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Los 22 de Marzo se celebra internacionalmente el Día Mundial del Agua: Agua para el Desarrollo, día en el cual no solo debe ser motivo de festejo, sino también de reflexión urgente sobre los peligros que confronta la humanidad especialmente los que afectan al bienestar de los niños y las familias del mundo en desarrollo. Un uso sostenible del agua es aquel que ayuda a las sociedades humanas a mantenerse y prosperar indefinidamente sin perjudicar la integridad del ciclo hidrológico ni los ecosistemas que de él dependen. Peter H. Gleick Los recursos de agua dulce de nuestro planeta están distribuidos de forma desigual, y en muchos lugares están menguando al tiempo que aumenta la demanda. Estamos consumiendo más agua de la que puede reponerse naturalmente. Esta tendencia decreciente y el déficit hídrico que ocasiona se originan en las presiones demográficas, el crecimiento económico, los desplazamientos de población, los cambios tecnológicos y otros factores sociales, así como en la dinámica propia del ambiente. Por esta razón hablamos de crisis del agua. Ambos fenómenos pueden ser detonantes de conflictos sociales o convulsiones a gran escala, por no hablar del ominoso futuro que hacen presagiar en materia de crecimiento económico o desarrollo humano. Dentro de un mismo país, distintos grupos de usuarios o sectores, como la agricultura y las zonas urbanas, pueden competir por el agua. Existe además el riesgo de competitividad entre países situados en el curso alto de un rio y los situados en la parte inferior de la cuenca si los primeros deciden contaminar o cortar el suministro de agua. Por crisis del agua se entiende la falta, actualmente crónica y muy extendida, de suministro de agua potable de buena calidad y a precio razonable y de servicios de saneamiento, junto a la elevada incidencia de enfermedades ligadas al agua, la destrucción de humedales y la degradación del agua de ríos y lagos. Cuanto más agudo es el desequilibrio, más expuestas están las comunidades al riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, a las hambrunas, a episodios graves de contaminación o a las catástrofes naturales vinculadas al agua, como inundaciones o sequías. El déficit hídrico puede definirse como aquella situación en la que no hay agua de calidad satisfactoria y en cantidad suficiente para atender las necesidades humanas y ambientales. Por ultimo, cabe señalar que el agua, a la vez que posible germen de conflictos, es también un poderoso instrumento de cooperación. Fuente: WWAP Poca gente se da cuenta de que el agua dulce es un producto escaso. Muchos se dejan engañar por la tonalidad azul que domina los mapas del mundo. Ignoran que 97,5 % del agua del planeta es salada. Y que el agua dulce -el 2,5 % restante- es en gran medida inutilizable: 70 % se encuentra congelada en los casquetes de la Antártida y de Groenlandia y la casi totalidad de la restante existe en forma de humedad en los suelos o en napas freáticas demasiado profundas para ser explotadas. En total, apenas 1% del agua dulce, o sea 0,007 % de toda el agua de la Tierra, es de fácil acceso. (Datos: UNESCO) @ (*) Boletín Uma Masi (Agua Amiga en Aymara) - Nº 3 / Marzo del 2002. www.agualtiplano.net |
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