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   Edición 84 / Mayo - Agosto del 2002

Opinión



Los "Sumideros" . . .
¿Una Política Suicida para
El Calentamiento Global?


Por Gerardo Honty
CEUTA
ceuta@chasque.net
www.chasque.net/ceuta

Uruguay


Plantar árboles en vez de reducir las emisiones que provocan el mentado Efecto Invernadero ha sido la propuesta de los países ricos para evitar los costos de reducir la contaminación y en más de un caso además, ganar dinero con este negocio. La propuesta es tan controvertida y difícil de implementar que luego de 3 años de constantes y súper-internacionales reuniones cumbre, aún no ha podido llegarse a una solución. El próximo 13 de noviembre comienza el último round de esta pelea y Uruguay apronta sus puños para darle el knock-out a las soluciones efectivas.


En diciembre de 1997 los 180 países que integran Naciones Unidas se ponían de acuerdo para iniciar un largo camino cuyo destino final es evitar el Cambio Climático Global. Según toda la evidencia científica acumulada a la fecha, la concentración de gases de efecto invernadero provocada sobre todo por la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) llevará a un calentamiento de la Tierra de tal magnitud que la propia vida sobre el planeta está en peligro.

Las predicciones realizadas por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, convocado por Naciones Unidas y que reúne a más de 2.000 expertos de todo el mundo, prevén la desaparición de varios países bajo el agua, la desertificación de vastas zonas del planeta, la ocurrencia de eventos extremos como sequías e inundaciones y la desaparición de hábitats enteros entre otros desastres.

El horizonte de tiempo propuesto por el Panel para realizar estas predicciones es el 2100 pero de mantenerse el ritmo actual de consumo de petróleo gas y carbón, el límite crítico podría alcanzarse en 30 años. Para evitar el riesgo, el Panel reclamaba la reducción inmediata de un 60% de las emisiones provenientes de la quema de combustibles fósiles.

Ante este panorama los países industrializados firmaron en Kyoto un compromiso de reducción de emisiones de un 5% para el año 2008, una meta bastante inferior a la necesaria. Varios de los participantes de aquel evento sabían que la meta era escasa pero más valía tener algún compromiso que ninguno.


De un acuerdo ambiental a un tratado comercial

Sin embargo, para facilitar aún más el cumplimiento de los compromisos de los países ricos, el acuerdo les permite a éstos comprar reducciones hechas en otros países, evitando de esta manera que el costo recaiga sobre sus propias economías. Esto es: Un país "X" con un compromiso de reducción de emisiones de un 5% puede en vez de disminuir su propio consumo de petróleo, "comprar" la reducción de emisiones que se haga en un país "Y". Pero además esta reducción en el país "Y" puede lograse por un recorte en el uso de los combustibles fósiles o por la "absorción" de carbono que se realice en plantaciones forestales o bosques. (Vale la pena evitar una confusión generalizada que iguala "bosques" a "monocultivo de árboles": Los primeros son un ecosistema natural complejo y diverso; los segundos son un monocultivo como el trigo o la cebada)

¿Como funcionaría este mercado? El Protocolo de Kyoto establece tres mecanismos: Dos de ellos (Comercio de Emisiones e Implementación Conjunta) permiten la negociación de emisiones exclusivamente entre países industrializados (llamados "del Anexo 1" pues están detallados en ese anexo de la Convención de Cambio Climático). Un tercer mecanismo, llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio permite a los países del Anexo 1 comprar reducciones que se realicen en países "No-Anexo 1", o sea los subdesarrollados. Este es el que, obviamente, más interesa a Uruguay.

El sistema funcionaría a través de proyectos que una vez comprobada la reducción de carbono obtenida, recibiría un "Certificado de Reducción de Emisiones" que podría ser vendido a los países que tienen que cumplir los compromisos de Kyoto y no quieren o no pueden hacerlo en sus propios países.


El árbol que no deja ver el bosque

Entre los temas más difíciles de acordar en los últimos 3 años está el asunto de los "sumideros". Los sumideros son esencialmente las plantaciones forestales y los bosques donde, a través del proceso natural de respiración de las plantas, el dióxido de carbono es fijado en la biomasa vegetal. En cierto sentido el Protocolo de Kyoto establece una equivalencia entre reducir emisiones de carbono y "absorber" carbono, por los tanto una cierta cantidad de carbono reducido es comparable a la misma cantidad de carbono retenido en alguna plantación forestal.

