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   Edición 83 / Marzo - Abril del 2002

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Fuegotecnia


Gravedad de los Riesgos
Enfrentados en un Incendio



Por Aldo Carlos Leopoldo Nannei
General Manager Debra Co.

Argentina


Si consideramos que la situación real que enfrenta una persona es de una variabilidad prácticamente infinita en lo que se relaciona a los riesgos que va a enfrentar en un incendio, hay que tener en cuenta los factores críticos, algunos de los cuales no están considerados en la norma europea y que a la luz de la última información que ofrece la tecnología, permite, por lo menos, ponerlo en plan de discusión.


A continuación, se tratará de asignarle un valor a cada riesgo, aislado de los demás, para obtener el valor de protección que cada tipo de máscara genera. Vale aclarar que esto no fue antes, así que no será más que un intento de clasificación riesgo/protección.

El primer riesgo a enfrentar, y por lo tanto el principal, en este análisis es la irritación que generan los componentes del humo sobre los ojos. Estos gases son:

  • Ácido clorhídrico, desprendido por el nylon de las alfombras
  • Aldehídos, ácido acético, aceites-brea producidos en la destilación de la madera
  • Acroleínas generadas por el algodón
  • Monómeros producidos por la descomposición térmica de los plásticos, etc.

Todos ellos atacan e irritan fuertemente la conjuntiva, generando el reflejo óculo-motor que ocasiona el fuerte cierre de los ojos, con imposibilidad de abrirlos voluntariamente hasta que se sale de la zona inundada por el humo. Al no poder mirar al menos las pocas referencias que pueden verse en medio del humo, el individuo está en manos del destino.

Por ello, en una escala de gravedad de 1 a 5, donde 1 es riego moderado, le asignamos un valor de 5.

Luego viene la acción de los irritantes sobre el sistema respiratorio, los que pueden llegar a generar otro conocido reflejo médico, el espasmo de glotis. Si esto sucediera, la glotis se cerraría impidiendo respirar, que en algunos casos podría producir la muerte por asfixia. Sobre la misma escala, le asignamos un valor de 3, es decir que reduce al 50% la capacidad de actuar en su autosalvamento.

Ahora, consideraremos a los dos gases mejor estudiados: el CO y el CMH. Estos comparten la forma de actuar, al transformar la hemoglobina en un compuesto incapaz de transportar oxigeno a los tejidos desde los pulmones. Dado que tienen 300 veces mas afinidad por la hemoglobina que el O2, su facilidad de neutralizar sangre es grande, pero como el cuerpo está totalmente oxigenado y la sangre tarda algunos minutos en pasar por los pulmones, el factor riesgo asociado aún siendo grande, no es estadísticamente mayor que el 75%, por lo que le asignamos un valor riesgo de 4. Como además sobrecalientan el aire las catalíticas, a estas las consideramos de riesgo+1 (adicional).

Es el turno de la concentración de O2 en el humo. Este necesariamente será inferior al 20%, que, si bien agrava la situación, no es tan crítico para los 10-20 minutos que necesitamos para huir del incendio, ya que si nos tiramos al piso, la víctima dispondrá de oxígeno suficiente si se agacha o se arrastra hasta encontrar la salida (cosa que deberá hacer para poder ver en medio del humo).

Además, hay que tener en cuenta que la gente que va a ciudades situadas a alturas mayores de 4000 m, respira un aire con casi la mitad de la presión que a nivel del mar (equivalente a 10-12% de concentración a presión normal). Pese a ello, si llegara a apunarse, se produciría después de unas horas, no dentro de los 10-20 minutos esenciales. Por lo tanto, el riesgo emergente de respirar un aire enrarecido conlleva un valor de riesgo 2, no mayor que el 25% en lo que hace a la capacidad de autosalvamento.

Con respecto a respirar aire caliente, si bien no es muy alto en general, afecta gravemente a la gente que se salva luego de haber estado dentro de la zona caliente del incendio. Como saben muy bien los bomberos, muchos de sus compañeros que sufrieron intoxicación por humo, mueren semanas en hospitales por complicaciones bronco-pulmonares. Esto es consecuencia de haber perdido el revestimiento ciliado que recubre tráquea y bronquios por una sola aspiración de aire caliente.

Estas cilias son todo el mecanismo de defensa del organismo a la introducción de bacterias, especialmente en hospitales y considerando la baja de defensas que normalmente afecta a los individuos en esas condiciones. Por esta razón consideramos al riesgo de valor mediano con tendencia a alto, con un valor de riesgo de 3.

Con relación a la necesidad de comunicarse en incendios, asignamos a los equipos que lo impiden, un valor de riesgo implícito de 3.

Por último evaluaremos el tiempo de protección que una máscara para escape debe dar. Este es mínimamente de 5 minutos, asignándole un valor de riesgo 4; para 10 minutos, un valor 3; para 15-20 minutos un valor 2; y para 30 minutos o más, un valor 1.

El peso del equipo también juega un papel en los riesgos, así que asignaremos a los livianos (menos de 400 gramos) valor 1; a los de 400-1000 gr valor 2; y a los de más de 1000 gr, valor 3.

Resumen de los riesgos inherentes a los distintos tipos de máscara de escape según las existentes en el mercado

De esto se deduce que las catalíticas son, en el fondo, más riesgosas para su uso como máscaras de escape y que las independientes del ambiente y las de filtración son similares al nivel de protección.


¿Cuánto influyo el humo en las muertes de las Twin Towers?

Si se hubiera considerado la posibilidad de un atentado de tal magnitud, alguna previsión se hubiera podido instrumentar, especialmente con relación a la forma de administrar el siniestro, que no fue eficaz, porque no se contempló la posibilidad del derrumbe. Muchos de los 300 bomberos enviados a subir las escaleras para atacar el fuego, fueron víctimas y a su vez generaron muchas más, porque dificultaron la evacuación de la gente que huía, al ocupar la mitad de las escaleras de evacuación.

Debemos considerar que el humo fue también un trágico participante en el siniestro. Es probable que el humo, que inunda rápidamente todos los ambientes, les haya causado tanta irritación en la conjuntiva que no les permitiera abrir los ojos voluntariamente al desencadenar un reflejo óculo-motor, teniendo que salir del ambiente donde están los irritantes. En esas condiciones, los individuos quedaron técnicamente ciegos, percibiendo claridad a través de los párpados cerrados.

En esta situación, sin poder ver hacia donde quedaban las salidas de emergencia, en medio del humo que empezaba a irritarles las vías respiratorias, es posible que hubieran ido a la claridad de las ventanas, rompiéndolas para tratar de respirar mejor. Pero, tal vez, al ser muchos los que empujaban en la misma dirección, los asomados posiblemente no se hayan lanzado por su cuenta, sino que pudieron haber sido empujados por los que pugnaban por aire respirable.

Esto pone en tela de juicio la gran importancia que se le da a la presencia de monóxido de carbono como principal causal de muerte de incendios. Este necesita muchos minutos para actuar, mientras que los irritantes del humo lo hacen de una manera más dramática... @



FuegoTecnia

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