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   Edición 84 / Mayo - Agosto del 2002

Columnistas



La Miseria Venía en
Los Galeones del Oro






Por Lic. Antonio Elio Brailovsky
Defensor del Pueblo Adjunto
de la Ciudad de Buenos Aires
abrailovsky@buenosaires.gov.ar

Argentina


Hace varios siglos, la riqueza llegada de América arruinó la economía española. La conquista de América fue aprovechada por una minoría pero empobreció a la mayor parte de la población. Los reyes de España de los siglos XVI y XVII olvidaron que la primer función de un gobierno es el bienestar general.


El oro, según Quevedo, "nace en las Indias honrado / donde el mundo le acompaña, / viene a morir en España / y es en Génova enterrado".

Precisamente, ese oro sirvió para comprar afuera del país todo lo que antes se producía en él. Gracias al oro, se llenó España de productos importados. Se enfriaron los hornos de mayólicas de Sevilla y los de hierro de Vizcaya. Llegaron tejidos de lana de distintos puntos de Europa y vinos y aceites de Italia.

Gracias al oro americano, la nobleza y los demás privilegiados consumían productos importados -despreciando los productos nacionales- mientras la miseria alteró profundamente la vida del país. Se dio la paradoja de un país que recibió un inmensa cantidad de riquezas, que sirvieron para destruir su aparato productivo.

Finalmente, esas riquezas emigraron y pasaron a poder los extranjeros. El oro quedaba "enterrado en Génova" (la ciudad de los banqueros que le prestaban plata al Rey de España), según la expresión que Quevedo.

Así, se destruyó por espacio de muchos años el sistema productivo de un país cuya clase dirigente no creyó en la importancia de proteger las fuentes de trabajo nacionales. Los caminos se llenaron de indigentes que no podían pagarse una casa y que mendigaron en el país que había recibido más cantidad de plata de nunca otra nación en la historia de la humanidad hasta ese momento.

Los historiadores encontraron niveles de pobreza tan altos que les costó creer en las cifras a las que sus investigaciones habían arribado. En las ciudades españolas del siglo XVI, el 20 por ciento de la población estaba en la miseria. (Fernand Braudel: "El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II", México, Fondo de Cultura Económica, 1965). ¿Necesito recordar que hoy, más del 50 por ciento de la población argentina vive por debajo de la línea de pobreza?

Nos quedan los testimonios de esa miseria en las obras de arte, que muestran algo que los críticos llaman piadosamente la picaresca. "El Lazarillo de Tormes", una novela clásica que describe la vida cotidiana de quienes han sido despojados de todo. Y, muy, especialmente, los niños de la calle que pintara Bartolomé Esteban Murillo. Para que posaran para él, Murillo les dio de comer, y así tenemos esas imágenes de niños con expresiones de adultos, que comen, ansiosamente, lo que hoy han podido encontrar.

Al leer por primera vez esas obras, al mirar hace años esos cuadros por primera vez, no pudimos imaginar que la Argentina entraría al siglo XXI con las mismas escenas de miseria, provocadas por una política muy semejante, que privilegió al dinero por encima del hombre. @


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