de este principio y por tanto obramos en contrario, nos ilustrará convenientemente sobre el significado del mismo. Será más interesante aún reflexionar sobre el momento que estamos viviendo y estudiar las consecuencias para nosotros mismos y para nuestras personas próximas, en caso de no tener en cuenta el principio.

Estamos explicando que las cosas a las que no debemos oponernos son aquellas que tienen un carácter inevitable. Si el ser humano, por ejemplo, hubiera creído que las enfermedades eran inevitables, la ciencia médica jamás hubiera avanzado.

Gracias a la necesidad de resolver problemas y a la posibilidad de hacerlo, la humanidad progresa. Si una persona queda sola en el desierto, ¿es inevitable que muera?. Esa persona hará el esfuerzo de encontrar salidas a su situación y, en efecto, encontrará un oasis o bien la encontrarán a ella con más facilidad si utilizó todos los recursos posibles para hacerse ver a la distancia. Así es que este principio se asienta en la situación de lo inevitable para ser aplicado correctamente.

2.- Principio de acción y reacción. "Cuando fuerzas algo hacia un fin, produces lo contrario". Este principio destaca que las personas y las cosas tienen determinados comportamientos y que resisten o facilitan nuestros proyectos si actuamos adecuadamente. Cuando movidos por impulsos irracionales presionamos algo contra su propio comportamiento, observamos que puede ceder ante nuestras exigencias, pero las consecuencias a corto o largo plazo será que volverán efectos distintos a los que queríamos lograr.

El ser humano es forjador de acontecimientos, da dirección a las cosas, tiende a planificar y a cumplir proyectos. En suma, se dirige hacia fines. Pero las preguntas son: ¿Cómo va hacia esos fines? ¿Cómo hace entender a otra persona la solución de un problema presente: Se la violenta o se la persuade?. Si se la violenta, ahora o después habrá reacción; si se la persuade, ahora o después se sumarán las fuerzas.

Muchos piensan que "el fin justifica los medios" y obran forzando todo a su alrededor, logrando a menudo resultados exitosos. En ese caso, la dificultad viene después. El fin se ha logrado, pero no se lo puede mantener por mucho tiempo.

El principio que estamos comentando se refiere a dos situaciones distintas. En una se obtiene el fin buscado, pero las consecuencias son opuestas a lo esperado. En otra, por forzamiento de situaciones, se obtiene un "rebote" desfavorable.

3.- Principio de la acción oportuna. "No te opongas a una gran fuerza. Retrocede hasta que ella se debilite. Entonces, avanza con resolución".

Este principio, no recomienda retroceder ante los pequeños inconvenientes, o los problemas con que tropezamos diariamente. Únicamente se retrocede, según explica el principio, ante fuerzas irresistibles, tales que indudablemente nos sobrepasen al enfrentarlas. Retroceder ante las pequeñas dificultades debilita a la gente, la hace pusilánime y temeroso. No retroceder ante grandes fuerzas hace a la gente proclive a todo tipo de fracasos y accidentes.

El problema aparece cuando no se sabe anticipadamente quién tiene más fuerza, uno o la dificultad. Eso habrá de comprobarse tomando pequeñas "muestras", haciendo pequeñas confrontaciones que no comprometan totalmente la situación y que dejen espacio libre para cambiar de postura si esta fuera insostenible.

Antiguamente se hablaba de "prudencia", esa era una idea muy próxima a la que estamos explicando.

Pero hay otros puntos: ¿Cómo avanzar? ¿en qué momentos el inconveniente se ha reducido en fuerza?, o bien ¿en qué momentos hemos ganado nosotros en fuerza?. Vale la misma idea de tomar muestras en distintos tiempos y oportunidades, haciendo pequeños intentos.

Cuando la fuerza está a nuestro favor y el inconveniente se ha debilitado, el avance debe ser total. Guardar reservas ante tal situación es comprometer el triunfo porque no se va adelante con toda la energía disponible.

4.- Principio de proporción. "Las cosas están bien cuándo marchan en conjunto, no aisladamente"

Esto quiere decir que si impulsados por un objetivo desacomodamos toda nuestra vida, el logro del resultado buscado se verá sometido a numerosos accidentes y aún, si efectivamente se consigue tendrá amargas consecuencias.