Sin embargo, hay muchos problemas que esta igualación no ha podido resolver: Cómo controlar, medir y verificar la cantidad de carbono retenido en la biomasa forestal. Pero un problema crucial es la permanencia. Si un país no quema una cantidad determinada de petróleo es claro y evidente que un cierto volumen fácilmente calculable de dióxido de carbono NO irá a la atmósfera. En cambio los árboles al ser cortados, quemados o si se mueren por una enfermedad del cultivo, liberan el dióxido de carbono acumulado. Por lo tanto una "absorción" por los sumideros nunca puede asegurar que será una reducción definitiva como en el caso del petróleo no quemado.

En el caso de los bosques, el tipo de proyectos que podrían recibir "certificados de reducción de emisiones" es la "Conservación de Bosques". Una selva que se tala produce la liberación del carbono almacenado en su biomasa. Por lo tanto un proyecto que evite que una selva amenazada sea talada podría generar certificados que luego sean vendidos a los países del Anexo1.

Las incertidumbres en este ámbito son también enormes. Por ejemplo como saber exactamente cuales son las selvas amenazadas y cuales no. O como saber si la tala que se evita en un lugar bajo proyecto de conservación, no se produce en otro lugar.

No debe perderse de vista que por cada certificado que se venda habrá una emisión permitida en los países industrializados. Si no existe la certeza 100% de que aquella emisión permitida tiene una reducción real y efectiva en otro lugar, el Protocolo de Kyoto resultará una farsa y los gases continuarán acumulándose en la atmósfera y recalentando la Tierra.

Estos son sólo algunos ejemplos que demuestran por qué no se ha logrado luego de 3 años de prolongadas negociaciones llegar a acuerdos sobre estos temas. Sin embargo, muchos países, entre los que lamentablemente se encuentra Uruguay, está dispuesto a desafiar la estabilidad climática encandilado por un negocio de venta de certificados que provendría de sus plantaciones forestales.


Uruguay por el camino pedregoso

El Protocolo de Kyoto prevé que los proyectos de "sumideros" puedan ser negociados solamente entre los países del Anexo 1 a través de la Implementación Conjunta. Esto reduce los riesgos y obliga a los propios países responsables del aumento del efecto invernadero a instalar plantaciones en sus territorios. Uruguay junto a otros países de América Latina y Estados Unidos está impulsando la idea de que los proyectos de sumideros puedan ser también desarrollados en los países No-Anexo1, o sea, el tercer mundo.

Estados Unidos es el responsable del 25% de las emisiones de dióxido de carbono del planeta. Para sostener el "american way of life" donde hay un auto cada dos personas, es necesario quemar mucho petróleo. Podrían utilizarse otras fuentes no contaminantes que ya están inventadas y bastante desarrolladas: Autos a hidrógeno, energía solar, biogás, energía eólica y una larga lista de tecnologías probadas y evolucionadas.

También podrían hacer un uso más racional y eficiente de la energía (incluso, en aras de salvar el planeta podrían cambiar un poco el "american way of life" por un "world way of life"). Sin embargo cualquiera de estas opciones resulta demasiado costosa para la economía norteamericana y se han dado cuenta que plantando árboles en el sur, no sólo no van a perder plata sino que van a ganar.

"Este es un enorme problema (el cambio climático). Si no lidiamos con él, en pocos años tendremos Estados-Islas hundidos, tendremos los balances agrícolas de la mayoría de los países completamente cambiados, tendremos un dramático incremento en el número de severos, inmanejables eventos. Y las buena nueva es que ahora podemos lidiar con este problema y digo además fortaleciendo nuestro crecimiento económico, no debilitándolo". (Bill Clinton, el 5 de junio pasado).

O como declaró un alto funcionario estadounidense a la agencia Reuters: "Si se contabiliza la cantidad de carbono absorbido por los bosques y las tierras agrícolas, la presión sobre las empresas estadounidenses para que reduzcan esas emisiones y las de otros gases disminuiría enormemente".

Para hacer que cada vez resulte más barato a los países desarrollados cumplir con los compromisos de Kyoto, Uruguay está impulsando junto a otros países la inclusión de los sumideros en el Mecanismo de Desarrollo Limpio. Con esta medida todos los países del mundo podrán plantar árboles y poner bajo amenaza sus bosques para recibir pagos por Certificados de Reducción de Emisiones.

El resultado de esta política será trágico: Los problemas del Cambio Climático no se van a solucionar sino que se van a agravar debido a las incertidumbres metodológicas y científicas de los sumideros. Y por otro lado va a haber tantos árboles plantados que los precios de los Certificados de reducción de emisiones van a valer moneditas.

El error de la estrategia uruguaya es poner en riesgo el equilibrio del clima global por un negocio particular que al mundializarse va a resultar un fracaso. Es una lástima porque nuestro país podría haber jugado a una política de principios, aliado a otros países que están apostando a soluciones reales y eficaces, volviendo a hacer de la Convención de Cambio Climático un acuerdo sobre el ambiente y no un tratado comercial. @





 

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