Si, para obtener dinero o prestigio, desacomodamos nuestra salud, sacrificamos a nuestra gente querida, nos despreocupamos por otros valores, etc., es posible que surjan tales accidentes, que no logremos el resultado buscado. En otros casos puede ser que lo obtengamos pero ya no habrá salud para disfrutarlo, ni seres queridos con quiénes compartir, ni otros valores que nos den sentido. "Las cosas están bien cuando marchan en conjunto" y esto es así porque nuestra vida es un conjunto que requiere equilibrio y desarrollo adecuado, no parcial.

Si bien hay cosas más importantes que otras, cada persona debería tener una verdadera escala de valores para que lo primario, lo secundario, lo terciario, pudieran cumplirse proporcionalmente. Con la fuerza que se debe aplicar a cada cosa de acuerdo a la importancia fijada, todas marcharían en verdadero conjunto.

¿Por qué se considera imposible alcanzar la felicidad?

A veces por prejuicios. Por ejemplo, desde niños se nos explica que vivir es casi lo mismo que sufrir; que todo lo que se logra es en base a sufrimiento; que el sufrimiento da sabiduría, etc. Hay otros que afirman que al primer paso que uno da, se encuentra con inconvenientes.

Pero, es claro, nosotros nos confundimos los inconvenientes que pueden ser reducidos a su real pequeñez (y que a veces dan a la vida un interesante sabor), con el sufrimiento como sensación que acompaña a la contradicción profunda. Tampoco confundimos el dolor físico con el sufrimiento mental, según hemos visto en alguna otra oportunidad. Por lo demás, hay muchas personas que desean conservar el sufrimiento.

Este hecho es aparentemente imposible, a menos que se lo piense en una perspectiva patológica. Sin embargo, cuántos hay que frente a la posibilidad de cambio positivo en sus vidas, la rechazan porque sienten que al sufrir reciben algún tipo de beneficio de su medio. Pero eso es una trampa de la mente y un circulo vicioso que lleva a la destrucción.

Finalmente, están aquellos que realmente aspiran a la felicidad, pero que no harían el mínimo esfuerzo por lograrla y, por tanto, se les aparece como un ideal deseable pero imposible de realizar. No se trata de malinterpretar estas cosas y suponer que la felicidad se logra de una vez y definitivamente.

Sabemos que se puede ir derrotando el sufrimiento, sabemos que se puede ir logrando un estado de satisfacción creciente con uno mismo y sabemos que esto depende del esclarecimiento que vayamos haciendo del real sentido de la vida. No hablemos de imposibles en este campo. Tampoco digamos que esto puede ser válido para una minoría que tiene sus cosas materiales resueltas, porque la experiencia no demuestra eso.

Lo que si demuestra la experiencia es que miles de personas se encaminan en esta dirección que proponemos, porque comprueban que estos planteamientos les son beneficiosos en la vida diaria.


Las falsas soluciones

Si alguien dice: "¡Yo con más dinero sería feliz¡", debería consultar a los que tienen más dinero para saber que ellos no han logrado la felicidad. Se podría revisar una larga lista de actividades y al final de la cadena, hallaríamos siempre el sufrimiento.

Ciertamente, muchos confunden un breve instante de felicidad, con un estado de felicidad creciente, a medida que pasa el tiempo. Por ejemplo, un poeta podría decir: "Me basta con mirar una flor, para ser feliz". Es claro que será feliz... por un corto instante. Eso mismo vale para cualquier actividad placentera. El placer del instante, muere en el instante. En cambio, el estado de felicidad por pequeño que sea si se continúa en el tiempo, va creciendo. Eso es posible si tal estado está orientado por un sentido de la vida, no por un acto que muere inmediatamente.

No decimos que el placer sea perjudicial, sino que es corto. Decimos que está bien en su momento, pero que no puede dar fundamento a la vida. Uno debe saber si su vida se hace más plena o más vacía a medida que pasa el tiempo. Entonces, comprenderá si su felicidad crece o disminuye. ¿Pero, cómo saber eso? Hay que aprender a comparar momentos de un modo justo. Si mis buenos momentos actuales son inferiores a los de otra época, algo anda mal. Si son mejores, estoy bien orientado.

También hay que saber comparar los aspectos negativos. Si mis malos momentos actuales son peores que los malos momentos de otra época, entonces algo falla. Si estos malos momentos, de todas maneras, no me afectan como en otras épocas es que estoy avanzando, estoy creciendo internamente.

A medida que un nuevo sentido orienta a la propia vida, la comparación con momentos anteriores positivos y negativos, deja un saldo favorable.

Haga lo que haga, si al comparar el saldo no es favorable, está claro que estoy viviendo falsas soluciones que me llevarán tarde o temprano al sin-sentido. @





 

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